Teatro: El cerco de Leningrado. Sala Arte y Desmayo

Una de las zonas más devastadas tras una guerra suele ser la cultura. Gente que se aferra a unos ideales y se encuentra sola, vacía, sin un lugar al que pertenecer ni camino que recorrer. La cruda realidad de los derrotados queda enquistada en la sociedad. Aquellos que lucharon por unos ideales y fueron derrotados quedan marcados para siempre, sobretodo si pese a la derrota se mantiene firme en su postura. Lugares que antes rebosaban vida ahora permanecen apagados sin vida, con las cicatrices de todo lo ocurrido y con la nostalgia de todos los que huyeron o abandonaron por el camino.





Enfrentarse a un texto de semejante envergadura siempre es un gran reto, pero hay que reconocer el buen resultado cosechado desde la sinceridad de hacer las cosas con sinceridad, con la verdad por delante. Esta ingeniosa comedia esconde más de lo que muestra, son miles las referencias que van apareciendo de forma velada, y que en esta versión sobrevuelan el montaje sin llegar a dinamitarlo, pero dando una atmósfera misteriosa en todo momento que ayuda al desarrollo de la historia. Un precioso ambiente bucólico nos lleva al final del conflicto, a la calma que viene tras la tempestad, cuando no hay nada y sólo quedan las ruinas maltrechas del imperio (en este caso el teatro) caído.



El texto es una contundente y deliciosa pieza del maestro José Sanchís Sinisterra, considerado como el autor más importante de la segunda mitad del pasado siglo. Con una carrera plagada de montajes memorables como "Ñaque o de piojos y actores", "La noche de Molly Bloom", "El lector por horas", "Valeria y los pájaros" o "Ay, Carmela", la pasada temporada aún pudimos ver su último trabajo como autor y director "El lugar donde habitan las putas", y su versión de "Cartas al padre" de Kafka. Pero no sólo es un referente como autor y director, sino por su investigación teórica y la docencia, que desarrolla en la sala Beckett (Barcelona) y La Corsetería (Madrid), los dos espacios que ha fundado.


Esta sencilla pero impactante versión del texto de Sinisterra ha sido producida por Arte & Desmayo e Instante Teatro ("California Suite", "Palabras de amor, sangre en la alfombra", "Cachito de cielo"). El propio Juanma Gómez, fundador y propietario de la sala, ha sido el encargado de dirigir esta tierna historia de lucha y de amistad, donde todo es posible dentro de ese teatro por el que parece que no ha pasado el tiempo. Una propuesta que destila verdad, que se centra en la sensibilidad del texto para mostrarlo de manera natural, sin artificios.

Juanma Gómez se embarcó en el proyecto de Arte & Desmayo, junto a su hermano, debido a la crisis. Lo que comenzó como una sala de ensayos ha ido creciendo hasta asentarse como un outsider dentro del off madrileño, acercando la cultura al otro lado del río. Actor, director, y ahora también productor, ha participado como actor  en montajes "El coleccionista", "Equus", "Quien teme a Virginia Wolf ?" o "Tomás Dolor" (todas producciones de la  propia sala), pero también ha dirigido interesantes obras como "Cuerdas", "Naranja azul", "Danny y el profundo azul" o "Mi lucha" (que también escribió y protagonizó), e incluso óperas como "Cavalleria Rusticana" o "Marina".



Una comedia con tintes de tristeza o un drama con una capa de ácido humor para suavizarla. El texto transita en la delgada línea que separa lo trágico de lo cómico, lo profundo de lo banal. Con una apariencia de comedia ligera, el texto esconde grandes temas de la Historia reciente, algunos de ellos de ferviente actualidad. La sencillez con la que todo transcurre permite que se hable del comunismo, la Guerra o las traiciones con una pasmosa tranquilidad, que suceda ante nosotros como algo natural. El ingenio, la ironía, la ternura son elementos que estructuran el texto, y por añadidura la obra, para poder tratar como comedia temas dolorosos que afectan gravemente a las protagonistas. Sustentada en la búsqueda del libreto de la obra "El cerco de Leningrado" las protagonistas nos narran sus vidas entre la melancolía de una y la efervescencia de la otra. Unas vidas marcadas por ese teatro, que las tiene atrapadas en el pasado.



Hace veintidós años que ocurrió todo, la Guerra, la muerte de Néstor, la huida de los compañeros, y desde entonces se han quedado solas, con la única compañía la una de la otra. Priscila y Natalia buscan desesperadamente entre las ruinas de su antiguo teatro, el libreto de "El cerco de Leningrado", la obra que preparaban cuando todo estalló, y donde quizás se encuentre la pista que les haga entender la muerte de Néstor. Ellas, dos comunistas fieles a sus ideas, se refugian en el decadente teatro para no hacer frente a la realidad que las asola.



Las dos actrices que interpretan a Priscila y Natalia desprenden una fuerza descomunal, una vitalidad que hace que la obra discurra en tono superlativo. Si por separado funcionan a la perfección, la pareja que forman es una bomba de relojería. La química que se desprende cuando comparten intervención es maravillosa, dando absoluta credibilidad a la relación tan cercana de sus personajes. Magdalena Broto y Marta de Frutos nos regalan unas interpretaciones pasionales, tiernas, emotivas, que transitan entre la comedia y el drama con gran efectividad, para que el contenido de lo narrado no duela tanto. Las actrices nos regalan dos personajes cargados de matices, pero a las que les unen unos ideales, una alegría por continuar alentando el sueño, y a la vez una enorme decepción por lo perdido. 



Magdalena Broto ("EQUUS", "Las Lolas", "El pelo de la dehesa") interpreta a Priscila, una mujer que vive obsesionada con la búsqueda del libreto, el que cree que le solventará todas las dudas sobre lo ocurrido. La actriz nos presenta un personaje apesadumbrado ante la cruda realidad que les toca vivir, mucho más consciente que su compañera de que todo está perdido. La seriedad, incluso brusquedad, con la que trata a Natalia deja a cada una en un lugar muy definido desde el principio, aunque a lo largo de la historia las cartas cambien. Una mujer luchadora que transmite el cansancio por no haber conseguido los objetivos, pero que en el fondo mantiene la esperanza que con el libreto todo se solucione y vuelvan los tiempos gloriosos.

Natalia, a la que da vida Marta de Frutos ("Los Bon Vivant", "Caracoles", "Voces sordas") es la antítesis a su compañera. Vive en un mundo de ficción, a la espera de que todo se solucione y los compañeros vuelvan. Su tenacidad y, en cierta manera, ingenuidad, la hacen seguir firme en los ideales que defendieron, como si nada hubiese pasado, como si la lucha continuase, esperando que se abran de nuevo las puertas del teatro para volver a brillar como lo hacía antes. El personaje que nos regala de Frutos es una maravilla, tan histriónica por momentos como severa y contundente en otros. Un personaje que transita entre su realidad y su ficción, mundos aparentemente cercanos pero que distan mucho de ser reales.




 En un espacio inicialmente vacío, las actrices van situando los distintos objetos que recrean escenarios, decorados, lugares para recordar. El espacio escénico diseñado por el propio Juanma Gómez invade toda la sala, haciendo aún más partícipe de lo que ocurre al espectador. No sólo se desarrolla la escena frente a las butacas, sino que las actrices aparecen y se mueven por los distintos espacios de la sala. El diseño de iluminación de Félix Gontán se torna fundamental ante la escasez de escenografía, para dotar a cada escena de la melancolía propia de un lugar casi abandonado. Por último hay que destacar el espacio sonoro diseñado por Álvaro Gómez, capaz de llevar en volandas la obra y "levantarla" en sus momentos más tristes.



Diálogos absurdos, escenas surrealistas, todo tiene cabida en este singular teatro que vive anclado en el tiempo, y al que el paso de los años rejuvenece (como le ocurre al personaje de Natalia). Un texto que ya es considerado un clásico de nuestra dramaturgia, al que esta nueva versión da aire, en una propuesta sencilla cargada de emotividad, y con la que reviviremos miles de temas que van surgiendo a lo largo de la historia, entre las distintas escenas con pátina cómica. Una delicia volver a disfrutar de piezas tan singulares, cuando son tratadas con el cariño de un artesano.

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El cerco de Leningrado
Teatro: Sala Arte&Desmayo
Dirección: Calle Baleares 14
Fechas: Sábado a las 20:30 y Domingos 19:30. 
Entradas: Desde 12€ en arteydesmayoatrapalo. Del 1 de Marzo al 28 de Abril.


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