Teatro: Solitarias de estreno. Teatro Lara

Esta deliciosa comedia nos lleva a conocer, a ritmo de musical, la relación entre dos mujeres cargadas de energía y de ganas de vivir, pero también con todas las dudas y la inconsciencia que marca la juventud. Una historia marcada por el amor y la música, pero también por el dolor, los celos y la infidelidad. Tierna y apasionada, el idilio entre estas dos chicas sobrepasa lo físico para convertirse en un idilio que va mucho más allá, incluso en los peores momentos.



Estamos ante una obra para degustar, dejarse llevar al ritmo de las canciones, y salir de la sala con el ánimo renovado. Porque estamos ante una comedia fresca, deliciosa, que pese a sus momentos de dolor destila alegría y buen rollo. Un musical de pequeño formato, sin la grandilocuencia de los que llenan (bueno en estos tiempos no tanto) la Gran Vía, pero con la intimidad que nos da la sala Lola Membrives del Teatro Lara, un lugar especial en el que todo nos llega de forma más directa, más cercana, más real. Una historia que nos habla de las relaciones de la gente joven de nuestros días, esos que se comunican por el teléfono (brillante la escena de la conversación por WhatsApp) y viven cada momento con suma intensidad.
 

El cantautor Juan Carlos Lax ha sido el encargado de la producción musical de esta bella comedia romántica, con tintes agridulces pero que nos ilumina el corazón. Un musical que transita las distintas etapas de la relación de etas dos apasionadas mujeres, mostrándonos la desbocada pasión inicial, las situaciones que llevan a que todo se tuerza, las situaciones más tiernas y las más adversas. Pero viéndolo con perspectiva, desde el punto final de la obra, nos muestra la intensa relación de dos personas que se aman, que se respetan y que se necesitan. Da igual el tipo de relación que exista entre ellas en cada momento, siempre se mantienen al lado la una de la otra en los malos momentos. Pese a los altibajos, los malos momentos, las discusiones y las desavenencias, las dos quieren tener a la otra cerca, porque han sido muy importantes la una para la otra y eso no debe cambiar. Un precioso relato de lo que deberían ser las relaciones entre las personas, mirando más allá de la relación sentimental.


El texto y la dirección escénica corren a cargo de Andrés Alemán ("Las mujeres sabias", "Como Dios manda", "Las nueve y cuarenta y tres") experto en el género musical, que concibió esta obra como una pieza breve, pasando más tarde a su formato actual en 2015. El texto está plagado de ternura y de comedia, incluso en los momentos más tristes de la relación entre las protagonistas. La obra se constituye a base de pequeñas escenas que se intercalan con los momentos musicales de forma muy inteligente. La incursión de las canciones como parte de la propia historia, hace que el ritmo general sea muy festivo, con unas actrices que transmiten en todo momento mucha energía. Dirigida en torno a los temas musicales, con unas coreografías muy ingeniosas que nos dan ganas de unirnos, la secuencia de la historia mantiene tono y ritmo en todo momento, quizás con algún oscuro más largo de lo debido pero que no llega a desconectarnos del subidón de la escena previa.



La historia nos habla de la relación entre Cris y Lucía, dos chicas que se enamoran en su pueblo natal y emigran a Madrid juntas en busca de oportunidades y un futuro juntas. Una huida para poder comenzar un futuro y una relación sin las ataduras del pueblo y con todas las expectativas puestas en la gran ciudad, donde esperan poder llegar a compartir escenario cantando sus propias canciones. Un precioso musical que nos invita a un recorrido emocional a lo largo de la relación de las chicas, con sus momentos más ardientes y los más álgidos. Una historia que nos mueve del dolor a la risa, de la sonrisa al nudo en la garganta, pero con un tono general muy optimista y divertido.



Todo comienza con la llegada de Lucía al coro del pueblo, donde conoce a Cris y el flechazo es inmediato, aunque por el ambiente en el que se conocen tardan en dar el paso de demostrarse su amor. Toda esta secuencia inicial es de una delicadeza y una ternura impecables. Un aperitivo de todo lo que vamos a disfrutar con estas chicas. Su relación se consolida a la vez que el pueblo se les queda grande, y en un abrir y cerrar de ojos ( y un par de temas musicales más tarde) nos encontramos a la pareja buscándose la vida por la "jungla" madrileña, en el que su inocencia no tiene cabida en este caos absoluto que es la gran ciudad. El estrés, los trabajos inhumanos, las horas extras, todo va dinamitando y erosionando la relación, hasta que un día todo salta por los aires sin que ninguna de las dos hayan hecho nada para que eso ocurra. Impecable y precisa transición por los distintos episodios de la relación, pero mucho más interesante si cabe es el vínculo que se crea entre ellas, muy por encima de lo sentimental.



Cris y Lucía, dos almas en ebullición a las que dan vida Berta Hernández ("Volvió una noche", "La vida resuelta", "Clímax", "En tu fiesta me colé") y Paula Berenguer ("Invisible", "Hoy no me puedo levantar", "Cantajuegos", "Lula y el hombre cabra") en dos interpretaciones preciosas, cargadas de sencillez, sensibilidad y ternura. Berta crea una Lucía tierna, vulnerable, inocente, que nos llega al alma. Con una facilidad para transitar con precisión los distintos estados de ánimo del personaje mientras nos sorprende con cada nueva interpretación musical.

Por su parte, Paula es un terremoto, un torbellino lleno de fuerza y dinamismo. Su interpretación de Cris es soberbia, dotándola de una magia especial y llevando el peso cómico de la obra. Con una versatilidad apabullante, la actriz cambia de registro con suma facilidad, pasando de tocar la guitarra con la mesura de una cantautora, a bailar con pasos a lo Michael Jackson. Durante toda la obra tiene una energía que se transmite al patio de butacas, una fuerza que hace que toda la escena encaje y el ritmo no decaiga, una frescura que sabe mostrar en un personaje que pasa por momentos muy diversos a lo largo de la obra. Todo un descubrimiento.



No puedo dejar de resaltar una de las escenas más divertidas e ingeniosas que he visto en los últimos tiempos. La conversación que las dos chicas mantienen por WhatsApp es un ejemplo de lo que es la obra. Un memorable sketch lleno de ingenio, humor y con un trasfondo dramático sobre una pátina de deliciosa comedia. Las dos actrices están soberbias en esta escena. Debe ser muy difícil, pese a las muchas veces que la hayan hecho ya, no reírse y mantener la compostura ante semejante avalancha de gestos imposibles, de muecas forzadas, de emojis hechos mímica. Es la esencia pura de la obra, diversión, ternura, ingenio, frescura, el fiel reflejo de la juventud de nuestro tiempo

También cabe destacar las coreografías de cada una de las canciones, todas contundentes y muy frescas. Por poner un ejemplo nos quedaremos con la que las actrices interpretan en lengua de signos (con la supervisión de Cris M. Riquelme), en la que se consigue una divertida escena y a la vez se visibiliza la diversidad de quien no puede apreciar lo que nos cuentan. Un gran acierto que debería haberse extendido a algún instante más de la obra.



Si las dos actrices están brillantes, la parte musical es la guinda perfecta que culmina esta obra. Las canciones creadas por Juan Carlos Lax (encargado también de la dirección musical), reflejan a la perfección la esencia de la obra. La banda que ha creado las canciones que inundan toda la historia son, el propio Juan Carlos Lax a la guitarra y teclados, Gabriel González a la percusión, Manu Clavijo con el violín y la viola, y Santi Guillén con la guitarra eléctrica. La composición musical es uno de los pilares de la función y se acaban convirtiendo en el eje de la historia y siendo un personaje más.

La propuesta escénica es muy sencilla, dejando todo el protagonismo a las actrices. Un espacio vacío (diseñado por Abrahán Arsis) en el que solo hay unos elementos que las actrices colocan de manera estratégica para crear cada uno de los escenarios en los que transcurre la historia. La sencillez y el ingenio con el que colocan las cuatro cajas de madera para crear los diversos elementos es admirable y muy original. Imprescindible la iluminación de José Antonio Valera, dando la calidez justa a cada escena, aunque alguno de los oscuros resulten excesivos. Por último hay que hablar del sobrio vestuario de Horror Vacui, que transmite en cada momento la personalidad de cada personaje.


En definitiva, estamos ante una ingeniosa y tierna comedia, sin muchas más pretensiones que hacernos pasar un buen rato y mostrarnos el lado bueno de la vida, hacernos ver que incluso cuando las cosas se tuercen los sentimientos y las personas buenas siguen quedándose cerca. En palabras de la propia compañía, estamos ante un musical "visceral y dinámico" que nos hará vibrar y reír. Saldremos con una sonrisa en la boca (aunque no se nos vea con la mascarilla) que ya es mucho en los tiempos que corren. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Lara
Dirección: Corredera baja de San Pablo 15.
Fechas: Del 14 de Enero al 22 de Junio. Martes a las 19:30.
Entradas: Desde 14€ en Teatrolara.

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