No me olvides.El maestro Juan Martínez que estaba allí.

En las siguientes líneas vamos a hablarles de tragedia, de oportunidades perdidas y de vidas truncadas. La lucha continua de un grupo de personas por intentar sobrevivir, la dureza de una época en la que lo único importante era seguir vivo, intentando ser fiel a uno mismo.



Fue ya comenzada la función cuando recordamos aquello que expresaba Bertold Brech, "¿En los tiempos sombríos se cantará también? También se cantará sobre los tiempos sombríos".



Decía Manuel Chaves sobre los totalitarismos, que no eran más que "el mido de los sectarios al hombre libre e independiente". "La causa de la libertad en España no había quien la defendiera" exponía. De convicciones republicanas, cercano a Manuel Azaña. defensor de la democracia, exiliado en París, estaba lejos de defender cualquier idea totalitaria, y desde este prisma nos relatará una historia, adaptada con maestría por Alfonso Lara, utilizando diálogos ágiles y disertaciones intimistas por parte de los actores.



Una dirección, por parte del propio Lara, a la altura de un texto histórico y de una visión muy concreta, en pro de la libertad, del individuo y la humanidad, contra todo conflicto armado o dictadura, independientemente del color de la misma, acompañado de un elenco de ocho actores y actrices que despliegan sensibilidad y saber hacer, en una puesta en escena dura y vital que en ocasiones nos sacará sabiamente una sonrisa.


De los desmanes de la Rusia zarista surgía el nuevo concepto, la nueva convicción de clase obrera por parte de los trabajadores, fuertemente agraviada por la burguesía. La industrialización y los discursos de mejora en la vida proletaria, calaban en una masa social que quería mejorar sus vidas y las de los suyos, comunalizar el poder, expropiar la tierra, alegatos que se extendían con velocidad, entendiendo que la tierra es de aquel que la trabaja. Arraigadas ideologías que se iban consolidando, formando facciones y contra facciones, revolucionarias y contra revolucionarias, y en medio de todo aquello los que de nada sabían, más allá de comer y vivir dignamente, y esto no es menos prestigioso, es una realidad que se sucedía y que esta puesta en escena nos relata con tremenda sabiduría.



En definitiva, Juan y Sole en un viaje, el de su vida, el de la muerte de tantos y el sufrimiento de tantos otros, quizá surgido de pedir tierra, pan y trabajo desde la base social, o quizás surgida más bien del odio de las cúpulas que nunca sufrieron un solo rasguño y comían caliente a diario sin cartillas de racionamiento entre sus manos, ni largas colas de espera por un mendrugo de pan.



Partimos de una base humilde pero sólida, no vamos a establecer aquí una dicotomía entre los buenos y los malos, pues si contextualizamos todo estaba por ver, todo estaba por hacer en un panorama nuevo, donde el conflicto y la cooperación política, se basaba en el mayor de los casos en la guerra como un medio de solucionar conflictos, si bien vemos que lejos de aprender lecciones, el mundo sigue girando en torno a esta máxima que perturba y cercena actualmente la vida de pueblos y por tanto de historias y culturas. Esta obra nos recuerda el hastío que supone cualquier guerra, cualquier bando, cualquier cariz ideológico, que destruye lejos de construir.



Es esta una visión personal e intransferible de la Revolución Rusa, descrita por el periodista y escritor Manuel Chaves Nogales sobre los episodios que dice le sucedieron a Juan Martínez y a Sole, su compañera de viaje laboral y sentimentalmente. Un bailarín flamenco retirado que consume sus tardes en los cafetines de Montmartre, donde recuerda sus peripecias por media Europa junto a su compañera. Huyendo de la Guerra Mundial atraviesan Turquía, Rumanía y Bulgaria, y acaban en Rusia, donde creen estar a salvo del conflicto armado. Allí se verán atrapados por la Revolución de Octubre, y asistirán a los horrores de una guerra sangrienta, a veces les salvará Dios, otras les pondrá al borde de la muerte, según con el militar o el país en que se enfrenten. La soledad, el frío, el miedo, se darán cita en escena de la mano de un elenco que compacta y se visualiza coherente. Moscú, Petrogrado, Kiev, Turquía o París, serán algunos de los escenarios, pero también la calle, las pensiones de mala muerte, diversos cabarets, trenes nocturnos que pasan sin esperar, frustraciones, desidia. Escenarios de Guerra.



Sofía Monreal en el papel de Sole, personaje interpretado por Pepa Rus hasta el 28 de Octubre, pondrá un toque de humor necesario, su naturalidad, el compañerismo, las ansias de lucha por la vida nos hará empatizar con ella desde el primer minuto, generando dulzura en las escenas más duras de la función junto a Alfonso Lara, en el papel de Juan. Sobre él recaerá el peso de la obra, un personaje que crece a medida que se suceden los acontecimientos y el paso del tiempo no parece mejorar las cosas, el paso por las checas, las conversaciones con militares y personajes de todo pelaje no harán más que aumentar su humanidad con sus iguales, lejos de que nadie le convenza con grandes discursos ideológicos mientras él solo parece sentir el odio del que le mira.



Pepe Lorente, Piñaki Gómez, Pablo Rivero, Eva Boucherite, Rosa Fernández y Micaela Quesada completan un hermoso elenco, personajes que se desdoblan en otros, cambios de registro, rabia por parte de algunos, cansancio y rutina por parte de otros. Magníficas intervenciones situando contextos y recordando situaciones pasadas. Juego de narices de clown en escena que más allá de la presencia en el circo, nos recordará a Payasos por la identidad, que denuncia y se pregunta cómo se puede abordar el humor desde historias llenas de dolor acompañados a menudo por narices negras




Oscar Carmín nos presenta un trabajo sobresaliente en la escenografía, compuesta por rejas que se abren y se cierran, y que quizás algún día caigan cuando caiga la guerra, junto a su compañero de iluminación Felipe Ramos con su impecable trabajo, que nos situará en míseros locales, en oscuras checas o circos exiguos. Lupe Valero, encargada del vestuario, y Jose Luis Toral en el espacio sonoro, harán de esta una puesta en escena redonda.




Una obra arriesgada, controvertida, que abre una conversación pausada con las personas que te acompañan al salir de la sala. Ante todo, esta es una obra para que el nombre de todos los que sufrieron los avatares de aquella época, no se borre de la Historia.
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No me olvides. El maestro Juan Martínez que estaba allí
Teatro: Teatros Luchana
Dirección: Calle Luchana 38.
Fechas: Sábados a las 20:30, Domingos a las 19:00.

Entradas: Desde 14€ en teatrosluchana, atrapalo. Del 4 al 18 de Noviembre.

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