Teatro: Cádiz en Teatro Lara

Fue uno de los éxitos del Off madrileño la pasada temporada (hasta el cierre en Marzo) y como "recompensa" pasan a la sala grande del Teatro Lara. Una de las comedias más divertidas que hemos visto en los últimos tiempos, con la que muchos de los espectadores se sentirán identificados por los miedos y problemas generacionales que plantea. Una de las propuestas más apetecibles en este Agosto tan extraño. Si no podemos irnos a las playas de esta maravillosa región, al menos refresquémonos con su recuerdo, como hacen los protagonistas de la obra.



El tránsito a esta nueva normalidad está siendo complicado para todos, pero a la obra de la que hoy hablamos le ha sentado estupendamente. Han sabido adaptar su escueta escenografía al nuevo espacio escénico y han incorporado las mascarillas a las continuas entradas y salidas de los personajes de escena, sin que por ello la historia se resienta lo más mínimo. Incluso han incorporado el ya famoso saludo de codo a la escena inicial, guiños a esta nueva etapa que el público agradece y aplaude.


Escena y La Candela nos presentan esta delirante comedia sobre las llamada "crisis de los cuarenta" como un descarnado retrato de los hombres que se encuentran ante ese abismo en el que les azotan más dudas que certezas. Escrita por Fran Nortes (que también la protagoniza) y dirigida por Gabriel Olivarestándem que se vuelve a repetir como en las dos obras firmadas por Nortes con anterioridad, "La extinción de los dinosaurios" y "El secuestro". Una pareja que se compenetra a la perfección, prueba de ello es la solidez de cada uno de sus proyectos, con especial relevancia en este último, en el que consiguen convencer y divertir desde la primera escena.

Los responsables del Lara, productores de la obra, comentan que "No sabemos si "Cádiz" era un texto que se debía hacer, pero sí que era un texto que queríamos hacer". Visto el resultado, acertaron de lleno, ya que, más allá del éxito que está cosechando en cuanto a espectadores, estamos ante una de las comedias más redondas sobre la masculinidad y las relaciones de amistad entre hombres, que se haya escrito en los últimos tiempos. Acertada en la forma y demoledora en el fondo. Un acierto total.


El texto de Nortes se desliza con inteligencia por la comedia pero dejando muchas duras críticas veladas a lo largo de la obra. Sobre la dulce pátina de la amistad de tres típicos amigos que rondan los cuarenta, el autor desliza numerosos temas peliagudos que sobrevuelan sus vidas. El propio autor explica que "creo firmemente que a través de la comedia podemos entender, con cariño y amabilidad, nuestros pequeños defectos para llegar a ese cambio" en alusión a las evidentes deficiencias de los personajes a expresar sus verdaderos sentimientos con sus amigos. Esa fraternidad tan masculina que esconde los sentimientos para aparentar estar siempre bien, choca de lleno con unas personalidades que se van desmoronando a lo largo de la historia sin pedir ayuda, ni siquiera la comprensión, de sus "colegas". La manera en que el texto aborda la dificultad de los hombres para expresar lo que sienten es brillante, dejando al descubierto la necesidad imperiosa de un cambio en nuestra mentalidad, como bien apunta el autor.


Olivares vuelve a demostrar que es un maestro en la dirección de comedias. Tras éxitos como "Burundanga", "El nombre" o "La madre que me parió", vuelve a crear una obra en la que todo encaja. Un ritmo que se ralentiza y acelara en su preciso momento, momentos delirantes con otros de máxima tensión, para hacer que el espectador esté en una continua coctelera de emociones, similar a la que sufren cada uno de los personajes de la obra. El director maneja los tempos con maestría, y sabe darle a cada escena la textura necesaria para que nos relajemos o nos mantengamos alerta. Hay que destacar también el brillante trabajo que realiza con cada uno de los actores, de los que consigue sacar lo máximo, con tres personajes que se repelen y se mimetizan, se quieren y se odian, creando un ambiente en el que los tres sostienen la obra por igual.



La historia se centra en la vida de tres amigos de siempre, Eugenio, Adrián y Miguel, que a lo largo de los últimos años han ido transitando por caminos muy diferentes, que les han llevado a lugares desde los que no se divisan unos a otros. Eugenio parece el más maduro, piensa en el futuro, aunque le cuesta moverse en las arenas movedizas que rodean su vida. Adrián vive el presente, anclado en el hoy no se plantea nada más allá del instante actual, viviendo en una fiesta constante en la que las resacas pasan cada vez más factura. Miguel, el que se ha convertido en nexo de unión de los otros amigos, vive anclado en el pasado, con miedo a cualquier cambio y bajo el cobijo de sus espacios de confort, en los que se encuentra seguro y no asume ningún riesgo.

Los tres amigos han llegado a esa etapa vital en la que los sueños han quedado atrás y las deudas con la vida se agolpan en la mochila. Ellos se agarran en mayor o menor medida a una juventud añorada, en la que las responsabilidades eran menores y los errores más sencillos de subsanar. Cada uno vive su particular huida hacia adelante en la que se van acercando más al borde del abismo. Sus realidades, aparentemente muy diferentes, convergen en un determinado momento para cambiar definitivamente el rumbo de sus vidas.



Pero Cádiz es mucho más que una comedia sobre cuarentones, ya que plantea muchos de los miedos y complejos que azotan a toda una generación. El miedo a madurar, dejando atrás todo aquello que nos hizo felices, no parece un paso que todos estemos dispuestos a dar. En este mundo tan hostil y a la vez tan poco exigente (en lo que a patrones de edad se refiere), se intenta demorar el paso definitivo hacia la madurez, dejando atrás la juventud, las locuras, la inconsciencia, la incredulidad, mientras pretendemos deslizarnos por el fino alambre que nos mantiene en ambos lados.

Pero la obra también ahonda en las relaciones de amistad entre los hombres, mucho más reacios a mostrarse tal y como son, manteniendo siempre una impostura para que nadie traspase su coraza y seguir manteniendo el estatus adquirido. Relaciones que pese a perdurar en el tiempo siempre son superficiales, con muchas anécdotas en común pero con poco conocimiento del prójimo. Unas amistades sustentadas en miles de anécdotas insignificantes, en viajes a Cádiz recordados con nostalgia, pero dejando pasar los años sin preguntar por la salud, por los hijos, por los sentimientos.


Estos tres perdidos no son otros que Bart Santana, como Miguel, Nacho López, dando vida a Adrián, y Fran Nortes (autor del texto) en el papel de Eugenio. Hay que reconocer que han conseguido tres interpretaciones complementarias y las tres a un gran nivel. Han creado tres personajes muy reconocibles y a la vez con muchos matices que les hace muy interesantes. Los actores se mimetizan con el personaje de tal manera que nos dan ganas de participar en la historia, por lo arrogantes, ingenuos, divertidos y naturales que se ven en cada escena. Nos vemos reflejados en ellos, son gente que podríamos conocer, comentarios que hemos escuchado mil veces, sus miedos son muy similares a los nuestros, pero aún así mantienen su singularidad, su intensidad y sus rencores propios, que los hacen diferentes.



Para comentar este artículo sobre este brillante montaje no podemos dejar de hablar de la parte técnica, muy cuidada y esencial tanto para el ritmo como para la familiaridad del espectador con el espacio. Como ya dijimos, la obra se ha trasladado de la sala pequeña del Lara a la Cádido Lara, con el considerable retoque en la escenografía, creada por Asier Sancho, que ello conlleva. Este cambio se cimienta sobre una gran estructura de madera que se mantiene fija al fondo del escenario y como único elemento permanente a lo largo de la obra. Hay que destacar la ingeniosa idea de usar el marco de la puerta móvil que van desplazando los propios personajes para entrar y salir de las distintas estancias de la casa. Algo muy sencillo que funciona a la perfección. Por último debemos destacar la elegante utilización de la iluminación, para crear un ambiente distinto en cada momento, con ligeros matices que cambian por completo la percepción del espacio escénico.


En estos tiempos se agradece el laborioso trabajo que supone dar un plus en escena para proteger y protegernos. En estos días tan extraños es de agradecer la valentía de programar una obra como ésta, que por sus continuos movimientos podría crear cierto recelo. Pero sobre todo es encomiable el trabajo que realizan cada uno de los actores y técnicos (tanto de la obra como del teatro) para que todo salga bien
Una de las propuestas más apetecibles del verano, una historia con la que pasar una hora y media divertidísima, sin parar de reír y olvidando por un rato lo que pasa fuera. Una obra fresca, divertida, con un trasfondo para hacernos pensar y debatir largo y tendido sobre lo que somos como hombres y las relaciones que mantenemos con nuestros amigos. Quiero pensar que muchos de los temas ya están sobre la mesa (y en la cabeza de la mayoría de nosotros), pero no está demás tratarlos desde un prisma de comedia, en el que todo entra mejor. No dejéis de ver esta desternillante obra, porque hay pocos lugares mejores en los que pasar una tarde de Agosto que un Teatro. Recordad que la cultura es segura y está en nuestra mano que lo siga siendo. Mucho ánimo y que todo vaya tan bien como hasta ahora.
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Teatro: Teatro Lara
Dirección: Calle Corredera Baja de San Pablo 15.
Fechas: De Miércoles a Sábados a las 20:00, Domingos a las 19:00.
Entradas: Desde 12€ en teatrolara, atrapalo.

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