Teatro: La medida exacta del Universo. Teatro Lara

La vida da muchas vueltas, y en la mayor parte de las ocasiones no en el sentido que habíamos planeado. Los sueños que teníamos hace veinte años rara vez se cumplen, y a la hora de echar la vista atrás podemos no reconocernos. Este vacío ante el paso del tiempo y la pérdida de las aspiraciones es lo que hace al protagonista de esta obra volver a su pasado, a recordar aquel lugar en el que todo empezó, en el que fue feliz, en el que conoció al amor de su vida. Una historia que nos habla de nosotros mismos, en la que cada uno podrá verse reflejado y recordar todo aquello que ha ido quedando en el camino a lo largo de los años.




¿Eres quién soñabas cuando tenías 20 años? ¿Han cambiado tus sueños? ¿Tu forma de amar? Si te encontraras a tu yo de hace años, ¿de qué hablaríais? ¿Renunciarías a tu hijo por continuar luchando por tu vocación? Estas preguntas que aparecen en la sinopsis de la obra son una interesante reflexión sobre el texto. Todos vamos dejando sueños por el camino, la vida nos da a elegir y en muchas ocasiones decidimos más por nuestra situación actual que por lo que realmente deseamos. Al pensar en todo lo perdido por el camino son muchas las veces que querríamos volver atrás para avisar a nuestro yo adolescente de los errores cometidos, de la falta de ambición, de no luchar por lo que realmente te hace feliz. Y pese a todo esto, no estamos ante una obra triste, sino más bien ante una oda a la nostalgia. "Es la canción de juventud que muchos recordamos, que nos incomoda y nos reconforta al mismo tiempo, que nos ayuda a reinventarnos sin olvidar quienes fuimos".



Eslinga Producciones y Teatro Cinco producen esta historia de relaciones sentimentales, sueños no cumplidos y segundas oportunidades. Una historia íntima, cotidiana, en la que todos podemos vernos reflejada y que desde esa cercanía consigue conquistarnos. Un texto que nos acerca a problemas que hemos vivido todas, al vértigo que cualquiera siente al ver pasar el tiempo y que no estás donde habías soñado. Un relato de personas reales, cercanas, contada desde una sinceridad abrumadora y con una delicadeza apabullante, que engancha al espectador desde la primera escena. La vida transcurre ante nuestros ojos, viendo el dolor, el miedo, la nostalgia, la pérdida, la esperanza.


El autor y director Juan Jiménez Estepa vuelve a sorprendernos con una pequeña gran historia, pequeña por la cercanía de lo que cuenta y gran historia por la manera en la que la narra y la desarrolla. Tras su estreno a comienzos del año pasado en Nave 73, la obra se ha convertido en uno de los títulos de mayor éxito del off madrileño. Es de esas piezas que va creciendo en popularidad por el público que la recomienda, convirtiéndola casi en un fenómeno social (dentro de lo limitado que puede llegar a ser este concepto en el circuito de las pequeñas salas de teatro). Estepa ha creado un estilo propio muy reconocible, basado en historias cotidianas narradas con una sencillez apabullante, que nos acercan a nosotros mismos desde perspectivas diferentes. Autor de éxitos como "Los hombres tristes", "Mis días de humo" o la más reciente "Los años elásticos", Jiménez Estepa es un malabarista de la realidad, capaz de contarnos un relato más propio de una comedia romántica de Hollywood con la poesía que destilan las películas de Julio Medem o el realismo mágico de García Marquez.



Jiménez Estepa, en su faceta de director, consiste que la obra fluya de una manera limpia y solvente. La dificultad de la trama, que discurre en dos momentos vitales distintos de los protagonistas, la convierte en el eje sobre el que se van adosando los personajes. Fundamental en esta doble vía de desarrollo de los acontecimientos la presencia del narrador, que no deja de ser el propio Lucas de la actualidad. Éste transita ambas realidades con naturalidad, como reflexivo observador de su pasado y como hombre perdido en busca de respuestas vitales en la actualidad. El narrador como eje, como vínculo de la historia que él mismo va desmenuzando ante nuestros ojos para contarnos los entresijos de su pasión adolescente y su vacío existencial actual. El director maneja con prodigiosa soltura el mover la obra de la comedia romántica al drama existencial, de la risa fácil a la profunda reflexión, del hambre adolescente por comerse el mundo al miedo adulto ante un presente vacío.


En todo el montaje subyace otro tema muy interesante y que discurre en paralelo a la historia de amor y ruptura de la pareja protagonista. La dificultad para relacionarse de las personas de distintas generaciones asoma en determinados momentos de la obra, para dejar esta trama discurrir en paralelo y conocer más en profundidad al personaje de Lucas. La relación de Lucas con su madre es el fiel reflejo de esta falta de comunicación. La maravillosa Pilar Gómez pone la voz en off de la madre, que habla por el móvil a su hijo para regodearse de lo moderna que es, pero sin hacer caso a lo que le cuenta su hijo, y mucho menos llegar a empatizar con él y con su difícil situación. Las escenas en las que hablan estos dos personajes son oro puro, dos visiones antagónicas de ver la vida, cada uno contando su vida sin hacer caso ni intentar entender al otro. La sencillez con la que se plasma esta falta de comunicación (cargado todo de mucho humor) es brillante, mostrando a Lucas en su intento de desahogarse con su madre por su complicado momento vital, mientras la mujer le habla de su nuevo móvil y de los planes que hace.


La historia nos cuenta la relación de Zoe y Lucas en dos momentos vitales muy diferentes. El montaje transcurre en paralelo por su realidad actual y el momento en que se conocieron, hace 17 años, en Londres. La relación entre ambos surgió casi por casualidad y se convirtió en una intensa historia de amor, pese a tener ambos una idea de la vida muy diferente. Él vive obsesionado con trabajar como científico, que es lo que le apasiona. Zoe, mucho más impulsiva, sólo quiere vivir el momento e intenta triunfar como cantante. La relación tiene su punto de inflexión cuando ella decide volverse a España, lo que aparentemente es el fin de su relación...

De forma paralela, conocemos la historia de su ruptura, con un hijo y muchas dudas sobre lo que hacer y sobre todo echando la vista atrás para recordar todo lo que perdieron por el camino. Lucas se plantea dejar atrás su sueño de investigador (gran crítica a una sociedad en la que la investigación está infravalorada) para tener un trabajo estable y bien remunerado. En este momento de dudas y reflexiones, decide volver a Londres, el lugar donde empezó todo, para reencontrarse consigo mismo e intentar comprender donde se empezó a torcer todo. Un viaje que le lleva de nuevo a una época de sueños por cumplir que nunca llegarán a realizarse.



Esta preciosa obra es, sobre todo, una historia de personas comunes, que se plasma en una función en el que cobran especial interés los actores. El elenco funciona a la perfección, creando un ambiente de verdad y honestidad que traspasa la cuarta pared. Carlos Algaba interpreta de forma maravillosa a Lucas, haciendo las veces de narrador de la historia que ocurrió en Londres. Un personaje dubitativo, melancólico, perdido, al que Algaba sabe cargar de matices en la creación de un personaje muy complejo, en la búsqueda de respuestas. Hay que destacar la química que tiene con Carlos Guerrero, su personaje de la juventud. La escena en la que ambos hablan es uno de los momentos más brillantes de la obra. Guerrero y Algaba parecen haber creado al personaje de Lucas entre los dos, ya que ambos tienen las mismas obsesiones, los mismos miedos, los mismos sueños

Guerrero nos regala una interpretación llena de ternura, de simpatía y de generosidad. Un personaje inocente, tímido, obsesionado con la ciencia y al que le cuesta relacionarse, al que el actor consigue dotar de una frescura que encaja a la perfección con la energía que emana Teresa Mencía dando vida a la Zoe joven. Mencía es pura energía, llenando el personaje de Zoe de naturalidad, desparpajo y sorprendiéndonos con su bonita voz a la hora de cantar. El de Zoe es un cambio radical de la juventud a la madurez. Elisa Berriozabal interpreta a una mujer centrada en su hijo, que asumió hace tiempo que sus sueños quedaron atrás. La actriz consigue ser el contrapunto absoluto de Lucas, tomando distancia de aquella época y sugiriéndole que no vuelva a Londres y se centre en el presente.



Todo ello ocurre en un espacio vacío, en el que Javier Ruiz de Alegría (responsable del espacio escénico y la iluminación) sólo coloca una plataforma metálica que refleja a los personajes que en ella se colocan, como una metáfora de la visión distorsionada que se puede tener de uno mismo. El montaje se desarrollo con tonalidades oscuras, poca luz y muchas sombras, que dotan a todo la historia de misterio y tiene mucho que ver con ese mundo de los recuerdos y los sueños que tanto evoca la obra. Por último tenemos un poderoso espacio sonoro creado por Eduardo Ruiz, que hace que el sonido nos envuelva, como quien está dentro de un sueño. Por último, el vestuario creado por Teatro Cinco nos muestra desde el primer momento el carácter de cada personaje.


En definitiva, estamos ante una obra brillante, embriagadora desde una sencillez aplastante en la que todo encaja con una pasmosa facilidad. No nos extraña el éxito cosechado por esta obra, ya que nos habla de nosotros mismos, de nuestras pérdidas a lo largo de los años, del deterioro de nuestras expectativas vitales. Una deliciosa historia de ruptura, pero que destila amor y verdad. Juan Jiménez Estepa ha conseguido crear un estilo propio a la hora de contar pequeñas historias, que las convierte en grandes piezas teatrales. No dejen de verla, saldrán conmovidos y felices. VOLVAMOS A LOS TEATROS. LA CULTURA ES SEGURA.
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Teatro: Teatro Lara. Sala Lola Membrives
Dirección: Corredera baja de San Pablo 15.
Fechas: Del 3 de Noviembre al 19 de Enero. Miércoles a las 19:30.
Entradas: Desde 12,60€ en TeatroLara.

EQUIPO ARTÍSTICO

Lucas
Carlos Algaba
Zoe
Elisa Berriozabal
El chico
Carlos Guerrero
La chica
Teresa Mencía


EQUIPO TÉCNICO

Texto y dirección
Juan Jiménez Estepa
Ayudante de dirección
Daniel Oliva
Espacio escénico e iluminación
Javier Ruiz de Alegría (AAPEE)
Espacio sonoro
Eduardo Ruiz
Piano y arreglos musicales
Iker Cuadra Regidor y Ana María Nieto
Realización escenografía
Gamber Construcciones y Sonia Grande
Vestuario
Teatro Cinco
Producción
Eslinga Producciones y Teatro Cinco
Diseño gráfico y fotografía
Juan Jiménez Estepa y Daniel Oliva
Técnico
Álvaro Caletrio
AYUDANTE DE ILUMINACIÓN

Óscar Sainz
COLABORACIÓN ESPECIAL

Pilar Gómez: La madre (voz en off)

















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