Teatro: Brigitte. Teatro de las aguas

 Muchas veces nos quejamos de nuestra vida sin apreciar lo que tenemos, sin pararnos a pensar la suerte que tenemos por no ser atacados por nuestro aspecto, por nuestras ideas o por nuestra condición sexual. La vida de ciertos sectores de la sociedad es un continuo campo minado, en el que todos son trabas y dificultades a la hora de tomar cualquier decisión. Este duro relato nos muestra a una de esas personas, que sufre la hipocresía de la sociedad, el odio y la LGTBIfobia, el dolor por esa mirada que le juzga por ser diferente, la angustia y el miedo a las palizas de los violentos.




La historia de Brigitte no saldrá en los telediarios, ni llenará programas de prime time, pero su lucha ante la adversidad es el claro ejemplo de que vivimos en una sociedad hipócrita y que dista mucho de ser igualitaria. Las personas travestis viven en el lado oscuro de la vida, ese al que la mayor parte de la sociedad no quiere asomarse. Son señalados, mirados con recelo, solo se les asocia con el mundo de la farándula (en el mejor de los casos), o de la prostitución. Ahora que está de actualidad una serie como "Veneno", basada en la vida de un travesti, es el momento de acercarse más a la vida de este colectivo tan vilipendiado por la sociedad. Obras como esta, que no tendrá por desgracia la repercusión de la serie de los Javis, son necesaria para que nos demos cuenta de lo difícil que lo tienen, del ostracismo al que se ven abocados por ser ellos mismos, a dar visibilidad a una realidad injusta.


El maravilloso, doloroso e impactante texto de José Warletta (que también asume la dirección) nos pone un nudo en el estómago desde que vemos aparecer a Brigitte en escena, apaleada por el simple hecho de existir. La historia que nos cuenta es dramática, aunque no deje de ser la realidad de muchas personas, pero el autor consigue entrelazar de manera ingeniosa momentos de comedia, de ternura, para que la angustia del vital del personaje nos de momentos de respiro. El texto destila sinceridad por sus poros, y la cuidada dirección huye de los estereotipos, de la risa fácil o de los clichés que podrían hacer más reconocible a Brigitte, pero a la vez menos real. Uno de los mayores aciertos de la obra es su cercanía, el mostrar que en el fondo el mundo de los transexuales es un oscuro camino lleno de minas.


La obra se desliza con soltura entre la comedia y el drama, lo cual ayuda para transitar por esos lúgubres lugares de los que nos habla Brigitte en la interesante retrospectiva que hace sobre su vida. Una vida marcada por su identidad sexual y que en todo momento transcurre por sitios que la mayoría desconocemos, porque nunca hemos sido observados, porque tenemos abiertas las puertas de muchos lugares a los que Brigitte nunca podrá acceder. Hay un momento de la obra absolutamente demoledor, en el que el actor, saliendo incluso del personaje, pregunta al público (en modo retórico) cuantos tranesexuales conocen en determinados lugares comunes de nuestra vida cotidiana. Tocado y hundido, desde ese mismo momento todo se nubla ante nosotros, percibimos su realidad y su dolor de otra manera, somos un poco más conscientes de su sufrimiento.


La historia nos habla, como ya hemos dicho, de Brigitte, que al nacer era Hugo. Ella "nunca quiso ser una estrella del celuloide, ni de la canción, ni ser alimentada de aplausos en grandes teatros. Tampoco espera la llegada del príncipe azul que la rescate de su complicada vida. Sólo quiere ser mujer. Y su camino a la meta parece interminable". Con estas demoledoras palabras nos cuentan sus propios creadores lo que vamos a ver. Todo comienza una noche en la que vuelve a casa tras recibir una paliza, que como ella misma nos cuenta no es la primera ( y por desgracia parece que no la última, por la vida que está obligada a llevar). Ante la desesperación por una vida sin futuro, llama como cada vez que la golpean, a denunciarlo.


Una llamada que puede cambiar su vida. Al otro lado del teléfono se encuentra con Pedro, un paleontólogo que tiene toda la noche para poder escucharla y hablar con ella. Esta conversación, aparentemente intrascendente, cambiara la vida de ambos. Él descubrirá la vida, en el ostracismo más absoluto para la sociedad, en el que vive ella, y ella obtendrá de él un salvavidas al que agarrarse para no desfallecer en su dura lucha por sus sueños. Una conmovedora relación que se va cimentando a base de confesiones, preguntas indiscretas y mucha comprensión. Por la vida de Brigitte han pasado personajes de lo más variopinto, desde la Trini "la culebra" a la tía Lupe, pasando por Juanita "la negra" o Chemalblí. Pero ha tenido que ser esta llamada de socorro la que le haga conocer a alguien que parece interesarse y preocuparse por su vida.


El papel de Brigitte lo interpreta, de forma brillante, Joseba Priego. El actor consigue no convertir al personaje en algo histriónico, por el contrario crea un personaje cercano, afín, al que todos adoramos desde sus primeras quejas de dolor. La dulzura con la que Priego ha creado el personaje es muy interesante, dándole pequeños matices que nos hacen ver en cada momento lo que le duele la vida. Un personaje cargado de finas capas, de armaduras contra el mundo, de las que poco a poco se va despojando ante nosotros, para mostrarse tal y como es. Al otro lado del teléfono tenemos a Edu de Tena, en el papel de Pedro, personaje aparentemente secundario pero que adquiere gran peso en la obra. En su caso, los silencios son fundamentales, creando momentos muy bellos ante alguna de las confesiones de ella.


No podemos acabar este relato sin hablar de la deliciosa escenografía en la que se desenvuelve la historia. Un recargado espacio en el que Brigitte se desenvuelve con soltura y que nos hace un recorrido por parte de sus experiencias vitales. Fundamental también la iluminación, creando en cada momento la textura que necesita la obra. Como no podía ser de otra manera, al tener un personaje que sólo está por vía telefónica, el sonido resulta impecable, incluido los deliciosos momentos musicales.


Una obra necesaria por reivindicativa, pero también porque nos abre los ojos ante una realidad que desconocemos. Los transexuales viven (o más bien sobreviven) en una sociedad que los ignora, incluso podemos decir que los aísla. Obras como estas son necesarias para que tomemos conciencia del mundo en el que vivimos, de la sociedad sectaria que "oculta" al que no le interesa, de la realidad que golpea las vidas de estas mujeres. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro de las Aguas
Dirección: Calle de las aguas 8.
Fechas: Desde el 5 de Julio. Domingos a las 17:00.
Entradas: Desde 8€ en teatrodelasaguas.


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