Todas las mujeres en Teatro Príncipe Gran Vía Madrid

El síndrome de Peter Pan, o del hombre que nunca crece, fue acuñado a raíz de un libro publicado en los años ochenta por Dan Kiley, si bien no existe evidencia científica de que este síndrome sea una enfermedad psicológica existente. Pero llámenle Peter Pan, Capitán Garfio o Campanilla, estarán conmigo que esa situación inmadura, narcisista, egoísta, ególatra, es insostenible, hoy en día, existe, ¿No creen?







La vida de un hombre gira en torno a las mujeres que pasan por su vida. Las relaciones que llega a entablar con ellas a lo largo de su vida van marcando su destino. Pero el carácter de los hombres es, a veces, demasiado egocéntrico, y priorizan su ego a las necesidades de la gente que le rodean, incluso a sus propios afectos, dilapidando relaciones por las necesidades puntuales de cada momento. Peter Nacho (bien podrían haber llamado al personaje principal Pedro) es un veterinario cuarentañero preadolescnte que a partir de un robo fallido, se encuentra y enfrenta a su manera a las mujeres más importantes o influyentes de su vida para saldar cuentas del pasado. Esta es la sinopsis de "Todas las mujeres", una obra que habla de relaciones humanas, de los acuerdos, de la necesidad de ser, de quererse y ser querido, de ser alguien para los demás, a través quizás de estrategias inadecuadas. De existir con el otro.



Nacho parece que lo tiene todo, una amante joven, una cabaña bucólica en el campo, un dineral que va a conseguir mediante un robo chapucero, un futuro en Brasil... vamos, el paradigma de una generación que va creciendo por fuera, y que se resiste a crecer por dentro. Y en realidad, Nacho está más solo que la una. Y busca ayuda, ayuda en figuras femeninas que han sido referentes en su vida, salvavidas a los que agarrarse en sus naufragios recurrentes. Su vida es como un Titanic que no para de hundirse una y otra vez sin darse cuenta de nada, ya que su ego es tan grande que no puede ver más allá. El personaje de Nacho cae mal, desde el principio, no nos agrada, nos resulta grotesco, para ir girando poco a poco a un sentimiento de lástima y pena mezclado con un alto sentido de la justicia. Se lo merece, ¿verdad? Pero, ¿quién no ha sido Nacho alguna vez? ¿quién no se ha sentido representado en ese personaje egoísta que no sabe ver más allá y que antepone todo a su propia satisfacción?


Quizás ese Nacho nos transmita rabia contenida de lo que alguna vez hemos sido, y del que creemos que afortunadamente no volveremos a ser. Nos pone un espejo del pasado al que alguna vez nos hemos mirado, donde no nos reconocemos ahora. Esa teoría de la manada recurrente a la que nos hemos subido a su carro, quizás con menos filosofía y más carnalidad, regalando palabras de amor, que cantaba Fangoria. Y con esa figura de Nacho, personaje que va creciendo poco a poco al ir avanzando la obra, con algún que otro cambio interior que nos transmite Fele Martínez, ayudado y apoyado en ocasiones por el elenco femenino de la obra, donde lo físico combina con lo emocional, los miedos con su deseo, y la sensación permamente de haberla cagado una vez más, nos vamos sumergiendo con todas las mujeres.

Fele Martínez saltó a la fama en los años noventa por la impactante "Tesis" y fue uno de los iconos de aquellos años con títulos como "Los amantes del círculo polar", "Abre los ojos" o "Lágrimas negras". Desde entonces no ha dejado de trabajar en cine y televisión, dejando el teatro en un segundo plano. En estos últimos años ha comenzado a prodigarse un poco más sobre las tablas, con éxitos como "Bajo terapia", "Amigos hasta la muerte" o "Continuidad en los parques".


Vamos con ellas. Ona, la amante (interpretada por Lucía Barrado, a quien hemos podido ver en "El concierto de San Ovidio" o "Incendios") le da frescura a Nacho, locura juvenil, deseo carnal y poca reflexión en los actos. Quizás nos pilla en un momento algo frío, al empezar la fución, ya que cuesta un poco entrar en la trama y el ritmo. Todo se trunca desde el principio. Ona se encuentra perdida ya que su apoyo, Nacho, es aún más inmaduro que ella. Mucha frescura nos da este personaje, del que quizá eche en falta algo de intensidad en ese inicio que va a marcar el devenir de la obra.

El salto generacional puede que haya jugado una mala pasada. Aparece después Marga, a la que da vida Nuria González  ("El florido pensil (niñas)", "Milagro en casa de los López" o "Taitantos") la ex de hace tiempo con la que Nacho tiene una conversación pendiente. Nacho ni siquiera se entera de ello, a lo que ella le contesta con un contundente "Esas cosas no se avisan, pasan". Nuria González mete intensidad a la obra, le canta las cuarenta a Nacho, le pone en su sitio, luchando con el pasado, ya que no ha podido rehacer su vida plenamente. La herida aún sigue abierta. Y Marga se da un lujo, una pequeña gran satisfacción en todo este embrollo. "Una putada lo de tu espolón, Nacho".




Tras el amor actual y pasado, le toca el turno a la madre de Nacho, Amparo (la genial Lola Casamayor, a la que hemos visto en "Taxidermia de un gorrión", "El señor Ye ama los dragones" o "Tiempo de silencio"). Y se nota su aparición. La función va cobrando vida entre putada y putada del hijo (si se permite la expresión) hasta límites insospechados. Amparo, lejos de hundirse y ceder a chantajes emocionales y económicos, pone a su hijo en un brete, y lo que parece ser un amago de arrepentimiento de Nacho se convierte en otra putada aún mayor si cabe. La presencia de Lola Casamayor en el escenario se nota. Su personaje se hace grande, rebate al protagonista, le acompaña, le apoya, le ayuda a crecer. Una estupenda madre en todos los sentidos, que da a su hijo lo que necesita, como cualquier madre. Aunque Nacho es posible que no lo vea de la misma manera. "Tienes más de cuarenta años, hijo. No puedes seguir así".



Entra en juego Carmen, la cuñada de Nacho (Mónica Regueiro, a quien vimos en "Los miércoles no existen" o "Smartphones") con la que Nacho también prueba su hechizo de amor, una vez más. La sobriedad de Carmen choca con la infinita inmadurez de Nacho. La comprensión frente al capricho. La negación frente al espejo. Carmen evoluciona en escena, cambia las tornas. Ama y odio, empatiza y ruge, nace y muere. Y nos lo transmite. Nacho quizás necesita ayuda psicológica. Y no tan quizá. 

En escena aparece Andrea (a quien da vida Ana Álvarez) con presencia, con talante, con cordura, con sobriedad. Sin caer en esa "manada" de emociones que va tejiendo Nacho, haciéndole enfrentarse con sus miedos. Curiosamente su mayor miedo no es una mujer, ni siquiera la figura de su suegro. Es él mismo. Gracias a Andrea lo apreciamos, lo valoramos, lo vemos y lo percibimos. Ana Álvarez nos lo hace ver, y Nacho, y nosotros también, se lo agradecemos. Y así, entre enredos, tramas, manadas, mentiras y verdades a medias, vamos comprendiendo a todas y cada una de estas mujeres. También a Nacho. En estos casos, siempre me pregunto que enfoque se daría a la obra en un formato en el que la protagonista fuese una mujer, y el resto de actores hombres, a los que recurrir y enfrentarse, Sería muy distinta la obra, ¿No creen? Veríamos seguro otros matices y enfoques, o tal vez no, ya que las miserias y debilidades humanas no entienden de géneros.







Tras el éxito de su versión cinematográfica en 2014, en la que ganó el Goya al Mejor Guión adaptadoel autor Mariano Barroso (en este caso escrito junto a Alejandro Hernández) ha recuperado un texto que pedía una versión teatral a gritos. Con películas tan interesantes como "Los lobos de Washington", "Hormigas en la boca" o "Éxtasis", se ha prodigado menos a la hora de escribir teatro, aunque a muchos nos haya quedado en la memoria la impactante "Recortes", y la interesante versión de "Closer". Este mismo año también ha escrito para la televisión la serie "El día de mañana". 

Para esta adaptación, Barroso ha elegido a uno de los directores más en forma del momentoDaniel Veronese. En los últimos años, este director argentino ha sido el responsable de algunos de los títulos más exitosos e interesantes de la cartelera. Desde la divertida "Bajo Terapia" a la inquietante "Espía a una mujer que se mata", ha tocado temas tan variados como el mundo empresarial ("Método Gronholm"), las relaciones de pareja ("Invencible" o "El nombre"), la amistad ("Cena con amigos") o con textos propios como "Mujeres soñaron caballos" y "Teatro para pájaros".


Hay que reseñar, al son de Rebel rebel del gran David Bowie, un par de apuntes para concluir.  Los personajes están muy bien diseccionados, así cada una de las mujeres le ataca desde un frente, viendo lo vulnerable que puede llegar a ser, pese a lo indeseable, egocéntrico y machista que ha sido con todas ellas.  La obra mantiene un interesante duelo actoral constante, en el que cada uno de los personajes lucha por enarbolar su verdad, sacando a la luz todo tipo de artimañas para vencer al adversario (en este caso el desesperado veterinario). El conjunto es muy interesante, ya que asistimos al resumen de la vida de un personaje a través de su relación con las mujeres, y así vamos descubriendo todos los oscuros secretos que desea ocultar.


En la parte técnica hay que destacar la interesante escenografía de Ana Garay, que nos muestra la casa de Nacho, con una estructura que nos recuerda a una cueva, un lugar de recogimiento, desde donde se ve el paisaje al fondo, al que no se quiere acudir. En esta "única escena" es fundamental la iluninación de Pedro Yagüe para dar diferentes tonalidades a cada una de las escenas, dependiendo de quien acompañe al protagonista en escena.

Para acabar ya, y a pesar de que el sonido de la sala no fue el óptimo, significar que la obra al salir, nos hace pensar sobre las relaciones humanas, a charlas sobre ello, y a analizar si hemos sido, somos o seremos alguna vez Nacho... Y ya solo por eso, merece la pena acercarse al teatro.
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Todas las mujeres
Teatro: Teatro Príncipe Gran Vía
Dirección: Calle de las Tres Cruces, 8
Fechas: Miércoles, jueves y viernes: 20:00. Sábado: 18:00 y 20:30. Domingo: 18:30.
Entradas: Desde 12€ . atrapalo, grupo marquina. Del 5 de Septiembre al 10 de noviembre.

        

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