Teatro: Ilusiones. El Pavón Teatro Kamikaze

La vida en pareja, el amor incondicional hacia aquella persona con la que has compartido tu vida. Miles de recuerdos sobre los que cimentar una vida entera juntos. La belleza del amor incondicional, del amor correspondido durante décadas, que al echar la vista atrás se puede mirar con orgullo. Dos parejas capaces de mirarse a los ojos después de todo este tiempo y sentirse orgullosos de lo vivido, con los pequeños peajes necesarios, pero con una vida de amor compartido. Dos parejas que hacen balance de cincuenta años juntos, con sus más y sus menos, sus momentos dulces y sus sin sabores, pero anteponiendo el amor, sentir que al hacer balance sabes que estás con la persona que quieres, que la vida no pudo haber sido mejor que estando a su lado.


Al entrar en la sala ya nos sorprende la magnitud de la escenografía, miles de cosas pueblan el escenario sin aparente lógica. Luego, lógicamente, descubriremos que todo tiene su razón de ser en la vida de estos cuatro enamorados. El caos escénico nos incita a pensar que lo que estamos a punto de ver tiene poco de convencional, y que una vez más, como siempre que nos adentramos en este teatro, nos volverán a sorprender con algo singular. Una propuesta que incluso antes de comenzar ya nos tiene intrigados, por todo lo que muestra y lo poco estructurado que parece. Todo apunta a que ese tiovivo que preside la escena los hará viajar a lugares insospechados.



El Pavón Teatro Kamikaze vuelve a sorprendernos con una propuesta cargada de magia, de historias que se entrelazan en la búsqueda de su verdad. Un teatro que nos hace sentir, que nos emociona, nos divierte, nos inquieta, nos enamora, todo dentro de la vida de estas dos parejas que convivieron durante gran parte de su vida, amándose incondicionalmente. Una historia que mezcla ternura y dolor, que nos hace disfrutar de cada escena por la belleza del propio montaje, en el que cada uno de los personajes nos mostrarán su lado más íntimo. Actores en estado de gracia que entran y salen de los personajes con increíble soltura, para hacer las veces de narrador. Una destreza impecable que nos traslada de un lado a otro de la historia sin darnos cuenta, llevados en volandas por estos cuatro prestidigitadores de la escena, para mostrarnos las entrañas de estas relaciones, los lados más íntimos y oscuros de cada uno de ellos.

Historias narradas de forma poco convencional, entrelazando recuerdos de cada uno de ellos hasta llegar a conocer la plenitud de estas cuatro personas, que al final de sus vidas hacen balance para no dejar cuentas pendientes. Poco a poco iremos descubriendo, casi a modo de vouyers, lo que les unió, sus miedos y sus dudas, sus amores y sus pasiones más ocultas. Desde los inicios, hace cinco décadas de su relación, iremos vagando con ellos por medio siglo de lealtades y traiciones, de amores y engaños, hasta llegar al capítulo final de sus vidas, en el recapacitan sobre lo logrado y lo perdido por el camino, en su continua búsqueda por encontrar el lugar que les corresponde en el mundo.



¿Cómo ser perdurable en un mundo en el que lo único constante es el cambio? Esta lapidaria pregunta es la que atormenta a los personajes de la obra. Dani, Sndra, Margarita y Alberto son mucho más que dos parejas de amigos. Son un equipo, una cuadrilla, una banda, un grupo homogéneo de personas que se tienen un gran cariño, una profunda admiración y a los que les une un camino vital común, en la búsqueda del amor, la felicidad y la verdad de la propia vida. 

"Estos narradores atrapan sus historias como si fueran ecos de vidas pasadas que resuenan en el mismo espacio, pero que nada tienen que ver con ellos. Ecos rescatados del olvido a través de la narración. Como si el dolor, las emociones, las inseguridades, las tribulaciones de estos cuatro personajes no pudieran hacer mella en quien tiene encomendado narrar sus vidas" explica el director Miguel del Arco. "Exponen fragmentos de sus existencias tan profesionalmente como lo harían un aséptico equipo forense, pero no con el mandato de mostrar un cadáver, sino de crear la ilusión de la vida".



El texto del autor ruso Ivan Viripaev, referente del movimiento "Nueva Drama", hizo que la pasada temporada Miguel del Arco renunciase a su idea de no dirigir, porque "el texto de Viripaev me atropelló. Es una narración, lo que en un principio parece lo contrario a lo que demanda el teatro. Pero todos los axiomas del teatro tanto teóricos como de propios dramaturgos están para ser destruidos, porque para mí lo único imprescindible en el teatro son los actores. La narración en el teatro forma parte del teatro desde sus orígenes. Lo que hay que hacer es que esa narración sea palabra encarnada. Eso está en Shakespeare o en nuestro siglo de Oro. La palabra tiene que volar y en el teatro todo vale si se establece entre los actores y el espectador un principio de verosimilitud con el que podamos jugar. Ilusiones es una función en la que la cuarta pared cae fulminada desde el inicio". El texto es abrumador, un divertido juego de matrioskas en el que vamos descubriendo algo nuevo en cada relato, que nos abre una puerta para indagar en otra dirección. La propia estructura formal de la pieza nos sorprende, por el ingenioso modo en el que se nos va contando la historia, en como los personajes van cambiando y descubriendo intimidades que nos llevan a otros lugares, un ingenioso puzzle que se va colocando poco a poco en su sitio.

Esta es la primera incursión del autor ruso en nuestro país, de la mano de Miguel del Arco, uno de nuestros directores más inquietos. Este gran texto nos plantea un viaje alrededor de lugares inhóspitos, cargados de simbolismo y surrealismo que nos lleva a lugares muy particulares. Una disección sobre el amor, que se nos presenta por momentos como una fiesta, a veces de una oscuridad tenebrosa, pero que rezuma optimismo a lo largo de toda la obra.



La historia comienza con la muerte de Dani y termina con la de Sandra, Margarita y Alberto, pero que lejos de ser una obra dramática y fúnebre, destila un optimismo asombroso, una historia que desprende cariño y transmite la compenetración que tienen los personajes entre ellos. Poco a poco iremos conociendo la vida de estos cuatro personajes, que han vivido enamorados hasta el día de su muerte, pasados los ochenta en los cuatro casos.

El resultado es un cuento narrado a cuatro voces, que nos atrapa desde el inicio y nos lleva en volandas por esta tierna historia, con toques de mala leche que nos irán sorprendiendo en momentos puntuales. Una sucesión de narraciones que nos irán descubriendo sus vidas, a mitad de camino entre la narración y la fábula. Una comedia existencialista, en la que se tiran por tierra todas las normas y patrones del teatro para crear de la nada y sobre sus propias ruinas (maravillosa escenografía aparentemente caótica pero llena de simbolismo) una nueva manera de contar la historiacreando un pequeño collage con las anécdotas que van entrelazándose en escena.



La obra adquiere un ritmo trepidante, convirtiéndose en un torbellino de sentimientos y sensaciones, en el que las cuatro historias se entrelazan, se compenetran, para ir mostrando su verdadera identidad. Una interesante mezcla de anécdotas en las que hay cabida para todo y nada debe darse por supuesto, todo se difumina para que no seamos capaces de diferenciar a los personajes de los actores. Un trabajo minucioso, de orfebrería teatral, en el que está todo cuidado el milímetro, pese a su aparente caos formal. Miguel del Arco, consciente del polvorín que tiene entre manos, cuenta que "vamos disparando al público con pequeñas cuestiones para que quiera más y más, y convertirnos así en yonkis de las historias que nos van contando", historias que van evolucionando desde la narración que se haga de ellas, "existimos porque nos contamos. Es, de algún modo, una gran celebración de la vida" asegura el director.


La historia nos sorprende con ciertos momentos un tanto surrealistas, que además de descolocarnos ayudan a "destensar" la historia en momentos clave. El viaje al desierto, la escena del porro (con su divertidísimo "viaje") son momentos brillantes, aunque sin duda la escena más loca y extravagante es el número musical, en el que todo se descontrola con el tema "Proud Mary" de Tina Turner, mezclado (y muy agitado) con una samba.

Una obra en la que todo es posible, una metáfora de la propia vida, en la que hay momentos duros mezclados con momentos de lo más festivo. Este singular montaje nos mantiene alerta en todo momento, para no perdernos nada de lo que sucede en escena, porque en cualquier momento puede haber un giro inesperado que cambie por completo la historia. En palabras del director, estamos ante "Cuatro actores atletas, porque esta función es dura en lo emocional y en lo físico".



Estos "cuatro atletas" que nos asombran con su ir y venir entre los distintos personajes y su papel de narrador son Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda, que se mueven por el escenario al unísono en todo momento, como si de una gran coreografía se tratase. Cada uno de ellos tiene una actitud en cada momento. Mientras que los narradores se comportan igual en los cuatro casos, una vez metidos en personaje los matices que cada uno aporta son increíbles. La dulzura inicial de Etura nos lleva a una ensoñación en la que todo es idílico, la socarronería y desparpajo de Grao nos hace dudar de todo lo dicho y ver el lado divertido de la vida, la inocencia de Jato nos devuelve a nuestra niñez, en la que todo es noble y natural, la energía desbordante de Ronda nos obliga a luchar, a seguir para adelante con fuerza para afrontarlo todo. 



Esta diferencia entre personaje y narrador queda clara en el texto de Viripaev, ya que él no desea que sean los protagonistas los que cuenten la historia, por eso nos presenta a esos narradores de los que no se nos dice nada. Rompen la cuarta pared en todo momento, para interactuar con el público con la misma facilidad como lo hacen con sus compañeros. Saltan de la primera a la tercera persona, en un juego en el que nunca tenemos claro si ellos son los protagonistas o sólo los narradores de la historia, casi a modo de medium que nos cuenta lo que cada uno de los personajes sentía en los momentos que se cuentan.

"Hola que tal", así comienza la obra Marta Etura (mujer 1) tras un viaje circular en un extraño tiovivo, "quiero contarles la historia de un matrimonio, Eran dos seres humanos extraordinarios. Vivieron juntos cincuenta y dos años. ¡Cincuenta y dos años! Siempre juntos....". Una declaración de intenciones abrumadora de lo que nos van a mostrar, un relato sobrecogedor y divertido a partes iguales, en una extraña coctelera con diálogos y monólogos que se entrecruzan, con saltos continuos en el tiempo que nos hacen vivir distintas realidades. Palabras que se mezclan con el tiempo, narraciones que se van solapando, interrumpiéndose unos a otros, sin un orden aparente, en el que todo está colocado en su lugar exacto.



En una obra tan compleja, tanto en la forma como el fondo, es fundamental que el espacio escénico nos traslade a esos universos bucólicos, a esas situaciones extremas, a ese caos que rige el universo, en el que todo está aparentemente desordenado, pero todo tiene su lógica existencial. La escenografía pensada por Miguel del Arco nos sitúa en un espacio caótico, una especie de teatro abandonado con todas las escenografías puestas de cualquier manera. El encargado de organizar este caos ha sido Eduardo Moreno, que se ha servido de escenografías de las distintas obras de la compañía Kamikaze para crear este lugar tan singular. Un escenario sin duda muy barroco, en el que todo tiene cabida, y los elementos que nos sorprenden de inicio van siendo fundamentales a lo largo de la historia.

A esta "locura formal" hay que sumar la cuidada iluminación, diseñada por Juanjo Llorens, que nos ayuda a entrar de lleno en cada escena, en cada ambiente, en cada época. Muy importante también la música de Arnau Vilá, que nos hace cambiar radicalmente de percepción de lo que está ocurriendo en momentos clave, y que ayuda a crear los distintos lugares por los que transitan los personajes. Por último, el vestuario ha sido diseñado por Sandra Espinosa, que ha elegido llevar a los personajes del esmoquin al chandal.


El resultado es tan sorprendente como genial, con toques de humor y drama, momentos de dolor y de pasión, un alucinante recorrido vital que nos engancha desde su desconcertante inicio, sin soltarnos hasta el final. La historia narrada a cuatro voces nos engancha desde la primera escena, en la que Marta Etura nos deja claro por donde va a transcurrir la historia, con el amor como eje principal sobre el que se cimienta todo. Pese a tratar temas trascendentales, el autor los trata con una asombrosa sencillez, pasando a ser temas banales y haciendo un alegato de la felicidad, del ser humano como una ilusión, como un recorrido lleno de momentos que merecen la pena. Todo para conseguir "una función hecha de fragmentos. Jugamos al teatro, al teatro como contenedor de todas las historias posibles. De este juego surge esta escenografía". 

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Ilusiones
Teatro: Pavón Teatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Martes a Sábados a las 20:30  y Domingos 18:00. 
Entradas: Desde 19€ en TeatroKamikaze . Del 16 de Febrero al 3 de Marzo.


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