Contra Ana. Teatro del Barrio

Nos hemos venido en esta tarde de sábado a nuestro querido Teatro del Barrio, en el primer gran puente de la temporada, a despedir una de las obras que más han resonado en el circuito off en las últimas temporadas. Pese al lunes festivo, pese al día de temperaturas veraniegas, la sala está a reventar, y no puedo llegarme a imaginar lo emocionante que debe ser para sus creadoras este hecho. Que tras unos años de éxitos se siga llenando la sala como el día del estreno para hablar de un tema tan silenciado como es la salud mental, más concretamente la anorexia y la bulimia, es algo impresionante. Tras ver la obra, entiendo perfectamente el éxito de la función, por su verdad y su compromiso. Una pena que sea su última función, una alegría el motivo por el que acaban esta etapa.







Me imagino que Alma García, autora de la obra, seguirá en una nube al ver la repercusión que ha tenido su historia. Porque esta no deja de ser una pieza incómoda, que desnuda uno de los problemas que más afectan a nuestra sociedad, probablemente también a tu entorno más cercano. Estamos ante una reflexión sobre la identidad y los Trastornos de Conducta Alimentaria en tiempos de Ozempic, con todo lo que ello conlleva. La autora nos habla de su historia personal, en una demoledora crítica a lo que es nuestra sociedad, a las exigencias que nos imponen las redes sociales, la televisión, los anuncios, nuestros amigos, los compañeros de trabajo o de colegio, nuestro entorno más cercano. Porque a veces la persona que sufre esta enfermedad no tiene que venir de una familia desestructurada, no tiene que haber vivido ningún drama en su niñez, simplemente la enfermedad se apodera de la mente y es complicado llegar a convivir con ella. Ahora ha vuelto esta función para hacer sus dos últimos pases, coincidiendo con el Día Mundial de la Salud Mental, supongo que no habrá sido casualidad.




Esta demoledora propuesta es la primera producción de la compañía La Contraria, que intentan construir una apuesta por la convivencia de las artes escénicas y la música en directo, que se convierte en un personaje más de la función, marcando en tono de las escenas y la atmósfera adecuada en cada momento. La compañía no podido comenzar su trayectoria con mejor pie. La obra fue galardonada con el Premio Max a Mejor Obra Revelación 2025, y en el discurso de agradecimiento Alma habló de que la obra había nacido del dolor, pero quería ser "un disparo de luz que nos haga entender que no hablar de salud mental no es una opción o, como dice un personaje de la obra: hablemos de por qué no hablamos de suicidio, de por qué una de cada cinco personas con anorexia se suicida y, sin embargo, seguimos alimentando esta sociedad del consumo, el cuerpo y redes sociales". Creo que, al menos a todos los que hemos ido a ver la obra, nos ha hecho pensar, y mucho, sobre el tema. Habrá que estar atentos a su nuevo montaje "Silencio Pandora" (escrito por la propia Alma y dirigido por Carlos Martos), que se estrenará en Junio en el Teatro Cánovas.




Alma García ("Bien está que fuera tu tierra", "No confieso", "El retablo de los monstruos") es la autora de este desgarrador texto, en el que nos cuenta su propia historia y su experiencia al ser internada en un centro para tratar su anorexia. La joven dramaturga reconoce que la obra no es solo mi historia sino también la de todos aquellos compañeros de ingreso (y familiares) que padecieron o convivieron con esta enfermedad durante aquellos meses. También explica como una de sus primeras psicólogas definía los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) como un iceberg en el que el cuerpo, la alimentación, la superficialidad de la belleza… todo ello es la parte visible y que de forma más inmediata la sociedad suele vincular a esta enfermedad. No obstante, el acercamiento real a un TCA supone sumergirse dentro de sus aguas para comprender que los demonios reales son variados y muy complejos.




El montaje transcurre en dos planos, entre la realidad que Alma nos cuenta en proscenio, a las escenas de su vida a lo largo del año que estuvo ingresada en un centro de Barcelona para tratarse su enfermedad. Esta decisión de mostrar desde el principio la realidad de la protagonista desde la cercanía, rompiendo la cuarta pared, ayuda a comprender más la historia, a hacerla nuestra, a mirarlo todo con los ojos de quien sabe que es algo real, la historia contada como motor para sanarse y como herramienta de ayuda para todas las personas que puedan verse reflejadas en este relato, sobre una enfermedad muchas veces silenciada, y que en la mayoría de los casos no vemos venir. La dirección de la obra corre a cargo de Paco Montes ("Elisabeth Siddal", "Dos punkis y un vespino", "Escenas de mujer", "New order"), que hace un trabajo impecable, para jugar con esos dos planos, una realidad directa que nos mira a la cara sin filtros ni medias tintas, directa como un bofetón de la más cruda realidad, y por otro lado la historia dramatizada con escenas que van de lo dramático a lo cómico, pasando por momentos oníricos y algunos más documentales.





Ante todo hay que decir que estamos ante una obra valiente. Porque hay que tener mucha valentía para enfrentarse a tu propia historia, aún no curada ni terminada de solucionar, para dar visibilidad una enfermedad tan silenciada como la anorexia y los TCA. Esta desgarradora autoficción nos llevará hasta la clínica de Barcelona en la que nuestra protagonista estuvo ingresada durante un año, para reflexionar sobre la identidad y la vulnerabilidad a la que nos arrastra este mundo tan exigente. Una vez dentro de esta montaña rusa de emociones y miedos, de dolores y negativas, de gritos y huidas hacia adelante, la protagonista consigue aceptar la enfermedad y se adentra en las razones que le han llevado a estar en ese lugar, que parte de responsabilidad es suya y cuanta de la sociedad que bombardea nuestros móviles y las pantallas de cánones de belleza que rozan la desnutrición. La perfección que transmite la publicidad y las redes, que nos lleva a una escalada en la que nunca alcanzaremos los objetivos esperados.




"Tengo ganas de vomitar, ¿sabéis? Ahora mismo. Vomito desde los 15 años. Antes, todos los días. Luego, solo de vez en cuando". Así comienza la función. Un golpe al mentón para que sepamos que no van a andarse por las ramas, que quieren contar algo desde el centro mismo del problema, desde la historia de una persona que lo ha vivido en sus carnes y que reconoce que no está curada, sino que ha aprendido a convivir con la enfermedad. La obra es tan demoledora como necesaria. Porque esta enfermedad que afecta principalmente a las adolescentes, pero que va mucho más allá de la conducta alimentaria, afectando al resto de sus vidas, a las emociones, a los sentimientos, a los afectos, a su relación con el mundo. Y, aunque se pueda pensar que no afecta a mucha gente, en España hay más de 400.000 personas que la padecen. Dar visibilidad a todo esto, desde las vivencias reales de alguien que ha pasado por ahí es muy valiente y digno de elogiar.



Toda esta historia, como hemos dicho, se desarrolla en dos planos paralelos entre si. Por un lado tendremos en escena a la protagonista de todo esto, Alma García, que nos cuenta su historia desde proscenio con la más desgarradora naturalidad, sin dejarse ningún detalle, por duro que parezca, por contar. En el segundo plano tenemos a los tres intérpretes que dan vida a las personas con las que Alma convivió en su año de ingreso en la clínica de Barcelona. Ellos son Carmen Climent, que interpreta a la Alma de aquella época, León Molina y Beatriz Justamante/Jone Laspiur. Tres intérpretes que se dejan la piel en cada escena, que destilan verdad con cada nuevo personaje al que dan vida, que confían en lo que quieren transmitir y lo hacen con valentía. Trabajazo de los tres.



A todos ellos les acompaña en escena el músico Cristian Olarte, que va creando la banda sonora de la historia en directo. Una parte esencial del montaje reside en la precisión de su trabajo, en la emoción de sus interpretaciones a la guitarra, en las atmósferas que crea desde su mesa de mezclas. Desde el fondo del escenario, se convierte en una pieza esencial del montaje, en un personaje más de la historia. La historia transcurre en un espacio vacío, con sillas a los lados, en las que los actores van introduciendo diferentes elementos para la creación de cada escena. Ese ring de la última escena simboliza muy bien lo que transmite durante toda la función ese espacio perimetrado por la tela blanca, el espacio en el que los enfermos deben luchar contra la enfermedad, pero sobre todo contra si mismos. Porque lo primero es reconocer que estás enfermo, y lo segundo tomar la decisión de querer curarte. No podemos dejar de nombrar la exquisita iluminación diseñada por Raquel Rodríguez, que consigue cambiar la textura de cada escena, pasando de lo más neutro (el blanco hospitalario) a lo más cálido (los tonos rojizos de la lucha, de la sangre, del dolor).




En definitiva, estamos ante una obra tan contundente como necesaria. Una historia desgarradora que su autora ha tenido la valentía de contar, de ponerla en pie en esta arriesgada propuesta, en la que el público se llega a dar cuenta de todo el sufrimiento que conlleva la enfermedad. Una pena que la obra se acabe, pero al menos puedo decir que tuve la suerte de poder verla. Desde aquí, espero que estas líneas ayuden en la medida de lo posible, a engrandecer esta obra y a dar visibilidad a la enfermedad, algo tan necesario para poder llegar lo antes posible y poder ayudar a buscar la manera de curarse, o al menos llegar a convivir con la enfermedad de una forma racional. Gracias Alma García, gracias compañía La Contraria, gracias Teatro del Barrio. Hay que visibilizar el problema para intentar buscar soluciones.

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Teatro: Teatro del Barrio
Dirección: Calle Zurita 20.
Fechas: Días 9 y 10 de Octubre. Viernes 9 y Sábado 10 a las 19:30.
Duración: 85 minutos
Entradas: Desde 16€ en TeatroDelBarrio.


Ficha artística

Autoría: Alma García
Dirección: Paco Montes
Elenco: Carmen Climent, Alma García, León Molina y Beatriz Justamante/Jone Laspiur
Músico: Cristian Olarte
Diseño de Iluminación: Raquel Rodríguez
Técnica en gira: Ana López
Contenidos audiovisuales y comunicación: Alberto Baldini
Ayudante de dirección: Beatriz Justamante
Dirección de producción: Elvira Casado
Producción ejecutiva: Marta Aran
Distribución: Jorge Dubarry