Viernes, I'm in love. Sala Cuarta Pared


La pasada semana se estrenó en la sala Cuarta Pared la esperada última entrega de Temporada verde: La emergencia climática a escena. La obra nos lleva a recorrer media Europa de la mano de los protagonistas, impregnados del espíritu del movimiento @Fridaysforfuture que impulsó en Suecia la joven activista Greta Thunberg. La lucha por el cambio climático pone el punto final a este interesante ciclo que se ha podido ver a lo largo de la temporada. El texto de Sandra Arpa fue escrito durante el Laboratorio de Creación Dramatúrgica En Verde 2023 (perteneciente al proyecto Espacio Teatro Contemporáneo). Una obra apabullante y transgresora que nos pone frente a los miedos de toda una generación, que como les ocurrió a sus predecesoras ven el futuro muy negro y deciden actuar para intentar cambiarlo e intentar no sucumbir ante lo que parece inevitable, el daño irreparable del cambio climático en el planeta.



Tras las interesantes "Solarpunk" y "Animales en apnea", este mes llega la tercera entrega de esta interesante propuesta del ETC (Espacio Teatro Contemporáneo) de Cuarta Pared, surgida de un laboratorio de creación dramatúrgica centrado en la innovación y el riesgo en la escritura, con el foco en el cambio climático y sus implicaciones sociales, políticas, económicas y demográficas. Tras un largo proceso de creación y selección, tres compañías fueron las elegidas para realizar esta Temporada Verde, un ciclo teatral creado para dar voz a los desafíos medioambientales y al cambio climático desde el arte contemporáneo. 

La Temporada Verde traslada a los escenarios la urgencia de una crisis que ya impacta en la vida cotidiana de millones de personas, explorando los conflictos éticos, sociales y afectivos que emergen frente a la emergencia climática e invitando al público a reflexionar sobre las decisiones, acciones y omisiones que configuran el presente y el futuro de nuestro planetaLa Rueda Teatro Social nos presenta en esta "Viernes I’m in Love", una bomba de relojería sobre ecoactivismo y las ansiedades que provoca el compromiso social, algo que muchas veces nos resulta incontrolable.




La Rueda Teatro Social es una compañía dirigida por Laura Presa Fox (una de las actrices de la pieza) y Fernando Gallego, que aúna artes escénicas y transformación social. Nace en 2009 con el deseo de crear nuevas formas de relación entre el arte y la ciudadanía, apostando por el poder sanador y transformador del teatro, y resignificando el propio proceso de creación artística. Su mayor afán es la creación de espacios de encuentro entre personas, donde la intimidad, la honestidad, la emoción y la vulnerabilidad puedan ser sostenidas por el coraje y la fuerza de los grupos. Un trabajo que apuesta por todo aquello que nos une y nos conecta con un deseo de transformación personal y social. Para toda esta labor la compañía emprende proyectos multidisciplinares en los que las artes escénicas se nutren de disciplinas como la psicología, la facilitación de grupos, la intervención social o el activismo político. Y sabiendo todo esto, pocas compañías eran más indicadas para cerrar este interesante ciclo que la Cuarta Pared ha impulsado sobre la emergencia climática y el activismo ecológico.

La relación entre la compañía y la sala es continua en los últimos tiempos. Aquí han estrenado sus últimos montajes "Quiero colapsar contigo", dirigida por Rakel Camacho (otro fabuloso montaje sobre la crisis ecosocial) y dentro del pasado festival Surge "Instrucciones para ---- una Utopía" dirigida por Carlos Tuñón. Ahora nos presentan esta obra basada en el movimiento @Fridaysforfuture o viernes por el futuro, constituido en su mayoría por jóvenes que reclaman acciones urgentes para evitar una catástrofe ambiental derivada del cambio climático. La protesta nació en Suecia de la mano de la activista Greta Thunberg. Activismo dentro y fuera de la sala de teatro. El argumento de esta pieza podría ser perfectamente un extracto de su propia biografía como colectivo artístico.

 




La obra ha sido escrita y dirigida por Sandra Arpa, con un enfoque intergeneracional de lo que es la problemática climática, que se va agudizando en cada generación. Es muy interesante esa visión de dos generaciones (ambas comprometidas por el planeta) que no terminan de concretar los objetivos por los que luchar, llegando incluso la hija a reprochar a sus madres que su generación fue culpable del deterioro climático que azota el mundo. El texto transita cada una de estas generaciones a una velocidad, algo que resulta muy interesante. Por un lado tenemos la efervescencia de los adolescentes, que sienten la necesidad de tener que hacerlo todo, acudir a todo, luchar por todo, y hacerlo desde la radicalidad más vehemente. En el lado opuesto se encuentran las madres de la protagonista, asentadas en la vida adulta y con la conciencia intacta, aunque la energía mucho más apaciguada. Desde la óptica de las madres también vemos que en todas las generaciones hubo luchas, banderas enarboladas, carreras delante de la policía, manifestaciones por mantener derechos que querían pisotearnos. 

"Creo en la urgencia de dar visibilidad en las artes escénicas a proyectos que hablen de ecologismo, crisis ecosocial y cambio climático. Es necesario hablar del cambio climático, es necesario hablar de la gente joven que ya está ofreciendo su tiempo, su inteligencia y su energía para poder “mirar” el presente desde un futuro distinto, no necesariamente desolador" explica Sandra Arpa al hablar de este proyecto. Una pieza contundente, en el que vemos la desbordante energía de una generación que ve como su casa, su planeta, está herido de muerte, y como no se hace nada por evitar la tragedia. Una postura ante la vida, una concienciación en la sociedad, un cambio radical en nuestras costumbres y en nuestra manera de hacer las cosas. Todo esto y mucho más reivindica este texto que deja mucho tema en el aire sobre el que poder debatir (una pena no haberme podido quedar al encuentro con el público del pasado viernes).




Un texto que nace del espíritu que invadió todo el país (y diversas partes del mundo) en aquella primavera del 2011. El mundo era una olla a punto de explotar y en diversos lugares nacieron iniciativas con ganas de cambiar las cosas, de hacer un mundo más justo, de volver a los orígenes, de escapar de los poderes que ahogan a los más necesitados. Es el espíritu del 15M el que impregna toda esta obra. Para los que lo vivimos en primera persona, las señales son las mismas, los impulsos, las quejas, las proclamas, todo parece repetirse, con una nueva generación de jóvenes dispuestos a todo con tal de salvar su planeta, y con ello su futuro. Esa efervescencia que se vive en los movimientos sociales, esa energía combativa de las manifestaciones, esa rabia que empuja a una juventud asqueada con el mundo a luchar por un mundo más justo y sostenible. Distintas generaciones que basan sus protestas en los mismos principios, que se van agudizando cada año. Este texto da visibilidad a esos jóvenes que dedican sus energías a luchas por un planeta mejor. 



La obra nos cuenta las inquietudes de tres jóvenes ecoactivistas (Cloe, Louise y Panamá) que se mueven inspirados por el movimiento Fridaysforfuture (Viernes por el Futuro), liderado por la joven sueca Greta Thunberg. La historia pone el foco en Cloe, la más obsesionada y radical en sus planteamientos. Las madres de la joven, pese a su compromiso social y ecologista, se ven desbordadas por las exigencias que plantea Cloe, más radical en sus pensamientos de lo que lo eran ellas a su edad. Es uno de los puntos claves, al menos para mi, de la obra. Las dos madres se ven reflejadas en la joven, en su ímpetu y sus ganas de cambiar el mundo, y justo por eso les da vértigo y miedo saber a lo que se enfrenta. Ellas ya estuvieron en la situación de su hija, ya lucharon por las mismas injusticias que ahora enervan a Cloe, y su experiencia les alerta sobre las consecuencias de lo que quiere hacer esta nueva generación de activistas. Las luchas cíclicas, que con cada nueva generación se repiten. Lo más triste es que no se avance ni un ápice en ninguna de estas batallas.



Los tres jóvenes luchan contra sus propios miedos, contra la exposición a un mundo cada vez más acelerado, que les obliga a actuar sin casi tener tiempo para hablar y planificar sus actos y las consecuencias. Tres jóvenes muy diferentes que buscan su propia identidad, cada uno de ellos desde lugares casi antagónicos y con condicionantes que les llevan por diferentes caminos, aunque los tres busquen los mismos objetivos. Estos adolescentes son cautivos de su propia época, cada vez más solos, más aislados en sus pequeños búnkeres, persiguiendo sueños que les llevan a tener ecoansiedad, añoranza de cambio y transformación, con la esperanza de lograr todo aquello con las generaciones que les precedieron dejaron a medias, o que simplemente no supieron ver. Un viaje vitalista donde lo íntimo y lo colectivo se entremezcla mientras buscan respuestas a la gran pregunta que sobrevuela toda la obra: ¿DE QUÉ SIRVE IR A LA ESCUELA SI NO TENEMOS FUTURO?



El reparto está encabezado por  Elisa Martínez (Cloe), Aritz Castillo (Louise) y Xinyi Ye (Panamá), dando vida a los tres jóvenes activistas, acompañadas por Julia Nicolau y Laura Presa, interpretando a las madres (y algún otro papel secundario que aparece en la historia), un trabajo coral que funciona a la perfección, con todas ellas participando en la creación de los espacios y dando cobertura en todo momento a sus compañeras, un elenco perfectamente trabajado. El peso de la obra recae sobre los hombros de Elisa Martínez, ya que la historia de Cloe es el hilo conductor de la función. En diversas situaciones a lo largo de diferentes etapas, conoceremos a la activista, sus luchas y sus miedos, sus afectos y sus sueños, su lucha y su temperamento que la llevará a liderar diversas acciones. Junto a ella conoceremos a Panamá, que busca su lugar y la aceptación de los que le rodean, y a Louise, inmerso en su propia búsqueda, en la redefinición de si mismo. Tres personajes con muchas aristas, que nos dejan pinceladas de lo que son (quizás debería haberse profundizado más en ello) para hacernos una idea aproximada de la diversidad de toda una generación. 

Muy interesante la visión que aportan Julia Nicolau y Laura Presa, desde una generación que ya ha luchado y vive asentada en sus ideales, pero sin la energía vital de los jóvenes. Las dos nos aportan el contrapunto a la energía desbocada de Cloe, desde la mesura de quien ya pasó por ahí, y con el orgullo de ver que su hije está queriendo transitar esos mismos lugares y afrontar esas luchas. Dos interpretaciones deliciosas, cargadas de matices desde un lugar muy alejado al de los jóvenes (incluso muy diferentes entre ellas). Ellas trabajan desde la sutileza de los pequeños detalles, para transitar todos sus miedos y sus esperanzas desde el compromiso adquirido, desde la complicidad que les da la pareja, desde la convicción de la experiencia.



Toda la función se desarrolla en un espacio escénico vacío concebido por la propia Sandra Arpa (responsable también del vestuario y del espacio sonoro), muy apropiado para simbolizar ese futuro que nos espera, ese lugar yermo en el que no existe nada. Desde este lugar, sin ninguna escenografía fija, son las propias intérpretes las que van construyendo los diferentes lugares, en una clara analogía al futuro que debemos crear entre todes. Todo este deambular por las diferentes épocas por las que transcurre la obra se construye con el apoyo fundamental de la iluminación y las proyecciones de Leticia L. Karamazana, parte esencial para situarnos en los distintos lugares y generar las tonalidades necesarias de cada una de las situaciones.



En definitiva, esta obra es el retrato de una generación que ha crecido con la sensación de que la vida va demasiado rápido y que están abocades a un futuro cuanto menos incierto (más aún en estos últimos años, en los que las guerras, los genocidios y el fascismo parecen campar a sus anchas). Un texto que nace del propio activismo de Sandra Arpa, que lo ha construido con sus propias experiencias y entrevistas a activistas climáticos. Un grito de socorro de una generación que ve como tienen que seguir luchando por aquello que ya lucharon sus padres, porque nadie les hizo caso y ahora parece todo más irremediable. Una obra que transita la energía de esos jóvenes convencidos de que se puede cambiar el mundo, porque es el único que tenemos, pero también el compromiso de unas madres que saben que se debe seguir peleando desde la pequeña parcela de cada uno, solo con la unión de todos podremos llegar a cambiar las cosas. Muchas reflexiones, muchos anhelos, muchas luchas por librar, un mundo que parece hacer oídos sordos ante una realidad tan evidente como es el cambio climático, que cada vez se cobra más víctimas y nos golpea con fenómenos climáticos más extremos.

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Teatro: Sala Cuarta Pared
Dirección: Calle Ercilla 17.
Fechas: Del 26 de Febrero al 7 de Marzo. De Jueves a Sábado a las 20:30. 
Duración: 90 min. 
Encuentro con el público: Viernes 27 de Febrero.
Entradas: Desde 14€ en Cuarta Pared.

FICHA ARTÍSTICA

Texto y dirección: Sandra Arpa Neila
Reparto: Aritz Castillo, Elisa Martínez, Julia Nicolau, Laura Presa, Xinyi Ye
Espacio escénico y Vestuario: Sandra Arpa Neila
Diseño de iluminación y proyecciones: Leticia L. Karamazana
Espacio sonoro: Sandra Arpa Neila
Foto Escena y video: La Dalia Negra Studio
Una producción de Sandra Arpa Neila con ayuda a la producción de Cuarta Pared.
Con la colaboración de La Rueda Teatro Social