Actores en escena antes de que la función comience: unos
pasean, otros esperan, algún que otro habla un poco, se saludan. El teatro
dentro del teatro.
Impecable idea en esta pieza, en la que ya desde el inicio
nos dan una pista: las identidades se interpretan.
Nos sitúa en la profundidad de la pieza, nos sienta frente a
un texto de poso universal que interpela a todo tiempo y condición. Xus de la
Cruz, en la versión del texto junto a Josep Maria Mestres, se alejan de la
ñoñería en la que fácilmente se puede caer y nos presentan una pieza
inmensamente humana. No cae en moralinas. Respetan la forma de los tiempos
áureos, en la que el interés por la dote se une al interés sentimental, siendo
ambos absolutamente compatibles, sin que proceda juzgarlo.
El peso de la pieza está en la palabra, en un ejercicio
actoral del más alto nivel. La solvencia de Joaquín Notario, la grandeza de
Carolina Rubio, la templanza de Silvana Navas. Un maravilloso juego de
equilibrios, mientras se llena el espacio, y Alberto Granados, como Euterpe,
marca el ritmo de la comedia con música original en directo, que nos lleva de
lo más lírico a la música electrónica.
El caso es que, en el Madrid del s. XVI, Finea es prometida
en matrimonio con Liseo. Resulta que Finea tiene una dote de 40.000 ducados; su
hermana Nise es discreta, letrada, culta y elegante, pero su dote es de 10.000
ducados.
Laurencio, el enamorado de Nise, por el interés en la dote
de Finea, trata de enamorarla. Cuando Liseo conoce a Finea se queda patidifuso:
no puede creer la simpleza de la chica y renuncia a casarse con ella.
Liseo y Laurencio acuerdan cortejar cada uno a la hermana que más le interesa. No imaginan el enredo, menuda trapatiesta. Laurencio, que únicamente quiere a Finea por interés, genera en ella una certeza que no se puede explicar. No es un milagro, pero Finea tampoco conoce qué sucede ni cómo se llama lo que siente cuando las “finezas” van dirigidas a otra que no es ella. Parece que, por primera vez, conoce el amor y los celos. Y, por poder conocer las notas escritas de su amado, aprende a leer y, por la necesidad de responderlas, aprende a escribir, y conoce los sentimientos, y hasta aprende a danzar
Inocente, sencilla, con una etiqueta de “boba” impuesta
convertida en el rol que le ha tocado.
Finea es buena con su padre, confidente de la criada Clara.
Inicialmente, su mundo se limita a lo sencillo; en ella no hay dobles sentidos
ni ironías. La actriz danza esta pieza de un modo precioso, atusando el tutú.
Nosotras nos hemos puesto el nuestro para danzar con ella.
La humanidad que evoca Carolina Rubio está por encima de la
bobería, de la dote o de todo saber; hace que todo converja y tenga sentido,
sin que el camino a la inteligencia y el saber de Finea quede forzado. Su
humanidad nos hace entender que todo estaba en ella. Que ella está por encima
de toda convención social impuesta.
Qué suerte hemos tenido de haber podido asistir a esta
pequeña joya. Es como si Finea hubiera salido de nuestro viejo libro, se
hubiera puesto frente a nosotros y hubiera contado su historia en primera
persona. Así nos cuenta cómo casi zurra al maestro Rufino porque la dio en
las palmetas cuando aprendía la letra “bestia” y la “k”.
Joaquín Notario, en la piel de Otavio, llena la escena con su sola presencia. Una solvencia tan conocida como indiscutible, que nos saca una sonrisa en las propuestas que acercan su verso a situaciones más contemporáneas. Equilibrio, energía medida en conversaciones con los pretendientes, cediendo protagonismo cuando toca, desprendiendo oficio.
Carlos Serrano interpreta a Laurencio, en el actor recae una
fuerte responsabilidad en la pieza, no debe ser el villano. Lo consigue, nos
convence y entendemos que el interés por la dote es compatible con el amor
verdadero que finalmente sentirá por Finea. Pablo Béjar, en el papel de Liseo,
no está interesado en la dote, tan pronto está interesado en una como al rato
en otra.
Markos Marín se desdobla; será tres, Pedro enamorado de
Clara la criada; también será Miseno, coladito por Nise; y el maestro Rufino,
cascarrabias y de poca paciencia. Víctor de la Fuente, por su parte, será
Leandro y el criado Turín.
Estructuras que nos sitúan en las diferentes estancias de la
casa, trabajo de Clara Notari junto al trabajo de vestuario de Gabriela
Salaverri: camisas, encajes, el hermoso tutú, unido a tintes actuales en las
deportivas, los zapatos de Finea, generando un todo atemporal que acompaña el
tono de la pieza. Juan Llorens, en el trabajo de iluminación, en esta ocasión
genera ritmos, situaciones de intimidad, enfatizando emociones. Mención final a
Pepa Pedroche en la asesoría de verso.
Preciosa. En palabras mayúsculas. No se la pierdan
Texto: Lope de Vega
Versión: Xus de la Cruz
Dirección: Josep Maria Mestres
Reparto: Joaquín Notario, Carolina Rubio, Silvana Navas, Carlos Serrano, Pablo Béjar, Markos Marín, Concha Delgado, Víctor de la Fuente y Alberto Granados
Ayudante de dirección y coreografía: Andoni Larrabeiti
Música original y espacio sonoro: Alberto Granados
Asesora de verso: Pepa Pedroche
Diseño de escenografía: Clara Notari
Diseño de iluminación: Juanjo Llorens (AAIV)
Diseño de vestuario: Gabriela Salaverri
Ayudante de escenografía: Juanjo González Ferrero (AAPEE)
Ayudante de vestuario: Paula Fecker
Dibujante de escenografía: Francisco Bassi
Estudiante en prácticas de iluminación: Ana Callaghan
Diseño gráfico y fotografías: Javier Naval
Vídeo: David González | 2VISUAL
Dirección técnica: Ciru Cerdeiriña
Producción ejecutiva: Beatrice Binotti
Dirección de producción: Nadia Corral
Distribución: ConTablas Distribución
Una producción de Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid. Clásicos en Alcalá, Ajedrez Eventos y Octubre.



