A VUELTAS CON LORCA. Teatro Abadía


Esta mañana, en el salón de mi casa, como anoche en el de Carmelo, en el de Federico, me siento pequeño, muy pequeño a la hora de escribir, y a la vez feliz, enormemente feliz y lleno recordando la función de anoche en el Abadía. Pequeño, muy pequeño al tener que referirme a algo tan grande, tan de verdad y tan emotivo como lo que vivimos ayer. Pequeño al poner palabras a la grandeza del teatro que nos envuelve, que nos mima, que nos atrapa. 



A un Carmelo Gómez celestial, a un texto lorquiano formidable, esencia del poeta, de su vida, de su grandeza. Grande entre los grandes. Esperemos no quedar demasiado atrás. Ya al entrar nos recibe el propio Carmelo, cual gondolero granadino que nos llevará aguas abajo por el Darro, reflejándonos en el agua a la luz de la luna. Nos limpia, nos cuida, nos acoge en su salón, con recuerdos de la infancia, de tizas de escuela, de caballos imposibles como solo Dalí los podía soñar, con flamencos, a golpe de carrusel. 


Una campana nos anuncia la llegada; el poeta ha llegado. Un precioso piano de cola brilla con sus notas. Mikhail Studyonov también nos invita a entrar, con un pequeño vals vienés. “Hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte”. Pasen por favor, pónganse cómodos. Al pan pan, y al vino vino. Al fin y al cabo, como nos relata Carmelo, en este país somos hijos de un tenaz insomnio. 



Y nos metemos en la lucha, cuerpo a cuerpo, poeta, actor y pianista contra todos, contra el público, contra mentes y mentes diversas con diversas miradas, donde a mis espaldas estaba ni más ni menos que el gran Ian Gibson, hispanista donde los haya, uno más entre nosotros, que ponía nervioso a Carmelo. Teatro a cara de perro, a la luz de la luna, teatro que emociona, que cambia el mundo. Viva el teatro

Y aparecen la Poncia, la Bernarda, Adela, Yerma, Nueva York, Dalí, Lope, el caballero de Olmedo, el novio, la novia, Leonardo, Cervantes y su Quijote, y música barroca, y música rusa, y ruso, mucho ruso, y flamenco, y gitanos, y madrugadas de sangre, y bodas desbocadas, y caballos en ristre, y estrellas , y pasión, y dolor, y muerte, y grandeza. El pueblo, de fondo siempre el pueblo. Lorca y el pueblo. Lorca y las raíces


Su dualidad. Sensualidad y sexualidad. Siempre presente. Dioses también, Pan y Apolo. ¿Para qué esperar? Un carpe diem en escena, en la vida. Fuera y dentro. Y en el centro, Carmelo (a veces veía también al gran Sacristán, d. José). Carmelo Gómez en un ejercicio actoral maravilloso, delicado, íntimo. Evocador. Con una naturalidad, con una presencia en el escenario que te deja sediento de versos, hinchado de poesía, colmado de palabras, de emoción. Bajo el agua están las palabras… 




Un actor en pleno delirio, en una vuelta a la infancia, porque juega, juega en el escenario, juega él mismo y juega con nosotros, y que precioso el juego. Como nos lleva por sus casillas, por sus tiempos, por ese río que fluye, por esa noche estrellada que brilla y brilla, acompasado por esas notas cómplices de Studyonod y su Hinves. Una interpretación cargada de matices, de poesía, de lírica, de sabiduría, que nos guía como buen gondolera granadino por el mundo de Lorca, por sus versos y por su prosa, por su teatro y por su pensamiento.



Nos ilustra Oier Zúñiga con su imaginación, con sus dibujos, delicados, íntimos que ayudan a Carmelo, a Federico, a pasear por los caballos de la memoria, a veces al paso, a veces galopando, desbocados, trágicos. Cántanos una nana, Carmelo. Cántanos. La muerte se presiente, se acerca, de alguna manera se espera. Llanto. El mundo se para, se congela ante el dolor de la muerte, ante la pérdida del poeta, petrificados por el infame destino.


Emi Ekai dirige con maestría toda esta fiesta poética llena de fuentes, de agua, de caminos, de plazas y puertas cerradas, esta noche abierta. Amor, muerte, tierra, pueblo. Memoria, histórica y actual. Una dirección impecable para un texto maravilloso texto a partir de Lorca, Cervantes y Lope de Vega. Un montaje majestuoso desde la sencillez de lo minimalista, de lo esencial, de aquello que nos une a todos y nos deja impregnados de felicidad: El teatro.


 

Exhausto de emociones les invito al Abadía. Carmelo les recibirá. Si a Ian Gibson se le saltaron las lágrimas al acabar, ¿Cómo se lo van a perder? Imprescindible. El teatro y el poeta les esperan. El alma de Lorca también. Vengan al teatro. Vivan la cultura. Seguro y segura.
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Teatro: Teatro Abadía. Sala Juan de la Cruz.
Dirección: Calle Fernández de los Ríos 42.
Fechas: Del 18 al 28 de Noviembre. De Jueves a Sábado a las 20:00. Domingos a las 19:30.
Entradas: Desde 9€ en TeatroAbadiaPrograma de mano.

REPARTO

Carmelo Gómez
Mikhail Studyonov (Piano)

FICHA ARTÍSTICA

Ilustraciones Oier Zúñiga
Arreglos musicales Mikhail Studyonov
Foto Sergio Parra
Video y animaciones Germán Roda | Natalia Ruiz
Distribución Doshermanascatorce


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