Teatro: Ulloa. Teatros del Canal

Parece asombroso como ciertos autores traspasan su propia tiempo. Los temas que tratan resultan tan universales y contundentes que perviven en las generaciones posteriores. Este es el caso del contundente discurso feminista que impregnaba la obra de Emilia Pardo Bazán y que en este montaje se nos versiona en el contexto de una rave de los suburbios de cualquier ciudad. Totalmente adaptada a las preocupaciones y problemas que vive la juventud del siglo XXI, la obra se presenta como un homenaje a la escritora gallega.



Inspirada en "Los pazos de Ulloa", tenemos que reconocer que las similitudes se circunscriben a la esencia propia de la obra. Sobrevuela el feminismo de Emilia, la lucha de las mujeres por intentar conseguir escapar de las estrictas y dolorosas relaciones que las fagocitan. El resto, pura adrenalina de nuestro tiempo. Música techno, alcohol, drogas, peleas callejeras, trapicheos, todo cabe en esta peculiar rave en la que se desarrolla la historia. Una troupe de lo más variopinta deambula por un sórdido lugar, un descampado que es el epicentro de la rave que cada noche hace retumbar la ciudad. Pero, pese al aparente confraternización de todos ellos, cada uno se siente solo y busca su válvula de escape.


Esta Coproducción de la Comunidad de Madrid con La Joven sirve como homenaje a Emilia Pardo Bazán por el centenario de su muerte. Con los mimbres que caracterizan a la compañía, vuelven a presentarnos un montaje fresco y atrevido. Después de éxitos tan demoledores como "La edad de la ira", "Playoff", "Hey boy, hey girl" o "Punk Rock", se han instalado en los Teatros del Canal, donde es su cuarta colaboración tras "Barro", "De Federico a Lorca" y "Fortunata y Benito". Y han vuelto a sorprendernos con un montaje transgresor, directo, hablando de temas actuales. Tomando como referencia a los grandes autores de la literatura contemporánea, como ya hicieran con Lorca o Galdós, toman el texto de Pardo Bazán como "excusa" para hablar de los que realmente le interesa a la generación a la que representan estos jóvenes talentos.



El texto ha sido escrito por Inma Correa (que ya trabajó con La Joven con la adaptación de "En la fundación" de Buero Vallejo), que desde un primer momento tuvo claro el potente discurso feminista de la autora. La autora marca un paralelismo con Emily Brönte y su obra "Cumbres borrascosas", escrita unas décadas antes que "Los pazos de Ulloa". Para la autora, ambas "comparten la visión tétrica y siniestra de un lugar alejado de la urbe en el que imperan unas leyes restrictivas y alienantes que lleva actuar, más como salvajes que como hombres, a todos los que viven en él. Sus actos, sus conductas, giran alrededor de una animalidad que muestra una violencia y una agresividad virginal". Correa lleva la esencia más íntima y personal de la obra a nuestros días, plasmando la universalidad de la autora gallega y para que seamos conscientes de lo mucho que nos queda por avanzar en la tan necesaria igualdad real de género.

En este montaje, la autora de textos como "Friday" (premio SGAE) o "Desde lo invisible" (premio MAX al espectáculo revelación) quiere "contar la historia de una mujer del siglo XXI sujeta a esas leyes animales y ancestrales, que luchará por desasirse de ellas en un combate moral, psicológico y carnal. Será una historia contemporánea. Tendrá nombres propios. Un pálpito nuevo, un rugido atroz. Porque hoy, como ayer, siguen existiendo estas leyes que tienen la misma raigambre que el tiempo". Un texto actual asentado sobre las bases de lo que Pardo Bazán intentaba denunciar en cierta manera, y que ha llegado a nuestros días con la misma vigencia.



La dirección, como viene siendo habitual, corre a cargo de José Luis Arellano (con Andoni Larrabeiti como ayudante), que nos presenta un montaje dinámico, cargado de ritmo y mucha testosterona. Con un poderoso trabajo coral de todo el elenco (otra de las señas de identidad de la compañía) nos presenta una historia lúgubre y sórdida, en la que cada uno de los personajes se encuentra perdido y busca a su manera la forma de sentirse amado. Arellano reconoce que le interesa "explorar hasta dónde se hunden las herencias emocionales de un grupo humano, llámese tribu, familia o país. Qué cosas hemos heredado de nuestro pasado, qué cosas se convierten en un presente continuo y nos han conformado sin saberlo en nuestro actuar de hoy". Esta idea le suscita toda una batería de preguntas a las que pretende contestar en este particular montaje. 

"¿Cuál es nuestro paisaje? ¿Cuál es nuestra herencia? ¿Qué hemos heredado de nuestros padres? ¿De nuestros abuelos? ¿Cuál es nuestra herencia como individuos o, mejor aún, como sociedad? La religión, el caciquismo político, la violencia de género... o algo más profundo y primitivo que se hunde vigorosa y brutalmente en el océano del tiempo y que nos ha conformado y guiado hasta ahora. ¿Hasta dónde se hunden nuestras raíces? En el camino a los Pazos tomaremos tres de los elementos fundamentales de su paisaje: la política, la religión y la violación. Este punto de partida nos servirá para explorar las conexiones entre el pasado y el hoy, las herencias sociales, las cosas que nos conforman en sociedades virtuales, mediáticas, de sexo de goma y emociones asépticas". 



Toda la historia transcurre en una especie de descampado, un lugar abandonado en el que viven una de esas tribus a las que hace referencia Arellano, en el que todas las noches hay una rave de la que son amos y responsables. Todo ocurre en las horas previas a una de estas fiestas cargadas de alcohol, música y drogas. El colofón final llegará en la propia rave, en la que todo su endeble mundo salta por los aires. Ellos son Pedro, Tabo, Sabela, Jessy, Julián y Nucha, un peculiar grupo de personas atrapadas en ese descampado, un "variopinto equipo" que en el fondo lo único que buscan es un poco de comprensión y cariño y que se han escondido en ese oscuro lugar para no mostrar sus verdaderos sentimientos. Una noche en la que todos ellos deciden dar un vuelco a sus vidas, demostrar que pueden algo más, sincerarse con los que les rodean, huir de la angustia de ese lugar maldito.

Arellano habla de las similitudes de ese moribundo lugar con el nuestra propia sociedad, "un mundo donde el tocarse es una total revolución y donde el sexo es un acto de rebeldía que provoca violencia dentro y fuera de los participantes. No hay un Dios al que girarse, o hay muchos que compiten con igual violencia. Algunos son los de siempre. Otros son nuevos e igual de poderosos. Algunos siguen compitiendo a través de las bombas y el miedo, y otros a través de las drogas químicas que nos producen placeres sin límite más allá de nuestro control. No hay ideología política. El sustrato capitalista y ultraconservador ha devorado cualquier aliciente de libertad. ¿Es todo este sistema una herencia o es una construcción contemporánea?".



Ellos son Víctor de la Fuente (Julián), María Romero (Nucha), Álvaro Quintana (Pedro), María Velasco (Sabela), Alejandro Chaparro (Tabo) y Cristina Varona (Jessy), una tribu de almas perdidas en busca de la redención. Un elenco que funciona a la perfección, con un trabajo coral impecable y una compenetración que nos hace sentir que son una verdadera tribu. Todos ellos deambulan por el espacio, se vigilan, se tantean. Son como una manada de aves que sobrevuelan a sus presas, mientras deben estar mirando por el rabillo del ojo por si son ellos los atacados. Tras la puesta en escena inicial, en la que todo parece marchar a la perfección, todos ellos se van derrumbando ante nuestra atenta mirada, mostrándonos sus verdaderos miedos y sus anhelos.


La historia se cimenta en los personajes de Nucha, Julián y Pedro, antagónicos entre si pero complementarios a la hora de darle al otro aquello de lo que carece. Víctor de la Fuente nos muestra a un Julián bondadoso, tranquilo, que parece fuera de lugar en ese agujero negro de perdición. Él es la mesura y la cordura, pero se ve atrapado en este torbellino de postureo y cuentas pendientes. En su intento por salvar a Nucha de su fatídico destino, es empujado al abismo mismo que supone entrar en el universo del descampado. María Romero es una Nucha atrapada en un pozo del que no sabe cómo salir. Cegada por el amor que siente por Pedro, el dolor por cómo la trata hace que se convierta en un ser atormentado, un animal furioso que intenta proteger su territorio. 

Álvaro Quintana es el engreído y déspota Pedro, un ser despreciable que solo quiere continuar en su posición mientras va dejando víctimas, en este caso en forma de hijos, a su paso. Despreciable personaje que sólo sabe cuidarse a si mismo, al que su propia soberbia le impide ver con claridad lo que ocurre a su alrededor. Alejandro Chaparro es Tabo, su perro de presa. Su mano derecha, un tipo siniestro que no se casa con nadie y desprecia a todo el mundo. María Velasco nos muestra a una Sabela dulce y enamorada, que se crece ante las promesas de Pedro. Un personaje que se topa de repente con la cruda realidad, cayendo ante sus ojos todo el castillo de naipes que se había hecho en su cabeza. Y por último Crisitna Varona da vida a Jessy, la chica para todo del lugar, que vive cabreada con el mundo por la indiferencia que Tabo muestra por ella. 


Uno de los puntos fuertes de esta propuesta es su poderosa concepción estética. Ikerne Giménez, encargada del vestuario y la escenografía, ha creado un universo muy visual, muy plástico, en el que sobre un destartalado andamiaje consigue transmitir toda la esencia de la obra. Un lugar tenebroso, sucio, clandestino, en el que los personajes se mueven con soltura y enfatizan la idea de esa estructura como como el castillo sobre el que vigilan su reino, ese descampado donde transcurre la rave. Pero si brillante es la propuesta escénica, la iluminación de David Picazo consigue potenciar aún más ese ambiente de suburbio, con un delicado juego de luces tenues y claroscuros. El complejo mundo creado para la ocasión lo completa la poderosa y rabiosa música techno de Alberto Granados (responsable de todo el espacio sonoro) y las videoescenas creadas por Álvaro Luna, que complementan a la perfección la historia.



Todo nuevo proyecto en el que se embarca La Joven es un soplo de aire fresco en la cartelera. Con el dinamismo y la desfachatez con el que afrontan todos sus montajes, vuelven a dejar claro que se puede hablar de la más rabiosa actualidad tomando como referencia textos de épocas pasadas. Y en esto reside una de las principales esencias de sus últimos proyectos. La energía, la frescura, la contundencia, la apuesta por un lenguaje que acerque a los jóvenes a textos clásicos y al teatro. Eso es La Joven, que en unos días estrenará "Eneida" en el Circo Price. Estad atentos, en cuanto vayamos a verla os lo contaremos. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatros del Canal
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1.
Fechas: Del 1 al 4 de Abril. Jueves, Viernes y Sábado a las 20:00, Domingo a las 19:00.
Entradas: Desde 9€ en TeatrosdelCanal.


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