Teatro: Una noche sin luna. Teatro Español.

El pasado jueves se notaba, a las puertas del Teatro Español, la emoción de que estábamos ante un evento especial. Y no era para menos, porque frente a la estatua de Federico García Lorca, el poeta resucitaba de la mano de Juan Diego Botto para hablarnos de memoria, de vida, del amor al teatro y a la cultura. Una obra estremecedora, emocionante, crítica, apasionada, que nos traslada por la vida del poeta para mostrarnos todas las semejanzas que existen con los tiempos que vivimos. Un texto prodigioso, una dirección impecable, una interpretación soberbia. 



Llevo una semana conmocionado, embriagado, entusiasmado por una obra maravillosa, que nos habla de vida y muerte, de guerra y de paz, de pasado y de presente. Estamos ante un montaje singular, que nos habla de nosotros mismos desde las palabras del poeta Federico García Lorca, que se levanta de la cuneta en la que yace para contarnos su historia, su pensamiento, sus amores, y dejarnos en el aire una infinidad de debates y preguntas que parece mentira que sigan tan vigentes en nuestros días. Tengo que decir de antemano que no soy demasiado objetivo con esta obra, ya que siento auténtica devoción por el tándem formado por Juan Diego Botto y Sergio Peris-Mencheta.



Al poco de mi llegada a mi Madrid asistí, en las Naves de Matadero, a la obra "Un trozo invisible de este mundo" (primera pieza conjunta de estos dos genios de la escena), que desde el mismo instante en que la vi se convirtió en una de mis obras referente. Todavía en estos días la sigo teniendo como uno de los momentos más emocionantes que he vivido en un teatro. Por todo ello, esta coproducción de La Rota Producciones, Barco Pirata y Concha Busto Producciones, estaba marcada en mi agenda desde el mismo día que se programó para esta temporada (después del fallido estreno del pasado año por la pandemia). El nuevo proyecto que nos presentan en esta ocasión cumple con las expectativas de su predecesora, dejándonos conmocionados desde el mismo inicio de la obra hasta mucho tiempo después de que abandonemos el teatro. Las frases de Lorca/Juan Diego Botto siguen resonando en nuestra cabeza una semana después. Las ideas que sobrevuelan la función nos estremecen y nos emocionan, nos golpean y nos embriagan, nos enaltecen y nos avergüenzan. Porque en un montaje como este cabe toda la belleza de la obra del poeta y todo el compromiso político y social del actor.


El texto de Juan Diego Botto es una delicia, cargado de la magia de Lorca, nos invita a transitar su vida con la crudeza de todo lo que tuvo que luchar para llevar a cabo sus sueños. Pero Botto va más allá y nos introduce temas fundamentales que arrastramos hasta nuestros días, como es el caso de la Memoria Histórica. Durante toda la obra sobrevuela la idea de la Memoria como elemento fundamental para la creación de una sociedad avanzada. Una sociedad sin memoria es una sociedad incompleta, que huye de su pasado, que cojeará a la hora de seguir hacia adelante, que vivirá de espaldas al lugar de donde viene. Botto teje una historia que transita entre lo onírico y la más cruda realidad, que rompe la cuarta pared para hacernos partícipes de todo lo que cuenta, para transmitirnos la cercanía de todo lo que nos va a contar. La franqueza, honestidad, la belleza del texto conviven con la crudeza de los hechos, pero Juan Diego Botto sabe hacernos pasear, incluso los momentos más duros, con la ternura y la cercanía propias de un cuento. El relato nos lleva de la mano por los momentos más íntimos del poeta, para mostrarnos su personalidad y sus inquietudes, pero también nos pone en contexto con escenas más generales, que el texto encuadra en las divagaciones del poeta.



En encaje del texto con una dirección excelsa, a cargo del siempre brillante Sergio Peris-Mencheta (con Xenia Reguant como ayudante de dirección), hace de la función un viaje a lo más profundo del imaginario de Lorca, pero con la realidad de nuestros días presente en todo momento. Una dirección meticulosa, milimétrica, que cuida hasta el más mínimo detalle para que todo encaje en su justa medida. Los momentos más poéticos se solapan con los más controvertidos, la magia da paso a la realidad, el pasado al presente, pero todo hecho con una destreza impecable. Peris-Mencheta nos hace transitar los distintos episodios con sencillez, consigue que las transiciones sean limpias y hace que cada escena encaje perfectamente con la siguiente, dando los golpes necesarios que nos descolocan en momentos muy precisos. Lo que tiene que ver con la dirección de Juan Diego Botto es simplemente soberbia, haciendo que el actor se mimetice en todo momento con el poeta.


La obra es sensible, tierna, conmovedora, pero también dolorosa, triste y combativa. Porque así fue la vida del poeta, al que aquí podemos ver desde la perspectiva de nuestros días, como si Lorca hubiese resucitado y nos hablase en el siglo XXI. La facilidad con la que Botto hace paralelismos entre la época en la que vivió el genio granadino y la actualidad es descorazonador. En este relato de vida y amor por la cultura, nuestra sociedad (tanto la del siglo como la de ahora) sale muy mal parada. Una obra conmovedora que nos muestra a un hombre enamorado de la vida, del teatro, de la poesía, y que defiende hasta la muerte sus principios y su forma de ser. 

La pieza nos acerca al Lorca más íntimo y personal, a lugares de su alma menos conocidos pero igual de interesante. Transitamos los márgenes, aquellos lugares en los que el autor se refugiaba, pero también aquellos a los que no quería asomarse. Una forma diferente de conocer la vida y obra de uno de nuestros poetas más universales y del contexto histórico que le tocó vivir y sufrir. Y a través de la mente del poeta y de su pensamiento vamos conociendo nuestra propia historia, recuperando la memoria que se quiere enterrar. El texto nos traslada a los años en los que Lorca comenzó su fulgurante trayectoria, pero además nos sirve de espejo para hablar de nuestra propia realidad. Porque sin memoria nada encaja y no podemos llegar a conocernos del todo. La vida y obra de Lorca como espejo en el que mirarnos, como lugar desde el que analizar nuestra realidad.



Transitaremos, por este preciso y fantástico texto, por entrevistas, charlas, estrenos, conferencias y momentos esenciales de la vida de Lorca, a la vez que florecen de entre las tablas fragmentos de algunas de las obras y de sus poemas. Es así como el propio Juan Diego Botto se mete en la piel del poeta para hablarnos en primera persona de su vida y de su obra, pero también del contexto en el que vivió y de sus reflexiones sobre la sociedad, la política, el mundo. Este recorrido por la figura de Lorca nos llevará a la residencia de estudiantes, nos mostrará los problemas que tuvo al estrenar su primera obra, las críticas recibidas por "Yerma", inolvidables momentos de su periodo al frente de La Barraca, nos hablará de la figura de la mujer en sus textos, conoceremos su relación con la sociedad de la época, nos desvelará algunos de sus amores, pero sobre todo nos va dejando las bases de su pensamiento. La obra va desmenuzando temáticas imprescindibles como la libertad de expresión (el momento inicial de la obra es de lo mejor) y la del creador artístico, la identidad sexual, lo necesidad de valorar las raíces, la necesidad de un teatro arraigado en el pueblo, o la importancia de la memoria.



Y así nos reencontramos con el poeta en la piel de un magistral Juan Diego Botto, que hace una interpretación de Lorca impecable. Por momentos dejamos de ver al actor, que comienza la obra siendo Juan para transformarse (sin que nos demos cuenta) en Federico. El actor se funde con el poeta para regalarnos una interpretación que se nos quedará anclada al corazón durante mucho tiempo. Porque la ternura y la sensibilidad con la que asume el reto de meterse en la piel del poeta es impresionante, su capacidad para mostrarnos las debilidades del ser humano que habitaba los versos es portentosa, la verdad con la que nos habla es sobrecogedora. Porque Juan Diego Botto nos habla desde las entrañas, desde la raíces mismas de nuestra tierra, desde el dolor de un pueblo al que le le impiden desenterrar su pasado, desde la verdad de quien se siente representado por la obra de un autor tan universal y a la vez tan local, capaz de hablar de su querida Granada con la misma emoción que nos habla de la luna.



Poco se prodiga Juan Diego Botto sobre las tablas, pero cada vez que se sube a un escenario nos deja interpretaciones sublimes. Aún recuerdo su impecable "Un trozo invisible de este mundo" y todavía siguen dándome vueltas a la cabeza muchas de las frases y reflexiones de este nuevo montaje. Un actor con mayúsculas que hace un meticuloso trabajo de disección de las distintas capas de una personalidad tan poliédrica como era la de Lorca, para mostrarnos cada rasgo del autor y de la persona, mezclando la comedia y el drama, el sarcasmo y la crítica feroz, la vida y la poesía. Un actor valiente y comprometido que se expresa con la frescura de un adolescente, la templanza de un maestro y la precisión de un cirujano. Todo lo que pueda decir en estas líneas sobre lo que hace en escena se queda corto, porque en cada escena nos deja algo para el recuerdo. 



En este sobresaliente montaje también nos sorprende la ingeniosa escenografía creada por Curt Allen Wilmer (con Estudio Dedos). Lo que aparentemente es un páramo, un lugar inhóspito, se va conformando en todo el universo del poeta. La deconstrucción del espacio escénico va cimentando la realidad de la obra, en una prodigiosa creación en la que cada una de las piezas encaja con precisión dentro de la composición final. El propio Lorca es el que va "descubriendo" los distintos tesoros escondidos bajo ese entablado. Cada una de las tablas representa una parte de su vida, un elemento de su pensamiento, una pieza más de esta compleja creación que es la figura del poeta granadino. Esta bella composición escénica se completa con el atrezzo de Eva Ramón, que aporta elementos esenciales para la apabullante creación final.

Todo esto se sustenta con la delicada iluminación de Valentín Álvarez (con Raúl Baena como ayudante) que tamiza toda la obra de una textura cálida, onírica, poética, que nos hace transitar todo el relato con la sensación de habernos colado en un sueño. Impecable el espacio sonoro creado por Pablo Martín Jones, con la excelsa música original de Alejandro Pelayo y la canción de Rozalén que nos estremece el alma en uno de los momentos más emocionantes de la obra. Por último no podemos olvidarnos del diseño de vestuario de Elda Noriega, elegante y preciso, con el mono de La Barraca incluido. 



En definitiva, estamos ante una obra con mayúsculas, de la que poco se puede decir más que esperar que regrese pronto, ya que las entradas volaron en cuestión de días. Montajes como este hacen que amemos el teatro, porque la experiencia vivida nos emociona, nos duele, nos indigna, nos reafirma, nos enamora, nos enternece. Cada una de las frases que se han grabado en mi corazón podrían servir para poner el punto final a esta reseña, pero prefiero dejar que las disfruten directamente de la voz del poeta. Solamente agradecer a Sergio y a Juan su valentía, su ingenio, su sensibilidad, su maestría, su energía, su amor por el teatro y por Lorca. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.


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Teatro: Teatro Español.
Dirección: Calle del Príncipe 25. Plaza de Santa Ana.
Fechas: Del 17 de Junio al 11 de Julio. De Martes a Domingo 19:00.
Entradas: Desde 6€ en TeatroEspanolPrograma de mano.


DIRECCIÓN: SERGIO PERIS-MENCHETA
TEXTO: JUAN DIEGO BOTTO 
REPARTO: JUAN DIEGO BOTTO
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: CURT ALLEN WILMER (AAPEE) CON ESTUDIODEDOS
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: VALENTÍN ÁLVAREZ
DISEÑO DE VESTUARIO: ELDA NORIEGA (AAPEE)
ESPACIO SONORO: PABLO MARTÍN JONES
MÚSICA ORIGINAL: ALEJANDRO PELAYO
ATREZZISTA: EVA RAMÓN 
AYUDANTE DE ILUMINACIÓN: RAÚL BAENA
FOTOGRAFÍA DE ESCENA: MARCOSGPUNTO
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: XENIA REGUANT
 

UNA COPRODUCCIÓN DE LA ROTA PRODUCCIONES, BARCO PIRATA PRODUCCIONES Y CONCHA BUSTO PRODUCCIÓN Y DISTRIBUCIÓN


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