Teatro: La vida es una broma. Teatro Lara

La vida es lo único que tenemos, pero la idea de ponerle fecha al final es algo terrible. La enfermedad que nos pone, de un día para otro, al borde del abismo. La de cosas que nos quedan por hacer, la de tiempo que hemos perdido pensando que ya habría tiempo para hacerlo, lo necesario que de repente es el disfrutar de cada momento, el no dejar nada para mañana, porque quizás sea demasiado tarde. La sensación de que a nosotros no nos puede pasar, que tenemos tiempo para hacerlo todo, se desvanece en el mismo instante que te dicen que tienes cáncer, que todo el tiempo que creías tener se te escurre entre los dedos y no lo puedes agarrar.






Una enfermedad como el cáncer te obliga a replantearte toda tu vida, o al menos que te queda de ella. La manera en la que cada uno asume que se muere es muy diferente, pero la valentía de poder llevarlo con alegría, casi animando a los que te rodean, es maravilloso. El miedo a hablar de la muerte nos colapsa, pero si la persona que sufre la enfermedad la ha asumido y quiere disfrutar con alegría de lo que le queda por vivir, quienes somos nosotros para no concederle ese último deseo. Una enfermedad que pone el abismo de la muerte muy cerca, pero que también hace pensar a los que te rodean en la importancia de vivir, de disfrutar, de no dejar pasar el tiempo, porque es de lo poco que sabemos que no volverá.



Conocí a Nerea Barrios (dramaturga y directora de la obra) en una entrevista que le hicieron hace unos días en la cadena SER. Me sorprendió tanto su manera de hablar sobre la muerte, la relación que tenemos con ella, el miedo a nombrarla, la relación que tuvo con su amiga durante la enfermedad, que no dudé ni un segundo en ir a ver "La vida es una broma" el pequeño homenaje de la autora a su amiga Arantxa (no recuerdo si ese era su nombre real), y un canto a la vida que nos duele y nos hace pensar mucho, sobre qué estamos haciendo con nuestra vida y lo que malgastamos el tiempo que tenemos. Fue una entrevista hablando de las dos obras que tiene en el Lara, en la que habló con tal seguridad y optimismo que acto seguido miré día para ir a ver las dos. Ha sido este fin de semana y toda la fuerza que transmitía en la entrevista se nota en cada escena de estas dos interesantes propuestas.


La autora quería hacer un relato en torno a lo que más le unía a su amiga, el sentido del humor, y aunque el tema del que se habla sea tan duro como la muerte, la obra consigue sacarnos más de una sonrisa, aunque he de decir que el nudo en el estómago no nos abandonó en ningún momento. Para la dramaturga "a veces el humor nos salva la vida, pero no siempre nos atrevemos a reírnos". Barros consigue llegarnos muy dentro, hacernos reflexionar, con un texto contundente, que te pone las cosas claras desde el primer momento, sin medias tintas, porque las cosas así es mejor hablarlas sin rodeos. La historia transmite dolor, pero también la sensación de que debemos saber vivir, no desperdiciar nuestra vida (series, redes sociales, televisión, internet, todo muy lejos de la vida real). Es una obra optimista, dentro de su crudeza, que además de mostrarnos el lado más duro de la vida, nos obliga a pensar en lo que somos, en nuestra propia relación con la muerte y con la vida, en cómo dejamos todo para más adelante sin preocuparnos de que el tiempo pasa inexorable.


Nerea Barrios asume también la dirección (con Carolina Gistaín como ayudante) haciendo un interesante trabajo en torno a la figura de la mujer que tiene que asumir la muerte de su amiga y consecuentemente lo que será el resto de su vida. Barrios consigue que el ritmo de la obra se mantenga, intercalando los momentos dramáticos con otros cómicos, para dar al conjunto un envoltorio de tragicomedia optimista, de la que todos salimos con la angustia de lo contado pero con la idea de que podemos cambiar nuestra vida para disfrutar cada momento como si fuese el último. Se nos plantea la obra en torno a tres mujeres, que en el fondo no dejan de ser tres ejemplos de la mujer actual, con sus miedos y sus inquietudes, viviendo una realidad que dista mucho de las expectativas que habían soñado de niñas. Barrios demuestra su destreza para sacar lo máximo de cada una de las actrices, marcando claramente las diferencias entre cada una y también los lugares comunes que las unen.


Si hay una frase que explica muy bien el sentido de la obra es la pregunta que todos nos hacemos al salir de la sala: "Hay dos tipos de personas, los que viven y los que no ¿Tu qué eliges?". Tan contundente como difícil de contestar. Como se nos plasma perfectamente en la obra, vivimos en una sociedad que no nos deja disfrutar, nos mantiene todo el día a la carrera y todo tiene que ser demasiado inmediato, sin pararnos a saborear lo que hacemos, viendo la vida pasar desde nuestra poltrona sin darnos cuenta de que el tiempo que se va no lo podemos recuperar. La obra nos transmite el tipo de vida actual, y lo critica por acelerado, impaciente, impulsivo, un tiempo en el que todo se ve pero nada se mira con detenimiento, en el que todo se pospone porque cuando se va a hacer ya es tarde, ya no es el momento. Nuestra realidad parece una continua carrera por llegar a ninguna parte, dejando atrás miles de momentos que nunca habremos disfrutado en su totalidad, por el simple hecho de pensar que ya tendremos tiempo en otro momento.



Mónica (Isabel Bernal), Violeta (Sara Ralla) y Carolina (Elisa Drabben) son las tres protagonistas de esta dura y conmovedora historia de amistad, duelo y superación. Mónica acaba de conocer la noticia de que su amiga de la infancia tiene cáncer y no sabe como debe actuar, por lo que busca el auxilio de sus compañeras, que más que ayudar la van hundiendo un poco más. La confusión y el dolor se apodera de las chicas ante la noticia de la enfermedad, pero también cuando Mónica les plantea dilemas morales y existenciales, dudas sobre la vida que se le han aparecido al ver la muerte cara a cara. En un doloroso pero esperanzador viaje a los infiernos, consiguen ver en lo más profundo de si mismas como son, sus miedos y sus penas, para llegar a comprender que están desperdiciando sus vidas, en las que los sueños no se han cumplido y las esperanzas son pocas.



Isabel Bernal está impresionante en el papel de Mónica. Desgarradora y perdida, la actriz transmite en todo momento el dolor de la mujer por la pérdida de su amiga, pero también la angustia por haber visto lo vacía que está su vida. Un personaje que se mueve en una continua montaña rusa de sentimientos, que la actriz sabe discernir para darnos en cada momento aquello que nos pide la escena. Un personaje cargado de matices que Bernal nos muestra poco a poco, dando a cada momento un matiz diferente hasta completar un personaje que nos duele pero que rebosa ternura, y al que vemos sobreponerse a lo ocurrido para dar un giro a su vida.

Por su parte Sara Ralla y Elisa Drabben nos muestran dos personajes muy diferentes, pero complementarios a la hora de poder apoyar a Mónica. Ralla es la amiga inocente, que sigue con la ilusión de cumplir sus sueños (de ser actriz) mientras vive en su mundo, sin darse mucha cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Un personaje divertido por su ingenuidad, que siempre da el toque de humor a la escena. Por su parte Carolina, el personaje que interpreta Elisa Drabben, es todo lo contrario. Vive agobiada por todo y se refugia en su habitación, con sus series y se pasa todo el día fumada, un claro ejemplo de quien ve la vida pasar sin hacer nada. Este personaje es más sarcástico que el de Violeta, pone siempre el punto de mala leche en cada escena, porque en el fondo está cabreada porque no ha podido alcanzar sus sueños (es periodista como quería, pero su jefe no le deja dar su opinión sobre las cosas).


Es muy interesante ver como se puede crear un ambiente tan acogedor con tan poco, dando el protagonismo absoluto a las actrices. Un sofá, dos mesas y dos sillas son lo único que necesita esta obra para trasladarnos al piso que comparten las tres chicas, sin necesidad de nada más. Es la palabra lo que importa, los gestos de dolor, poco importa donde se encuentren, pero si es importante que lo que nos van a transmitir no pase desapercibido. Un lugar que se nos hace familiar a todos, para hacernos partícipes de lo que ocurre, para que entendamos que también nos puede pasar a nosotros, que de lo que hablan estas tres chicas es mucho más universal de lo que parece en un primer momento.



 
Hay que agradecer la valentía de Nerea Barrios al hacer un montaje como este, en el que ha debido dejar muchas lágrimas y sonrisas al escribirla recordando a su amiga. Mucha fuerza la suya, al querer homenajear a Arantxa, pero también por querer hablar de la muerte sin miedo, como un episodio más de la vida, sin que por ello deba ser tabú. Es este un montaje necesario porque destila sinceridad y verdad, una manera de aprender a vivir desde la visión de una persona que nos cuenta a su manera la experiencia que tuvo al despedirse de su amiga. Un acto de generosidad y valentía muy encomiable. Seguro que Arantxa estaría orgullosa, porque además de hacernos pensar nos hace reír, que más podemos pedir.
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La vida es una broma
Teatro: Teatro Lara
Dirección: Corredera baja de San Pablo 15
Fechas: Sábados 19:15.
Entradas: Desde 11€ en teatrolara, atrapalo, ticketea. Del 13 de Julio al 14 de Septiembre.

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