Nos sentimos como en casa, en el salón, revuelto, atiborrado, modesto, algo cutre. El salón de esta familia desestructurada, disoluta, disuelta, disocial diríamos, todo con di, en esta tarde febreril lluviosa en el siempre lindo y abarrotado Teatro Infanta Isabel. Esta familia lleva vagando por estos mundos más de veinte años, más de dos mil funciones, más de doscientos cincuenta mil espectadores, más de veinticinco países, todo con dos, curioso también. Esta familia pasea su sofá por medio mundo para ofrecernos este espectáculo tragicómico, triste y divertido. Como la vida misma. Como una familia más.