Café previo a la cacería madrileña con estos calores estivales que nos marean. Café previo en el propio teatro con un abanico de la flor y nata del mundillo que entran y salen, ajenos a los anónimos admiradores que allí nos hallamos, atónitos, acalorados también, pero expectantes entre tanto talento.
Ya en el interior del teatro los tejadillos, ladridos de perro en el páramo castellano, o extremeño, o manchego, páramo al fin y al cabo. Y aparece el elenco, los escopeteros, las escopeteras, berlangianos o no, azconitas tal vez, a los que no les importa madrugar cuando se trata de cazar, ya en personaje, como no podría ser de otra manera. Ya nos llevan a esa finca, a ese tejemaneje tan nuestro, tan satírico, tan paradójico, tan enrevesado, tantos y tantos tan… “Eso sí, aquí en catalán no”. Eso comenta la amante secretaria del empresario que “busca hacer negocios en Madrid y acude a una cacería con la élite del régimen franquista. Lo que parece una reunión estratégica pronto se convierte en un desfile de intereses cruzados, hipocresía y situaciones absurdas que harán reír y reflexionar al espectador”.
Vamos con el clásico de Berlanga y Azcona, adaptado al teatro de manera fiel y fidedigna, muy a la española, donde la esencia se perpetúa en esta jaula de grillos, donde los cerrillos, los marqueses, los curas, los pajilleros, los ministros, los empresarios, las vedettes, las amantes, las de servicio, los criados o los directores rusos nos corrompen de nuevo en nuestras butacas, ávidos de revivir momentos icónicos de esta nuestra historia, cómica y trágica a la vez, irónica, mordaz y triste, muy triste. “Me roban los huevos y no creas que no me doy cuenta”, nos comenta el marqués, en este puñetero centralismo de los cojones.
Y ya nos escopetamos, desempolvamos una escopeta que no cesa de recargarse año tras año, siglo tras siglo, donde poco o nada ha cambiado en esta cosa tan desagradable que es el poder y sus tentáculos. Esa gallina vieja que sigue haciendo caldo. Se suceden esta sucesión, valga la redundancia, de estos planos secuencia teatrales hechos con mimo, con profesionalidad, esos planos tan locos, con tanta chicha, que nos dicen tanto, y que nos cuentan lo que somos, lo que fuimos, y lo que me temo que seremos. Situaciones un tanto exageradas que ensalzan corruptelas por doquier, almas puras que se van embruteciendo a golpe de platos y de cartones bingueros. La España de Esteso y de Pajares, de Berlanga y de Azcona, de Pili y Mili, de Gomaespuma detrás nuestro, del un dos tres de Chicho, de los otros y de los nuestros.
El 62. El piojo.
Y se va sucediendo la trama, que se va enredando, que se va enloqueciendo con ritmo, con agilidad, con mimo, cuidando espacios y lugares, miradas y silencios, escucha entre tanto griterío, humor y salidismo en las alturas, porque entre hombres todos saben lo que es un capricho. El 44. El escapulario.
Guiños al elenco cinematográfico, grande donde los haya, sainetistas de pro, ¡ qué bien envejecen ¡ Placeres carnales y terrenales, el dinero por montera entre puestos de tiro y cenas de postín donde todo se abre y todo se cierra, donde todo nace y se desploma, donde el histrionismo nos acompaña como un comensal más, a la espera de que Segundo nos sirva una copa. El 26, el pollo, el 81, el matrimonio, el 74, la escalera, el 16, la virgen del Carmen, el 69, el marrano, el 97, la gallina.
Se van sucediendo los números en esta entrañable finca de la que ya somos comensales, invitados a este sindiós tan entrañable. A la que nos invita Juan Echanove desde su palco, sintiendo como uno más la escopeta, reviviendo su pasado en este presente tan gustoso, donde el criado bandera: José Ramón Arredondo, Doña Laura: Chusa Barbero, Príncipe Korchovsky: Ángel Burgos, Luis José: Javi Coll, Vera del Bosque: Elisa Matilla, Chus: Luisa Martín, López Carrión: Javier Mora, Fotógrafa/Criada: Verónica Morejón, Castanis: Manuel Pico, Cerrillo: David Pinilla, Jaume Canivell: Pere Ponce, Mercè: Marta Ribera, Alsina: Chema Ruiz, Padre Calvo: Pedro Mari Sánchez, El Marqués de Leguineche: Enrique Viana, Segundo: Eugenio Villota, y los músicos, el percusionista: Salva Duyat, Álvaro: Patxi Freytez y el pianista: Ángel Galán, nos invitan a su fiesta, a su ritual, a esta celebración tan bien llevada, tan cuidada, tan resabida , pero no por ello, tan manida.
El elenco, los diecitantos… lo sienten, lo disfrutan, se complementan, nos lo transmiten, nos sitúan, nos identifican, nos caricaturizan, nos ridiculizan, nos definen cual retrato velazqueño en lo más profundo del Prado. Y se ve la mano de Echanove en la dirección, en la composición, en ese cuidado, en esas ganas de contar la historia, la suya y la nuestra, la de España camisa blanca de mi esperanza, cosida a perdigonazos tantas veces.
Todo aderezado y sazonado, rememorando al gran Saza, con la escenografía de Isi Ponce, el vestuario de Tania Tajadura, la iluminación de Miguel Ángel Camacho, la composición musical de Ángel Galán y la caracterización de Paloma Pérez Schmunk, que junto a la música en directo hacen que esta escopeta sea mucho más escopeta, y nacional, claro está. Un gran trabajo que acompaña y lleva de la mano a estos actores y actrices que hacen de esta una entrañable parodia de nuestras propias vidas.
En palabras del propio Echanove, “Berlanga y Azcona jugaron en 1978 con estas cartas una gloriosa partida en la que nos mostraban todos estos entresijos de una España que salía de una dictadura para afrontar los caminos luminosos de la Transición. La comedia les proporcionó el telar en el que tejer esta visión hiperrealista de una España deshilachada. Y es que no hay mejor manera de volverse a mirar en ese espejo de la historia que la risa. Una risa un tanto amarga que nos hace ver que después de 50 años pueden haber cambiado los hilos, pero el telar sigue siendo el mismo”.
Vengan al Español y disparen. Vengan con ganas de reírse de uno mismo y de todos los demás Vengan a rememorar nuestra historia. Disfruten de este retablillo del poder que nos dirigió, nos preside y nos encauzará, no sabemos muy bien hacia donde, pero con humor, con mucho humos… todo se hace más llevadero. Apunten, disparen y… gracias.