Donde crecen los Tarays. Sala Mirador

El cisma creado por la entrada masiva de personas a Ceuta desde Marruecos a finales de Julio no nos dejó analizar con detenimiento las razones que llevan a personas a arriesgar su vida para llegar a nuestro país, el ruido dejó la humanidad tirada en las playas de la ciudad. Pasados los meses, la situación sigue siendo insostenible (el final de esta obra nos lo recuerda), por eso es tan necesario hablar de ello desde un lugar más sosegado, para intentar comprender, para conseguir empatizar, para ponernos en la piel de todos esos jóvenes y niños que se lanzan al mar en busca de una realidad que les han contado, que en muchas ocasiones no se parece en nada a lo que se encontrarán al llegar a pisar la arena de la playa del Tarajal. Bajemos el ruido y miremos a las personas, ayudemos a todas esas mujeres que vagan por la ciudad sin un techo en el que cobijarse, y expuestas a todo tipo de vejaciones. 


Cualquier nuevo montaje de Sergio Peris-Mencheta se convierte en un acontecimiento, y como era de esperar este no iba a ser una excepción. Estamos ante un doloroso tríptico, tres historias de personas muy diferentes, a las que la vida les empuja a cruzar (quizás en esos días de finales de Julio) desde Marruecos hasta Ceuta, por motivos muy diversos, en una huida por buscar una vida mejor, pero que acaba llevándoles a otra realidad muy diferente a la esperada. Que necesario es este montaje, que nos coloca en el lugar de estas mujeres, para conocer sus vidas, su mundo, la desgarradora realidad que les lleva a colocarse al borde del precipicio, para sufrir en España muchas de las calamidades de las que venían huyendo, porque la realidad siempre es más cruda que los vídeos de Tik Tok e Instagram.




Esta producción colectiva de Barco Pirata Producciones Teatrales, Producciones Rokamboleskas y La Rota Producciones es un montaje necesario en estos tiempos en los que se criminaliza a todas las personas que cruzan a Ceuta, ahora que se habla de invasión y que muchas personas se llenan la boca exigiendo su retorno inmediato a Marruecos. Una pieza de teatro urgente (como podemos leer en la sinopsis de la obra) que nos muestra a tres jóvenes que consiguen llegar a nuestro país, que nos enseña la odisea que esto supone, que trata de hacernos entender una realidad demasiado compleja como para solucionarla con un tuit incendiario, con un titular populista, con una declaración sin ninguna humanidad, como si las personas que arriesgan su vida por llegar al Tarajal fuesen simples números, cifras con las que se puede hacer política sin pensar en los fallecidos, en las penurias que les esperan al llegar a la playa y tener que seguir escondidos por el miedo a nuevas represalias.




La situación actual con respecto al problema de la llegada de personas a Ceuta el pasado mes de Julio ha animado a Sergio Peris-Mencheta a lanzarse a la escritura. Como resultado tenemos este montaje, su primera dramaturgia, en la que vemos su compromiso social (ya resaltado en muchos de sus montajes como director), sus ganas de explorar la realidad de las personas por encima de los titulares mediáticos, su afán por contar historias cercanas, que nos lleguen y nos emocionen. Tras dirigir la fantástica "14.4" (con texto de Juan Diego Botto) sobre el tema de inmigración, contado en primera persona por Ahmed Younoussi, en este nuevo montaje nos muestra la realidad de tres chicas jóvenes que por diferentes motivos se ven empujadas al mar para cruzar de Marruecos a Ceuta. Este texto, demoledor y contundente, nos muestra la precariedad de sus vidas antes de cruzar, pero también la vulnerabilidad y el abandono que sufren al llegar a nuestras playas. Tres relatos demoledores que nos hacen recapacitar sobre las personas que intentan llegar a nuestras costas, huyendo de la deshumanización que sufren por parte de la mayor parte de la prensa y la política, que los tratan como meros números, y peor aún, como un problema que hay que solucionar de forma radical, sin pensar en las vidas que quedaron en el mar, sin intentar ponerse en su piel.




Una vez más, Sergio Peris-Mencheta vuelve a sorprendernos con un montaje impecable, construido de una manera ingeniosa, desde el minimalismo de un espacio casi vacío, pero con una complejidad conceptual muy bien resuelta. Porque el director consigue transmitir la angustia y la dureza de atravesar de un país a otro por el mar, vemos con claridad un mar contra el que luchan las tres protagonistas, las vemos sufrir mientras luchan en cada brazada, mientras permanecen empapadas en su periplo por Ceuta, nosotros su sufrimiento y su miedo al no saber como afrontar los peligros que conlleva la inmensidad del mar. Tres actrices que interpretan desde una urna de metacrilato su historia, sirviendo de apoyo a las otras historias, dando vida a diversos personajes que van apareciendo. Pero lo más interesante de esta propuesta es la sencillez con la que Sergio consigue plasmar la inmensidad del mar, la dureza del camino, la lucha de cada una de ellas por la supervivencia. Acostumbrado a montajes más monumentales ("Ladies football club", "Lehman Trilogy", "Blaubeeren", "Cielos", "Constelaciones"), el director sabe despojar la escena de todo para construir desde el espacio vacío, un lugar que resulta desolador, angustioso, misterioso, tenebroso, el reflejo de lo que estas chicas ven en su odisea vital, que lejos de llevarlas a una vida mejor las deja de nuevo en una situación de desamparo, en la que seguir nadando parece la única alternativa.




Esta maravillosa propuesta mete el mar en la sala Mirador, para sumergirnos en esta angustiosa odisea que viven las tres protagonistas, Najat, Amal y Hayat. Ellas, por diversos motivos, llegan al mar y consiguen cruzar hasta Ceuta. Cada una de ellas tiene una realidad muy diferente, una forma de encarar la vida muy dispar, pero la vida les empuja a tener que lanzarse al mar. Najat, la única que lleva meses preparándose para cruzar, lo tiene todo meticulosamente estudiado, se ha preparado para ello, entrenando y organizando hasta el mínimo detalle. Amal sueña con llegar a Rocafonda, adora a Lamine Yamal y quiere ir hasta Barcelona para llegar a conocer a su ídolo. Pero todo se tuerce cuando su hermano de catorce años le dice que se va a Ceuta y tiene salir corriendo detrás de él para impedir que lo haga. Hayat trabaja en Casablanca, ha estudiado y tiene títulos que lo corroboran, pero tiene que huir de la ciudad, embarazada, para escapar de un hombre. Ella no sabe nadar, pero desaparecer en el mar parece su única salida. Las tres, por razones muy diferentes, acaban entrando en el mar. Las tres llegan a Ceuta, las tres se encuentran allí más abandonadas que en su país de origen.




Porque este montaje nos habla de la dificultad de cruzar desde Marruecos a Ceuta por el mar, pero también pone el foco en lo que ocurre cuando consiguen pisar la arena de la playa del Tarajal, la del Trampolín, cuando piensan que ahí se acaba su odisea pero lo que ocurre es que empieza otra, igual de angustiosa y dolorosa. Las tres pisan tierra emocionadas, pensando que ahí se acaba el sufrimiento, pero descubren que la playa, la ciudad, el entorno, se convierte en otra cárcel de la que no pueden salir. Las trabas siguen ahí, las fronteras parecen haberse movido y ahora impiden a Nayat cruzar a la península, la burocracia impide que Hayat tenga un techo, mientras Amal deambula por la ciudad buscando a su hermano. Esta segunda etapa de su viaje resulta ser mucho más dolorosa, las dificultades se multiplican, han quedado varadas entre el lugar del que tuvieron que salir y este en el que no pueden quedarse. La realidad les ha golpeado con fuerza, y su viaje, lejos de llevarlas a un lugar mejor, las ha dejado en un limbo en el que parecen no existir, no tener identidad, se han convertido en un número, en parte de una estadística, en contenido del titular, en arma arrojadiza para una sociedad enferma, que mira al de fuera como una amenaza, que no empatiza con el dolor y el sufrimiento de estas chicas, agotadas por el trayecto y golpeadas con fuerza por la vida que no les deja construir un hogar.



Toda esta desgarradora historia se construye desde las fabulosas interpretaciones de las tres actrices que dan vida a las jóvenes que se lanzan al mar. Ellas son Alba Simón, en el papel de Amal, Mamumbimbi, dando vida a Najat, y Victoria Santana como Hayat. El trabajo de las tres es impecable, tanto física como mentalmente. La dureza de unas coreografías impecables, el continuo cambio de registro, el mantenerse en escena en todo momento, nadando para conseguir llegar al destino, un despliegue que mantienen en todo momento, sin desfallecer, incluso subiendo la intensidad conforme avanza la historia. Tres actrices que desde lugares muy distintos nos emocionan y nos alientan, nos hacen reír y nos ponen un nudo en la garganta, nos incitan a continuar con una brazada más, viendo su infinito esfuerzo por transmitir la dureza de estas historias. 

Alba Simón construye una Amal inocente, soñadora, que sale detrás de su hermano por la responsabilidad que tiene como hermana mayor. Una chica vulnerable, que se ve superada por la situación, que con cada paso que da se acerca más al infierno en el que se va a convertir su vida. Un viaje sin retorno que nos muestra a una chica que se va curtiendo con los golpes de esta cruel odisea. En el lado opuesto tenemos a la luchadora Hayat que interpreta Mamumbimbi, todo energía y seguridad en si misma. Nada la va a frenar en su obsesión por llegar a la península, tardará más o menos, pero nada la va a parar. Por último tenemos a Victoria Santana dando vida a Hayat, una chica aparente feliz, que trabaja y no tiene intención de abandonar su país. Pero una relación violenta con su pareja le hace escapar. Una mujer llena de miedo, que no sabe nadar pero se lanza al mar para desaparecer. Tres interpretaciones maravillosas, con miles de matices cada una, que nos emocionan y nos desgarran.




Toda esta aventura sucede con el mar como elemento fundamental de la historia. Sergio Peris-Mencheta lo sabía e inundó la sala Mirador con el mar. La escenografía, diseñada por Alessio Meloni y Eva Ramón, es tan ingeniosa como efectiva. Tres urnas de metacrilato llenas de agua simbolizan cada una de las historias, en las que las actrices se meten para "nadar" hasta su destino. Una cuenta su historia mientras las otras dos nadan. Plásticamente bello, conceptualmente demoledor. Pero si esta representación del mar resulta muy elocuente, el momento en que las protagonistas entran en el agua es bestial. No digo nada más para que los espectadores disfruten (y se asombren) cuando lo vean, como el mar se levanta ante ellos y las olas salpican todo el espacio. Este momento es tan bello como desgarrador. El mar inunda la sala, la escena es sobrecogedora. Muy importante también es el diseño de luces de Pedro Yagüe, que sabe como dar la textura precisa a cada escena. Otro de los puntos clave es el sonido de Benigno Moreno, que nos hace sumergirnos en el mar junto a las protagonistas. Otros elementos reseñables son la impecable composición musical de Joan Miquel Pérez y el diseño de vestuario de Elda Noriega, que nos muestra desde el primer momento las personalidades de cada una de las mujeres protagonistas.



En definitiva, estamos ante una obra tan bella y desgarradora como necesaria. Como se puede leer en la sinopsis de la obra, es una pieza de teatro urgente nacida del impulso de reaccionar al presente mientras la realidad que la provoca todavía está ocurriendo. Peris-Mencheta vuelve a conseguir un soberbio artefacto escénico demoledor, capaz de emocionarnos y dejarnos con un nudo en la garganta. La imaginación para llevar el mar al interior del teatro, la simultaneidad de las tres actrices en escena, nadando mientras las historias avanzan, la belleza de tres historias desgarradoras, la vida por encima de las etiquetas, la rotundidad de una historia que echa por tierra los relatos populistas e incendiarios. Gracias a todo el equipo por esta maravillosa obra, que nos retrata lo que son las vidas de las mujeres que intentan sobrevivir ante la pasividad de las personas que deberían ayudarlas. Un montaje muy necesario, que por suerte está agotando entradas a gran velocidad y se van abriendo nuevas fechas. Ojalá estas historias sirvan para humanizar a las personas que deambulan por las calles de Ceuta. Porque ninguna persona debería ser tratada como una estadística, como un número, no se debe deshumanizar al migrante. Ninguna persona es ilegal, ni mucho menos debería tener una menor consideración por no ser de aquí.
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Teatro: Sala Mirador
Dirección: Calle Doctor Fourquet 31.
Fechas: Del 30 de Octubre al 20 de Diciembre. De Viernes a Domingo y Jueves 12 a las 20:00. 
Entradas: Desde 16€ en La Mirador.

Información sobre la obra
DirecciónSergio Peris-Mencheta
ProducciónUna producción colectiva de Barco Pirata Producciones Teatrales, Producciones Rokamboleskas, La Rota Producciones y todo el equipo artístico, técnico y de producción.
DramaturgiaSergio Peris-Mencheta
Año2026
Reparto

Mamumbimbi       - Najat
Alba Simón           - Amal
Victoria Santana  - Hayat

Cover
Clara Serrano

Equipo Artístico y técnico

Texto y Dirección Sergio Peris - Mencheta
Concepto Escenográfico Sergio Peris - Mencheta
Diseño de Escenografía Alessio Meloni y Eva Ramón
Diseño de Iluminación Pedro Yagüe
Diseño de Vestuario Elda Noriega
Diseño de Sonido Benigno Moreno
Composición Musical Joan Miquel Pérez
Ayudante de Dirección Marta Solaz, Melanie Pindado y Natalia Ortega
Dirección de Producción y Producción Ejecutiva Nuria Cruz Moreno
Productor Asociado Fabián Ojeda Villafuerte y Nur Levi
Jefa de Producción Blanca Serrano
Ayudantes de Producción Melanie Pindado y Natalia Ortega
Gerentes de compañía y Regiduría Melanie Pindado y Natalia Ortega
Administración Henar Hernández
Coordinadora de Operaciones Jennifer Alonso
Dirección Técnica Raúl Baena
Técnico de Luz y Sonido Marina Palazuelos y Juan Ignacio Arteagabeitia
Jefa de Prensa María Díaz
Diseño de Cartel y Dossier Óscar Martínez - Gil
Distribución Fran Ávila Producción y Distribución


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