Teatro: Besarte, Mimarte, Follarte. Sala Intemperie.


El mundo de la noche siempre trae consigo extraños compañeros de viaje. Las almas perdidas que buscan su momento se refugian en oscuros lugares en los que habitan peculiares seres, algunos desbocados en busca de fiesta, otros perdidos en un mundo que les da la espalda, otros por la dejadez de no intentar nunca salir de ese mundo. Almas perdidas que se refugian en el fondo de un vaso de alcohol, en el interior de un oscuro lugar que les haga olvidar lo dura que ha sido la vida con ellos. Personas que se aferran a ese espacio como quien vuelve al vientre materno, ese lugar que les hace estar en paz, seguros, resguardados del mundo hostil.




Adentrarnos en el mundo tan particular creado por Ramón Paso es ya una experiencia en si misma, por la sensación de estar en lugares que tu podrías habitar, rodeado de personas con las que quizás te has cruzado alguna vez, pero sabiendo que has logrado escapar antes de entrar de lleno en ese complicado escenario en el que todo lo que va mal casi siempre acaba yendo a peor, aunque a veces sirva todo ello para llegar al lugar deseado. Esta particular manera de ver la vida nos presenta siempre a peculiares personajes con los que nos reiremos por su extravagancia, pero también otros que nos harán sufrir con su dolor, incluso nos enamoraremos de sus historias de amor imposible... todo como la vida misma.









Tengo que reconocer que Ramón Paso y su compañía PasoAzorín Teatro (con Inés Kerzan y Sandra Pedraz Decker a los mandos de la producción) hace tiempo que me tienen ganado para la causa, y soy un fan incondicional de todo lo hacen, desde que los descubrí con la demoledora "La ramera de Babilonia". Desde sus montajes más "clásicos" como "Usted tiene ojos de mujer fatal, en radio" o "Lo que mamá nos ha dejado", a los más intimistas, maravillosos "El síndrome de los agujeros negros" o "Las leyes de la relatividad aplicadas a las relaciones sexuales" (que podemos disfrutar en el Teatro Lara hasta el 19 de Febrero), nos sumergen en un particular mundo lleno de personajes cargados de sinceridad y mala leche. Su humor negro no deja indiferente, y su manera tan particular de contar las historias cotidianas, hace que nos ponga al borde del abismo en cada montaje.



En esta ocasión, el montaje nos sitúa en un bar de copas, "El Bruja" (genial el recuerdo a la canción de Sabina, enganchado desde la primera escena), un inhóspito local en el que trabajan varios escritores y actores a los que no les han ido del todo bien las cosas. Estos perdedores natos se refugian en la terraza del edificio para intentar huir de los borrachos del bar y de la cruda realidad que los ahoga y los empuja poco a poco al borde de esa metafórica azotea que es su vida, con abismos por todos lados. La historia aparece, al menos físicamente, más asentada que en montajes anteriores, pero la esencia perdura. Por esa azotea, mezcla de lugar secreto de los bohemios o escondite de fracasados, se cruzan personajes de todo pelaje, que van enredando sus vidas en tramas de lo más sugerentes. En este lugar cabe de todo: el amor a primera vista, los intentos de suicidio, al amor patológico, los gritos desesperados por los castings en los que no encajas, las dependencias más tóxicas, o la frescura de una chica proyecto de influencer enganchada a su instagram. 




Esta comedia negra nos devuelve de lleno al universo Paso, ese en el que las historias más cotidianas pueden retorcerse sobre si mismas para dar como resultado las situaciones más inverosímiles. Los montajes de esta interesante compañía se caracterizan (al menos tienen varias obras en esta línea) por el compendio de pequeñas historias, que sin aparente relación se cruzan en un lugar (el bruja) o por un motivo, para desencadenar risas y lágrimas a partes iguales. Cada personaje tiene su propia magia, todos destilan algo especial que nos incita a saber más de ellos, rebuscar en su pasado para llegar a saber como han llegado a la situación que les atormenta en este momento. Cada uno de estos bohemios, influncers, adictos, perdedores de distinto pelaje, que pasan por esta azotea, serían potenciales protagonistas de biopics que nos descubriese más sobre ellos.


"El mejor amigo de la creación no es el éxito, es el miedo a morirse de asco. Desde la realidad y el desconsuelo del mundo del actor, el escritor o la bailarina, desde lo que no se cuenta en las series y en las pelis porque no mola nada y sólo provoca ganas de suicidarse, nos acercamos a unos extraterrestres que se follan a tope a una camarera; a un escritor que se enamora de una bruja adolescente; o al demonio, que tienta a una juvenil versión de Fausto" es la inquietante definición que la propia compañía hace de este nuevo proyecto que ha desembarcado con gran éxito en la Sala Intemperie.

Una historia que nos muestra a ocho proyectos de artista (escritores, actores...) y una publicista que tienen que trabajar en un bar de Madrid para sobrevivir, mientras esperan la gran oportunidad que los saque de allí para siempre y los lleve directos al estrellato, aunque todos saben que lo más probable es que esa audición, ese casting, esa entrevista, nunca llegue, y el futuro que les espera sea muy parecido al presente que aborrecen. Lejos de los flashes y los photocall, de los grandes estrenos y las alfombras rojas, existe una inmensa mayoría del mundo del espectáculo que sobrevive trabajando de camarero para esperar esa oportunidad, ese gran papel, o simplemente para poder hacer lo que le gusta, aunque no le de para vivir y tenga que compaginarlo con otros trabajos.


Como ocurre en todos los montajes de esta compañía, el elenco está encabezado por Ana Azorín, Inés Kerzan y Ángela Peirat, las tres piezas indispensables sobre las que giran todas las historias, tres personalidades muy diferentes que siempre dan posicionamientos muy distintos dentro del engranaje general de la obra. Ana Azorín suele llevar el peso de la historia, suele ser el hilo conductor que une las extravagantes aventuras a las que se enfrentan los distintos personajes que deambulan por los oscuros lugares que nos muestra Paso en sus textos. En este nuevo montaje Azorín y Kerzan comparten el peso de la obra, siendo Ana más comedida de lo habitual e Inés más alocada de lo que nos tiene acostumbrados. 

Ellas son Laura (Ana Azorín) y Rebeca (Inés Kerzán), la escritora y la actriz frustradas que se juntan en la azotea del Bruja para limpiarse las heridas de la vida y gritar a los cuatro vientos todas las injusticias que les impiden triunfar. Junto a ellas está su desnortada amiga Carla (Impresionante la fuerza y carisma que transmite Ángela Peirat), enganchada a las drogas y con una vida sin rumbo, en la que busca refugio en el alcohol y el sexo para olvidarse de que no ha cumplido ninguno de sus sueños. La evolución de Peirat a lo largo de la obra es maravilloso, protagonizando los momentos más divertidos de la obra.


En todos los textos de Ramón Paso tienen una mayor importancia los personajes femeninos, quedando los masculinos a papeles residuales en la mayoría de los casos. En este caso, en un nuevo giro dentro de su estilo, dos de los personajes masculinos compiten en protagonismo con Laura y Rebeca. Ellos son Pablo (David Zarzo) un escritor frustrado que comienza la obra intentando suicidarse (o al menos esa es su idea) y acaba destrozado por el abandono de Lily (Ainhoa Quintana) una joven misteriosa que le roba el corazón. El otro chico que sufre por amor es Héctor (Jordi Millán), un actor sin trabajo con una novia, Nuria (Alicia Tomé), que le hace la vida imposible. Dos hombres que sufren de manera muy distinta por el amor. El primero encuentra en Lily una nueva esperanza que le saca de su depresión y su vida oscura. Por su parte Héctor vive por y para lo que le dice Nuria, que sólo tiene ojos para si misma (sobre todo los viernes...), aunque pendiente siempre de que el chico no se le escape. 



Además de estas dos parejas, más o menos tóxicas y bastante dañinas, con el prójimo y consigo mismos, hay un personaje que aparece para dar luz a todo este mundo de gente desesperada. Silvia, interpretada de forma maravillosa por Marta Mangado, es una joven aspirante a actriz que cree ciegamente en el poder de las redes sociales para ser alguien en la vida. El personaje que ha creado Mangado es surrealista, caricaturesco, corrosivo, excéntrico, excesivo...genial. Uno de esos personajes que imagino que cualquier actor quiere interpretar, porque lo tiene todo para que sea el centro de atención de la obra. La actriz nos muestra a una chica inocente, confiada, ingenua, que nos divierte y nos enamora desde el primer instante. Sin duda, es el personaje de la obra.

Por último tenemos a Vincenzo (Javier Parra) un amigo que consiguió escapar de este oscuro universo y que ahora triunfa en el mundo de la televisión. Vuelve con sus aires de grandeza a intentar "rescatar" a Laura del abismo en el que se encuentra. Parra es el contrapunto absoluto al resto de personajes de la obra. Con paso firme y seguridad en si mismo, consigue atraer la atención por ser un extraño dentro de este lugar en el que sólo habitan perdedores.


Como en todos los montajes de la PasoAzorín Teatro, la escenografía es sencilla, dando siempre lugar a espacios ambiguos, en los que nuestra imaginación jugará un papel importante. Un par de sillas y una línea en el suelo (que delimita lo que será la azotea) son los únicos elementos necesarios para crear el ambiente de este sórdido lugar. La iluminación, creada por Pilar Velasco, nos ayuda a recrear los distintos momentos de la obra, dando mayor o menor calidez a cada una de las escenas. A los mandos de la parte técnica está Blanca Azorín, que nos mete de lleno en el ambiente de "La Bruja" pinchando temas de Van Halen, Kansas, Bob Seger o David Bowie.



Cada uno de los montajes de esta compañía es un viaje a lo más profundo de nuestra sociedad, a las cloacas de nuestro tiempo, viendo ante nosotros caricaturas de gente que conocemos, lugares comunes en los que hemos pasado momentos de nuestra vida, adicciones de las que huimos, enamoramientos que nos recuerdan a romances casi olvidados pero que casi nos vuelven locos. Con una frescura tanto en el texto como en las interpretaciones, estas singulares historias nos llegan muy dentro, por cercanas y por sinceras. No lo duden, entren en "La Bruja" y disfruten, seguro que se encuentran con personas que hace tiempo que no ve, incluso puede encontrar el amor... pero seguro que encontrará historias sinceras sobre personas al borde del abismo.

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Besarte, Mirarte, Follarte
Teatro: Sala Intemperie
Dirección: Calle Velarde 15.
Fechas: Viernes y Sábado a las 20:30. Domingos 19:30.
Entradas: Desde 14€ en Sala Intemperie. Del 18 de Enero al 10 de Febrero.

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