Teatro: Katana. Teatro Bellas Artes.

Corrían los inicios de este siglo cuando un hecho escandalizó por su crudeza a todo el país. Un hecho que por insólito puso nuestro mundo patas arriba. Un joven con una katana había asesinado a toda su familia. El escalofriante titular nos golpeó con fuerza y este montaje recrea los hechos desde la perspectiva que da el paso de los años. El intentar profundizar en este tipo de hechos, el adentrarse en la mente del asesino, el acercarse demasiado, puede tener consecuencias terribles.


Como suele ocurrir en la mayoría de los casos, en las noticias escuchamos reacciones del tipo "era una familia normal", "no noté nada raro", "eran muy amables", lo que hace aún más terrorífico e inconcebible el suceso. Nos vemos expuestos a que cualquiera de nuestros vecinos pueda ser potencialmente un asesino. O quizás es que no tenemos el contacto tan directo con nuestro entorno como poder hacer esas aseveraciones. La realidad es que son muchos los sanguinarios asesinatos que ocurren en nuestro país, pero a este, se le sumaban ciertos aspectos misteriosos como la afición del chico por los juegos de rol, los chats, las videoconsolas...


Esta producción de Viejas Promesas (Mario Sánchez y Jorge Monje) mete el dedo en la llaga de uno de los temas que más se están poniendo en la mesa estos últimos tiempos: la salud mental. Que le puede llevar a una persona aparentemente normal a cometer semejante atrocidad? Existen mecanismos en nuestro sistema de salud para prevenir estos hechos? La respuesta parece ser que no. Este montaje indaga en las razones, en los hechos previos, en los miedos, en todo lo que era la vida del chaval en los días previos al asesinato. Intentar ver los hechos con perspectiva para intentar entender lo que ocurrió. 

El proyecto nace como resultado de la III Residencia Artística de nuestro querido y añorado El Pavón Teatro Kamikaze, y ha sido galardonado con el premio del VII Certamen Jesús Campos para textos teatrales.



El demoledor texto de Paco Gámez intenta involucrarnos como espectadores desde el primer momento. Las continuas referencias al público nos meten de lleno en la historia. El texto aborda el problema desde la distancia del tiempo, de todos los análisis, entrevistas y documentales que se han hecho sobre el suceso. Pero lo más interesante es que poco a poco se va acercando al hecho en si, acotando como pasó y lo que pudo llevar al chico a cometer ese atroz asesinato. Es muy interesante la doble vertiente que va adquiriendo el texto. Cuanto más acerca el escritor al hecho que investiga, más parece alejarse de su propia vida. 

La dirección corre a cargo de Pedro Casas que nos propone un juego de luces y sombras, de saltos en el tiempo, de preguntas abiertas, que resulta de lo más interesante. Con un ritmo pausado en los inicios, la obra va cogiendo velocidad al mismo tiempo que se va desbocando su protagonista. Un minucioso trabajo de dirección en el que el continuo juego con las imágenes da como resultado un complejo y muy poderoso montaje, lleno de furia contenida, amor tóxico, miedos que corrompen y mucha intriga.



El crimen del chico de la Katana fue, sin lugar a dudas, uno de los más mediáticos de la época. Uno de los acontecimientos que, por desgracia, quedan en la memoria de toda una generación. Un niño, aparentemente sin problemas, asesina a su padre, a su madre y a su hermana. El hecho, de por si dramático, adquirió más popularidad por los gustos (algo frikis para la época) del joven asesino. Un adolescente retraído que se refugiaba en los juegos de rol y las videoconsolas, y que debido a su timidez frecuentaba chats para conocer y hablar con gente. La conmoción en la sociedad fue brutal, la prensa le dio una cobertura pocas veces vista anteriormente, pero pese a todos los esfuerzos no se llegó a ninguna explicación razonable del por qué un niño puede ser capaz de asesinar a su familia. Esta obra de teatro documento no plantea el siguiente razonamiento: "¿Por qué debería haber una razón para lo ocurrido? A veces, el horror se hace presente, no tiene sentido, no es disculpable, no es nada que no sea lo que es. A veces hay preguntas que es mejor no formular".


La historia nos traslada al cambio de milenio, tras superado el temido efecto dos mil en el que parecía que se volvería a la Edad Media. Un chico de tan solo dieciséis años empuña la espada japonesa que le había regalado su padre y decide matar a toda su familia. Un adolescente con problemas que su entorno no supo ver, un joven desnaturalizado, capaz de cometer semejante crimen. En la soledad de su habitación se conectaba a un chat, con el nick Odeim, para hablar con su novia. Bajo esa falsa identidad le prometió a la chica que mataría a sus padres y a su hermana. El nick que utilizaba el chico es la palabra "miedo" escrita al revés, como leída en un espejo. Quizás era un aviso, un velado grito de socorro ante una situación que se le venía encima. Miedo ante su propio padre, miedo del padre frente al hijo. Edipo contra Saturno.


Años después, un escritor intenta entender a este chico, contar su historia, meterse de lleno en todo lo que rodeó a aquel suceso, para intentar sacar nuevas conclusiones. Pero no será tan sencillo. La realidad y la ficción parecen confundirse, difuminarse la una con la otra hasta no quedar claras las fronteras. El escritor se ve abocado al interior del mundo de aquel chico y comienza a hacerse preguntas. ¿Quién soy yo? ¿Qué tengo en común con ese monstruo? ¿Es un monstruo o un niño sin más? El camino sin retorno que comienza le lleva a lugares oscuros, a buscar respuestas a preguntas que es mejor no hacerse, a acercarse demasiado a aquel chico solitario. Hay lugares que es mejor no transitar, caminos oscuros que son difíciles de iluminar. Y entonces una pregunta golpea con fuerza: ¿En qué nos convertimos cuando nos sumergimos en nuestros miedos más profundos?


El elenco está formado por Jorge Monje ("La pasión de Yerma", "Una semana nada más", "El caballero de Olmedo", "De cintura para abajo") en el papel del escritor, Mario Sánchez ("Lobas", "Alelujah", "Frankenstein", "El Greco, decís?") dando vida al joven asesino y Alba Loureiro ("Daimon y la jodida lógica", "Proyecto Edipo", "La noche del Sr. Smith", "Hacia la belleza") interpretando a todos los papeles femeninos que aparecen en la obra, desde la mujer del escritor hasta la madre y la hermana asesinadas. 

Jorge Monje nos presenta un personaje inquieto, curioso, que se desvive por conocer los pormenores de lo que ocurrió, de lo que le pasaba por la cabeza a aquel chico para hacer lo que hizo. Su personaje sufre una interesante transformación que lo va acelerando, enrabietando, empecinando en meterse de lleno en la boca del loba que supone llegar hasta el fondo de la mente del asesino. Por su parte Mario Sánchez nos presenta a un personaje con dos caras. Un chaval agresivo y desatado en su juventud, pero que en la actualidad se muestra arrepentido y calmado. Pero si nos tenemos que quedar con una de las interpretaciones es, sin dudarlo, con la de Alba Loureiro, que nos da un recital de interpretación en sus diversos papeles. La comprensiva esposa, la angustiada madre, la macarra novia del chico, la novia de la juventud y la hermana, con una minusvalía. Loureiro es capaz de matizar cada uno de los personajes, darnos una pincelada más en cada uno de ellos. La escena del asesinato es simplemente impecable.




Una parte fundamental de este montaje son las proyecciones que acompañan las escenas, con frases que van guiándonos por la historia, con imágenes que nos sitúan en los hechos, con pantallas en blanco en las que los personajes se sinceran. La sencilla escenografía diseñada por Mónica Florensa (con Elisa Olalla como ayudante, también en la parte de vestuario) nos divide la escena en varios espacios, dejando como elemento principal la cama de la casa del escritor. A ambos lados encontramos dos mesas, en un lado el escritorio en el que el protagonista escribe sobre el asesinato y en la otra una mesa con una impresora y que sirve para que el chico, años después, intente explicar su verdad ante la pantalla de un ordenador, intentando huir de aquel pasado atroz. Mónica Florensa ha sido también la encargada del diseño de vestuario, que desde el primer momento nos define a la perfección a cada uno de los personajes.


Estamos ante una obra que nos habla de los miedos, de aquellos que nos llevan a cometer actos terribles pero también de los que tenemos al escuchar esos relatos. Miedo a lo que pueda llegar a pasar cerca de nosotros, pero también a poder ser invadidos por ese horror que nos empuje a empuñar nosotros mismos la Katana. Una obra que nos pone a ambos lados del espejo, en el lado del asesino y en el que lo ve con incertidumbre por saber lo que pasó y preguntándose si podría haberle pasado a él. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.

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Teatro: Teatro Bellas Artes
Dirección: Calle del Marqués de Riera 2.
Fechas: Del 13 al 27 de Septiembre. Lunes y Martes a las 20:00.
Entradas: Desde 14€ en TeatroBellasArtes. 


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