A ella le gusta la gasolina
En Solo quería bailar, el Teatro del Barrio se convierte en un ring de danza: un cuadrilátero vital donde se pelea con zapatillas de baile y más ironía que uppercuts. La adaptación de la novela de Greta García se sostiene sobre un monólogo que Olalla Hernández defiende con carisma y una capacidad admirable para romper la cuarta pared. Aquí el público no mira: es mirado, interpelado y, a ratos, zarandeado emocionalmente. Alberto Velasco dirige y deja claro que la vida es dura, sí, pero también absurda, y que reírse mientras te caes cuenta como forma de resistencia.
Fotografía de AngelJMoreno |
Las coreografías están muy bien tiradas, lejos del “mira qué bien bailo” y más cerca del “mira cómo sobrevivo”. El ring vital del que habla la obra acaba revelándose como una prisión: la cabeza da vueltas, el cuerpo obedece, y la vida reparte hostias mientras suena música. La puesta en escena, mínima pero efectiva, entiende muy bien esa idea del ring que es la cárcel, ese combate constante donde no siempre sabes si estás ganando o simplemente aguantando en relevé. Todo fluye con una energía que engancha, aunque en algunos momentos el paso de lo escrito a lo dicho pierde algo de peso: el monólogo interior tragicómico de la novela al tomar voz, a veces roza la parodia.
| Fotografía de AngelJMoreno |
Con todo, Solo quería bailar se suma con acierto a esta estela tan necesaria y estimulante de llevar a escena novelas escritas por mujeres. Y no como gesto de cuota, sino como apuesta artística sólida. Puede que el texto original tenga más fuerza en silencio, pero ver cómo se baila y cómo se enfrenta al público también tiene su encanto.
| Fotografía de AngelJMoreno |
Han agotado entradas y ampliado cupo en febrero. Si a ti también te gusta la gasolina, dale y vete a bailar con ellos.
| Fotografía de AngelJMoreno |
