El Teatro
Fernán Gómez nos ofrece la oportunidad no sólo de ver sino también de disfrutar
de la obra quizás más conocida de Chéjov, el autor que propició el cambio al
teatro contemporáneo. A partir de él nada fue igual. Se trata de El jardín de
los cerezos, en versión de Ignacio García May y dirigida por Juan Carlos Pérez
de la Fuente.
Teniendo todavía muy reciente el disfrute de la Gaviota hace pocas
semanas. El Teatro Fernán Gómez nos presenta El jardín de los cerezos, obra
mítica del siglo pasado, que a pesar de haber sido representada en numerosas
ocasiones, hacía muchos años que no se mostraba en Madrid.
Decía que El jardín es una obra mítica, y me atrevería a decir que legendaria.
Para muestra cabe decir que fue escrita por Anton Chéjov en 1903 y estrenada en
el Teatro del Arte de Moscú en 1904, bajo la dirección de Constantin
Stanislavski y protagonizada por Olga Knipper, la
mujer de Chéjov.
La obra cuenta el ocaso de una familia
rusa de la aristocracia que después de un tiempo regresan a la finca – el jardín
de los cerezos- que no deja de ser un símbolo de cuando eran ricos y poderosos.
Liuba y su hermano Gaev vuelven a es
jardín como si fuera un símbolo sagrado de la época de bonanza de la familia,
pero la realidad que no ven o no quieren ver está aquí. Ella es una mujer
superficial y descuidada que ha gastado la fortuna familiar durante el tiempo
que ha vivido en París.
Incluso una vez que ha vuelto a casa,
sabedora de su difícil situación económica no deja de derrochar el poco dinero
que les queda. Envuelta en vacíos discursos. Es consciente de como se le escapa
todo entre los dedos y aún así lo acepta con asombrosa pasividad, como si fuera
algo inevitable y no algo consecuencia de sus propias acciones y decisiones..
Pero lo realmente importante es no
caer en la trampa de vivir en la melancolía, considerando el jardín como el paraíso
perdido. El jardín y toda la finca es una tierra que carga con un oscuro pasado,
un pasado de siervos que vivían en condiciones de semiesclavitud.
La nostalgia conduce irremediablemente
a la idealización de un realidad que no es tal. Esa idealización de que cualquier
tiempo pasado fue mejor supone ignorar que la riqueza de unos pocos está construida
sobre la explotación y la miseria de muchos.
Y para cerrar el círculo del irremisible
cambio que se está produciendo, surge la figura de Lopajin, hijo de los
antiguos criados, quien con mucho esfuerzo ha conseguido reunir el dinero suficiente
para comprar la finca y darle un nuevo uso.
Su plan es dividir la finca en
parcelas más pequeñas y construir viviendas para las vacaciones de verano. Esto
escandaliza a la familia, que no deja de verlo como una falta de respeto y un
ataque a su glorioso pasado.
Al final la vida les da una lección,
una lección muy dura. Los nuevos tiempos que trae el capitalismo no entiende de
sentimentalismos. Mientras Liuba y su familia permanecen inmóviles sin hacer
nada, viviendo del pasado y de los recuerdos, Lopajin actúa y consigue hacerse
con la finca. Cuando todo esto sucede somos conscientes que el cambio es irremediable.
Chéjov retrata a la perfección todo
esto, la confusión del ser humano frente a los grandes cambios que se van
sucediendo. Los protagonistas viven atrapados entre sueños y con una clara ausencia
de voluntad de actuar. Por un lado, tienen grandes aspiraciones y valores
nobles, pero les falta la fuerza de voluntad para convertirlos en realidad.
Esta sensación de parálisis y miedo frente al futuro es lo que hace que su obra
sea tan actual para nosotros hoy en día. Más de cien años después de que la
obra fuera escrita y estrenada, el mundo y los cambios a los que nos enfrentamos
no son tan diferentes.
Maravilloso el simbolismo que abre la
obra, el ruido de un tren que se acerca a la estación y que lo cierra, el mismo
tren alejándose. Un tren que viene a simbolizar ese progreso imparable que
obliga a todos a reaccionar: o te adaptas, o te quedas atrás, o dejas que te
pase por encima.
Por lo que respecta al equipo técnico,
sobresaliente el trabajo de Juan Carlos Pérez de la Fuente e Isi
Ponce en la escenografía. Contando con un doble hándicap, por un lado la propia
obra, y por otro el inmenso escenario de la sala principal del Teatro Fernán
Gómez.
Logran transformar todo el espacio de
la Sala Girau en un lugar de ensueño. Al jugar con las dimensiones y las
alturas, consiguen que el público se sienta totalmente inmerso en una
experiencia visual impresionante.
Muy bien trabajadas las transiciones entre
los diferentes actos que conforman la obra. Desde la inicial mansión con la que
comienza la obra hasta las estancias separadas donde se realiza un baile,
pasando por las escenas que la completan.
Destacar también a Rosa María
Andújar con un cuidado trabajo de vestuario, sencillamente impecable. Se
trata de piezas no solo elegantes, sino que funcionan como un espejo de los
sentimientos de los personajes.
Junto a ella Jose Manuel Guerra
notable su labor con la iluminación, una iluminación que es fundamental para
entender la narrativa, ya que divide el escenario en dos realidades distintas.
Al frente, vemos un entorno que transmite la calidez y la seguridad de lo
cotidiano; sin embargo, al fondo se abre un horizonte visualmente cautivador y
profundo, que sirve como el camino hacia lo desconocido cuando la duda se
apodera de los protagonistas.
Este entorno se transforma de manera
simbólica a medida que avanza la obra. En un gesto cargado de significado,
Lopajin va apagando las luces de forma secuencial, desde el fondo hacia el
proscenio, provocando que el escenario se sienta cada vez más reducido. Este
apagón gradual actúa como una metáfora visual del fin de una era: cada luz que
se apaga elimina un pasado que, según quién lo mire, representa un Edén perdido
o la sombra de un tiempo de opresión y servidumbre.
Por último, Ignacio García es
el responsable del espacio sonoro. Un trabajo muy coral el de todo el equipo
técnico.
Ignacio
García May
es el responsable de la adaptación del texto. Logrando una versión que respeta
profundamente la esencia del original, conservando su musicalidad y elegancia
sin alterar los pilares de la estructura dramática. En lugar de cambiar la
obra, su trabajo se enfoca en revitalizarla: logra que las tensiones y crisis
internas de los personajes cobren una fuerza renovada. El resultado es una
adaptación tan cercana a nuestra realidad que el público no solo observa los
conflictos en escena, sino que los siente como dilemas propios y actuales.
En
cuanto a la obra García May señala que " los personajes chejovianos se
ven atrapados en un dilema típico de la sociedad moderna: quedarse es
perder el paraíso, pero vender la finca, también. Así que optan por instalarse
en la acedía, esperando que las cosas se solucionen solas. En medio de esta
catástrofe, solo el joven estudiante Trofimov vislumbra la posibilidad de un
retorno al Edén, cuando declara que la salvación pasa por trabajar y dejar algo
de felicidad para que la recojan quienes vienen detrás."
La dirección corre a cargo de Juan
Carlos Pérez de la Fuente que consolida el texto de Garcia May con una
sensibilidad extraordinaria, amplificando cada matiz emocional hasta
convertirlo en el verdadero motor de la escena. Su mirada, atenta a los
silencios tanto como a las palabras, construye un tejido dramático donde la
melancolía se vuelve casi respirable y donde la humanidad de los personajes
late al borde de la desnudez emocional.
Bajo su
dirección, los personajes chejovianos recuperan toda su densidad humana: son
seres que viven en un vaivén constante entre el deseo y la renuncia, entre la
lucidez y la esperanza frágil que aún resiste. El ritmo pausado potencia esa
sensación de tiempo detenido y, a la vez, implacable, tan característica del
universo de Chéjov.
Por lo
que respecta al amplio elenco lo integran Juanma Cifuentes, Carmen Conesa, Helena
Ezquerro, Chema León, Manuel Maciá, Borja Maestre, Cristina Marcos, Markos Marín, Noelia Marló, Chema de Miguel, José Gonçalo Pais, Marta Poveda, Jesús Torres, Maribel
Cuadra, Pablo Méndez Lobo, Sonia Molina, Elena Jerez, Marta Alonso, Jorge
Tasende y Abel Ferris, Manuel Maciá, Borja Maestre, Cristina Marcos, Markos Marín, Noelia Marló, Chema de Miguel, José Gonçalo Pais, Marta Poveda, Jesús Torres, Maribel
Cuadra, Pablo Méndez Lobo, Sonia Molina, Elena Jerez, Marta Alonso, Jorge
Tasende y Abel Ferris.
He de
empezar afirmando que me encantó el trabajo de todo el elenco, y por cuestión
de su amplio número no puedo entrar a valorar uno a uno, pero insisto en que me
pareció un trabajo muy coral de todos ellos, que demuestra una admirable
capacidad para construir un universo emocional compartido. Cada intérprete
aporta su matiz y su energía, pero siempre al servicio del conjunto, tejiendo
una armonía escénica donde ninguna voz sobresale injustificadamente y todas se
potencian entre sí. El resultado es un engranaje interpretativo preciso y
sensible, en el que las individualidades no se disuelven, sino que se
complementan.
No
obstante, he de decir que pocas veces he encontrado un elenco tan fabuloso y
compuesto por tantas actrices y actores a los que suelo seguir y por que no
decirlo, su actuación es causa principal para ir a ver sus obras. En este caso se
encontraban la gran Carmen Conesa (Madre coraje y sus hijos, La casa
de los espíritus, Cabaret…), José Gonçalo Pais (La tempestad, Los
gigantes de la montaña), Jesús Torres (La vida es sueño: el
bululú, La odisea, Animales nocturnos, Puños de harina, Poeta en Nueva York) y especialmente
Marta Poveda, una actriz impecable en todos y cada uno de los trabajos
que realiza (Malvivir, Historia de una escalera, La aventura de la palabra,
Orestiada…).
Una
ocasión excepcional para disfrutar de uno de los montajes más relevantes y
comentados de la cartelera actual. Sin ningún género de duda, asistir a esta
representación es una cita obligatoria para entender lo mejor del teatro de
esta temporada.
----------------------------------------------
Teatro: Teatro Fernán-Gómez. Sala Guirau
Dirección: Plaza de Colón 4.
Fechas: Del 15 de Febrero al 12 de Abril. De Martes a Sábado a las 20:00. Domingo a las 19:00.
Duración: 140 minutos aprox.
Entradas: Desde 18€ en
teatro-fernan-gomez.
Programa de mano. Tarifa reducida: Carné joven, mayores de 65, familia numerosa, discapacidad y acompañante, desempleados y carné de bibliotecas municipales de Madrid.
Ficha
artística
Autor: Anton Chéjov.
Versión: Ignacio García May.
Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente.
Reparto (por orden alfabético):
Boris Borisovich Semyonov Pischik: Juanma Cifuentes.
Liuba Andreyevna Ranevskaia: Carmen Conesa.
Anya: Helena Ezquerro.
Ermolai Alekseyevich Lopajin: Chema León.
Yasha: Manuel Maciá.
Caminante / mendigante: Borja Maestre.
Carlota Ivanovna: Cristina Marcos.
Leonid Andreyevich Gaev: Markos Marín.
Dunyasha: Noelia Marló.
Firs: Chema de Miguel.
Semion Panteleyevich Epijodov: José Gonçalo Pais.
Varya (Varvara): Marta Poveda.
Piotr Sergueyevich Trofimov: Jesús Torres.
Coro de mendicantes: Maribel Cuadra, Pablo Méndez Lobo, Sonia Molina,
Elena Jerez, Marta Alonso, Jorge Tasende y Abel Ferris.
Diseño de escenografía: Juan Carlos Pérez de
la Fuente e Isi Ponce.
Dirección de vestuario y figurines: Rosa García Andujar.
Diseño de iluminación: José Manuel Guerra.
Espacio sonoro: Ignacio García.
Diseño y realización de maquillaje: La kasa del Maquillaje.
Coreografía y dirección de movimiento: Guillermo Weickert.
Dirseño de videoescena: Violeta Nêmec.
Ayte. de dirección: Abel Ferris.
Ayte. de vestuario: Rocío León.
Ayte. espacio sonoro: Gabriela Zaldívar.
Asesor de magia: Alejandro García May.
Asesor de guitarra: Nacho Vera.
Diseño y aportación del calzado femenino: defloresyfloreros.
Agradecimientos a la Real Escuela Superior de
Arte Dramático (RESAD)
Una producción del teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa en
colaboración con Octubre Producciones S.L.