Fiel al texto Antonio Simón dirige una pieza del todo compleja, difícil
intento el de acercar una obra de tal magnitud a la actualidad. Referencias
universales, particularidades ignotas de la obra Shakesperiana, donde Juan
Asperilla y Antonio Simón en la adaptación trazan la deconstrucción espacio
tiempo para poder conversar con los siempre enemigos del pueblo.
En este caso, como en
otras ocasiones, primero se lo contamos:
El general romano
Coriolano al derrotar a un ejército enemigo y defender Roma, forjó su reputación
de valor, honor y gloria. Nombrado
cónsul por el Senado, no logró el voto popular, y fue desterrado de Roma, tal
fue su cólera, que contra pueblo, madre, esposa e hijo se alió con el que fuera
su antiguo enemigo.
Antonio Simón se acompaña de un elenco de talento
monumental para dar forma a empresa de tal envergadura. Roberto Enríquez
sobresale mecido entre el tirano y el hombre apegado a la soberbia de una madre
de tal pragmatismo que duele como la estocada mas feroz, dejar de ser por el
poder mismo. Mientras tanto todo sin el pueblo y contra el pueblo si es
necesario. Alianzas, egos, odios, intereses de unos pocos contra los de todos.
Manipulación y tonos populistas en los tonos, en
las palabras de Santiago Molero como Bruto y Juan Díaz en la piel de Licinio, también en los
tonos y formas en el patio de butacas, en el transitar de Beatriz Melgares como
ciudadano. El pueblo no grita, a la actriz le cuesta y parece no llegar
porque nos es reconocible, porque el pueblo ya está cansado y deja a los
tiranos hacer y quedamos como espectadores impávidos, impertérritos esperando a
saber cual es el destino, del patio de butacas, perdón, del pueblo y así parece que esto se va pareciendo mas a la actualidad aunque teatralmente no acabo de atisbar si funciona. El ciudadano hablaba a un pueblo con hambre y este pueblo al que se interpela, puede que tenga apetito pero no hambre.

En cada entrada de Volumnia interpretada por
una majestuosa Carmen Conesa que brilla y toma el peso de una escena provista
de elementos tan rígidos a los que parece meritorio dar dinamismo por parte de
los actores, en los que recae todo el peso. Ella es, la madre, volvemos a
empatizar, a tocar lo humano que parece no existir en medio de la urdimbre política,
a ver a la tirana frente al hombre, a la tirana junto a la esposa que espera interpreta
por una medida María Ordóñez en el papel de Virgilia, que por pinceladas nos
iba regalando su canto junto a Conesa.

Beatriz Melgares en la piel de lugarteniente,
confidente y sombra de Javier Lara en el papel en Aufidio, preparado
para la conquista de Roma y la muerte a cualquiera que pueda ponerse en su
camino, con una presencia y fuerza escénica que será foco en cada aparición.La actriz es apoyo para hacer
mas grande al personaje de Aufidio, para soportar el coraje cuando al otro le
falta, para medir tiempos y ser ancla. Manuel Morón como Menenio y Álex
Barahona como como Cominio, son complemento e interpretaciones mas medidas que
dan luz a los personajes protagónicos.
La espada, la lucha de armas, las luchas de poder y la perdida del
valor, la lucha dialéctica entre Javier Lara y Roberto Enríquez son uno de los
valores de esta pieza, compleja, con multitud de elementos cuya fuerza recae en
un elenco que al ser de tal envergadura ha podido sostener. Así los diálogos
entre Enríquez y Conesa han sido una delicia.
Ana Llena en un impecable trabajo de vestuario
apuesta por tonos rojos, estructuras militares en cualquiera de sus acepciones,
vestidos de ellas, elegantes, impecables. Paco Azorín en el trabajo de
escenografía opta por una estructura rígida, el poder de Roma, quizá demasiado
pesado. Destacable trabajo de iluminación de la mano de Rodrigo Ortega. Música
original de la mano de Lucas Ariel Vallejos, y necesario nombrar a Jesús
Esperanza, maestro de armas.
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