Entramos en la sala de los Teatros Luchana y el intérprete nos interpela (más bien el personaje) para que no invadamos la escenografía y tengamos cuidado en nuestro camino a nuestras butacas. La tensión preside la sala incluso antes de comenzar la función, con la impertérrita pose del actor, sentado frente al público con cara de pocos amigos. Menos mal que el mismo destensa la situación con unas palabras previas sobre que pasará si suena algún teléfono. Tenemos que decir que es un método bastante persuasivo, ya que aunque parezca increíble no sonó ningún teléfono a lo largo de la función. Y con esta mezcla de sensaciones comienza este viaje emocional que nos transformará, al igual que le ocurre al protagonista.
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