Partiendo de un texto excelente, a modo de comedia, cuya
historia despide un aroma a Tennessee Williams, sin superarlo,
pero sin desmerecerlo en absoluto, nos cuenta un “polvo” de fin de semana entre dos compañeros de trabajo en Nueva
York, que se convierte en un combate amoroso entre la realidad y la ilusión. El
lecho de esta pareja de vidas mediocres cargadas de cicatrices y un horizonte
gris se nos presenta como un ring pugilístico o un tablero de ping-pong donde
las palabras de Johnny (el amante, Guillermo
Manuel Ortega) parecen empeñadas en rescatarnos del dolor, del desgaste de
la existencia y de su mezquindad.
La vida… y nada
menos. Johnny frente al mundo, junto a su desencantada musa, Frankie (Fátima Baeza).
Este es el conflicto: creer o no creer en el cuento de hadas
ese de que el amor existe, de que es posible, de que no se rinde y siempre empieza de nuevo, de que es una forma diferente de mirar al mundo y a
cada cosa que nos rodea. Ella, la amante, haciendo de abogada del diablo frente
a la pasión de su compañero que no cae jamás en el desaliento, le va poniendo
todas las pegas del mundo y, a la vez, se va dejando seducir.
Frankie sólo quería echar un kiki y comerse un sándwich
antes de irse a dormir, él ha echado el polvo de su vida o, por lo menos, es
bastante escandaloso. Sí, Johnny es intenso, muy intenso, desde los gemidos en
la cama hasta su perseverancia inagotable; ella está harta, un poco bastante de
todo, y quiere que la dejen en paz.
¿O no?
Ubicada en Manhattan, en el apartamento de ella, la amante,
lo único que nos conecta con el exterior es una radio, o mejor un programa nocturno
y una pieza de piano, “Claro de Luna” … de Claude Debussy que pone título a la obra
teatral y a su ensoñación…Fuera la realidad, cuyo reflejo nos llega a través de
la voz del locutor sin terminar de creerse lo que Johnny le cuenta para
dedicarle a Frankie la suite impresionista…y
nosotros tampoco.
¿O sí?
El resto es un maravilloso intercambio de golpes dramáticos y
dialécticos, aunque, a la larga, no se sabe muy bien quien se pelea con quien si
los amantes entre sí o con su destino…o todo al mismo tiempo.
La ironía y el entusiasmo son los lubricantes de este “cameo”
literal donde un tipo cualquiera se empeña en obrar el milagro de conectarse
con su contraria. No pierde la fe ni el sentido del humor en ningún momento. Y
se agradece. Hasta llega a resultar “pesao” …pero nos va contagiando. De eso se
trata. ¿Quién acabará triunfando? ¿O acaso puede vencer alguien en una historia tantas veces repetida repetida como esta?
Muy bien los dos, Guillermo Manuel Ortega y Fátima Baeza. Aunque pueda resultar más
lucido el papel de Johnny no hubiera sido posible este juego de
contrarios sin su antagonista. Muy conseguida y en su punto también la
dirección de Pilar Massa y el resto
del equipo. No se necesita más.
Un escenario austero y cotidiano convierte lo que parecía una encerrona, ni él se quiere ir ni ella consigue
echarle, en una burbuja feliz para levantar un paraíso improvisado. Nadie ni nada es
feo, todo puede amarse...hasta las cicatrices, la rutina y el hastío.
Los extraordinarios diálogos de Terrence Macnally ágiles, divertidos y repletos de humanidad... un escenario austero y estrecho, muy estrecho…y la música de Debussy, cuya belleza incontestable disuelve toda resistencia al romanticismo, termina por acogernos y dejarnos, por un instante, a nosotros también, encerrados en el paraíso.
Una pareja, un transistor, una noche de sábado y una pieza de
piano.
Muy teatral.
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EQUIPO ARTÍSTICO
Fátima Baeza
Guillermo Manuel Ortega
Con la voz de: Jose Luis Torrijo
EQUIPO TÉCNICO
Autor: Terrence McNally
Adaptación: Manuel Benito
Dirección: Pilar Massa
Ayudante de dirección: Ana Caso
Escenografía: Carlos Brayda
Auxiliar de escenografía: Ramiro Coyago
Iluminación: Cia de la Luz
Producción: Antonio Fuentes (Teatro Lara)
Producción ejecutiva: Clara Ortega Bosch
Con la voz de: Jose Luis Torrijo



