Teatro: País Clandestino. Teatro María Guerrero.

Cinco jóvenes, cinco países, distintas maneras de afrontar y analizar la realidad de cada lugar. Las distintas perspectivas de unos últimos años convulsos, los diferentes puntos de vista de los hechos puntuales que removieron cada uno de los países de los protagonistas. Una pieza de teatro documental para ver con cierta perspectiva algunos de los hechos más representativos que han ocurrido en los últimos años en España, Francia, Brasil, Argentina y Uruguay. Un inteligente análisis de la realidad que nos rodea en estos tiempos oscuros.





Este montaje nos muestra, a modo de teatro auto-documental, el proceso de creación de un grupo de jóvenes directores en torno a la realidad de cada uno de sus países. Un difícil proceso en el que han tenido que adaptarse a las circunstancias tan anómalas de estos últimos tiempos. Como podemos leer en el programa de la obra, "partimos de trabajar con lo que tenemos, el tiempo y las herramientas que se nos dan: a veces juntos en procesos de residencias (Madrid y Buenos Aires), a veces a través de Skype o por correo electrónico". Este arduo trabajo les ha llevado a grabar sus propias conversaciones, mandarse infinidad de mails, para poco a poco ir dando forma a este montaje en el que se muestran ellos mismos, sin trampa ni cartón, para contarnos sus propias realidades. 



Esta producción de País Clandestino, el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) y el Institut Français, es un collage de lo que es el mundo de nuestro días, desde la perspectiva de cinco realidades muy diversas, que confluyen en ciertos aspectos y se distancian enormemente en otros. En el camino, cuentan los creadores, "hemos explorado la idea de testimonio, de memoria y de recuerdo, de su materialización y su evolución en un mundo digital como en el que se mueve nuestra generación". Un largo proceso en el que han ido encajando las distintas piezas con las que han confeccionado el montaje final. Entrevistas a familiares, la herencia política, el viaje o las manifestaciones, todo suma para acabar confeccionando el material que da como resultado esta obra.


Estos cinco jóvenes hablan de si mismos, de sus inquietudes y del mundo que les rodea. Sin filtros ni disfraces, mirándonos a los ojos y contándonos su verdad, su realidad, su mundo. Ellos son Jorge Eiro (Argentina), Pedro Granato (Brasil), Florencia Linder (Uruguay), Lucía Miranda (España) y Mäelle Poésy (Francia). Son los intérpretes y también los creadores de la propuesta, que ellos mismos definen como "un viaje para el espectador hacia un país clandestino, el de la sala de ensayo viéndonos trabajar en directo, dirigiéndonos, reescribiéndonos en cada función, en un tiempo particular, el que dura la representación, el aquí y ahora". Y en este proceso nada ha sido fácil. Por poner un par de ejemplos, en las representaciones del Teatro María Guerrero, Pedro Granato tuvo que intervenir por streaming por problemas para poder viajar desde Brasil, a causa de la pandemia. Él nos explica que "la pandemia afecta y potencia algo que ya estaba en el espectáculo. Somos distintas realidades encontradas por un breve momento del tiempo, esa singularidad, la finitud del encuentro está en la esencia de la obra". Por si esto fuera poco, Lucía Miranda se lesionó durante una de las representaciones y tuvo que salir con bastón y con una marcada cojera el resto de los pases.




La dirección del montaje corre a cargo de Jorge Eiro y Mäelle Poésy, que plantean el espectáculo como "un reencuentro a vista de todos y quiere mostrar la complejidad de nuestros países y nuestra historia personal atravesada por ellos". Un montaje que les atraviesa, desde sus antepasados hasta sus vivencias más recientes, desde su infancia y juventud hasta las historias de su familia. Pero es muy interesante la forma en la se intercalan los relatos personales con los hechos históricos más relevantes de los últimos años. Así asistiremos al atentado contra la revista Charlie Hebdo, volveremos a vibrar con las plazas llenas del 15M. Esta doble visión de cada hecho es el aspecto más interesante de la obra. Un doble punto de vista, de quien lo vivió en primera persona y el que lo conoció desde otro lugar, desde otra cultura, desde otra percepción. Para ellos, es un intento por "borrar del pizarrón con la mano nuestras fornteras para ver qué sucede".



Todo comenzó allá por el año 2014, cuando los cinco protagonistas de esta historia se conocen en el Director´s Lab del Lincoln Center de Nueva York. Ese encuentro marcó un inicio que ha desembocado en esta obra, pero que desde el primer momento dio lugar a muchas confluencias (y divergencias) sobre los más diversos temas de la actualidad. Tanto a nivel artístico como político, los diferentes puntos de vista iban creando algo que se fue consolidando con los años, lo que les llevó a mantener el contacto por Skype, mail o WhatsApp. En cada nuevo encuentro volvían a hablar de sus proyectos teatrales, del contexto político y artístico en el que cada uno se movía en su país, hasta llegar a darle forma a la posibilidad de crear algo los cinco juntos, con todas estas reflexiones y vivencias.



Es en el año 2016, en el Festival de Avignon, cuando Maëlle Poésy coincide con Federico Irazábal (director del FIBA) y le habla de este proyecto colectivo. Irazábal, que ya conoce de antemano proyectos anteriores de Jorge Eiro, les invita a crear un proyecto para el FIBA 2017. Esto hace que el proyecto común de el pistoletazo de salida, con la idea de "una creación de frontera y pertenencia" y la participación de los cinco artistas que habían unido sus caminos dos años antes. Desde su estreno, hace ya cuatro años, esta creación colectiva ha recorrido festivales de Chile, Brasil, Argentina, Portugal, Uruguay y Francia.



Ellos mismos son los creadores y a la vez los protagonistas de la historia. "Somos nosotros hablando desde nosotros, compartiendo" reconoce Lucía Miranda. Y eso se nota, se transmite, se siente. La obra traspasa desde es primer la cuarta pared para involucrar al público en este proceso tan personal, quieren que formemos parte de lo que ellos están viviendo y sintiendo. Miranda reconoce que "la respuesta del público ha sido hermosa y muy diferente en cada país, sobre todo en los países de origen del grupo, porque los temas que se tratan hablan de la historia común, y cada comunidad se conmueve de una manera diferente".



Un montaje singular que nos traslada a una sala de ensayo, al lugar de trabajo de los autores, a ese país clandestino que es el espacio de creación. Una escenografía aparentemente sencilla (diseñada por Agustina Filipini), formada por la mesa de trabajo, que se va convirtiendo en ese collage que han sido sus vidas en estos últimos tiempos. Mucho más potente es la parte de los vídeos de Marco Medici, que nos trasladan a todos esos lugares que transitan los personajes... o sus antepasados. Por último queremos destacar la iluminación de Matías Sendón y Anna Turra, que saben elegir la tonalidad exacta que necesita cada momento de la obra.


En definitiva, estamos ante un original montaje tanto en la forma en la que sido creado como en el modo en el que se nos muestra. Una muestra de lo que somos, de lo que ha sido la vida de unos jóvenes (que podríamos ser cualquiera de nosotros) y que nos traslada de nuevo a algunos de esos momentos que todos recordamos. Interesante el paralelismo de cada uno de ellos en sus vidas y las diferentes percepciones que tienen sobre algunos de los hechos, que a algunos les marcaron profundamente y los otros los vivieron con mucha más distancia. Esperemos que pronto regresen a contarnos esas vivencias, a poder ser sin tantos contratiempos como en esta ocasión. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro María Guerrero
Dirección: Calle Tamayo y Baus 4.
Fechas: Del 5 al 16 de Mayo. De Martes a Domingo a las 17:00.
Entradas: Desde 5.50€ en entradasinaemPrograma de mano.

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