Es viernes en San Lorenzo, en El Escorial. Huele a tormenta y a mundial. Huele a campo en estas lindes tan serranas con ese rojo y ese blanco que inunda plazas y callejas. Y en la mirada la ópera, el Festival a Quemarropa en su tercera edición; ópera creativa, contemporánea, atrevida, más cercana. El escenario, mágico, la compañía, más mágica, la vista de ensueño. Todo ha de rodar. Todo ha de cuadrar en esta cuadratura circular tan mística, tan esotérica, con el Monasterio de testigo.
Testigo en casa, en el salón, en ese sofá, escuchando la radio, zapeando tirado, aburrido inmerso en pantalla, en estímulos, en esos felices cincuenta americanos , en este entorno tan ibérico, tan patrio, tan de aquí.
Los personajes. Él y ella, ella y él. Él, atormentado, cansado, apagado, al que le encargan un trabajo. Quiere escribir una serie de artículos sobre estándares de belleza, y se pone a ello, se nutre de ello, se retroalimenta en primera persona. Ella, cansada de la presión estética, de su vida, de su imagen, de la perfección, de lo que gusta a los demás, de los temibles likes. Y cambiamos roles a ver qué sucede. Él se maquilla, ella no se depila, él se hace las uñas, ella se opera los dientes para que vuelvan a torcerse, él se taconea, ella se rebela oliendo a ella misma. Él se viraliza y se manipula en las redes. Ella se deja llevar. “Tus contradicciones son tus esperanzas”.
La máscara avanza entre lirismos, solfeos y silencios. La sátira tragicómica que cuestiona los extremos y la tiranía de los cánones de belleza, explorando cómo la obsesión por la imagen mutila la identidad. Y van subiendo las luces al son del violín, avergonzándose o no de su cuerpo, con fajas milagrosas, con pelos largos donde nunca hubo, en un discutido camino de la igualdad en ese salón donde todo cambia, donde todo se transforma, donde comienza la masacre a golpe de corazón, sin miramientos, sin esteticismos, con dolor, con mucho dolor en esta ópera de cámara en catalán donde todo no vale, donde vale todo sin valer. Distanciamiento, reflexión, pausa.
“Todo se está dando la vuelta. Estoy haciendo la revolución”, nos dicen. Está ópera que forma parte del proyecto Òh!pera nos renueva el género, nos lo acerca, nos lo mastica, nos lo vomita también, con el libreto satírico de Carlota Gurt en una Barcelona “llena de labios hinchados con hialurónico”.
Y a los mandos en escena el gran Oriol. El gran Plá. El adicto a las buenas formas, el clown que lo que toca lo revitaliza, lo viraliza. Su visión, la actoral, dota al movimiento de un protagonismo que lo encuadra en un personaje más, en esos gestos, en esos ademanes, pasando a ocupar un plano paralelo a la música, música de Carles Prat. Rompemos los espejos, vuelan los corazones sin corazón, sin alma, con crueldad, con la mirada del otro. “La estética nos ha mutilado”.
Hablemos de ella y él, de él y ella, del elenco, de María Patak, soprano y Carlos Varela, barítono, con el piano de Pablo Meléndez, el clarinete de Álvaro Rodríguez, el violín de Claudia López y la percusión de Jorge Bosch, todos ellos brillantes y estéticamente intachables, a los mandos de Carles Prat. La iluminación de Mariona Ubia, la escenografía de Josep Iglesias y el vestuario de Alba Semper suma, y mucho a esta masacre de la estética , en esta sustancia en la que la gran Demi Moore no dudaría en transformarse.
Hablemos de ellos, de su trabajo, de su versión actoral, de su espacio en escena, de su entrega, de su mirada, de su escucha, de sus conciencias, que se van demonizando, que se van encontrando y desencontrando con Alexa por testigo en lo que el qué dirán nos dejó, de la imagen que tenemos, de la que damos y de la que vamos creando. Un espejo sin reflejo, una cáscara vacía, dos personajes que han perdido el rumbo pensando en encontrarlo, que vagan hacia una isla desierta de emociones y sinsentido. Un trabajo encomiable adentrándose en lo desconocido, en esa mística actoral tan divina y tan mundana. Tan cómica y tan trágica.
Vengan a vivir la ópera. Vivan esta estética, pregúntense por su precio, si es que lo tienen, por su agrado, por el suyo y por el ajeno, reflexionen sobre lo que nos muestra el espejo, el exterior, y pregunten a su espejo interno, ese que tantas veces queda arrinconado entre tecnologías y soledades. Vayan a ver esta estética, esta masacre y juzguen, opinen, sin miedo a las reacciones, sin miedo a los likes porque como rezan ellos mismos, “a pesar de todo, todo me da igual“ ¿ o quizá no?...
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Teatro: Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial.
Dirección: Parque Felipe II, s/n.
Fechas: 10 de Junio. Viernes 19:30.
Duración: 60 minutos
Ficha artística
Compositor y dirección musical: Carles Prat
Libretista: Carlota Gurt
Dirección de escena: Oriol Pla
Ayudante dirección de escena: Rosa May
Diseño de iluminación: Mariona Ubia
Escenografía: Josep Iglesias
Vestuario: Alba Semper
Soprano: Maria Patak
Barítono: Carlos Varela
Piano: Pablo Meléndez
Clarinete: Álvaro Rodríguez
Violín: Claudia López
Percusión: Jorge Bosch
Participación: LCI Barcelona, Escola de Disseny i Arts visuals
Una producción del Gran Teatre del Liceu, Barcelona
Traducción y sobretítulos: José Ángel Treviño

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