La ciencia de las flores. El Umbral de Primavera

La vida en estos tiempos acelerados, no ayuda en absoluto a la procreación. Las mujeres toman la decisión más tarde de lo que se hacía antes, porque se han emancipado y trabajan, crean, deciden los tiempos de su propia vida. Pero la naturaleza no entiende de esos cambios, y el reloj biológico va empujando a las mujeres a embarazos de riesgo, fertilaciones in vitro y largos y durísimos procesos para intentar ser madre. Este arduo proceso es el que nos cuenta una fabulosa Ángela Encinar en esta desgarradora y deliciosa historia. Una obra muy necesaria para que tomemos conciencia de lo cruel y agresivo que puede llegar a ser el mundo con las mujeres, cuando no cumplen con todo aquello que se piensa que deben hacer. Una crueldad que lo hace todo mucho más difícil.


Entrar en El Umbral de Primavera ahora que ha anunciado su cierre al final de año es todo un golpe. Pensar que este lugar tan acogedor dejará de ser refugio de pequeñas joyas teatrales resulta doloroso y francamente dice muy poco sobre lo que esta sociedad cuida la cultura. En pocos meses han anunciado su cierre, además del Umbral, Karpas Teatro y Gruta 77, espacios míticos de la cultura más underground que abandonan la lucha porque no cuadran los números. Pero centrándonos en este singular espacio al que queremos honrar en estas líneas, se despide un lugar que ha sido el embrión de algunas de las obras más icónicas de los últimos años, pero también ha servido de lugar de creación para artistas, de ensayo para compañías, de encuentro de creadores. Se va, pero para eso aún queda. En estos meses debemos celebrar su buen hacer, aplaudir más si cabe todo lo que allí ocurre, seguir disfrutando de la excelencia de su programación. En esta ocasión, salimos con los ojos vidriosos al habernos quedado sobrecogidos por el desgarrador relato que acabamos de ver.




Esta obra de Producciones Claridiana nos lleva de la mano por el duro proceso de una mujer para quedarse embarazada, cuando no lo consigue de forma natural. Una historia plagada de dolor, pero también de humor, con pinceladas "técnicas" de datos que nos deberían hacer recapacitar sobre un hecho que cada vez es más habitual, pero sobre todo es un relato lleno de amor y de esperanza. La fuerza y el tesón de una mujer por no desfallecer ante sus ganas de ser madre, su fortaleza para seguir intentándolo a pesar de las vicisitudes, la frustración y el dolor cuando todo parece perdido. Pero dentro de la crudeza del relato, la obra está impregnada de sarcasmo y mala leche, de crítica social, de mucha vehemencia y de una profunda ternura en la forma de abordar toda la narración. Un tema complejo que la autora trata con elegancia y pequeñas dosis de humor, tan necesarias en una historia tan dura. Una montaña rusa de emociones que nos llevará por la experiencia de la infertilidad, la reproducción asistida y la pérdida durante el embarazo o el parto.



El texto de Ángela Encinar (protagonista también de la pieza) es desgarrador a la vez que muy emocionante. Un relato que visibiliza los estereotipos y la presión social que atraviesan a las mujeres en relación a la maternidad, y abre un espacio para ahondar en la infertilidad y las pérdidas gestacionales, tantas veces silenciadas. La creadora nos habla de este hecho, cada vez más habitual en nuestra sociedad, con una apabullante tranquilidad, quitándonos muchos de los estereotipos que nos han inculcado, y dejándonos muchos temas sobre los que recapacitar de camino a casa. Ángela nos habla del tema de la infertilidad saltando ingeniosamente de escala. Parte de un relato individual para introducir en determinados momentos datos científicos que van construyendo la complejidad del tema del que trata la obra. Porque no solo hablamos de fecundación in vitro, sino de todo ese viaje íntimo que tiene que sufrir la mujer con las hormonas, con los óvulos que no terminan de fecundar, con todo el entorno dando lecciones sobre lo que tiene que sentir y como debe hacer las cosas. Uno de los elementos de mayor interés de la obra, que Ángela ha sabido plasmar con mucho acierto es esa angustia vital que acompaña todo el proceso (el momento en la protagonista habla de que su cuerpo es defectuoso es desgarrador pero a la vez una de las claves del proceso) y que por momentos paraliza a la mujer. Un entorno que intenta ayudar pero solo ahonda en la herida, médicos que no entienden el momento vital que está viviendo (para ellos es un expediente más), la precariedad de una autónoma que se tiene que endeudar para asumir todo este proceso, todo la empuja hacia un abismo del que es difícil salir indemne.




La dirección de Fernando Ferrer ("El pantano", "Automáticos", "La que va") es elegante y meticulosa, sabiendo como transitar entre las diferentes escenas con primorosa soltura, para intercalar los momentos más dramáticos con otros más divertidos. La elección de los tres espacios escénicos para desarrollar las diferentes escenas de la obra funciona muy bien, y la actriz transita de un espacio a otro con naturalidad, haciendo fluir todo con una sencillez. La montaña rusa emocional a la que somete al público nos hace permanecer con el corazón en un puño durante toda la función. Nos duele cada revés en la vida de la protagonista, nos indignamos con los datos reales y la manipulación que de ellos hacen las clínicas de fertilidad, y nos sorprendernos ante la fortaleza mental de la protagonista en su lucha, en su manera de levantarse ante cada nuevo golpe de la vida. La actriz nos hace partícipes de su dolor, de sus reproches a su entorno, de su visión sobre lo duro que resulta este proceso. Y el público sufre, llora, y se emociona con su relato.



La obra nos lleva de la mano por el proceso de una mujer que quiere ser madre y no lo consigue. Nos muestra esta situación particular con aspectos más generales como el duelo ante la infertilidad, las reacciones del entorno próximo ante los diferentes reveses que van surgiendo, o la publicidad engañosa y la actitud pasota de las clínicas de fecundación ante la vulnerabilidad de las personas que acuden a ellas, que siempre llegan bajo mínimos de moral y con la necesidad de un acompañamiento empático. La tercera línea argumental nos lleva a la situación de la sociedad actual, en la que hay muchos elementos que retrasan la decisión de ser madre: la precariedad laboral, las dificultades para emanciparse, el precio de la vivienda, la brecha de clase, elementos de inestabilidad emocional que hacen retrasar la maternidad y con ello hacer más probable un embarazo de riesgo o una infertilidad por la edad. Un coctel perfecto para proliferación de las clínicas de reproducción asistida, un claro negocio al alza.



Este largo y tortuoso proceso para conseguir ser madre estaba hace no demasiado tiempo estigmatizado por la sociedad. Un proceso en el que la mujer es a menudo objeto de violencia ginecológica y obstétrica, donde la propia sociedad es la que señala a la mujer como culpable de esta falta de fertilidad, el dedo acusador de la sociedad las sigue señalando a ellas, cuando los números hablan de las causas, como parece lógico, son repartidas entre el hombre y la mujer. Otra de las cargas que deben soportar las mujeres en este proceso es la presión social, la cotidianeidad con la que se interroga a las mujeres sobre si quieren ser madres, cuando se van a "poner a ello" o sentenciando con esa lapidaria frase de "se te va a pasar el arroz". Todo esto sin saber si lo está intentando, si lleva varios ciclos fallidos, si ha pasado por varios abortos naturales. Una serie de piedras en la mochila que van haciendo más pesado el camino, más duro cada revés, más traumático el avance del tiempo sin resultados positivos. Todo esto se ve en esta pieza de una forma elegante, directa, contundente.




La interpretación de Ángela Encinar ("Despierte el alma dormida", "El pabellón", "Íntima") es una delicia absoluta. Controla con maestría los tiempos de la obra, juega con el público, lo zarandea, los lleva a lugares oscuros (la mayoría del público pasamos escenas enteras llorando por la intensidad del relato), para acto seguido encadenar escenas tirando de tópicos, mucho más ligeras y asequibles. Ángela hace una composición precisa de cada escena, sin aspavientos ni grandes gestos nos conmueve y nos lleva a donde quiere. Una interpretación precisa, medida al detalle, en el que cada mirada, cada mueca, cada gesto, tiene gran peso en los momentos clave de la historia. Una actriz en estado de gracia, que nos lleva a los infiernos y nos rescata segundos después, con esa complicidad ganada desde el primer momento, porque nos sentimos parte del viaje desde que nos empieza a contar esta dura historia de superación, esta montaña rusa de emociones en las que el público se rinde ante lo que está viviendo la protagonista. Es curioso el silencio sepulcral que se apoderó de la sala con el oscuro final, un silencio que demuestra el nudo en la garganta que tenía el público, que tardó unos segundos eternos en deshacer el nudo y secarse las lágrimas.




Todo este viaje emocional transcurre en un precioso espacio florido diseñado por Anna Tusell y construido por Mambo Decorados. Un escenario dividido en tres lugares claramente diferenciados, en los que la actriz interpreta cada una de las escenas de la historia. El espacio lo preside un gran sofá rodeado de flores, a modo de gran trono. A sus lados una mesa y un taburete, ambos también muy floridos. La imagen, al acceder a la sala, resulta deliciosa. El tránsito entre las diferentes escenas viene marcado por una tenue iluminación, diseñada por Fernando Ferrer, que va modificándose en cada secuencia para darle la textura adecuada. Todo esto se envuelve en la maravillosa composición musical de Joan Martorell, una deliciosa creación que nos lleva en volandas a lo largo de la historia, emergiendo como elemento fundamental en la composición de las diferentes secuencias.

En definitiva, estamos ante una obra que debería ser de obligada visualización para una sociedad que tiene mucho que mejorar en estos procesos que tienen que ver con la maternidad. Las mujeres se embarcan en un proceso, a veces acompañadas y otras muchas solas, en las que su tranquilidad y estabilidad parece necesarios para un trance tan importante en sus vidas. En esta obra descubriremos datos objetivos de la manipulación de las clínicas de fertilidad, pero sobre todo veremos lo duro y cruel que puede llegar a ser este proceso cuando se alarga en el tiempo, cuando una y otra vez no se logra el objetivo. Un impacto físico (con cada ciclo de hormonas) y emocional que es muy difícil de sobrellevar. Si a esto le sumamos un entorno que no deja de presionar o unos médicos poco empáticos, el cóctel resulta explosivo. No quiero acabar estas líneas sin felicitar a Ángela Encinar por el trabajazo que ha realizado, tanto en la elaboración del texto como en su interpretación, que supongo será muy dura en cada actuación, con el viaje emocional que sufre la protagonista. Lo dicho, una obra que todos deberíamos ver y que esperamos que regrese pronto a la cartelera.


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Teatro: El umbral de Primavera.
Dirección: Calle Primavera 11.
Fechas: Días 19 y 20 de Junio. Viernes 19 a las 22:15, Sábado 20 a las 19:00.  
Duración: 70 minutos
Entradas: Desde 15,36€ en El Umbral de Primavera


La propuesta se completa con dos actividades de mediación:
— Taller de elaboración del duelo (público adulto).
— Taller de prevención de la infertilidad (público joven).


Dirección: Fernando Ferrer

Actriz: Ángela Encinar

Escenografía: Anna Tusell

Construcción Decorado: Mambo Decorados

Vestuario: Ángela Encinar

Composición Musical: Joan Martorell

Iluminación: Fernando Ferrer

Dramaturgia: Ángela Encinar

Producción: Producciones Claridiana

Producción Ejecutiva: El Sol de York

Distribucción: Susana Runbio – Nuevos Planes

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