Teatro: N.E.V.E.R.M.O.R.E. Teatro María Guerrero

La catástrofe del Prestige marcó a toda una generación, a todo un pueblo, a todo un país. De la noche a la mañana el mar dejó de escucharse, los pájaros se ahogaban, aparecieron peces y delfines varados en las playas cubiertos de chapapote. El habitual cielo negro de las costas gallegas parecían aún más lúgubre, el horror se cernía en torno a los pueblos y comarcas de toda la costa, dejándolo todo embadurnado de negro, con un apestoso olor a azufre, a desolación, a muerte. El pueblo unido se echó a las playas, a la mar, a las rocas, para quitar con sus propias manos el vertido que dejaba huérfana a toda una región, que nos daba un nuevo aviso de que el capitalismo está esquilmando el planeta.



Desgarradora, demoledora, original, sarcástica, vehemente, ácida, directa, impecable. Todos estos y muchos más serían adjetivos para definir este innovador montaje, de una gran complejidad técnica, que nos habla de una catástrofe medioambiental como el Prestige hilándola con la pandemia que sufrimos en nuestros días. Porque además de las vinculaciones personales que unen estos dos hechos para los protagonistas de la obra, como nos cuentan ellos mismos, son dos ejemplos de que nos estamos cargando el planeta, de que nuestro modo de vida debe cambiar (si no es ya demasiado tarde) si queremos preservar el mundo tal y como lo conocemos. 


Sin pelos en la lengua, una de las señas de identidad de la compañía, Chévere ("Eroski Paraíso", "Curva España", "As fillas bravas") vuelve a mostrarnos de forma magistral, como se puede hacer teatro reivindicativo, educativo y divertido a la vez. Con la retranca gallega siempre tan presente en sus trabajos, Xron y sus compinches dan un paso más en su ya impecable carrera, con este alarde técnico, estético y formal, sobre la catástrofe que asoló las costas gallegas a finales del año 2002. Si ya eran una compañía referente en Galicia, en los últimos años y con montajes como este, se están convirtiendo en indispensables a nivel nacional. Con una manera muy particular de hacer teatro, sus montajes se nutren de imágenes, sonidos, grabaciones, incluso de inventos propios, para conseguir unos resultados de lo más llamativos. Una obra, esta de la que hablamos hoy, que nos hipnotiza desde antes incluso de empezar. Nos hacen agudizar el oído para percatarnos de cada mínimo sonido creado por estos malabaristas de la interpretación, que hacen cosas increíbles durante toda la obra, creando todos los sonidos ambientales ellos mismos. Sería necesario verla varias veces para poder apreciar con exactitud la precisión y la diversidad de sonidos que van apareciendo (así como las originales formas con las que los emiten).


Esta coproducción del Centro Dramático Nacional y Chévere, con el apoyo de Agadic-Xunta de Galicia y la colaboración del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, consagra a Xron (con Nekane Fernández como ayudante de dirección) como uno de los creadores más innovadores, atrevidos y originales del panorama nacional. Esta pieza de teatro documento es una bomba de relojería, hablándonos sin tapujos de todos los entresijos políticos que acabaron con la costa gallega llena de chapapote, pero también es el relato intimista de algunas personas que participaron en la limpieza de las playas. Las dos caras de una moneda, de un hecho, de una catástrofe de la que unos salieron ilesos y los otros aún no se han conseguido recuperar. Porque como nos cuentan en la obra, un día el mar dejó de sonar, y eso para los gallegos es como si nos quitasen un pedacito de nosotros mismos.



La historia nos lleva al mes de Noviembre del año 2002, cuando el petrolero Prestige (cargado con fuel pesado) lanza un S.O.S. frente a las costas gallegas durante un fuerte temporal. Estaba a 28 millas de Cabo Fisterra y desde el mismo instante en que sonó esa petición de auxilio se encadenaron una serie de decisiones que acabaron con el barco remolcado durante seis días sin ningún destino fijo, pasándose la patata caliente entre todos los que debían tomar las decisiones. En esos fatídicos días, el petrolero no dejó de verter su dañina carga al mar, lo que conllevó las sucesivas mareas negras que asolaron las costas gallegas. Al séptimo día, el barco se hundió a más de 3.000m de profundidad. La costa gallega se llenó de chapapote y la gente acudió desde todos los lugares para ayudar a sacar el fuel de las playas. Tras unos oscuros días, la gente de Galicia que llevaba días sin escuchar el mar en un sobrecogedor silencio, alzó la voz para gritar ¡Nunca Máis!.




Chévere enlaza esta catástrofe con uno de los momentos más crudos de la pandemia que estamos sufriendo desde Marzo de 2020. En aquellos días del mes de Marzo en los que faltaban medios para los hospitales, una radio de la Costa da Morte lanza un llamamiento a la población por si alguien conserva el material que se utilizó en el Prestige. Paradójicamente, el material que se utilizó en aquellos días de chapapote era el más demandado en aquel angustioso mes de Marzo. Trajes EPI, mascarillas, gafas, guantes... los mismos elementos para combatir una nueva amenaza. La gente aún guardaba todo aquello y la respuesta de los gallegos, como en el caso del Prestige, fue ejemplar. La gente se une, una vez más, para combatir la nueva amenaza. Esta vez no llega del mar. No se puede recoger con las manos. No huele ni mancha, pero los medios para combatirlo son iguales, porque en el fondo el culpable es el mismo. Y con estas dos catástrofes la compañía Chévere nos va a contar su versión del Prestige "para tratar de entender qué une aquello con esto. Y para deshacer el hechizo que sigue rodeando aquella historia, convertida en una metáfora extrañamente perfecta de esa cultura del petróleo que nos impide ver qué hay más allá de la catástrofe, como si no pudiésemos habitar otro lugar que no sea ese".



Los creadores de esta maravillosa obra cuentan que "empezamos a idear este proyecto en marzo de 2020. Justo cuando a nuestro alrededor lo que entonces llamábamos realidad se vino abajo como la arquitectura virtual de un videojuego. Y encerrados en casa nuestra percepción del mundo empezó a parecerse demasiado a una ficción. Aislados de los otros. Separados por una ventana o un balcón o una pantalla. Sin conseguir entender nada. Fue entonces cuando el cuervo de Poe llamó a nuestra ventana. La abrimos. Lo dejamos entrar. Una vez dentro le preguntamos cómo se llamaba, de dónde venía, qué estaba pasando. Su respuesta fue siempre la misma. Nevermore. Un sonido que evitaba convertirse en palabra. Como Poe, nosotros también quisimos saber qué quería decir ese maldito pájaro con aquel grito constante. Nevermore. Por mucho que el cuervo repitiese su nombre una y otra vez, Nevermore, nosotros tampoco conseguimos entender su significado. Porque Nevermore es todo eso que escuchamos a nuestro alrededor y no conseguimos entender. Es el murmullo de la naturaleza o del planeta o de los otros. Por eso, aunque no lo entendamos, haremos nuestro grito del cuervo: ¡Nevermore!".



Y toda esta maravilla es llevada a escena con una asombrosa naturalidad y precisión por un conjunto de actores que se compenetran a la perfección, en un trabajo grupal impecable. El poderoso y compacto elenco de la obra es uno de los puntos fuertes de este montaje. Manuel Cortés ("Eurozone", "Citizen", "Divinas palabras revolution"), Borja Fernández ("Fariña", "Annus horribilis", "Divinas palabras revolution"), Mónica García ("Curriculum vitae", "Eurozone", "Ultranoite no país dos ananos"), Miguel de Lira ("Eroski Paraíso", "Curva España", "Eurozone"), Patricia de Lorenzo ("As fillas bravas", "Eroski Paraíso", "Curva España") y Arantza Villar  ("As fillas bravas", "Eurozone", "Citizen") no dejan de sorprendernos desde el mismo momento en que se alza el telón hasta la preciosa y emotiva canción final. Desde la sencillez de quien domina a la perfección lo que está haciendo, los actores entran y salen de los diversos personajes, nos hablan directamente a los espectadores, para acto seguido volver a meterse de lleno en la historia. Un trabajo impecable de un elenco formidable. No podemos en este apartado dejar de hablar de los sonidos que ellos mismos crean ante nuestros atónitos ojos, y que sirven para acompañar la historia. Por momentos nuestra incredulidad ante lo que hacen nos hace desviar la atención de la historia. El ingenio y la ejecución de todos los sonidos acaba convirtiéndose en un elemento esencial de la obra, como un personaje más.


Porque la composición de todo este montaje tiene una gran complejidad, que la compañía enarbola con maestría. Cada una de las partes en las que se divide la obra tiene una textura, un ambiente, un tono, una atmósfera. Para ello, la impecable parte técnica resulta fundamental. Comencemos con la escenografía, que por su variedad y vistosidad necesitaría una crónica aparte. Desde que se alza el telón, las imágenes que nos regala Carlos Alonso con sus distintas escenografías son oro puro. Desde el mar de paraguas negros al polideportivo lleno de colchones, cada escena nos adentra en un nuevo mundo, con una nueva piel perfectamente diseñada. Como quien se va despojando de la ropa, la obra se va desnudando de la escena, para acabar con lo esencial, el mapa de Galicia y las mesas que sirven para crear todos los sonidos. El espacio sonoro creado por Xacobe Martínez Antelo es determinante para el correcto engranaje de la obra. Desde ese silencio inicial (que simboliza el mar "callado" por el chapapote), cada uno de los instantes de la obra viene tamizado con su sonido, con su textura, siempre en su justo tono, bajo la supervisión de Xurxo Pinheiro, responsable del sonido.



Otro de los elementos clave de este espectacular montaje es la iluminación de Fidel Vázquez, que sabe darle a cada momento la tonalidad necesaria para lo que se está contando. El vestuario corre a cargo de Uxía P. Vaello, que consigue mimetizar actores y personajes dando una neutralidad a sus vestimentas que ayuda a esta doble personalidad. En la segunda parte aparecen unos trajes mucho más elaborados, aquellos que ya utilizaron sus protagonistas en el encierro de la casa de la Cultura. La parte de arte y montaje corre a cargo de Quique Martínez, que consigue que todo encaje con absoluta precisión. Por último, no podemos dejar de hablar del cuervo que sobrevuela toda la función (aunque solo haga acto de presencia en una escena), que ha sido realizado por Pepe Penabade.






Estamos ante una obra que conceptualmente es una joya, tanto en la forma como en el fondo. Una pieza que desgrana con maestría la catástrofe del Prestige y la hilvana con precisión con la pandemia actual, algo que hace que incluso los más jóvenes (o los no gallegos que no vivieron tan de cerca la tragedia del petrolero) se vea reflejado en el relato. Una ácida crítica al capitalismo, a nuestra forma de vivir, a las malas praxis que nos abocan a epidemias o vertidos que ponen en peligro nuestra existencia. La compañía Chévere nunca defrauda. Cada nuevo montaje es un compendio de ingenio y compromiso, pura diversión y denuncia, teatro en estado puro. VOLVAMOS AL TEATRO. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro María Guerrero
Dirección: Calle Tamayo y Baus 4.
Fechas: Del 17 de Septiembre al 10 de Octubre. De Martes a Domingos a las 20:00.
Entradas: Desde 5.50€ en EntradasInaem. Programa de mano.

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