FLOR(es). Cualquier lugar, cualquier mujer. Sala Mirador

"No queremos flores, ni joyas ni adornos. No queremos piedras preciosas que compren nuestra felicidad con colores y brillos.....".
         
Así comienza Flor(es). Cualquier lugar, cualquier mujer. La historia de cuatro, ocho, doce....de todas las mujeres. Es la historia, los pensamientos, los sueños, las amarguras, los miedos, las esperanzas de esa mujeres desconocidas -que no anónimas - que tuvieron que sacar adelante una casa, un pueblo, un país desolado por la barbarie fascista.






Se trata de historias entrelazadas con idas y vueltas en el tiempo. Historias de la posguerra y del exilio, historias del hoy y el ayer, en definitiva historias de siempre. La guerra la perdimos todos, lo que pasa es que algunos la perdieron dos veces, y esta obra viene a dar memoria a las olvidadas, a dar su lugar a las que lo perdieron, a dar voz a las silenciadas, a las calladas.... a permitir que ocupen el espacio que la vida les debe y a dar a conocer la verdadera historia no tan lejana en el tiempo y sin embargo desconocida voluntaria o involuntariamente por la mayoría de las generaciones posteriores.
          

Como decía aunque la obra habla del hoy y sobre todo del ayer, se inicia con las reflexiones, los pensamientos de cuatro mujeres, abuelas, madres, hijas, nietas....sobre el miedo, el silencio, la mentira, el olvido, el dolor, la memoria.
         
Supone un reconocimiento no ya a los que perdimos la guerra (por que la guerra la perdimos todos, lo que pasa es que algunos la perdieron dos veces) si no a los que también perdieron el derecho a llorar, a soñar, a pensar, a hablar.
       
Supone el derecho a que se reconozca - aunque tarde- el papel de esas madres, hermanas...que siguieron luchando desde sus casas, desde la clandestinidad, desde la "normalidad" perdiendo todo, sus hijos, sus maridos, sus padres, sus derechos, en definitiva sus vidas...



Supone la apertura de las puertas y las ventanas no sólo de las casas de esas mujeres, si no de las puertas y las ventanas de tantas y tantas historias, en definitiva de esa parte de nuestra historia que muchos se empeñan en que olvidemos. En un vano intento de volver a callarnos, a que el silencio se adueñe de parte de nuestras vidas, sin ser conscientes de que no hay nada que se oiga más que el silencio. Como decía es una obra que habla del ayer pero también habla del hoy, del deseo de muchos en hacernos otra vez invisibles y otra vez calladas...

 


Pero la obra con enorme sencillez busca simplemente darles voz, no sólo que conozcamos su relato de la historia, si no contarnos con enorme ternura sus miedos, sus contradicciones, sus sueños, por que cada una actuó como lo hizo.

No es una voz uniforme al contrario es una voz intergeneracional, son las historias y las voces de distintas personas sobre un momento dado y que siendo el mismo momento, tuvo distintas percepciones y distintas consecuencias.



El texto con su originalidad aporta frescura y ritmo a la obra. Destaca el fino humor presente en varias escenas -algunas dramáticas- que no pierden ese dramatismo por ello, más al contrario demuestran sensibilidad y  ternura en unos momentos que siendo duros son tratados con enorme gusto y dulzura.

La dramaturgia es obra de Inma Chacón, Carmen Losa y María Prado con la colaboración de José Ramón Fernández que consiguen aunar distintas épocas y distintas historias en un sólido texto con un ritmo adecuado que acompañado de los saltos en el tiempo le dan agilidad a la obra.



En cuanto a la dirección, corre a cargo de Miguel Cubero que traslada a la perfección la solidez del texto al escenario. Nos plasma en cada escena el sentir de estas mujeres, con la sencillez necesaria para que todo quede mostrado con la naturalidad necesaria. Una inteligente dirección de las actrices, que las convierte en las verdaderas protagonistas de la obra, pese a lo impactante de algunas de las vídeo proyecciones.



El valiente y portentoso elenco es, sin lugar a dudas, uno de los puntos fuertes de la obra, consiguiendo mostrar infinidad de matices en cada uno de estos difíciles personajes a los que interpretan. Aída Villar, Carmen Bécares, Carmen Valverde y Luna Paredes son las encargadas de dar vida a todos los personajes: a las abuelas, madres, mujeres, hijas y nietas. En una actuación coral en las que todas resaltan tanto individual como colectivamente, en un trabajo de elenco que nos sorprende en todo momento, por la gran complicidad existente entre ellas, realizando unas actuaciones contundentes y con unos cambios de registro que nos dejan helados.





La escenografía corre a cargo de Nuria Martínez y Miguel Cubero (que se encargan también del vestuario), realizando un interesante trabajo, con una sencilla puesta en escena y bien acompañada con la proyección de imágenes de la época que no hacen sino reforzar a la obra en su conjunto. La iluminación creada por Raquel Rodríguez ayuda a potenciar en cada momento la intensidad de la escena, dando en cada momento la textura oportuna que necesita la historia. Todo esto se completa con el espacio sonoro diseñado por Eduardo Aguirre de Cárcer, que nos sumerge en una atmósfera que nos envuelve en todo momento.


En definitiva, estamos ante una obra imprescindible, tanto para conocer la historia del ayer como para entender la historia de hoy. Un ejemplo de lo que ha sido nuestro pasado más reciente, para que no olvidemos y no volvemos a cometer los mismos errores. Porque con historias como esta vemos lo que llegaron a sufrir nuestras madres y abuelas hace demasiado poco tiempo. La memoria es fundamental para avanzar.
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Flor(es). Cualquier lugar, cualquier mujer
Teatro: Sala mirador
Dirección: Calle Doctor Fourquet 31
Fechas: De Jueves a Domingo a las 20:00.
Entradas: Desde 14€ en lamirador. Del 5 al 15 de Septiembre.

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