Teatro: La petite mort. Teatro Lara

Cuando los instintos te nublan la cordura, cuando el corazón manda más que la razón, cuando el amor se adueña de todo hasta volverse obsesivo. La vida te puede poner en tesituras extrañas, en momentos en que tu vida privada es antagónica a tu vida pública, cuando lo que piensas queda en un segundo plano para guiarte solo por lo que sientes. Una mujer que nada entre dos realidades contrapuestas, una apasionada relación que le nubla la razón frente a un puesto de responsabilidad en el que se muestra como una gran feminista. 



Asistimos atónitos a esta dualidad que remueve a la protagonista, que la va minando mientras su relación se hace cada vez más intensa. Dos vidas en una, una mujer que debe lidiar con las dos realidades que ha elegido vivir, un amor apasionado y su ferviente vocación política. Estas dos caras de la misma moneda nos van mostrando las concesiones que da a la persona que a la que ama, sin pararse a pensar si la relación que mantiene está acorde con lo que ella piensa. Una montaña rusa de sentimientos y sensaciones que le aceleran el cuerpo hasta hacerle perder el control. Desbocada, solo le queda dejarse llevar.


La Compañía Recabarren & Natalie Pinot ha llevado a cabo este montaje que transita la vida de la protagonista a modo de crónica (entre periodística y rosa) de un momento muy difícil de gestionar, cuando los sentimientos se enfrentan a los ideales, cuando la lucha por la igualdad queda aparcada para dejarse llevar por el hombre que la acorrala y la utiliza. Una pieza que nos remueve y nos enternece, ya que vemos a una mujer enamorada, frágil, a la que entendemos perfectamente y a la vez nos encantaría gritarle que rompiese con todo. Una mujer apasionada, visceral, que vive con una pasión desmesurada una relación que no le conviene. Este relato es "también un homenaje a la Nouvelle vague, a Prévert, Yves Montand, Barbará, Omara Portuondo o Peggy Lee".



El texto de Eduardo Recabarren ("El niño del hospital italiano", "Stop Madrid", "20 años no es nada", "Despropósitos") inspirado en textos de Annie Ernaux es un doloroso y delicioso viaje por la relación de una mujer con un amante pasajero, al que ama con locura y al que debe olvidar cuando se marcha de su lado. Un desgarrador relato cargado de sentimientos, de corazón, de verdad. El autor nos muestra a una mujer vulnerable, aturdida por la pérdida del control de su vida por un amor que la tiene absorbida, que le impide ser como es ella, que le obliga a traicionarse a si misma y a los ideales que defiende en su faceta de mujer pública. Una historia que nos lleva de la mano por todos los episodios de esta apasionada relación, contrarrestándola con los discursos que la mujer debe dar en público y que se contradicen que todo aquello que hace en su vida privada.


La dirección del propio Eduardo Recabarren ("La lección", "Agamenón", "El malestar que insiste") es delicada, minuciosa, para llevarnos a descubrir todas las capas de esta mujer. Recabarren nos propone asistir como voyeurs a las confesiones de la protagonista, a sus momentos más íntimos, mientras entrelaza sus discursos políticos en los que se muestra como una mujer empoderada, decidida, con las cosas muy claras. En plena madurez ha sucumbido a una relación sexual apasionada, que le hace perder los papeles y le llevará por un torbellino emocional del que no sabrá como salir. Esta situación la supera y le hace enfrentarse a sus contradicciones más profundas, haciendo que se tambaleen los cimientos de lo que, hasta ese momento, ha sido su vida. Directa y contundente, la dirección del montaje nos empuja desde el principio a acompañar de la mano a la protagonista en su viaje a los infiernos de su propia alma.



La historia nos sitúa de lleno en la vida de Jeanne, en casa, mientras recuerda todo lo que ocurrió. Ella es una mujer que se acerca a los cincuenta, con todo lo que eso conlleva para una mujer a nivel emocional. Es una mujer actual, triunfadora en lo profesional (es una diputada abiertamente feminista) y no tanto en lo personal (divorciada y con un hijo adolescente), que se siente segura de si misma, con todas las decisiones que ha tomado en su vida, hasta que esto que nos va a contar cambió su vida. En su vida pública es el ejemplo de mujer empoderada, pero en su intimidad vive una apasionada relación con un extranjero que le tiene anulada por completo su cordura y su sentido común. En este momento de pasión desatada deja en un segundo plano todo lo que hasta ahora había sido importante para ella. La mujer queda sometida por este sexual momento de su vida, que a la vez la deja al descubierto, indefensa, vulnerable, desnuda. Su vida se centra absolutamente en esos momentos de pasión con su amante rumano, todo se reduce a los encuentros con él, todo desaparece tras "la petite mort" ("la pequeña muerte" término con el que los franceses denominan al orgasmo).


Esta Jeanne, que ha perdido el control de su vida, está interpretado por la siempre imponente Natalie Pinot ("El chico de la última fila", "Desatadas", "La sección", "La espuma de los días") que nos regala un personaje plagado de matices, de lugares secretos que han sido sacados a la luz. Una mujer poderosa que se encuentra indefensa ante lo que le ocurre, se ve sobrepasada por el amor que siente por su amante y pierde el control de su vida, intentando compaginar esos encuentros explosivos con lo que defiende como diputada. Ella se encuentra entre dos aguas, superada por una relación en la que está sometida y defendiendo la igualdad desde su escaño de diputada. Esta dualidad recorre la obra de principio a fin, desgarrando cada escena, cada discurso, cada nueva confesión de la protagonista. 



Pinot está sencillamente descomunal en este papel. En cada escena nos muestra nuevos matices del personaje, dirigiéndose al público con toda la naturalidad del mundo, con los ojos iluminados como una colegiala enamorada. Una interpretación comedida y a la vez muy visceral, en la que con ternura va mostrando todas las fragilidades de su personaje. Una actriz que se ríe, canta, gime, se desmorona, se apasiona, se sincera, todo con gran elegancia y una solvencia exquisita. Su final, canción incluida es un grito de optimismo delicioso.



Todo esto transcurre en una sencilla escenografía que nos traslada a la casa de la protagonista. Dos sillas, una mesa y unas bolsas es todo lo que necesita Pinot para guiarnos por este viaje por la vida de esta mujer. El trabajo de Aintzane Garreta en el sonido y la iluminación es elegante y preciso, dando en todo momento la intensidad necesaria al montaje. Los arreglos musicales de las deliciosas canciones que interpreta la protagonista son obra de Carlos Fesser. Por último queremos resaltar el vestuario de Mer la Costu y la peluquería y maquillaje de M Casanova, que se adaptan perfectamente al perfil de la protagonista.


En definitiva, estamos ante un monólogo tierno y desgarrador, apasionado y doloroso, divertido y melancólico. Un montaje sencillo y contundente que nos remueve por dentro al ver tambalearse todos cimientos de la vida de esta mujer hecha a si misma. Un texto potente que en la piel de Natalie Pinot se eleva a lugares que nos hacen retumbar el alma. Sencilla y directa, Pinot nunca defrauda. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Lara
Dirección: Corredera baja de San Pablo 15.
Fechas: Del 3 de Febrero al 31 de Marzo. Miércoles a las 19:30.
Entradas: Desde 12€ en TeatroLara

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