Teatro: La Perra (o la necesidad de ser amado). Sala Cuarta Pared

La tranquilidad de lo cotidiano puede verse alterada por un hecho, aparentemente sin demasiada importancia, que hace que todo salte por los aires y el caos más absoluto lo invada todo. Una entrañable velada navideña puede convertirse en una sanguinaria guerra de reproches en las que todos sacan su peor cara, para poner sobre la mesa todo aquello que habitualmente piensan pero se guardan para no alterar el ecosistema natural en el que todos se sienten a gusto.


La facilidad con que nuestra realidad puede derrumbarse es aterradora. Un día todo parece estar en su sitio, todo funciona a las mil maravillas, la vida te sonríe. Pero de la noche a la mañana todo cambia, la oscuridad se cierne sobre tu vida y empiezan a saltar todos los problemas que hace unas horas parecían inexistentes. Un hecho aislado que puede desencadenar, como ocurre con el dominó, una reacción en cadena que haga que todo se tambalee, o se derrumbe, sin que podamos hacer nada para evitarlo.



La compañía Tenemos gato regresa con su nueva propuesta, con el listón tan alto que dejaron con su primer trabajo, la maravillosa "Felicidad", con la que consiguieron ser finalistas de los Premios Max como autoría revelación y mejor espectáculo revelación en el año 2018. Con más de una década a sus espaldas, la compañía realiza montajes llenos de verdad, que nos hablan de realidades cotidianas, sin temas rebuscados, ahondando en las relaciones personales, en las distintas maneras de crear vínculos. Como ellos mismos dicen "en Tenemos gato se tratan temas como la soledad, el sexo, la crítica política, la maternidad, el amor, la soledad, la familia, la ambición, la homofobia, la amistad, las mentiras... en definitiva, todo aquello que nos inquieta de una o de muchas maneras". Una compañía que gusta hablar de lo cotidiano desde una perspectiva cercana, con la que nos sentimos plenamente identificados, lo que hace que nos llegue mucho más aquello que nos cuentan.


El texto de Cristina Rojas, que también se encarga de la dirección (con Raquel Mirón como ayudante), destila sinceridad  a la vez que nos introduce en una espiral de desasosiego que muchas veces hemos sufrido. Momentos en que todo parece en calma, pero que todos sabemos que pronto, en cualquier momento, puede llegar la tempestad. Pero Rojas lo matiza todo con elegancia y sutileza, creando un ambiente familiar cercano al espectador, con personajes claramente reconocibles, en los que nos vemos reflejados, lo que nos involucra aún más en la historia. 


En cuanto al montaje en sí, la compañía nos presenta un montaje que gira en torno a la idea de la estructura familiar que lo sustenta todo, en el que todos se apoyan y se ayudan, sea cual sea la circunstancia por la que uno de los miembros se desboca. Las navidades, fechas familiares por excelencia, son el marco en el que Rojas sitúa la historia, para tener todos los elementos que necesita para desarrollar una historia basada en las relaciones personales y familiares, en la consistencia de cada una de ellas y en las grietas que pueden llegar a abrirse en determinados momentos cuando la situación acaba superando la paciencia de (casi) todos ellos. Es muy interesante observar como el equilibrio reinante en el entorno familiar puede resquebrajarse por algo tan simple como la pérdida de una mascota, hecho que hace saltar por los aires ese pequeño universo en el que todo parecía estar en su lugar elegido.



El hiprerrealismo de esta pieza nos conmueve y nos hace sentirnos cómodos ante una historia que conocemos, ante unos personajes que nos resultan familiares. La historia transcurre en una Nochevieja, en un pueblo cualquiera del territorio español, unas premisas que todos tenemos presentes y que a todos nos han hecho sudar la gota gorda, al tener que hacer frente a relaciones incómodas que no nos gustan, y que en esos días se deben cuidar. Marisol, la perra de la familia que viene de visita al pueblo, ha desaparecido y ha horrorizado a toda la familia. Todos se vuelcan en la búsqueda de la mascota, pero para su dueña eso no parece suficiente. Los reproches empiezan a aflorar y las relaciones entre la familia empiezan a agrietarse. Durante la búsqueda, el matrimonio recorrerá los campos, las casas, las playas, y durante este periplo conocerán a gente de lo más peculiar, los habitantes de la zona, antes desconocidos y ahora clavos ardiendo a los que agarrarse en la búsqueda. La mujer parece ser la única que no desfallece, mientras las fuerzas van minando cada vez más al resto de los habitantes de la casa, incluida la hija.

La pérdida de la mascota sirve a Cristina Rojas para crear un texto costumbrista, en el que nos habla de las relaciones familiares y personales, en la que afloran miedos pasados, se reavivan viejas relaciones, y se sufre ante la posibilidad de la pérdida, que podría derrumbar toda su vida. Historias de padres e hijos, de abuelos y nietos, de hermanas y cuñados, de relaciones que regresan para hacer que todo se tambalee, de amigos que pese a la cercanía no comprenden la situación, y también de todos aquellos desconocidos que nos cruzamos por la vida y que nos ayudan (o no) en un determinado momento. Pero sobre todo, esta obra nos habla de la necesidad de amar y ser amados, de sentirse arropados por la gente que te quiere, de la fidelidad absoluta ante la situación más extrema



El elenco que interpreta a esta familia que se desboca por momentos, es uno de los puntos fuertes de la obra. Actores polifacéticos, que tienen que dar vida a varios personajes, con muchos matices que diferencian a cada uno. Homero Rodríguez, Cristina Rojas, Raquel Mirón, Javier Márquez ( Chema del Barco en otras funciones) y Mónica Mayén son los cinco intérpretes que dan vida a un total de quince personajes, del más variado pelaje, desde los peculiares habitantes del pueblo donde se ha perdido Marisol, alguna guiri que vive por estos lares, o alguna ex novia muy cariñosa. Todos ellos van cruzando sus caminos con los miembros de la familia, en su búsqueda de la perra extraviada. Basado en una historia que podría habernos ocurrido a cualquiera, pero ficcionada por la compañía para dotarla de melancolía, dulzura, rabia y mucha ternura.


La pareja protagonista formada por Homero Rodríguez y Cristina Rojas destila verdad y química. Dos personajes antagónicos que sufren juntos, con reproches y exigencias, con amor y odio. Ella no piensa dejar la búsqueda, mientras él, "culpable" de la situación, hace lo posible por no desmoronarse. Ella, con un embarazo bastante avanzado, es una bomba de relojería, un manojo de nervios y hormonas que le hace ser rotundamente impulsiva. Él, superado por la situación, permanece tranquilo, decaído, superado por una situación que hace que su mundo se tambalee.




Raquel Mirón es pura dinamita, y durante toda la función hace explotar cada escena con su fuerza y su buen hacer. Como hija es dulce y divertida, como hermana pasa a ser cariñosa e inquisitora, y aún le queda tiempo para poner contra las cuerdas al marido, como exnovia enamorada. Un auténtico recital, en el que nos muestra personajes de muy diverso pelaje, todos perfectamente reconocibles y antagónicos unos de otros. Mirón revoluciona la escena, pero también le da el punto de ternura necesario (preciosa la escena con la abuela), e incluso imprime la tensión sexual que hace que todo se resquebraje. Una actuación muy destacada de una actriz que muestra un gran repertorio.

Completan el reparto Mónica Mayén y Javier Márquez, que realizan impecables actuaciones, interpretando cada uno de ellos a varios personajes. Mayén interpreta principalmente a la abuela, una mujer que tiene que intentar capear el temporal cuando todo parece que se desboca. Un papel lleno de matices, que evoluciona a lo largo de la historia, cogiendo cada vez más protagonismo a la hora de sustentar el núcleo familiar. Por su parte, Márquez nos regala dos interesantes personajes dando vida al abuelo y al cuñado, personajes secundarios ambos, pero cargados de emotividad y con muchas pieles, pese a su hermetismo aparente.



La historia viene marcada por la escenografía, siempre con un toque poético, diseñada por Alessio Meloni (con el apoyo de David Cubells y Elliot Kane Cubells). Unas marismas, unos trigales, no sabemos bien donde se refugian nuestros personajes, pero en torno a este espacio tan contundente (en presencia) y a la vez tan frágil (por la debilidad de las plantas) se desarrolla la escena, en ese oscuro y ambiguo espacio en el que se ha perdido la perra. En este espacio tan ambivalente es fundamental la iluminación diseñada por Rocío Pin-Art (que también se encarga de los vídeos) necesaria para diferenciar los distintos espacios en los que se encuentran los personajes en cada momento. Para finalizar la parte más técnica no podemos dejar de hablar del vestuario diseñado por la propia Cristina Rojas, y que particulariza a cada personaje con un vestuario muy característico. 

Todo ello sucede ante nuestros ojos en un ambiente de calma, de moderada tranquilidad ante unos hechos que parece que van a dar al lastre con las relaciones de todos los miembros de la familia, y sin embargo todo es suavizado con una pátina de melancolía, de serenidad, de la tranquilidad propia del pueblo en el que suceden los hechos. Parte de culpa de este tono melancólico es la banda sonora que nos acompaña durante toda la obra, en la que podemos escuchar temas de José González, Lole y Manuel o Devendra Banhart entre otros.



La realidad, tal cual la conocemos, la vivimos, la sentimos, puede dar lugar a grandes historias. No es necesario hablar de temas desconocidos, ni siquiera polemizar sobre política o sexo, la vida que nos rodea nos muestra escenas e historias diferentes para contarla, para crear preciosos montajes hablando de nosotros mismos, de nuestras relaciones personales, de la manera en que vemos el mundo y nos mostramos a las personas. La vida, con sus problemas y sus defectos, es el lienzo sobre el que Tenemos Gato ejecuta sus proyectos. Un trabajo lleno de verdad y que destila franqueza, quizás porque nos sentimos identificados con todos y cada uno de los personajes.

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La Perra
Teatro: Sala Cuarta Pared
Dirección: Calle Ercilla 17
Fechas: De Jueves a Sábados a las 21:00.
Entradas: Desde 12€ en cuartapared, atrapalo. Del 17 de Octubre al 2 de Noviembre.

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