Nos refugiamos del infernal calor de estos días en la capital en los Teatros Luchana, un oasis en el que poder disfrutar de divertidas comedias que nos distraen y nos desconectan por un rato de la realidad (tan necesario en estos días de verano para quien tiene que quedarse en la ciudad). Asistimos a una fabulosa propuesta, que nos sorprende desde que se apagan las luces hasta que se vuelven a encender. Un viaje que no deja de sorprendernos, con giros imposibles y muchas escenas memorables. Una cosa, es muy difícil escribir estas líneas sin hacer spoiler. Lo intentaremos, para que no venga a visitarnos Claudio.
Hasta el propio título nos mantiene con la incertidumbre de saber que nos vamos a encontrar al apagar las luces de la sala. La pregunta surge ante la duda de no saber si el otro está presente cuando está o, a la inversa, el otro no está, y pese a su ausencia, se encuentra presente, alojado dentro de uno mismo. Un ingenioso trabalenguas que define a la perfección esta enrevesada comedia que disfrutaremos desde que se encienda el escenario. Una historia entre la vida y la muerte, de vivos y fantasmas, de la difícil relación de una pareja con un "inquilino inesperado" que se encuentran en su nueva casa.
Esta producción de Compañía Presente ha sido un éxito a nivel mundial, teniendo representaciones en Sydney, México D.F, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Caracas, Montevideo, Buenos Aires, Barcelona o Londres. Además, ha sido galardonada con premios como el ACE a Mejor comedia, el Premio Clarín a Mejor espectáculo del circuito Off o el Premio de los Espectadores a Mejor espectáculo del año. Todos los premios y el éxito son, en nuestra humilde opinión, del todo merecidos, ya que estamos ante una comedia original, divertida, ingeniosa, que no deja de sorprendernos entre carcajada y carcajada. Todo en ella es brillantez y precisión, buen hacer y destreza en la trama.
Esta delirante y misteriosa historia, que nos atrapa de principio a fin, ha sido escrita por Javier Dualte, que la estrenó en España bajo su dirección en el Teatro Lara, con Paco León y Clara Segura como protagonistas, allá por Noviembre de 2008. Una comedia misteriosa y desternillante, con mucho surrealismo y situaciones de lo más fantasmagóricas. Un acierto absoluto toda la trama, desde el punto de partida (ya primera escena ya nos deja descolocados y alucinando casi tanto como el protagonista) hasta cada uno de los giros que nos descolocan hasta llevar la historia a lugares mucho más íntimos, y a la vez mucho más interesantes. Esta comedia baja de revoluciones conforme avanzan las escenas, para ir ganando en ternura y contenido más profundo, hasta llegar a un desenlace que nos rompe y que es colofón perfecto a la historia.
En esta ocasión la dirección corre a cargo de la gran Denise Despeyroux ("Misericordia", "La omisión del si bemol tres", "Historias de Usera", "Un tercer lugar") que realiza un trabajo impecable a la hora de la composición de los dos personajes y de los ritmos adecuados a cada parte de la obra. La directora (de la que la próxima temporada veremos "Los fugaces" en el Teatro María Guerrero) consigue una pieza ligera y contundente, sorprendente y corrosiva, apabullante y abrumadora. Porque todo en este aparente caos funciona con la precisión de un reloj, todo está medido para que el desorden y la incertidumbre que lo inunda todo acabe por colocar cada pieza en su lugar exacto. Un juego de magia escénica, en el que la directora nos esconde las cartas para hacernos disfrutar el doble.
La historia nos traslada a la casa de Fran, un joven aprendiz de mago que se acaba de mudar con su novia Ana, estudiante de oftalmología. Un piso pequeño y con alguna que otra peculiaridad que no emociona a los dos por igual al conocerla... La sorpresa es que el piso lo habita Claudio, un ser invisible que no parece estar muy de acuerdo en tener que compartir "su casa". Mientras que Ana piensa que es una oportunidad de hacer historia en la oftalmología con la posibilidad de ver en determinados momentos a este particular personaje, para Fran es todo un quebradero de cabeza, ya que tiene que enfrentarse a él e intentar comunicarse de todas las maneras posibles.
Esta comedia, aparentemente ligera, tiene tintes dramáticos que la hacen mucho más compleja e interesante. El público se quedará petrificado de principio a fin, con varios sobresaltos con los que no contaba y que cambian radicalmente el devenir de la historia. Una historia que se va complejizando en cada escena, lo cual hace que el público vaya digiriendo cada nuevo giro entre las risas por las situaciones tan surrealistas que se ven en escena. La comedia, de apariencia sencilla, se convierte en un torbellino de emociones, en los que pasarás de momentos de carcajada a otros en los que la escena te dejará helado. Todo en su justa medida, para que el espectador disfrute y suelte alguna que otra lagrimilla al final. Una comedia deliciosa, entretenida, tierna y muy ingeniosa.
Sin lugar a dudas, en este montaje es fundamental el trabajo que hacen Samuel Vázquez, en el papel de Fran, y Bárbara Merlo interpretando a Ana, ya que la mayor parte del tiempo están solos en escena... o no se ven. La capacidad de los dos para interactuar en el espacio escénico con otro personaje al que no ven es fabuloso. En este aspecto, tiene mucho que ver la asesoría en plástica escénica de Alicia Leloutre, que consigue que los dos actores nos regalen unos trabajos corporales de lo más expresivos. Los dos intérpretes han construido unos personajes perfectamente reconocibles, que defienden con gran solvencia. Samuel Vázquez nos muestra un Fran que va desquiciándose por momentos, conforme la extraña situación que vive le va sobrepasando. Por su parte Bárbara Merlo crea una Ana desbocada, inocente en un primer momento pero efervescente en la segunda parte de la obra. Su cambio de personaje es divertidísimo.
La historia transcurre en una sencilla escenografía, diseñada por Fer Muratori, que nos lleva al piso al que acaban de mudarse Fran y Ana. Todo lo que tiene de sencilla, se vuelve misteriosa cuando se empiezan a mover objetos sin que, aparentemente, nadie los toque. Un prodigio de ingeniería y de personas en la sombra actuando al otro lado de las puertas, que se convierten en un personaje más, el polémico Claudio. Para completar ese ambiente de misterio es fundamental el diseño de iluminación y el espacio sonoro, ambos a cargo de Samuel Silva. Por último, no podemos dejar de nombrar el diseño de vestuario de Carolina Arce, fundamental en determinados momentos de la obra.
Estamos ante una obra de lo más original, en la que el misterio lo inunda todo y las carcajadas llenan la platea durante toda la función. Una fantasmagórica trama con un desenlace tan necesario como doloroso, que deja por unos momentos al público callado. Sin duda es el final más acertado posible, pero a la vez el más crudo, que nos golpea el corazón tras un rato tan divertido. Un giro inesperado pero necesario, que hace aún más interesante esta obra. Corran y vayan a verla, pocos planes puede haber mejores en una calurosa tarde de verano.
Dramaturgia y asesoramiento: Javier Daulte Dirección de escena: Denise Despeyroux Reparto: Bárbara Merlo (Ana) y Samuel Vázquez (Fran) Diseño de iluminación y espacio sonoro: Samuel Silva Diseño de escenografía: Fer Muratori Asesoría en plástica escénica : Alicia Leloutre Diseño de vestuario: Carolina Arce Ayte. de dirección: Constanza Maquillaje: Nisamar Jiménez Identidad visual: Leandro Ibarra Fotografía (Dossier): Gabriel Macarol (Atomobit) Fotografía (De escena): Isabel Méndez (tartadefreak) Dirección de producción: Karina Garantivá (Praxis) Producción ejecutiva: Samuel Vázquez Una producción de Compañía PRESENTE y de Técnica de Interpretación LÓGICA ESCÉNICA