Teatro: La Barraca. Teatro Fernán Gómez (Sala Guirau).

 

Vicente Blasco Ibáñez escribió La Barraca a finales del siglo XVIII, y han tenido que pasar más de 125 años para que podamos disfrutarla sobre un escenario. Bajo la dirección de Magüi Mira y la adaptación de Marta Torres durante un mes se representa en el Teatro Fernán Gómez.

 

* * * * * * *




Blasco Ibañez nació en Valencia, en 1867. Desde muy joven, participa activamente en el entorno cultural de la Renaixença valenciana, movimiento cultural y político de carácter revolucionario. Estudia Derecho en la Universidad de Valencia y se implica en la vida política, alineado con el Partido Republicano. Defiende la idea de que la educación del pueblo es la mejor herramienta para hacerle progresar y sacar al país de su pobreza y su anquilosamiento. Ese activismo político le ocasionó muchos problemas que le obligaron a exiliarse en Paris en 1890. Gracias a una amnistía consigue regresar a España un año después.

El autor valenciano es sin duda una de los autores más notables y exitosos de finales del siglo XIX y principios del XX. Obras como Cañas y barro, Entre naranjos, Arroz y tartana, Los Cuatro jinetes del apocalipsis o la propia Barraca dan cuenta de ello.

La barraca fue publicada en 1898, un momento histórico para España con la pérdida de las colonias como hecho fundamental. Cada una de las partes en que se desarrolla la obra, gira entorno a un personaje central.


En una primera parte es Barret quien centra la historia. Barret es un hombre que trabaja las tierras del terrateniente Don Salvador, al igual que hicieron su padre y su abuelo. El hecho de no tener ningún hijo varón, unido a que su esposa enferma gravemente hace que su situación económica le empuje a pedir un préstamo a Don Salvador, lo que ocasiona que sus deudas no dejen de aumentar. Éste es un amo despiadado que no tiene el menor remordimiento en exprimir al agricultor hasta denunciarlo y desahuciarlo de las tierras y la barraca donde vivía su familia. Desesperado Barret mata a Don Salvador.


El resto de agricultores, indignados ante lo sucedido se conjuraron y en señal de protesta decidieron que, en castigo por las durísimas condiciones de los terratenientes, nadie trabajaría las tierras de Barret, situación que impulsada por Pimentó, se prolongaría durante muchos años.


La segunda parte viene marcada por la llegada al pueblo de Batiste y su familia, un labrador duro y trabajador que huye de la pobreza y que se propone trabajar las antiguas tierras de Barret y hacerlas fértiles para poder mantener a su familia. Es aquí cuanto aparece el tío Tomba, un viejo ciego que les advierte que aquella tierra sólo les traerá desgracia.


El resto de los vecinos indignados por todo esto, acuden a Pimentó quien se encara con Batiste y le dice que debe marcharse, porque su presencia en aquella barraca es una ofensa para la memoria de Barret y un insulto para los demás habitantes de la huerta.


El Tribunal de Aguas se reúne en Valencia para resolver los conflictos entre los huertanos, y sus decisiones, son acatadas por la comunidad. Pimentó aprovecha su cargo y las buenas relaciones con los miembros de aquel y denuncia a Batiste por haber regado fuera de la hora que él mismo le había asignado, y aunque este se excusa diciendo que regó a la hora que se le había indicado, es condenado a pagar una multa.



La última parte nos lleva a un tiempo después cuando la familia de Batiste parece que finalmente ha sido aceptada por sus vecinos, pero todo es un espejismo aprovechando una fiesta donde el alcohol lo inunda todo se produce el fatal desenlace.


A través de estos personajes se pone de manifiesto un entorno cargado de intensos conflictos, difíciles de frenar. Destaca especialmente la lucha constante por un recurso vital como el agua, imprescindible para que las tierras den fruto, así como la desconfianza y el rechazo hacia cualquiera que no pertenezca a la comunidad y se salga del camino marcado por la misma. La fuerza y la presión del grupo.

Todo sucede dentro de una sociedad dominada por costumbres muy arraigadas, casi imposibles de cambiar, donde la falta de educación, la dureza de carácter y la violencia forman parte del día a día. En ese ambiente asfixiante, el alcohol se convierte en la única vía de escape frente a la pobreza y el sufrimiento.


La dura vida de los agricultores, más si cabe en la España de esa época, hace que ante la desesperación y la ausencia de esperanza sólo exista una salida.

En un principio, el conflicto gira en torno al derecho a ocupar la barraca y a trabajar esas tierras, es decir, a ganarse la vida en un entorno ya de por sí difícil. Sin embargo, poco a poco la tensión va aumentando, alimentada por el orgullo, el resentimiento y la presión social, hasta transformarse en un enfrentamiento mucho más grave. Lo que podría haber quedado en una simple disputa acaba evolucionando hacia una situación cada vez más violenta, en la que las emociones se desbordan y terminan conduciendo a un desenlace trágico.




A lo largo de toda la obra está latente la "lucha de clases". En la barraca está presente en todo momento la profunda división social que existe entre quienes poseen las tierras y quienes se ven obligados a trabajarlas para sobrevivir. Se muestra cómo los campesinos dependen de unos propietarios lejanos, que ni siquiera viven en el lugar y, sin embargo, ejercen un control absoluto sobre sus vidas. Esta distancia hace que las condiciones sean todavía más injustas, ya que los trabajadores quedan completamente desprotegidos y sin posibilidad real de defender sus derechos.

Como consecuencia de esta situación, la pobreza se vuelve algo constante y asfixiante, afectando no solo a lo material, sino también a la forma de pensar y actuar de las personas. La falta de recursos, unida a la presión diaria por salir adelante, termina desgastando a los individuos, que reaccionan con dureza, brusquedad e incluso violencia. De este modo, el entorno social no solo condiciona su modo de vida, sino que también influye en su comportamiento, llevando a muchos a perder parte de su dignidad en medio de la desesperación.

Hay que reconocer la valentía de decidir hacer una versión teatral de una obra como La barraca. Fundamentalmente por que se trata de una novela, y siempre es laborioso y complicado hacer ese tránsito; más si cabe teniendo en cuenta la extensión de la obra. El principal éxito de Marta Torres es que ha conseguido con su adaptación que reduce el texto original, no perder la esencia de la historia que Blasco Ibañez nos quiso contar. Destacar las coreografías en las que participa todo el elenco fundamentalmente para la transición entre escenas, simplemente brillantes.


Magüi Mira es la encargada de la dirección. Notable la versión que ha llevado a cabo, con una dramaturgia muy original. Sólo por el hecho de haber decidido llevar a un escenario por primera vez esta obra ya hay que reconocérselo. En general todo el montaje me gustó mucho y me parece muy acertado, pero destacaría el trabajo de coro de todo el elenco y el hecho de que los actores y actrices estén en escena en todo momento, algo poco habitual y quizás por eso me llamó la atención.

En cuanto a la obra señala que "La barraca es una historia de siempre. Nos habla de la eterna lucha entre la razón y la violencia. Nos habla de una comunidad enferma con comportamientos salvajes, de la identidad necesaria que nos da el arraigo a la tierra en la que nacemos; esa tierra que se convierte en desierto sin su alimento principal, el agua. Una historia que nos hace tomar conciencia de la necesidad imperiosa de progresar en el conocimiento".

Y continúa señalando que "El hambre, la miseria, la violencia. La guerra brutal, a la que tristemente estamos acostumbrados, nos saca del oxígeno que permite la existencia. Blasco Ibañez lo sabe, y desde su pensamiento y su palabra nos ofrece el gran antídoto que nos lleva a la vida: la cultura y el conocimiento."


Curt Allen y Leticia Gañan son los responsables de una original escenografía, compuesta por dos grandes estructuras metálicas con espejos que van siendo colocadas creando distintas composiciones por los propios actores.

Cabe destacar también el brillante trabajo de José Manuel Guerra en el diseño de iluminación y de Santi Martínez en la composición musical.

 

En cuanto al elenco lo conforman Daniel Albaladejo, Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez, Jaime Riba y Claudia Taboada (cuyo papel algunos días es interpretado por Beatriz Grimaldos).


Sobresaliente el trabajo de todos ellos, con una actuación muy coral. Un trabajo sólido y equilibrado que muestra una gran química y compenetración sobre el escenario. Todos y cada uno de ellos construye su personaje con gran coherencia aportando sus propios matices. Destaca el gran trabajo de todos para transmitir las emociones dimanantes de la obra de modo muy natural. Aunque como digo la actuación de todos es muy coral me gustaría destacar el trabajo de
Daniel Albadalejo (El Castigo sin Venganza, El Condenado por Desconfiado, Otelo, Reikiavik, La lengua en pedazos) magnífico en su papel de Batiste, Antonio Sansano (Penélope, Coronada y el Toro, Salomé) brillante tanto cuando se pone en la piel del arrogante Don Salvador como en el papel del tío Tomba.

Por último, resulta especialmente destacable el magnífico trabajo de Antonio Hortelano en el papel de Pimentó, que se convierte en uno de los puntos más sobresalientes de la función. El actor compone un personaje complejo, lleno de matices y contradicciones, al que dota de una gran riqueza expresiva.

En definitiva una obra imprescindible tanto por ser la primera vez que se representa sobre los escenarios, como por la enorme calidad que atesora.

 


 

* * * * * * *

 Teatro: Teatro Fernán Gómez. Sala Guirau.

Dirección: Plaza de Colón, 4.

Fechas: Del 21 de mayo al 21 de junio de 2026.

              De martes a sábado: 20 horas.

     Domingo a las 19:00 horas.  

 

Entrada general: 22 €.

Tarifa reducida: 18€ (Todos los días): Carné joven, mayores de 65, familia numerosa, discapacidad y acompañante, desempleados y carné de bibliotecas municipales de Madrid.

 

Ficha artística

De: Vicente Blasco Ibáñez.

Dirección: Magüi Mira.
Adaptación: Marta Torres.
Intérpretes: Daniel Albaladejo, Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez, Jaime Riba. Los días 28, 29, 30 y 31 de mayo, el papel de la actriz Claudia Taboada será interpretado por Beatriz Grimaldos
Ayudante de dirección: Guillermo Delgado.

Composición musical: Santi Martinez.

Diseño de escenografía: Curt Allen y Leticia Gañan.

Diseño de iluminación: Jose Manuel Guerra.

Coreografía: Marta Gómez.

Una producción de Teatro de Malta, Pentación Espectáculos y Olympia Metropolitana