ROJO


La gente que llora ante mis cuadros vive la misma experiencia religiosa que yo sentí al pintarlos. Y si usted sólo se ve atraído por sus relaciones de color, entonces se le escapa lo decisivo.” ¿Qué ves? Espera, acércate mas. Tienes que estar cerca. Sí, sí…“
Así nos embarcamos en Rojo, desde dentro. Nos pintamos de rojo, nos volvemos rojos durante noventa minutos deliciosos. Mark Rothko prepara su lienzo con fuerza, con elegancia, con ira, tensión, y con dolor, mucho dolor, y allí nos introduce. En pleno escenario, para poder entender su obra, para poder hacer ver el porqué ríe, llora, grita, sufre, siente.
Pero, ¿ Qué coño es rojo? Pregunta a su ayudante. Rojo es emoción, es pasión. Por la pintura, y por el teatro. Para entender, o más bien sentir, cualquier obra de Rothko es imprescindible estar frente a ella –en ella. Rothko decía que sus pinturas estaban concebidas para ser miradas a 45 cm de distancia, tal y como él las veía cuando estaban siendo ejecutadas. Y así de cerca, a esa distancia, Juan Echanove y Ricardo Gómez nos elevan al Olimpo de la cuarta pared, al orden y al caos, a una lucha simbiótica entre Apolo y Dionisio, que se encuentran y se necesitan. Y si partimos de un texto maravilloso, mejor. El texto de Jonh Logan es también rojo, es esperanza. 
Una acertada y exquisita propuesta del dramaturgo John Logan cargado de sutilezas, de mensajes competenciales, de VIDA. Un texto capaz de hablar de arte, pero mas aún un texto existencial y puro que llega a la raíz del ser humano. Con una dirección equilibrada por parte de Juan Echanove fruto de la experiencia y el saber hacer al que nos tiene acostumbrados. 
Una escenografía rica en detalles, los actores nos van transportando poco a poco a ese estado que Mark Rothko  quería para sus obras, “El hecho de que muchas personas se desmoronen y lloren al verse confrontadas con mis cuadros demuestra que consigo expresar este tipo de emociones humanas elementales.”
Mark Rothko, uno de los grandes representantes del llamado Expresionismo Abstracto, se enfrenta al que quizá es su mayor reto profesional y su peor dilema ético: pintar una serie de murales, extraordinariamente bien pagados, que deberán decorar el elitista restaurante Four Seasons de Nueva York. Es el principio de la decadencia, pero el tormentoso creador se niega a aceptar que un nuevo movimiento, el Pop Art, acecha dispuesto a pisotear su legado tal y como su generación hizo con los cubistas que la precedieron.
Bajo la incisiva mirada de su joven ayudante, y disparando palabras como dardos, Rothko pinta un certero retrato de su visión del arte, de la vida y de la muerte a la que no quiso esperar.
Juan Echanove consigue abrazarnos, llevarnos de la mano desde la escena inicial, con esa contemplación mística de sus obras, trasladándonos al universo de matices de Rothko . Esa castigada voz nos conduce a lo onírico desde nuestras butacas, en un vaivén de emociones que nos llevan a la Nueva York del siglo pasado, donde el arte también se comercializa, pero donde también los valores hablan y nos marcan el camino. Esa época de frustración, de descontento con el mundo de búsqueda de identidad tras la expulsión, de crítica social a través del óleo. De rabia contenida tras la "huida" a una felicidad encubierta y teñida de capitalismo.
Echanove, al igual que Rothko , plasma la voz del alma, desgarrada y sincera, incomprendida y excéntrica, natural. Ambos nos evaden del cuerpo para que nos quede solo el alma.
Ricardo Gómez nos ayuda a identificarnos con ese ayudante tímido y apocado que poco a poco va haciéndose valer, que va creciendo de una manera magnífica a lo largo de la obra, retando a su propio maestro en ocasiones, despertando su conciencia reflexiva. Existiendo, aunque ni siquiera sepamos su nombre ni veamos sus obras, enfundadas en paquetes de ilusiones y abrigos. Buscando un hogar, un padre, un referente vital que le ayude a crecer. A ser.
Reflexión que nos traslada a nuestra sociedad, donde como dice Mark Rothko , nadie mira nada. Nadie piensa en nada.
A veces solo pasamos de puntillas por situaciones, personas y lugares, sin profundizar, sin meternos en la obra. Sin emocionarnos de verdad. Con el tiempo como espada de Damocles.
Con una pérdida de valores justificada por necesidades frugales creadas por esta sociedad tan de mentira. Si bien la última etapa de este pintor se decantó por colores oscuros, ¿ De verdad le da miedo el negro ? No, lo que me da miedo es la falta de luz. , en Rojo todo es claro, todo es mágico, todo respira. 
Una escenografía que muestra la decadencia y sus fantasmas en una lucha constante frente a lo nuevo, un trabajo impecable de escenografía y vestuario de la mano de Alejandro Andújar junto al trabajo de iluminación de Juan Gómez Cornejo que entiende como los negros se van solapando sobre el rojo construyendo entre el equipo técnico y artístico una obra redonda y de una sensibilidad inigualable.
Hay verdad en cada pincelada, en cada trazo. En cada cuadro. ¿Qué ves? Rojo. Desde la butaca lo que vemos es emoción. Es vida. Gracias Juan, gracias Ricardo. Gracias a los dos. Nos habéis emocionado.


Rojo.
Teatro: Teatro Español.
Dirección: Calle del príncipe, 25.
Fechas: Del 29 de noviembre al 30 de diciembre de 2018. De martes a sábado 20h. Domingo 19h.
Entradas: De 5€ a 22€ en Teatro Español.

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