Teatro: Chicas y chicos. El Pavón Teatro Kamikaze

La vida puede ser muy sorprendente, un día no eres nadie y por circunstancias del destino un día, de repente, todo encaja. Las cosas más imposibles, como puede ser el amor, se esconden en los lugares más insospechados, como puede ser la tumultuosa cola de un embarque de avión. Circunstancias puntuales, reacciones aparentemente fuera de lugar, pueden conducirnos a lugares no pensados, que terminan marcando nuestra vida. Decisiones que pueden encumbrarnos en lo más alto, otras que pueden hacernos caer, pero la vida se compone de ese conjunto de sorpresas, buenas y malas, que nos van moldeando hasta convertirnos en lo que somos.





Cuando vi el cartel diseñado por la genial Paula Bonet supe que tenía que ir a ver esta obra, que tenía que haber un contenido especial detrás de esa preciosidad de cartel. Tengo que reconocer mi debilidad por la ilustradora valenciana, pero estarán de acuerdo conmigo que el cartel transmite, impacta, seduce. Pues todo eso y mucho es lo que nos encontramos una vez "atravesamos" el cartel y nos metemos de lleno en la obra, en un espacio tan singular como el ambigú del Pavón, donde todo lo que ocurre tiene un halo misterioso, y en casi siempre pasan cosas muy interesantes, que no dejan indiferente.


Esta producción de El Sol de York, es un conmovedor y a la vez desgarrador monólogo, escrito por el multipremiado autor británico Dennis Kelly, que se estrenó en el Royal Court de Londres con gran éxito. Kelly es el responsable de más de una veintena de montajes teatrales, entre los que destacan el musical "Mathilda", "Cosas que no tienen sentido" o "Huérfanos", y creador de la serie de culto "Utopía". En esta ocasión nos plasma la realidad de una mujer que acaricia el éxito y vive en sus propias carnes la violencia machista, aquella que no se reduce a las palizas, sino que va mucho más allá. Un texto cargado de intenciones, que nos habla sin tapujos de la violencia machista, de la desigualdad existente entre hombres y mujeres, de las consecuencias que estas relaciones tóxicas tienen en los niños.


El texto navega entre la comedia y el drama, con giros vertiginosos que nos dejan descolocados y nos hacen replantearnos de nuevo lo que le está ocurriendo a esta mujer, luchadora y soñadora, que no deja de sorprendernos durante toda la historia. La protagonista nos sorprende, no siempre para bien, con cada giro que va dando su vida, pero en todo momento nos crea empatía, la queremos, vemos reflejada en ella a cualquier mujer luchadora que hayamos conocido en nuestra vida. La ruptura de la cuarta pared por parte de la protagonista ayuda a empatizar con ella, a tenerla más cercana, a arroparla en sus decisiones y querer ayudarla ante la adversidad. Una mujer alegre, impetuosa, que disfruta de su vida, tanto profesional como personal, sin darse cuenta de lo que se le viene encima.


El equipo que ha creado esta obra está formado mayoritariamente por mujeres, para abordar con más sentimiento si cabe, este texto feminista, representado en la figura de la mujer (valiente y empoderada) que lo protagonizada, pero muy duro en lo que quiere contarnos, una historia sobre una mujer, sobre relaciones personales, sobre violencia de género y sobre la vida familiar en la que los dos padres trabajan, con el trato con los niños (y sus reacciones ante lo que pasa) como uno de los pilares de la historia. La historia conmueve, duele, pero ante todo da visibilidad a una de las mayores lacras de nuestra sociedad actual.

Al frente del equipo está la directora Lucía Miranda, ganadora del premio Ojo Crítico de RNE del presente año. Miranda se ha convertido en una de las directoras y dramaturgas más importantes de su generación, con títulos como "Nora, 1959", "Fiesta, fiesta, fiesta", "Alicias buscan maravillas" o "Perdidos en Nunca Jamás", por el que recibió el premio Jose Luis Alonso para jóvenes directores. Miranda compagina todo esto con su proyecto más personal, The Cross Border, "una iniciativa de innovación cultural y social" en palabras de la propia fundadora y alma mater.



La directora reconoce que la historia le caló desde el principio "cuando leía el texto y era como leerme a mi misma. Es una obra que habla de algo de lo que se ha hablado mucho, pero de una manera muy diferente. ¿En qué armario se colocan los recuerdos que no sirven para seguir viviendo?". Es muy interesante, y así lo recalca Miranda, que la protagonista no tenga nombre, sea ELLA, lo que nos hace relacionarla con muchas mujeres, quizás con todas, porque lo que le ocurre puede ser, al menos en su mayoría, la historia de todas las mujeres. El otro tema que flota en el ambiente y que recorre toda la función es la relación de la madre y de sus hijos, y de sus reacciones ante todo lo que pasa. Como bien dice la directora, ahí están "los menores, de los que hablamos tan poco y que tan solos están ante la burocracia de la vida. Estos personajes invisibles, pero firmes, que sustentan el relato como fuera del teatro sustentan el futuro". Una gran verdad, se habla poco de ellos cuando son el futuro, y aquí pasan a ser pieza fundamental de la trama, personajes protagonistas de la historia de esta familia que se derrumba poco a poco.



La historia nos sitúa de inicio en una cola de un aeropuerto ("Conocí a mi marido en una cola para embarcar en un vuelo de EasyJet y he de decir que se desagradó al instante") con un tono de comedia que nos hace ir conociendo a los personajes que nos darán a conocer su aparente vida normal como pareja. Se conocieron, se enamoraron, se casaron, compraron una casa, tuvieron hijos, el guión perfecto de cualquier relación que se va consolidando con el tiempo, hasta que algo hace que todo se tambalee, que cambie para siempre. "No recuerdo cuándo empezó a torcerse. Solo recuerdo que para cuando me di cuenta, estaba metida hasta el cuello". Y a nosotros nos ocurre lo mismo, sin darnos cuenta nos vemos ante situaciones que no entendemos, ELLA nos ha guiado por su laberinto hasta ponernos al pie del precipicio, sin que podamos hacer nada. Pero es que la situación que se nos cuenta, esa vida aparentemente idílica que se va torciendo sin darnos cuenta es mucho más habitual de lo que queremos ver. Porque esta pieza nos plantea preguntas muy directas y de forma cruda, despiadada, como se deben tratar estos temas. Nos hace pensar sobre la masculinidad, sobre la violencia, sobre los roles de cada uno de los miembros de la familia, sobre el cambio de papeles dentro de una sociedad que intenta, o debería hacerlo, dirigirse hacia una igualdad real, sobre lo que significa ser mujer de éxito en nuestros días, sobre la exposición de los hijos en las relaciones que se resquebrajan. 



Porque ELLA es una mujer divertida, impetuosa, emprendedora, que no se quiere parar ante nada, que lucha por sus sueños sin pensar en los condicionantes que la sociedad le quiere imponer, sin ser consciente de lo desigual que es una sociedad que presume de caminar en la igualdad. Su vida se convierte en una montaña rusa, porque vive muchos momentos dulces, días de vino y rosas, una relación que se tuerce por motivos que ella no llega a comprender, porque en el oscuro camino de la vida no hay papeles dados de antemano (aunque algunos quieran seguir teniendo las cartas marcadas desde el inicio) y todo lo que parecía de color de rosa puede tornarse en un infierno del que es muy difícil salir. Un monólogo maravilloso, rotundo, demoledor, que nos pone de frente ante situaciones reales, que por ajenas nos parecen impensables, pero que ocurren en demasiados lugares, con demasiada frecuencia. ELLA nos lo muestra, se desnuda para contarlo todo, desde sus mejores momentos hasta los más aterradores.


Y ELLA no es otra que la maravillosa Antonia Paso, que nos regala una interpretación magistral, llena de matices y de giros inesperados, de momentos dulces y amargos que la actriz sabe moldear para que todo resulte "demasiado familiar", como la vida misma. La actriz vuelve al Pavón Teatro Kamikaze (esta vez al ambigú) tras su participación en "El viaje" la segunda entrega de "Las crónicas de Peter Sanchidrián". También la hemos podido ver en "Los hermanos Karamazov", "Los sueños de Quevedo", "Perdona si te mato, amor", "La comedia de los enredos" o "Carlota", por nombrar sus últimos proyectos.



La actriz hace un despliegue de todo su potencial, interpretando un monólogo difícil, duro, que ella sabe llevar en todo momento con agilidad e inteligencia. "ELLA no deja de ser una mujer normal: divertida, madre trabajadora...pero su historia podría ser la historia de todos, de nuestra sociedad, de sus luces y sus sombras" y eso es precisamente lo que consigue Paso, convertir una demoledora historia en un relato cercano, mirándonos a los ojos para contar los lugares más oscuros que ha tenido que transitar, moviéndose con destreza entre la comedia y el drama, sabiendo medir en cada momento la "temperatura" del relato, para que todo resulte real y próximo. Un monólogo en el que la actriz debe dar vida a varios personajes, a los que da matices propios en cada caso, pero sobre todo nos muestra a una mujer valiente, que es capaz de afrontar la vida con fuerza, con ilusión, para conseguir un personaje del que nos enamoramos, al que queremos proteger, al que nos gustaría poder ayudar.


La sencilla y ambigua escenografía diseñada por Anna Tusell (que se ha encargado también del vestuario), llena de significado, con un espacio vacío cubierto de arena, elemento fundamental en los distintos giros de la vida de la protagonista. Un elemento frágil, unas arenas movedizas que le golpean, se le escapa entre los dedos, como clara simbología de lo que es su propia vida. Sólo una silla, que aparece y desaparece de la escena, parece ser el elemento que la una con la realidad. El espacio sonoro, envolvente y de gran apoyo a la historia, ha sido creado por Irene Maqueira. Por último, no podemos dejar de destacar la iluminación ideada por Pedro Yagüe, que enfatiza las sombras, en el ambiente sombrío que protagoniza la obra, imprescindible para el tono general de la obra, que se va oscureciendo por momentos. Un trabajo técnico que ayuda a mostrar los distintos matices de la personalidad de la protagonista en cada momento.


Una obra impactante y plagada de intenciones, que nos demuestra la lucha que algunas mujeres, por no decir todas, tienen que soportar para alcanzar sus metas, superar el odioso techo de cristal, sin tener que pedir ningún tipo de explicación por ello, o las muchas trabas y objeciones que encuentran por el simple hecho de tener mayor éxito que su marido. Una historia necesaria para que todos reflexionemos sobre la igualdad de género, las imposiciones que la sociedad nos marca sobre lo que debe dar cada uno, y los prejuicios que tenemos, propios o impuestos, sobre las personas. Un relato tan real como la vida misma, que en su cercanía nos golpea aún con más fuerza.  
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Chicas y chicos
Teatro: El PavónTeatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: De Miércoles a Sábados a las 18:30. Domingo a las 20:30.
Entradas: Desde 16€ en TeatroKamikaze. Del 25 de Noviembre al 15 de Diciembre.


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