Teatro: La leyenda del tiempo. El Pavón Teatro Kamikaze


Pasados cinco años habrá un matrimonio esperado pero imposible por la negativa de la novia. Pasados cinco años, Federico García Lorca será fusilado. Es el tiempo que transcurre desde la publicación, en Agosto de 1931, de "Así que pasen cinco años", hasta su fusilamiento en Agosto de 1936. Uno de los textos más vanguardistas del poeta, viene precedido por ese halo de misterio que estremece. Una historia llena de imágenes que nos retumban, como lo hicieron en la cabeza del autor durante los últimos años de su vida. El amor, el tiempo, la sexualidad, las relaciones personales, la identidad sexual, temas que centraron la vida de Lorca y que inundan esta obra.


"Así que pasen cinco años" es una de las obras más complejas y menos representadas de Federico García Lorca. Perteneciente a su teatro imposible, esta fábula sobre el paso del tiempo y sus efectos en el amor nos muestra al Lorca más vanguardista, que consigue llenar cada escena de imágenes icónicas, de momentos oníricos que dan la posibilidad a múltiples lecturas, mostrándonos en un segundo plano muchas de sus inquietudes y pensamientos más íntimos. Todo el mundo interior del poeta granadino aparece en mayor o menor medida a lo largo de esta maravillosa pieza, de tal complejidad que uno debe abstraerse para disfrutarla en su totalidad.


Carlota Ferrer y Darío Facal se han convertido en una de las parejas más innovadores, vanguardistas y transgresoras de nuestra escena. Se conocieron cuando Jaime de los Santos los colocó al frente del Corral de Comedias, prolífica etapa en la que ambos descubrieron que tenían una "afinidad estética y temática". Ambos autores se unen para versionar y dirigir una de las obras más personales del poeta granadino, a la que titulan "La leyenda del tiempo" que fue el subtítulo que el propio Lorca puso al texto original. Para los dos autores no es su primer contacto con el poeta. Ferrer nos maravilló con su "Esto no es la Casa de Bernarda Alba", mientras que Facal se atrevió con uno de los textos más complejos del granadino "Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín" para presentarlo en el Festival de Otoño.


Para Carlota Ferrer ("Blackbird", "El último rinoceronte blanco", "Los cuerpos perdidos", "Los nadadores nocturnos") que perseguía el montaje de esta pieza desde sus años en la RESAD, "ponerse a Lorca en la boca es siempre un reto, una delicia y un paseo emocional". Por eso este montaje se convierte en una aventura en la que cualquier cosa puede pasar, presidido por una estética muy plástica, que por momentos nos noquea. Este es uno de los textos más personales del granadino, por lo que para la autora es "un viaje que irradia frescura, pero con un peso existencial muy profundo que hará salir al espectador de su zona confort: ¿Es la identidad de género una construcción social? ¿Hasta qué punto somos libres? ¿Cuánto nos limitan las convenciones sociales? Él se cuestiona y cuestiona a los demás, juega con la unidad del tiempo y retrata nuestras fantasías, obsesiones y miedos a través de lo onírico".


Para Darío Facal ("El corazón de las tinieblas", "Sueño de una noche de verano", "Las amistades peligrosas") este texto es "un homenaje a las vanguardias y una gran oportunidad para explorar la convivencia de múltiples artes". Un complejo viaje en el que se mezcla la historia que el autor cuenta con sus reflexiones, con sus opiniones, con sus miedos, que se esconden entre las costuras de este poliédrico relato. "Es imposible acercarse a esta obra sin que se impongan ciertos temas como el tempus fugit o la ambigüedad sexual. Hemos intentado permanecer cerca de Lorca, rescatando el sentido trágico de la historia, el humor típicamente surrealista y siendo muy respetuosos con el original, pero nos hemos permitido aproximarnos a él tal y como lo haríamos con otro clásico: actualizando ciertas expresiones y, lo que quizá sea más evidente, cambiando el orden de alguna escena". En esta búsqueda "desentrañamos los conflictos y las situaciones del texto para dejar que las imágenes oníricas llenen la escena, sumando capas".  Una búsqueda en lo más profundo de uno de los textos más complejos y vanguardistas del poeta, para "sacar a la luz el humor y enfatizar la poesía plástica y de peso existencial" del original.


Esta coproducción de El Pavón Teatro Kamikaze y el Corral de Comedias de Alcalá nos entremezcla a lo largo de tres actos diversos momentos de la vida del joven, en el que el presente es siempre una sala de espera de un futuro esperanzador. El presente se convierte en un mero trámite, una dimensión inaccesible, entre el pasado evocado y el futuro al que se aspira, lleno de luz frente al presente lleno de angustia por la espera. El texto habla de la obsesión del ser humano por el tiempo, del miedo casi angustioso por la muerte, del anclaje al pasado y a los recuerdos, de la locura de vivir en una continua espera. El miedo a envejecer sin alguien a tu lado, el pánico al amor frustrado. "No hay que esperar, hay que vivir", uno de los lemas de esta obra plagada de surrealismo y escenas que se deslizan entre el mundo de los sueños y una realidad que se dibuja desfigurada por los ojos del poeta.


La historia nos presenta a nuestro protagonista, el Joven, que lleva esperando cinco años a su prometida, de la que apenas recuerda nada, pero que para él es la imagen de todo aquello que espera de la vida. Es la ilusión de ver plasmado todo aquello que desea. Pero todo salta por los aires cuando la Novia rechaza al Joven para escaparse con el jugador de Rugby (personaje que simboliza la "virilidad descerebrada" y que el autor considera lo más opuesto a si mismo). Tras este rechazo, el Joven se vuelca (tras el dolor inicial, y en una angustiosa huida hacia adelante) en la Mecanógrafa, la joven muchacha que durante todo este tiempo le ha amado en silencio. Pero al llegar a su encuentro, su asombro será mayúsculo al escuchar que la muchacha le rechaza en un primer momento para más tarde prometer que se irá con él "así que pasen cinco años".


El elenco, encabezado por Carmen Climent en el papel de "El Joven" (alter ego de Lorca), se desliza por el escenario de manera impecable, en una coreografía continua de gran impacto visual (creadas por la propia Carlota Ferrer), debido a la belleza plástica de cada escena. A Climent la acompañan Conchi Espejo como "La Mecanógrafa" (además de papeles menores como el niño o la muchacha), Selam Ortega interpretando a "La Novia" y otros pequeños personajes, Alicia Pérez Mantarás como "El Viejo" (entre otros personajes), Diego Cabarcos como el amigo 1 como personaje más importante, Toni Galán como el amigo 2 (entre otros papeles) y Joaquín Fernández como el padre de la novia (como personaje principal).

Es muy interesante como abordan los autores la ambigüedad de alguno de los personajes. Para Facal y Ferrer "la obra cuestiona los roles convencionales de masculinidad y feminidad" por lo que han elegido "romper las etiquetas desde la propia elección de los actores". Por ello se elige a la andrógina (en palabras de la propia Ferrer) Climent para hacer del joven y a Alicia Pérez Mantarás como el viejo. Una elección que nos descoloca desde el primer instante, que nos avisa de la ambigüedad de la propuesta, donde nada se explica, sino que más bien se esboza, para que sea el espectador el que termine de recrear lo que está sucediendo.


La interpretación de Climent resulta muy interesante justo por ese misticismo que le dan los propios autores, navegando entre su propia feminidad y la masculinidad "edulcorada" del joven. Un papel cargado de matices, en el que siempre se nos muestra un personaje plagado de dudas, tanto sobre si mismo como por lo que le rodea. Pero si Climent está muy verosímil en el papel del joven, la gran interpretación es la de Selam Ortega en el papel de la novia. Sublime como se mueve en escena, su escena con la coreografía robótica es lo más bello e impactante de todo el montaje. También hay que destacar la actuación de Conchi Espejo en la que destaca cantando, bailando y actuando. El comienzo de la obra con ella cantando (con Selam Ortega como gata) es bellísimo, una mezcla de plasticidad y fuerza muy interesante.


Como no podía ser de otra manera, la escenografía diseñada por María del Prado es una caja de sorpresas, en la que los distintos niveles hacen aparecer y desaparecer a los personajes. Ingenioso juego de rampas y plataformas que dan mucho ritmo al montaje, mientras vemos como la escena se llena de elementos de atrezzo de lo más peculiares. Sencilla y eficiente, la puesta en escena (como el montaje en general) deja mucho margen a la imaginación, creando bocetos que nosotros debemos terminar de elaborar en nuestra mente. El otro elemento escénico destacable es la iluminación de David Picazo, que consigue dar las texturas necesarias en cada momento, con la dificultad que ello conlleva en un espacio tan frío y vacío de elementos que nos ubiquen. Por último el embriagador diseño sonoro corre a cargo de Álvaro Delgado, que pone el ritmo preciso a cada parte del montaje. El ambiguo vestuario diseñado por la propia directora Carlota Ferrer, mantiene la incertidumbre y la ambigüedad de cada personaje.


Estamos ante una obra muy singular, que debemos degustar con todos los sentidos, dejando todos los prejuicios en la puerta del teatro. Una propuesta vanguardista, atrevida, visualmente contundente, que nos hará disfrutar de un viaje por las entrañas de la personalidad del mismísimo Lorca, en un texto tan personal que parece que le vemos en cada frase. Una bella historia sobre el amor y el paso del tiempo, que este maravilloso tándem de creadores ha conseguido desmenuzar para ponernos frente a un montaje complejo pero de exquisita degustación
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La leyenda del tiempo
Teatro: El Pavón Teatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Martes a las 19:00, Miércoles a Sábados a las 20:30, Domingos a las 18:00.
Entradas: Desde 19€ en TeatroKamikaze. Del 6 de Febrero al 8 de Marzo.


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