Yerma en Teatro Pavón Kamikaze

                                      
Según la RAE, la palabra yerma significa inhabitada, referente a un lugar , y no cultivada, referente a una tierra. Seca, marchita, inerte, olvidada, vacía, oscura. YERMA. Unas botas al pie de una cama desecha, un inodoro, una camisa y arena, mucha arena . Así nos recibe Yerma. “Juan, ¿me oyes?". Rodeada de campo, sola, incomprendida, atemporal; así se nos presenta Yerma. Yerma contrae matrimonio convenido con Juan a la espera de tener criaturas. Pasan los años y la descendencia anhelada no aparece.

¿Se resignará Yerma a no ser madre? ¿Aceptará las costumbres sociales de la época? ¿Está Yerma seca? ¿Será Juan acaso? Todas estas cuestiones nos plantea Yerma. Con una puesta en escena actual, Yerma nos invita a pensar sobre el porqué de las cosas, el cómo, el cuándo, y sobre todo sobre la propia existencia. De como la llenemos o no, eso ya depende de nosotros. Tal vez… Con una simbología lorquiana, donde aparece la sexualidad, la fertilidad, la mitología, la pena, el dolor. Ese dolor lorquiano. 
Pues bien, Yerma está llena de símbolos. Las canciones de las amigas lavanderas, con esa picaresca costumbrista tan nuestra. El agua corriente, la leche, la sangre como el don fértil, o la sed, la sequedad de la tierra, la arena o la pared para lo estéril. Todo está en Yerma. “Juan se tumba en la arena y Yerma en la cama”. Víctor, amigo de Yerma, echa arena en el dormitorio conyugal , condenándolo a la apatía. Al vacío. A la soledad. Como decían Sabina y Calamaro , dormir contigo es estar solo dos vecesEs la soledad al cuadrado.
-Pero Yerma,” ¿a tí tu marido te gusta? -No sé. Nunca lo he sentido. Solo lo he sentido una vez, y no era él. Era con Víctor. Mi marido me lo dio mi padre y lo acepté. Con alegría.“ Toda una declaración de intenciones , ¿no creen?. Y van pasando los años, y van pasando las estaciones. Y Yerma sigue Yerma. Y Juan cada vez más Juan. Y el universo de Lorca se agiganta. Todo se vuelve gris. Pequeños retazos alegres salpican la obra para darnos desahogo. Para que todo no parezca tan oscuro ni vacío. Para que Yerma sienta. Que Yerma sienta. La casada seca con los pechos de arena. La de la honra. Su honra esta aquí. Con ella. En la casa. Y así se nos presentan los personajes. 
Neus Pámies en el papel de Yerma , con una sonrisa que traspasa la mirada, que te llega. Que te acompaña, que te entristece con su devenir. Una muchacha alegre que se va secando, que se revela ante lo que no comprende, ante lo que ni entiende ni quiere entender. Manteniendo siempre su honra por encima de todo. Más allá de pretendientes, de deseos y de consejos . Ignorando las palabras de su esposo (“Lo que pasa es que no eres una mujer verdadera”), que le duelen, que le maltratan y que le consumen, como la criatura que no viene. Una preciosa interpretación que nos sitúa desde dentro. Que nos lleva a esos campos, andaluces o castellanos , duros ,secos ,tristes y pertinaces.  
Esta Neus, esta Yerma, no está vacía. Está llena de amor, que nos regala incondicionalmente. Gracias. Y con ella Juan, Martí Salvat, su contrapunto. La austeridad. La sencillez cerril impropia de imaginar cualquier cosa más allá de su deber, como hombre y como campesino. Honrado y señor de su casa. ( Una piedra delante de Yerma). Un muro que no pudo trepar, ni abrir por ningún lado. Juan, Martí, nos da ese complemento a Neus , a la alegría. Al despertar de sensaciones. Honesto con su conciencia, pero lejos de empatizar. Ni de reconocer. Sobrio y sencillo, demasiado sencillo. Una interpretación que nos llega, que nos seduce desde esta mirada. La que no ve más allá. La que no siente. Xavier Torra, Víctor, el amigo fiel, con sus deseos reprimidos también. 
Enamorado de Yerma, pero recto, correcto. Trata con cariño a su amiga, pero es incapaz de analizar la situación desde ella. Con sus ovejas ya tiene bastante. Pequeños vestigios de intentar cambiar las cosas, pero que se queda en el intento. Xavier nos ofrece esa complejidad, esa duda. Que su personaje no sabe resolver. Y María del alma, su confidente, Rosa Serra, que da cobijo a Yerma al principio, cuando es una igual. Al convertirse en madre, se va separando de su amiga, para que no sufra. Para que no sea. Su personaje va adaptándose a Yerma. A su situación. Le acompaña a su manera. A este elenco de acompañantes se suman lavanderas, amigas de Yerma , y la sabiduría de la vieja, que le cuenta a Yerma la realidad tal y como es, propia de la experiencia de la edad. De la sabiduría vital de nuestros mayores. Le invita a cambiar de vida, ella necesita una nuera, su chico esposa y ella un hijo. Pero aparece de nuevo la honra, la maldita honra.
Bajo la dirección certera de Marc Chornet, que sabe sacar jugo de ese elenco nada yermo ni seco, esta joven compañía del Teatre Adademia nos ofrece un viaje sin retorno. Una ida sin vuelta. Un camino a la nada. Con contenido, con pasión. Y con arte. Con mucho arte. Teatro a ras de suelo, y a flor de piel . Y este vaivén de sentimientos y vicisitudes se nos presenta de una manera actual, con un vestuario contemporáneo, de campo. Modesto, humilde. Apoyado también en una escenografía sobria, simbólica, seca. Y una iluminación serena , cambiante, brillante en ocasiones al son de las linternas. 
Todo este equipo , junto con las canciones que sazonan el pasar del tiempo, nos ayuda a introducirnos en esos largos días con sus largas noches. Yerma por fin descansa. Yerma por fin reacciona. Sin descuidar la honra. 
Reposen sus almas en el Pavón. Siéntense y descubran. Siempre Yerma. Siempre.

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Yerma
Teatro: El Pavón Teatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9.
Fechas: Del 8 al 23 de febrero de 2020. Sábado 8 Feb, 18:30 h. (reestreno) Lunes, 20:00 h. Miércoles a Sábados, 18:30 h. Domingos, 20:30 h.
Entradas: Desde 16 € en TeatroKamikaze.
        

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