Teatro: Si esto es un hombre. Teatro del Barrio.

Sabíamos a lo que entrábamos en el teatro. Íbamos mentalizados de lo que veríamos sería impactante. Pero una vez comienza la función todo resulta más demoledor y real de lo que podríamos haber imaginado. Porque los hechos lo son, porque el relato de Levi lo es, porque el actor hace un meticuloso trabajo que nos deja helados. Salimos más conmovidos de lo que pensábamos, las frases e imágenes vistas nos golearán con fuerza las entrañas por mucho tiempo. Porque montajes así, pese a su crudeza y dramatismo, son inmensamente instructivos. Hay que agradecer al Teatro del Barrio que siempre esté dispuesto a arriesgar con este tipo de montajes tan impactantes y necesarios.



Este aterrador y brutal montaje nace del texto de Primo Levi sobre sus vivencias en el campo de concentración de Auschwitz. Cuando se llevó a cabo  su estreno, allá por el lejano 2019, se conmemoraba el centenario del nacimiento de Primo Levi y se estrenó coincidiendo con el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz (27 de Enero de 1945). Las desgarradoras palabras de Levi sobre lo que vivió durante el tiempo que estuvo preso las plasmó en la obra "Si esto es un hombre" publicada en el año 1947 en Italia, con una modesta tirada de tan solo 2000 ejemplares. El relato lo escribió entre Diciembre de 45 y Enero del 47, y en el cuenta su experiencia cotidiana durante su cautiverio en el campo de concentración, a finales de la Segunda Guerra Mundial.


Carlos Álvarez-Ossorio es el responsable absoluto de este montaje. Él se ha encargado de adaptar el texto (con la ayuda en la dramaturgia de Juan José Villanueva), de dirigirlo y de interpretarlo. Ha contado con la complicidad de Alfonso Hierro-Delgado como asesor de alemán. Carlos tuvo claro que quería llevar a cabo este proyecto desde el mismo momento en el que leyó el texto original de Primo Levi, pero no fue tan fácil como él había imaginado (tardó una década en poder llevarlo a cabo). "Lo más difícil fue conseguir los derechos de autor. Inicialmente, los herederos de Levi se negaron a concedérmelos para la adaptación. Busqué si alguien la había escenificado, y después de muchas conversaciones infructuosas, se abrió una oportunidad a través de la editorial Einaudi". 

Y tras mucho pelearlo, consiguió poder hacer este crudo y desgarrador monólogo, en el que el autor se nos presenta como el propio Levi, pero desde la óptica de nuestros días. La introducción inicial nos sitúa en una perspectiva cercana a los hechos, o más bien nos hace pensar en los lugares similares (campos de refugiados) que existen en nuestros días. Carlos Álvarez Ossorio intenta hablarnos de la obra desde la visión de nuestros días, por ello nos dice que "la obra sirve para advertir del peligro de ciertos pensamientos que criminalizan al extranjero, al diferente, al otro. Pero también, aprovechando que el teatro es el espacio de empatía por excelencia, se trata de intentar comprender los límites de la Humanidad, cómo los seres humanos pueden llegar a perderla".


Carlos nos propone un montaje a modo de monólogo en el que él mismo rompe de inicio la cuarta pared para hablarnos del texto y de su esencia, de lo universal de un relato que nos habla de la dignidad humana. Porque por lejano que nos parezca, el espíritu de lo que cuenta Levi sigue muy presente en nuestro tiempo. El odio y el desprecio al extranjero, el aislamiento al que se somete al que diferente. Álvarez-Ossorio nos suelta ante el abismo de vernos frente a un problema real, enquistado en el mundo, ese que impide a algunas personas ver al extranjero como un igual, que pone barreras a la convivencia, campos vallados para que queden estigmatizados los de fuera. 

Y tras esta introducción en la que nos golpea con la crudeza de lo real, nos obliga a estar pensando en que todo lo que veremos a continuación no es algo superado, ya que mucho de lo que Primo Levi relata sigue ocurriendo en nuestros días en lugares como los campos de refugiados. El actor entra de llena en la obra original tras dejarnos noqueados con el análisis inicial. Y al enfundarse en la piel de Levi nos cuenta todo a modo casi de diario, contado en primera persona de un presente que nos golpea, sin que no sepamos discernir en que momento el actor nos agarró y nos llevó con él a la Italia de finales de 1944. Y desde allí nos arrastra por toda la realidad que sufrió el autor a lo largo de los meses que estuvo sometido a todo tipo de atrocidades en su camino y estancia en Auschwitz.


El texto de Primo Levi nos narra su detención en su Italia natal en el año 1944 y su deportación al campo de concentración de Auschwitz, a la edad de 24 años. El relato resulta desgarrador, contando con todo lujo de detalles lo que le ocurre, lo que piensa y lo que siente en esos oscuros meses de cautiverio. Durante los meses que pasó en el campo comienza a escribir lo que posteriormente sería el relato "Si esto es un hombre", un pormenorizado y desgarrador testimonio que fue escribiendo por el miedo a que después no fuese capaz de transmitir lo que estaba viviendo. En él, además de sus vivencias, nos habla de sus reflexiones, de su análisis de lo que supone la mera existencia de un lugar como ese. En ese camino por el infierno, el autor reflexiona sobre la dignidad, sobre el horror, sobre la propia experiencia pero también sobre lo que significa el deshumanizar a un grupo de personas por ser diferentes. Las ideas que van golpeando al autor son analizadas por el actor, que las desmenuza para mostrárnoslas a lo ojos de nuestro tiempo, en el que muchas de esas reflexiones siguen, por desgracia, muy actuales.


Han pasado setenta y cinco años, pero Carlos Álvarez-Ossorio nos deja claro que no debemos olvidar lo ocurrido en aquel lugar. Él sale del personaje de Levi para analizar el relato, para intentar comprender (o al menos analizar el por qué de su existencia) lo que fue aquel lugar infernal, que supuso para los que lo vivieron y qué supone para el mundo hoy en día. No debemos dejar de analizar cómo un lugar así pudo existir en plena Europa, hace menos de un siglo. El actor nos hace un viaje al lado más oscuro del ser humano (al que sufre el horror pero también al que lo ejerce sin inmutarse) y las consecuencias que estos lugares (y las heridas no cerradas que dejaron) han dejado en nuestro mundo contemporáneo. Y todo ello nos lo muestra el actor con la crudeza del testimonio, con el rigor del relato periodístico, con el detalle del dolor más atroz. Y nos lo muestra sin paños calientes, sin poesía, sin edulcorar, con todo el dolor y el horror que sufrió Levi, envolviendo todo de una ternura cercana a la compasión ante unos hechos que avergüenzan a cualquiera.



La interpretación de Carlos Álvarez-Ossorio es desgarradora, épica, dolorosa. La facilidad con la que es capaz de meterse de lleno en el horror del texto nos sobrecoge, pero a la vez nos impacta la rotundidad con la que sale del personaje para hablarnos de los entresijos de la obra desde la serenidad del actor. El actor se va resquebrajando a lo largo de la obra, en un impecable trabajo físico. La transformación de Carlos a lo largo de la obra es conmovedora, impactante, dando a cada momento del relato el recogimiento y la manipulación física necesarias. Carlos Álvarez-Ossorio ha sido asesorado por Juan José Villanueva en el apartado de la actuación y por Alfonso Hierro-Delgado en alemán y cuerpo. "Trabajamos la idea como la degradación física, psíquica y emocional que supone la transformación de una persona en bicho. Nuestra referencia ha sido "La metamorfosis" de Kafka, que para algunos constituye, junto con "El Proceso", una especia de premonición del Holocausto judío".

Un trabajo cuidadoso, minucioso, impecable, en el que vemos deformarse al actor con cada nuevo suceso. Le vemos sufrir, arrastrarse, atemorizarse, vivir el descenso a los infiernos que suponía el día a día en uno de aquellos lugares. La obra se moldea conforme el deterioro físico del actor, ya que "a veces se obvia el detalle de los tormentos físicos que sufrieron las víctimas de los campos de concentración, en los que, sin embargo, insiste Levi: desnudez, hambre, frío, rigidez en las extremidades, imposibilidad de dormir, obligación de evacuar públicamente... una humillación constante que las despojaba de dignidad, que las llevaba a pensar que su cuerpo ya no era suyo". 



Y todo ello ocurre en un páramo, un espacio vacío en el que el actor se arrastra bajo la tenue iluminación que le va marcando el camino. El complejo diseño de luces creado por Violeta Martínez es un prodigio. El actor se desliza entre las luces y las sombras, en una continua penumbra que hace aún más angustioso y tenebroso todo el relato. Con la única compañía de las palabras en alemán que se proyectan en la pared, el actor deambula por la escena sin un rumbo fijo, guiado por los halos de luz que van mostrándole el siguiente paso por este infierno. Las imponentes palabras que se proyectan en gran tamaño, intimidan y parecen resonar en nuestras cabezas como las lapidarias órdenes de los nazis. La atmósfera que se crea es sobrecogedora, asfixiante, aterradora. El lugar se va volviendo cada vez más hostil, en un continuo tour de force en el que el actor debe ir adaptándose a todo para no desfallecer.


Estamos, en definitiva, ante un montaje demoledor, angustioso, que nos pone frente a uno de los episodios más oscuros de la humanidad. Pero lejos de quedarse en ese hecho, el actor nos habla desde el primer momento del campo de concentración como paralelismo a todos lo lugares donde se intente deshumanizar a las personas. Nos habla de campos de refugiados, para que de golpe asumamos el resto del relato como algo cercano, que puede seguir ocurriendo en nuestros días. Todos esos lugares en los que se intenta evitar que una persona pueda estar en un lugar sin haber cometido ningún delito, lugares en los que las condiciones de sanidad, de salubridad, de alimentación no son las adecuadas. Puede que en nuestros días no se cometan las atrocidades que pasaban en esos campos de concentración, pero los campos de refugiados parecen deshumanizar de la misma manera, quitándote tu identidad y pasando a ser, como ocurría en Auschwitz, un simple número del que nadie quiere saber su historia. La Historia siempre nos debe enseñar a recapacitar, para no seguir cometiendo los mismos errores. Por eso este tipo de montajes son tan necesarios. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro del Barrio
Dirección: Calle Zurita 20.
Fechas: Del 23 al 26 de Septiembre. Martes a Sábados a las 19:30. Domingos a las 20:30.
Entradas: Desde 15€ en TeatroDelBarrio. 

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