Teatro: La máquina de Turing. Teatros del Canal

La sociedad nos va empujando hacia lugares que nuestra propia mente no entiende. Es lo que le pasó a este genio llamado Turing, que pese a sus muchas virtudes fue acosado, vejado y maltratado por una sociedad que discriminaba al diferente (algo no muy diferente a la actualidad). Las diversas circunstancias de su vida lo fueron llevando hacia un callejón sin salida del que él mismo decidió que no quería salir. Lo que debería haber sido la historia de un genio se ensucia y oscurece por la sociedad de su momento, capaz de premiar los méritos e incapaz de no prejuzgar a todo el que se sale de lo establecido. Hombres como Turing, quizás sin su mente brillante, son aislados y expulsados de una sociedad déspota por sus limitaciones, por sus singularidades, por su diferencias con el resto.




Producciones Teatrales Contemporáneas han llevado a cabo este ambicioso montaje sobre la vida de este peculiar personaje, un genio en la profesional y un desastre en lo personal. Esta dualidad en la que se mueve Turing es el eje principal de la obra, que nos muestra a un magistral matemático seguro de si mismo, contundente y decidido, frente a un ser vulnerable, ingenuo e inseguro en el terreno personal. Una personalidad cambiante que le asusta y le cohíbe cada vez más, llegando a sumirlo en un oscuro mundo del que su única válvula de escape son las matemáticas. Brillante la dualidad planteada entre pensamiento y sentimiento, que tanto han sufrido algunos grandes pensadores, que no se ven con las capacidades sociales que si tienen en el terreno intelectual.


El dramaturgo Hugh Whitemore escribió el texto teatral "Breaking the Code", basado en la novela de Andrew Hodges "Alan Turing: The Enigma" (publicada en 1983 y que fue la primera biografía completa y documentada sobre el matemático). Tras su estreno en 1986 en el Yvonne Arnaud Theatre (Guilford), no tarda en llegar a Londres y posteriormente a Nueva York. Fue candidata a los premios Tony y a los Drama Desk. Años después se hizo una reducida adaptación televisiva para la BBC. Para esta versión que llega estos días a los Teatros del Canal, el autor Benoit Solés se inspiró en la obra de Whitemore para crear este texto en que se nos muestra a un Turing poliédrico, cercano a la caricatura en sus relaciones personales, pero que muestra a la perfección ese universo de luces y sombras en el que se movió este genio, maltratado por la sociedad, durante toda su vida.


Para llevar a cabo este complejo proceso de mostrar a un personaje tan ambiguo, el director Claudio Tolcachir (con Carlos Montalvo de ayudante) hace un preciso trabajo de cirugía para mostrarnos las mil caras de este complejo personaje. La obra se va diseccionando, abriéndose a modo de matrioska rusa para ir mostrándonos poco a poco toda la complejidad de este hombre, que se muestra tan brillante en su trabajo y tan torpe en su vida personal. La obra se abre para mostrarnos las miles de aristas del matemático, su excelso cerebro para las matemáticas, su torpeza en el trato personal, su homosexualidad, todas las piezas que se irán encajando a modo de puzzle hasta descubrirnos toda la personalidad de Turing.

Tolcachir ("Todos eran mis hijos", "La mentira", "Emilia") habla de que el personaje "se me impregnó en el cuerpo desde que empecé a navegar por su vida y desde entonces siento la necesidad de contar su historia. De que pensemos en todos esos seres a los que dejamos en el camino por diferentes e incómodos. En todos aquellos (científicos, artistas...) de los que nos aprovechamos, a los que exigimos, adoramos y luego olvidamos sin compasión. Para él es fundamental para llevar a cabo una obra de este calibre el equipo con el que cuenta, "un equipo artístico de lujo con el que se disfruta crear y arriesgar, y estos actores entregados, humanos y feroces, esenciales para que sea vida pura lo que late en el escenario. Los que hacemos teatro sabemos de pasiones enloquecedoras, de obsesiones muchas veces incomprendidas, de desafíos que nos abrasan el cuerpo y, al mismo tiempo, nos dan la vida. Estrenar esta obra en estas circunstancias y contando lo que cuenta, para mi es un canto de resistencia y de amor inmenso. Por los diferentes, por los apasionados, por los rechazados, por los castigados, por los visionarios, por los enamorados". 


La historia, que no deja de ser un telón de fondo para internarnos en la esencia de Turing, nos sitúa en la ciudad de Manchester, en el invierno de 1952. El profesor Turing acaba de sufrir un robo en su casa, y aunque de poca importancia, decide ir a poner una denuncia a la comisaría. Debido a su peculiar forma de ser, el sargento que le toma declaración no le hace excesivo caso. Pero lejos de quedar ahí la cosa, son los servicios secretos los que investigan sobre él, ya que detrás de su inocente apariencia esconde muchos secretos. Es perseguido, detenido y llevado a juicio por ser diferente, por ser gay, por no cumplir con lo establecido en la época.

El mismo hombre que descifró el código "Enigma" es abandonado por aquellos que lo encumbraron como héroe de Guerra, dejándole en la estacada y permitiendo que se le condenase por el simple hecho de ser gay. El gran matemático que consiguió cambiar el rumbo de la Segunda Guerra Mundial se ve abocado al ostracismo por aquellos que lo elogiaron por sus méritos. Pero mucho más que todo esto, destaca la ambigüedad de Turing, la genialidad frente a los números frente a la torpeza en el trato con las personas


La misteriosa presencia de Christopher nos persigue a lo largo de toda la historia. Se trata de un amigo de la universidad que marcó la vida la Alan Turing, y con el que vive obsesionado. Una imagen que nos va desvelando poco a poco su orientación sexual, que será la que le acabe condenando. Un personaje que "acompaña" al protagonista en todo momento, pero que no se nos desvelará quien es hasta el final. Un final contundente, prodigioso, que culmina un misterioso enigma (la vida y los secretos de Turing) y nos sorprende con la turbadora y rebuscada ocurrencia del propio protagonista ante la sentencia de su juicio. Un hombre que cambió el rumbo de la Historia pero no pudo evitar que la sociedad lo engullera por no ser "políticamente correcto".


La figura del matemático crece en interés ante la portentosa interpretación de Daniel Grao, que nos regala un personaje misterioso, perturbado por el mundo que le rodea, que se siente incomprendido y vive en una continua lucha consigo mismo y con la sociedad en la que no encaja. A Grao le acompaña Carlos Serrano, dando vida al resto de los personajes que aparecen a lo largo de la historia, desde el sargento Ross, a sus amantes. El actor transita siempre en la periferia de Grao, dando el empaque necesario a cada uno de los secundarios que aparecen, transitando de la agresividad del amante a la ternura del sargento. Un acompañamiento perfecto, a modo de satélite, que gira en torno a la figura descomunal de Grao, que va creciendo conforme avanza la función.


El personaje que crea Grao es una especie de Frankenstein, un portento intelectual que se ve superado en todo momento en sus contactos sociales. Un Tuling tullido, que se mueve con pesadez por el escenario, se "electrifica" cuando tiene que hablar con alguien. Tartamudea, se repite, no puede evitar gesticular de forma exagerada, mueve la cabeza como si intentase buscar lo que tiene que decir, pero todo ello meticulosamente ejecutado por un actor que está sobresaliente. Grao ha creado un Tuling poliédrico, que en cada escena muestra parte de su compleja personalidad, siempre tamizadas por sus ostentosos gestos. Un personaje trazado de forma meticulosa e interpretado de forma prodigiosa. Toda la obra gira en torno a él, que consigue hipnotizarnos desde el principio.


En un escenario lúgubre, como los lugares por los que transcurre la vida de Turing, se levantan tres grandes estanterías. Esta es la propuesta inicial de la escenografía diseñada por Emilio Valenzuela, pero como todo en esta obra, esconde mucho más de lo que se muestra en un primer momento. Estos grandes elementos, se van moviendo, girando y transformando el espacio. Una elegante y cuidada puesta en escena que se complementa con los vídeos (realizados por el propio Emilio Valenzuela) que se proyectan sobre estos tres hitos. Muy importante también la iluminación diseñada por Juan Gómez Cornejo, que nos sumerge en ese mundo de tinieblas y sombras por el que se mueve el matemático. Por último hay que hablar del elegante y discreto vestuario diseñado por Almudena Bautista, y la embriagadora música de Gary Goldman, que nos atrapa y nos empuja al centro mismo de la historia.


Es esta una obra en la que impacta lo que se cuenta, pero por encima de ello está la manera en la que se cuenta. La destreza con la que Tolcachir nos va mostrando al personaje de Turing, un personaje que nos enternece desde el comienzo de la obra, pero que vemos como un ente extraño, al que poco a poco podremos ir conociendo. Pero por encima de todo, esta obra gira en torno a la descomunal de Daniel Grao interpretando a este hombre marcado por sus miedos, por sus sombras, al que el actor dota una infinidad de matices y tics que lo hacen tan enigmático como el propio código "Enigma" que desencriptó Turing. Una deliciosa obra que nos muestra lo injusto que es el mundo con los diferentes, y nos da una idea de lo difícil que puede ser la vida, incluso para un genio. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatros del Canal
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1.
Fechas: Del 22 de Octubre al 15 de Noviembre. De Martes a Sábados a 19:45. Domingos a las 18:30.
Entradas: Desde 11,30€ en teatroscanal


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