Teatro: Un enemigo del pueblo en el Pavón Teatro Kamikaze

La política, la democracia, el sufragio universal, temas que creemos controlados (quizás el primero no tanto) pero que se nos han dado impuestos de tal manera que no nos hemos planteado su validez. El individuo debe ser parte esencial del debate, de la sociedad, del camino por el que debe transcurrir el futuro de su entorno. Pero siempre nos quedará la duda de si el individuo elige por su propia conciencia o puede ser "manipulado" por agentes externos. 



Al entrar en la sala vemos que estamos ante un espectáculo fuera de lo común, sobre todo por la actitud de los actores. Nos da la bienvenida la palabra "ETHIKE" creada por unos globos unidos por una barra, lo que nos deja bien claro de lo que va este montaje y la idea de fragilidad que el director tiene sobre el término. Los actores se mueven sigilosamente entre nosotros, nos miran con complicidad, ellos saben algo que nosotros en ese momento desconocemos, pero con su manera de actuar nos están insinuando algo. La cuarta pared se ha difuminado incluso antes de comenzar la función y desde que accedemos a la sala ya somos parte de la representación.



Comienzan a sonar lentamente los acordes de "Creep" (tema emblemático de la banda Radiohead) en la guitarra de Nao Albet mientras la sala comienza a llenarse. El ambiente se impregna de la notas de la canción mientras los actores deambulan por la sala y los imponentes globos nos sobrevuelan como si nos estuviesen vigilando. No ha comenzado el espectáculo y ya apreciamos que estamos ante algo diferente, aunque aún no somos conscientes de la magnitud de lo que vamos a vivir, de lo transgresor que es este fenómeno, que va mucho más allá de una "simple" obra de teatro.


Porque Álex Rígola se muestra fiel a su estilo y nos muestra una versión de la obra de Ibsen que va mucho más allá del mero hecho teatral, convirtiendo el teatro en un lugar de debate en el que todo tiene cabida. En un primer momento nos vemos sorprendidos cuando se nos entregan unas papeletas, pero con ellas formaremos parte del montaje, aunque no seamos conscientes de hasta que punto podemos llegar con nuestras decisiones (una de las ideas que más quiere destacar el autor es el peligro de la decisión de la mayoría), hasta que ya puede ser demasiado tarde. Recordemos que en el ensayo general, al que asistió nuestra compañera Mayte, la representación duró escasamente un cuarto de hora, por deseo de los asistentes. Es lo que tiene la democracia...



Sin duda Rígola es uno de los autores más interesantes y "personales" del panorama nacional. Hace tres temporadas nos enamoró a todos con su particular versión del texto de Lorca "El público", y el pasado año nos "encerró" en una caja de madera para mostrarnos su maravillosa "Vania". Tras estos dos montajes tan singulares, ahora nos presenta esta versión de uno de los textos más polémicos en cuanto al debate sobre la democracia. Pero el director, que también se ha encargado de la versión, ha ido más allá de lo que el texto, de por si polémico, nos ofrece. Ha querido que seamos conscientes de la fuerza que tiene la democracia, pero a la vez mostrarnos lo imperfecta y "sectaria" que puede ser en determinadas circunstancias.



Tras un primer momento de calma tensa por la atmósfera tan particular a la que nos somete el montaje, comienzan las presentaciones y puesta en común de lo que será la obra. Los actores desde el primer momento entran en el patio de butacas para hacernos partícipes de lo que allí va a pasar. Tras explicarnos como se va a desarrollar este peculiar juego en el que nosotros seremos decisivos, comienzan a plantearnos debates que nos harán pensar, incluso dudar a la hora de tomar nuestra decisión, mostrando como muchas veces preferimos nuestro propio bienestar antes que el bien común




La puesta en escena de este primer debate, en el que se habla de democracia, es contundente y demoledor. Todos (o la inmensa mayoría) nos creemos demócratas, pero las preguntas a las que nos someten los actores nos hacen pensar, nos hacen plantearnos si de verdad tomamos las decisiones correctas, y si es así porque una mayoría debe tener la razón por el simple hecho de ser más en número. El melón está abierto, comienza el debate. En este primer tramo del espectáculo quedaremos en evidencia (cosa que no pasó en el ensayo general) al plantearnos la posibilidad de que el espectáculo de un giro inesperado (y definitivo). En ese momento, y tras la experiencia conocida, el debate interior se centra en si quieres hacer el bien común o prefieres acomodarte a tu propio interés, tomando el camino más sencillo. La mayoría, al menos en el pase al que yo asistí, fuimos egoístas y no pensamos en el bien común, preferimos la comodidad a la solidaridad. Pero tras ese controvertido debate, la duda se queda instalada en nuestro cerebro, ¿Haremos lo mismo cada vez que tenemos que votar? ¿Vota la gente por el bien común o sólo mirándose al ombligo? ¿Somos los ciudadanos, a nivel personal, capaces de tomar decisiones por nosotros mismos o nos dejamos llevar por la masa?




Hemos picado el anzuelo, el autor nos tiene donde quería, dudando sobre nuestra propia capacidad de decisión, sobre el poder de la mayoría, sobre la fiabilidad de la democracia. Es el momento de comenzar con la obra, cuando el público está desorientado, no sabe si ha decidido lo correcto, y sigue dándole vueltas al valor del voto, el sufragio universal y de sus propios valores. En cada uno de los referéndums que se hacen durante el montaje, son los propios actores los encargados de contabilizar (junto con empleados del teatro) los votos a favor y en contra de cada una de las propuestas. Tras los recuentos, el genial Francisco Reyes es el encargado de anotarlo en una pizarra y sacar sus propias conclusiones de los resultados, mostrándonos lo contradictorios que podemos llegar a ser




Llegamos al texto de Ibsen con las armas arriba, con la defensa en guardia, sabiendo que el debate y lo que podamos votar tiene un peso decisivo en el desarrollo de la historia, por lo que debemos ser prudentes y concienzudos a la hora de tomar nuestras decisiones. Sobre el escenario los personajes de la obra toman los nombres de cada uno de los actores, y comienza el relato. Un relato basado en una historia aparentemente clara, en la que el poder intenta callar a los rebeldes para continuar con sus gestiones. ¿Un pueblo que vive de un balneario puede prescindir de él? El debate se abre cuando un informe muestra que las aguas del pueblo son dañinas. Si eso sale a la luz el pueblo se hundirá, sus ciudadanos perderán sus trabajos y nunca volverán a ser un lugar turístico, o al menos esos son los argumentos de la alcaldesa, Irene Escolar, para convencer a los editores del periódico local. Los aguerridos periodistas que en un principio estaban convencidos de publicar un artículo que les había escrito Israel (Elejade), dudan y no ven claro la "necesidad" de publicarlo.



Sobre el escenario, los cinco actores se divierten incluso más que nosotros con esta encrucijada a la que les llevan las distintas decisiones que vamos tomando. Israel Elejalde, Irene Escolar, Nao Albet, Oscar de la Fuente y Francisco Reyes, se entretienen llevándonos por caminos pantanosos, pero también nos muestran con total rotundidad todas las dudas que sobre el sistema tenía el autor cuando escribió la obra, y que el director de esta versión ha sabido retorcer aún más para que suframos en nuestras propias carnes a la hora de ver el poder que tiene la mayoría y lo manipulable que ésta puede llegar a ser. Todo transcurre en un ir y venir de alegatos a favor y en contra de cada uno de los argumentos, pero poco a poco vemos como la "mayoría silenciosa" va reculando para seguir dentro del redil. El outsider acaba siendo "el enemigo del pueblo", la persona que tiene la razón objetiva se ve maltratado y ninguneado por una mayoría que opta por el "bien común" como excusa para traicionarle. ¿Es la mayoría capaz de tomar este tipo de decisiones? ¿Es el individuo, manipulable y sobornable, quien debe marcar el rumbo de la sociedad? ¿Es la democracia fiable como elemento para decidir lo que está bien? El debate está abierto.



Y si, efectivamente el debate se abre al público. Esta parte del espectáculo que, lógicamente, es distinta cada día, resultó a la vez surrealista y muy educativa. Desde un "con Franco estábamos mejor" a "yo no creo en la democracia", pudimos escuchar testimonios de lo más variopinto, argumentos y reflexiones de lo más interesantes (salvo alguna excepción) en torno a los temas que se habían tratado y el desenlace final de la obra.


Salimos del teatro como, creo, que a Rígola espera que hagamos, debatiendo sobre lo que hemos visto, y por extensión sobre la democracia. Una vivencia mucho más allá del puro teatro, un espacio creado para el debate, con el telón de fondo de la obra de Ibsen. Es increíble lo manipulable que es el ser humano, y lo es mucho más que te lo muestren en tus propias carnes. Debates que antes quizás nunca te habrías planteado, surgen en tu cabeza al salir de este ágora en el que todas las opiniones son aceptadas, para eso estamos en una democracia...
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Un enemigo del pueblo (Ágora)
Teatro: Pavón Teatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9.
Fechas: De Martes a Sábados a las 20:30. Domingos a las 19:00.
Entradas: Desde 18€ en TeatroKamikaze. Del 29 de Agosto al 7 de Octubre.

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