El Teatro Marquina abre su temporada con esta fantástica versión de "Las amistades peligrosas" una historia que pese a ser escrito a finales del siglo XVIII sique de plena vigencia. Una obra que nos habla del deseo, la manipulación, el ansia por el poder, la capacidad humana de hacer cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos, el amor que nubla la mente y la ambición que es capaz de todo. Una pieza estrenada el pasado año y que ha recorrido algunas de las principales ciudades del país hasta llegar estos días a Madrid, con algunos cambios en el reparto. Esta versión la firman Curro Novellas y David Serrano, que también se encarga de la dirección.
Entramos en la sala del Teatro Marquina para enfrentarnos a una historia ya conocida, pero no por ello menos deseable. Esta obra nos habla de lo despiadado que podemos llegar a ser los humanos en nuestras ansias de poder, utilizando todo tipo de estratagemas, caiga quien caiga, incluso yendo en contra de nuestros propios sentimientos. La manipulación de los poderosos, el uso de la seducción y del deseo para lograr que todo se mueva como uno quiere, que la vida gire al son marcado por la gente con menos escrúpulos y más ambición. Un texto que pese a haber sido escrito hace más de dos siglos, sigue de plena vigencia, porque los instintos más básicos del ser humano permanecen inalterables, porque la ambición y la sed de poder puede traspasar todas las épocas.
Esta producción de Comeycalla es una adaptación de la obra escrita por Christopher Hampton a partir de la novela homónima de PierreChoderlos de Laclos, publicada en 1782. Pero si algo está en el recuerdo del gran público es la exitosa adaptación cinematográfica de Stephen Fears en 1988, protagonizada por Glenn Close, John Malkovich y Michelle Pfeiffer, que fue galardonada con varios premios Oscar (fue nominada a siete estatuillas, de las que ganó tres), entre los que destaca el de mejor guion adaptado para Hampton. La obra original es considerada una de las obras más influyentes de la literatura del siglo XVIII, y una de las más transgresoras en la representación del libertinaje aristocrático antes de la Revolución Francesa.
La adaptación de Curro Novallas y David Serrano mantiene la esencia del texto original, en una trama en la que no dejan de volar los navajazos, las traiciones, las apuestas por el dolor y la traición. Los personajes están perfectamente cincelados, para que los odiemos por momentos y nos den lástima en la siguiente escena. Los juegos de seducción acaban por nublar la vista y la lógica de los personajes, que se ven abocados a una espiral de mentiras y traiciones que les llevará a traicionar a los que parecían en un principio sus cómplices, pero lo que es aún más grave, se traicionan a si mismos, lo que les lleva a tomar las decisiones cegados por la ambición de poder y el ansia por la victoria. Ese juego de seducciones les llevará al borde del abismo, a tomar las peores decisiones posibles, a sucumbir ante sus propios deseos y su insaciable ambición.
La dirección de esta versión corre a cargo de David Serrano, que consigue un montaje lleno de intriga, humor, deseo, misterio y mucha maldad de unos personajes muy bien trabajados. El director explica que estamos ante un texto que habla sobre asuntos de máxima actualidad en nuestros días, como el abuso de poder, el consentimiento o de cómo el dinero consigue, desgraciadamente, comprarlo casi todo. Valmont y Merteuil, sus protagonistas, dos personajes fascinantes y “sin freno moral” –tal y como los definió Jean Paul Sartre–, no se alejan mucho de gente como Jeffrey Epstein y Ghislain Maxwell, por citar tan solo a dos de las celebridades que han participado en uno de los muchos escándalos que hemos conocido durante los últimos años. Serrano apuesta por un montaje en el que priman los personajes por encima de todo. Por ello, apuesta por una escena minimalista, pero que esconde un misterioso juego de espejos que dan mucho juego a la trama. El director huye de la pomposidad de los montajes de época, para centrarse en las relaciones que se crean entre los personajes y a la vez situar la historia en un lugar atemporal, lo que enfatiza su universalidad.
"Un libro que arde como el hielo", así calificó Baudelaire a este clásico de la literatura que hizo tambalear los cimientos de la sociedad francesa por su voraz crítica de la nobleza, esa aristocracia tantas veces puesta como ejemplo, pero que en su mundo ostentoso comenten las mismas artimañas que el resto de la sociedad, esa a la que miran por encima del hombro. Unas luchas que siguen de plena actualidad, la soberbia de los poderosos, el hambre insaciable por el poder, lo embriagador que puede llegar a ser el deseo. Las clases altas siguen jugando con los más desfavorecidos como si fuesen de su propiedad, ninguneando a las personas a su antojo. El propio Christopher Hampton dijo, tras el estreno de la obra, que "lo que fascina de esta historia es su vigencia. La manipulación de los sentimientos y el uso del amor como arma son temas tan actuales hoy como lo eran en el siglo XVIII".
Estamos ante un texto en el que la complejidad de los personajes es uno de sus mayores atractivos. El Vizconde de Valmont y la Marquesa de Merteuil personajes sobre los que pivota la obra, son dos seres despiadados, sin escrúpulos, que juegan con las personas sin importarles sus sentimientos ni las consecuencias que acarreen sus actos. Personajes tenebrosos y fascinantes a la vez, sin freno en su ambición y con una soberbia que les hace estar por encima del bien y del mal. Los dos se retroalimentan, echando más leña al fuego y subiendo la apuesta en cada propuesta que se hace. Un juego en el que el poder y el deseo es lo que dicta sus actos, sin pararse a pensar en ningún momento el daño que pueden llegar a hacer con sus delirantes juegos y delirantes apuestas. Un maquiavélico juego en el que el abuso de poder y el dinero pueden con todo.
Sin lugar a dudas, uno de los puntos fuertes de este montaje es el fantástico elenco, que consigue crear unos personajes con muchas capas, misteriosos y con diferentes evoluciones a lo largo de la historia, todas ellas polémicas y muy inquietantes. Roberto Enríquez yPilar Castro encabezan el reparto encarnando al Vizconde de Valmont y la Marquesa de Merteuil respectivamente. Les acompañan en escena, interpretando varios papeles, Ángela Cremonte (del 9 al 18 de Septiembre Marta Levenfeld) como Madame de Volanges y Madame de Tourvel, Carmen Balagué (Madame de Rosemonde y el ama de llaves),Iván Lapadula (Azolan y el Caballero Danceny)yElisa Scianca (Cécile de Volanges y Margot). Un trabajo fantástico en el que cada uno de los personajes tiene su lado oscuro, dejándose llevar en la mayoría de los casos por sus instintos más primarios. Un fantástico trabajo, en el que todo el elenco está a un gran nivel. Muy interesante la apuesta del director que muestra los cambios de personaje a vista del público, enfatizando lo misterioso de la trama y apostando por el trabajo impecable de cada uno de los intérpretes (los movimientos de la capa de Iván Lapadula son fascinantes).
Otra decisión muy interesante del montaje es la minimalista escenografía de Ricardo Sánchez-Cuerda, presidida por una plataforma roja, a modo de alcoba en la que mantienen sus encuentros los amantes, y un resquebrajado espejo sobre este espacio, en el que vemos las imágenes de la obra distorsionadas, una realidad rota por las decisiones de los protagonistas. Una idea visualmente muy interesante e impactante. En torno a este espacio central tenemos una serie de sillas en las que se sientan los intérpretes cuando no aparecen en la escena. Otro elemento fundamental para conseguir esta atmósfera misteriosa es la tenue iluminación de Juan Gómez-Cornejo, que enfatiza las tonalidades rojas del espacio y las vestimentas oscuras de los protagonistas. El vestuario de Elisa Sanz es de lo más acertado, todo con una sobriedad exquisita. Todo ello se completa con el exquisito espacio sonoro y la música original creados por Luis Miguel Cobo.
En definitiva, estamos ante un clásico de plena vigencia, porque los instintos más primarios del ser humano, por desgracia en muchos casos, no pasan de moda. En ansia de poder, el deseo, la ambición, la obsesión por la victoria, un cóctel explosivo que nos lleva a lugares oscuros, para conocer el lado más tenebroso de la condición humana. Con un reparto excelente, encabezado por Roberto Enríquez yPilar Castro , y una dirección muy acertada de David Serrano, la obra engancha desde el primer momento. Unos personajes poliédricos, a los que llegas a odiar, que vemos abalanzarse al abismo sin ninguna cordura. Vayan y disfruten de esta pieza que nos acerca a lo más profundo de nuestras entrañas.
Roberto Enríquez Pilar Castro Ángela Cremonte (del 9 al 18 de Septiembre Marta Levenfeld) Carmen Balagué Iván Lapadula Elisa Scianca
Dirección: David Serrano Autoría: Christopher Hampton Choderlos de Laclos Adaptación: Curro Novallas David Serrano Escenografía: Ricardo Sánchez-Cuerda Iluminación: Juan Gómez-Cornejo Espacio sonoro: Luis Miguel Cobo Vestuario: Elisa Sanz Música original: Luis Miguel Cobo Fotografías de escena: Javier Naval Producción: Producciones Come y Calla