Un roble en Teatro del barrio


Todo surge con un vaso de agua a 253cm del suelo, de una idea o mas bien de una obra conceptual creada por Mickael Craig en 1973, donde el artista describía el cambio de un vaso de agua en un árbol perfectamente crecido sin alterar los accidentes del vaso de agua. Craig Martin considera que es la fe del artista en su capacidad de definir y la voluntad del espectador al aceptar aquello que propone el artista lo que conforman la obra.  El roble está presente, pero bajo la forma de un vaso de agua.
Y es así como tomamos conciencia, como nos dimos cuenta que llegamos al teatro habitualmente, y esperamos un texto, una interpretación y damos por buena, como verdad la creación del dramaturgo, nos haremos preguntas, claro que sí, pero nunca nos habíamos visto en la tesitura de ir creando nosotros la historia, de ir creando la verdad de las cosas como fueron creadas o como nos son mostradas. Quizá lo que en principio se nos mostró como una verdad inalterable, este únicamente en nuestra imaginación poder transformarlo. 
Se lo contamos.
Uno de los personajes es un hipnotista que ha perdido su capacidad de sugestionar a los demás. El segundo personaje es interpretado cada noche por un actor o actriz diferente. Se subirá a escena sin conocer nada de la obra que va a interpretar y sin haber leído ni una sola palabra del texto. Solo debe saber que su personaje ha sufrido la pérdida de un hijo.
Llegamos al Teatro del Barrio, sabíamos de la existencia del texto de Tim Crouch “Un roble”, pero como el actor que acompañaría a Luis Sorolla en cada función, no quisimos saber que nos íbamos a encontrar, queríamos sorprendernos y vivir de primerísima mano, está experiencia teatral dirigida por Carlos Tuñon y  producida por Nacho Aldeguer (Bella Batalla) y Luis Sorolla (Esto podría ser) un equipo que sin duda nos embaucaría por su extensa experiencia en teatro inmersivo y experiencial
Y así fue, desde el primer momento nos encontramos ante Luis Sorolla que desbordaba naturalidad y verdad en escena, como pez en el agua, moviendo los hilos pensamos que su intervención no estaba preparada, sino que iba creando el espacio teatral a medida que nos contaba lo que íbamos a presenciar. De ninguna manera, aquello era tan verdad que por supuesto era el fruto de mucho trabajo e investigación anterior. Sorolla daba paso a un invitado, en este caso al actor Francesco Carril que no sabía nada de lo que allí iba a ocurrir, únicamente una hora antes le dieron algunas pautas a seguir y como siempre su voz, la templanza y su eterna mirada acompañaron a esta experiencia teatral de manera magistral. 
Es con los dos actores en escena cuando comienza realmente la experiencia, donde vivimos una línea muy fina entre la ficción y la realidad, lo que se contaba y lo que nosotros en realidad estábamos viendo, mientras empatizabamos con Carril intentando ver y sentir lo que él sentía, que por el momento eran para nosotros cosas diferentes.
No había marcha atrás, nos habían desvelado el truco de las emociones y ya no dábamos nada por sentado, lo que nos era contado era una realidad, pero quizá no la nuestra. Esto es, si el personaje llora en escena, empatizaremos y estaremos tristes, lo contrario ocurrirá si está alegre, pero ¿qué ocurre cuando en escena se están percibiendo cosas diferentes a las que vive el público? No les vamos a contar de ningún modo, si finalmente nos sumergimos en el imaginario de Carril, porque han de sentirlo ustedes mismos.
Mientras tanto Luis Sorolla en un texto cerrado, posibilitaba como en cualquier espacio teatral un nexo común para todos, la existencia de una verdad colectiva, pero les diremos que es rarísima la sensación en la que en un texto cerrado en el que no cabe improvisación cada persona este percibiendo realidades completamente diferentes. Porque quizá y simplemente, nos han dado la oportunidad de crear, de imaginar y de cuestionar lo que nos viene dado.
En este caso no les hablaremos de la escenografía, les aseguramos que no es necesaria para lo que vivimos la pasada noche. Miguel Ruz en iluminación, Nacho Bilbao en espacio sonoro y Juan Casero en interpretación musical completan un trabajo brillante.

Nos decía Luis Sorolla que no contásemos nada y nada les hemos contado, solo les decimos que sin duda, vayan a vivir esta experiencia inigualable. 

Estaremos atentos para contaros cuando poder volver a vivirla. Mientras tanto el Teatro del Barrio no dejará de sorprenderte. 

Un roble
Dirección: Calle Zurita,20
Fechas: . Del 24 de abril al 1 de mayo.
Entradas: 12€  Web de Teatro del Barrio

         

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