Teatro: Memoria. Sala Mirador

Algo tan importante como la Memoria, como el recuerdo de saber de donde venimos, las señales que marcaron nuestra historia, deben ser un referente, un punto sobre el que apoyarse para no cometer los mismos errores que en el pasado nos llevaron a guerras fratricidas y periodos de oscura dictadura. Para saber lo que ocurrió durante aquella época es necesaria la memoria, igual que lo es para que puedas recordar a los seres queridos ausentes. Algo tan necesario y valioso debe ser defendido a capa y espada, como hicieron a principios de siglo los profesores con la idea de llevar la escuela a todos los lugares del país.


Antes incluso de entrar en la sala sabemos que vamos a presenciar algo que nos removerá por dentro, que nos dolerá como duele la verdad contada de forma directa, sin aditivos ni disfraces que la endulcen. Somos conscientes de lo necesario que son este tipo de espectáculos (incluso más en estos tiempos de resurgir de lo más rancio de nuestra sociedad) para que no se olvide todo lo que ocurrió en un pasado no muy lejano, que algunos pretenden olvidar para, como dicen ellos, pasar página y no remover el pasado. Pero el pasado debe removerse hasta que todas las heridas estén cerradas, todos los muertos encontrados, y todos los crímenes juzgados. Por eso, y por muchos otros motivos más allá del hecho teatral, son necesarios este tipo de montajes.


La obra nace de un proyecto de intervención artística que fue seleccionado dentro de la convocatoria "Galerías" en el año 2015, en el que se trabajaba en la antigua cárcel de Segovia, que actualmente ha sido "refundado" como Centro de Creación, manteniendo la huella de lo que fue, para que no se olvide, pero dándole un nuevo uso más centrado en la sociedad. En la citada convocatoria artística se realizaban las propuestas seleccionadas dentro de las celdas del edificio, si el artista lo creía conveniente. Tras este peculiar proceso de creación, "Memoria" queda finalista ese mismo año del Certamen de Jóvenes Creadores de Madrid.


Tras esta emotiva e impactante experiencia de representar su proyecto dentro de una de las celdas de la cárcel, Virginia Rodero toma toda la información adquirida para terminar de crear la biografía de esta maestra republicana, dando forma a un espectáculo lleno de ternura, dolor y mucha belleza, tanto en su forma como en su contenido. Dirección, dramaturgia e interpretación son asumidas por la propia Rodero, que "esculpe" esta historia desde las entrañas, desde lo más profundo, buscando en aquellas vivencias que ella misma tuvo al crear el proyecto, ese interesante proceso de inmersión en el lugar para crear algo que nazca de la propia experiencia de habitar la cárcel, aquellos lugares que en otro tiempo fueron "almacenes de mujeres" en las que poco importaba quien eras (como nos cuenta la protagonista en la obra).




Rodero muestra en este montaje como es una artista completa y compleja. Capaz de crear un texto apabullante, demoledor, con una gran carga dramática y una interesante sencillez en el desarrollo, marcado por lo directo del mensaje sin eludir nada ni dar rodeos a la hora de profundizar en los temas centrales de la obra. La educación (tema sobre el que pivota el resto del montaje), la Guerra, las represalias tras la contienda, la soledad o la destrucción de las familias que se veían separadas por una condena o por el fallecimiento de alguno de sus miembros, son temas que traza de manera inteligente la autora, pero es aún más interesante la sensación que sobrevuela todo el montaje, un miedo al avance, a la paridad, a la evolución, representada por el bando nacional, que contrasta con los avances en educación e igualdad, preciosa la escena en la que la protagonista ejerce ilusionada su derecho al voto, cuanto tendríamos que aprender de ese compromiso e ilusión por ser quienes decidimos nuestro futuro... 




En lo que se refiere a la dirección, domina los espacios y los ritmos como si de una veterana se tratase. Una trama complicada, por la temática tan dolorosa, que transita entre la comedia y el drama con absoluta tranquilidad, sin giros drásticos ni cortes en el desarrollo de la historia, todo transcurre con naturalidad, sin grandes sobresaltos pese a la dureza de los hechos que se cuentan. Es muy interesante la manera en la que la autora y directora sabe medir cada una de las escenas, para impregnar a cada una de la textura y solidez necesarias, desprendiendo de contenido a las más "lúdicas", centradas en la maestría gestual de la actriz, y "pausando" las escenas dramáticas hasta desnudarlas de todo lo superfluo, para que sea el texto lo único que nos llegue, con su punta afilada que nos atraviesa hasta dejarnos helados.


La historia nos sitúa en el interior de una cárcel de mujeres en la época franquista. En una de esas oscuras y tenebrosas celdas se encuentra nuestra protagonista, una maestra republicana que comenzará a contarnos lo que ha sido su vida, en el momento en el que se acerca su final. Desde ese inhóspito lugar recordará todas las ilusiones y vivencias de una época pasada, en la que todo parecía ser avance y progreso, y lo poco que tiene que ver con la soledad y la sinrazón de este frío lugar. Sin salir de su cautiverio, la maestra nos traza un boceto de lo que fue su vida y de los convulsos años que le tocó vivir: La segunda República, la Guerra Civil y la dolorosa (al menos para el bando perdedor) posguerra, en la que todo lo logrado en la etapa anterior quedó dilapidado al mismo tiempo que caían las bombas por toda España. Un bonito y doloroso viaje por los recuerdos de esta maestra, en el que podremos disfrutar de su felicidad en la escuela republicana, en las misiones pedagógicas, en las primeras elecciones en las que pudo votar, pero también la veremos sufrir en su cautiverio, en su miedo ante el destino, ante la muerte de sus seres queridos. Una maravillosa historia que sirve de homenaje a todas esas personas que lucharon por lo que pensaban que era un mundo mejor, por llegar a una igualdad en derechos y libertades, gente anónima que construyó un país innovador, que fue dilapidado por las armas y por la lúgubre etapa franquista.


La tercera de las facetas a las que hace frente Virginia Rodero en este montaje es el de la interpretación, que pasa por ser la parte visible de todo el proyecto. Tomando como eje a la profesora republicana, protagonista de la historia, la actriz se desdobla en múltiples personajes, dotando a cada uno de un carisma y unos matices especiales. La gestualidad en la que basa toda su interpretación es primorosa, con momentos cercanos al clown memorables (trabajó con Andrés del Bosque en la profundización de los bufones y el clown), y manteniendo siempre una inteligente vinculación entre el texto y el movimiento, dando en cada momento la importancia necesaria a cada uno de ellos. Una interpretación que baila entre distintos conceptos, impregnando a cada escena de una pátina diferente, consiguiendo que cada una de las etapas de la historia se vean desde puntos de vista muy diferentes.



Junto a ella aparece en escena Ángela Sanjuán, encargada del acompañamiento musical y el espacio sonoro, fundamental en una obra con tantos matices. Este "acompañamiento" resulta fundamental para crear las distintas atmósferas de la historia, para dar solemnidad en los momentos más dramáticos y resaltar los alegres momentos de la profesora con sus alumnos. Por momentos el ingenio con el que Sanjuán crea los distintos sonidos nos deja obnubilados, consigue que nos traslademos al interior de esa oscura cárcel o que disfrutemos de las canciones que interpreta con Rodero.



Un espacio vacío, sin escenografía, da todo el protagonismo a estas dos pedazo de artistas, que nos hacen disfrutar de cada instante de la obra, pese a la dureza del contenido. Todo en esta obra es mínimo, para dar valor a un texto demoledor, pero dentro de esta sencillez cabe destacar la aportación al conjunto de la iluminación diseñada por Marcos Olivares, en un juego de penumbras y luces cálidas que nos atrapa




Siempre diremos que este tipo de obras son necesarias, porque debemos conocer la Historia para saber quienes somos, para no olvidar lo que pasó y para no repetir los calamitosos acontecimientos que nos llevaron a décadas de oscuridad (habría que recordar estas cosas también al ir a votar). La necesidad de conocer a esas personas anónimas, que sufrieron represalias por el simple hecho de creer en unos ideales, de apoyar una causa. Si a este "carácter social" le sumamos la belleza del propio montaje, nos encontramos ante una pieza necesaria y recomendable. Esperemos que pronto vuelva a la cartelera.

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Memoria
Teatro: Sala Mirador
Dirección: Calle Doctor Fourquet 31
Fechas: De Miércoles a Viernes a las 20:00.
Entradas: Desde 12€ en lamirador. Del 12 al 14 de Junio.


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