Llega a la sala roja de los Teatros del Canal uno de los títulos más esperados de la temporada. Y es que la sombra de la película de Fernando León de Aranoa "Los lunes al sol" es alargada, ya que marcó a toda una generación (quizás más en el caso de los que nos tocaba más de cerca por ser gallegos). Esta historia de perdedores, de hombres sin futuro en una ciudad en crisis en la que todas las puertas parecen cerrarse a aquellos que lucharon por lo que creían, por el bien común y por defender el pan de todas las familias de la empresa, es un ejemplo de la lucha obrera, pero también del colapso de una sociedad que abandona a las personas que se quedan sin empleo a cierta edad y sin estudios.
Paradójicamente, se estrenan estos días dos montajes teatrales basados en dos de las películas más icónicas del cine español. Comparte cartelera con "Los lunes al sol" la fabulosa "La escopeta nacional", dos críticas de nuestra sociedad (cada una de la su tiempo) desde perspectivas muy diferentes, desde el humor ácido y corrosivo de Berlanga y Azcona al drama social de Aranoa. En este punto, lo interesante es ver cómo se han llevado a escena estos iconos de nuestra cultura, si consiguen diferenciarse del original para crear una pieza que tenga interés por si sola, o se reduce a una mera copia del original. En el caso que nos ocupa, el montaje teatral emociona y duele tanto como su predecesor. Aunque es inevitable recordar algunas de las escenas míticas de la película al verlas en escena, el montaje resulta interesante por si solo, manteniendo la esencia de la película pero adquiriendo un gran interés por si mismo. El montaje resulta contundente, compacto, doloroso en el fondo pero bello en su ejecución. Un gran acierto los evidentes cambios que lo separan de la película.
Esta producción de GG Producción Escénica y Teatro del Nómada nos lleva a la esencia de la obra original, en el que se pone el foco en toda una generación de trabajadores que lucharon por sus derechos en la reconversión industrial de los astilleros, que pelearon por mantener sus puestos de trabajo, y que sufrieron la inmisericorde crudeza del cierre. De la noche a la mañana se encontraron si trabajo, con una indemnización (en el mejor de los casos) con la que reconstruir su vida, y un oscuro horizonte en el que todo se volvió cuesta arriba. Porque como se nos cuenta en al obra, muchos de ellos habían entrado al astillero de adolescentes, sin prácticamente estudios, y ahora se encontraban rozando los cuarenta y sin nada a lo que agarrarse. Uno de los puntos más interesantes de la obra es la actualización que hace de la sociedad, hablándonos de los riders, los trabajos flexibles y todos esos inventos de esta época.
La obra nace del guion original de Fernando León de Aranoa e Ignacio del Moral, que este último ha adaptado junto a Javier Hernández-Simón (que se encarga también de la dirección de la obra). Un trabajo complejo (dada la impecable construcción del texto original) que han sabido diseccionar con maestría para separar lo más cinematográfico y quedarse con lo que podía llevarse a escena sin perder en ningún momento la esencia de lo que se quería contar. En este aspecto, se ha suprimido (más bien modificado) todas las idas y venidas de los personajes en el barco que atraviesa la ría. Algo que resultaba icónico de la película y que los dramaturgos han sabido colocar estratégicamente en diferentes lugares del texto obviando el escenario del barco. Uno de los puntos que personalmente me producían más curiosidad y que tengo que reconocer que no se echa en falta (ante la imposibilidad obvia de surcar la ría en cada escena). Pero lo mejor de todo es que la esencia del original permanece, pero no la vemos en la obra. Con esto quiero decir que no echamos de menos lo que no está de la película y aplaudimos la forma en la que se ha plasmado todo lo que aparece. Algunas escenas con mejor resultado que otras, la sensación es que estamos ante un texto perfectamente estructurado para su puesta en escena.
La dirección de Javier Hernández-Simón ayuda a dejar de lado las comparaciones y centrarnos en la impecable resolución de los diferentes escenarios y situaciones. El director ha decidido utilizar el bar donde se reúnen los amigos como eje fundamental sobre el que hacer girar la trama. Desde ese lugar crea un complejo entramado de luces y niveles escénicos en los que consigue dar cabida a los diferentes lugares en los que transcurre la historia. En la difícil tarea de que no recordemos a los intérpretes originales, el director ha realizado un impecable trabajo con los actores, consiguiendo de ellos unas interpretaciones fantásticas. Las decisiones puramente escénicas encajan en el desarrollo de la obra, aunque algunas de ellas quedan lejos de sus homónimas cinematográficas. El resultado es claramente sobresaliente, con una intensidad y una crudeza que no se pierde en ningún momento. La continuidad a la que obliga el teatro es controlada por el director con maestría, sabiendo entrelazar las diferentes tramas con las continuas entradas y salidas de los personajes de escena. Una de las decisiones más interesantes es ese juego escénico en el que en el mismo espacio tiene cabida el bar y la oficina del banco, una casa de gente adinerada o de gente humilde, la fábrica de conservas e incluso el catamarán en el que salen a la ría en la escena final.
Es increíble ver como una temática tan particular de un lugar concreto puede resultar tan universal. También resulta doloroso ver lo bien que ha envejecido el texto y lo actuales que son los problemas que ahogan a los protagonistas. El mundo que sigue girando, cada vez más rápido, sin importarle lo más mínimo todos los que se van quedando fuera, atrás, en los márgenes. La rueda continúa pasando por encima de las personas, apartándolas del sistema, dejándolas sin nada y sin tiempo para rectificar. Como explica Javier Hernández-Simón "Santa, Jose, Lino, Ana o Amador podríamos ser cualquiera. En cualquier momento esa ilusoria red de seguridad que creemos que existe y nos sostiene puede desaparecer bajo nuestros pies dejándonos caer. Y si ocurre, ¿seremos capaces de seguir sabiendo quién somos? ¿Cómo mantener la dignidad… cómo seguir hacia adelante? ¿Cómo se resiste cuando sientes que has perdido la guerra?".
La obra nos enseña que hay que seguir en la lucha, no desfallecer, permanecer unidos en la única manera de las cosas lleguen a buen a puerto. "Esta obra nos plantea que ninguna batalla, ninguna guerra, se puede ganar solo. Somos alguien en la medida en que otra persona nos reconoce. Son los otros, los compañeros, las amigas, los vecinos, la familia quienes pueden devolvernos un reflejo en el que podamos mirarnos sin miedo, sin vergüenza y con la cabeza alta. En un mundo que tiende, cada vez más a la individualidad, Los lunes al sol nos recuerda que debemos volver a mirarnos, a reconocernos, a apoyarnos… que tan sólo juntos podremos sacar el barco de la arena… Y volver a navegar… hacia cualquier horizonte", explica el dramaturgo y director.
La obra nos muestra de forma directa y sin paños calientes la lucha diaria por sobrevivir, la frustración de caerte y tener que volver a empezar, la sensación de que chocas contra un muro, de que nadie te hace caso (la escena de Jose pidiendo los papeles es una genialidad), una lucha sin cuartel en la búsqueda de un trabajo, en este mundo en el que mañana mismo estas obsoleto y ya no vales. Ese embudo que se va cerrando, que cada vez es más estrecho y va minando nuestra autoestima y afectando a todo lo que nos rodea, a las relaciones personales y a la esperanza por tener un futuro, un horizonte al que poder mirar con cierta esperanza. Un contundente relato que reflexiona sobre cómo las circunstancias económicas pueden moldear la identidad y las relaciones humanas. Un texto que pone el foco en temas como la justicia social, la lucha colectiva, la pérdida de oportunidades al llegar a cierta edad o lo duro de un sistema laboral como el actual, que caduca incluso antes de empezar.
Uno de los puntos fuertes de este montaje es, sin lugar a dudas, las interpretaciones de todo el elenco (como ya ocurría en la película), encabezado por Fernando Cayo (Santa), Marcial Álvarez (Jose) y José Luis Torrijo (Lino) en los papeles principales, acompañados de César Sánchez (Amador), Fernando Huesca (Rico / Abogado / Funcionario), Mónica Asensio (Nata / Funcionaria / Banquera), Fermi Herrero (Reina / Fiscal / Administrativo) y Lidia Navarro (Ana), con la voz en off de Pepa Pedroche. Los intérpretes consiguen que los personajes mantengan la esencia de la película. Fernando Cayo ha creado a un Santa luchador y cabezón, Marcial Álvarez a un Jose indeciso, frágil, vulnerable, José Luis Torrijo a un Lino luchador incansable ante la cruda realidad, Mónica Asensio una Nata enérgica, incisiva, voluntariosa e impetuosa (quizás más cercana al resto de personajes, más parte de la cuadrilla), César Sánchez a un vencido Amador, o Lidia Navarro a una Ana combativa y cada vez más asqueada de su vida. Un elenco fabuloso que nos atrapa el corazón.
Toda esta gran obra adquiere el carácter de majestuosa con la imponente escenografía diseñada por Ricardo S. Cuerday creada porMambo Decorados, un lugar compuesto de retales metálicos (un claro guiño al astillero donde trabajaban los protagonistas) que componen un fabuloso collage, con multitud de espacios diferentes en los que suceden distintas escenas. Un escenario entre deprimente y apocalíptico, con un espacio central presidido por una máquina medio hundida en el suelo a la que rodea una barra del bar serpenteante. Un lugar misterioso, mutable, ambiguo, en el que caben todos los lugares por los que transcurre la historia. Fundamental en este cambio la iluminación de Juan Gómez-Cornejo (AAI) y Ion Aníbal (AAI), capaces de dotar a toda la obra de una decrepitud muy apropiada, y a la vez dar distintas texturas e intensidades a cada ambiente. Todo este ambiente de derrota se ve enfatizado por la impecable dirección musical de Álvaro Renedo Cabeza (responsable también del espacio sonoro). En este terreno no podemos dejar de nombrar a Daniel Saiz, autor de la canción "Consejos del mar" que interpreta Nata. Por último, el vestuario de Elda Noriega encaja a la perfección con la personalidad de cada uno de los personajes.
En definitiva, estamos ante una versión que está al nivel de la película original, que ya es mucho decir. El montaje mantiene todos los mimbres que hicieron triunfar a su predecesora, con el mismo carácter combativo, la misma crítica social, la vulnerabilidad de unos personajes que se sienten abandonados por el sistema. Un montaje imponente, grandioso, que con una escenografía polivalente y claramente industrial nos coloca en el ambiente propicio para volver a sufrir al lado de este grupo de incomprendidos perdedores. Si a todo esto le sumas un elenco fabuloso, en el que todos están impecables, tenemos un montaje al que solo le podemos poner un pero, que esté tan pocos días programado. Esperemos que vuelvan pronto Santa, Jose, Lino y compañía.
Reparto (por orden de intervención): Nata / Funcionaria / Banquera – Mónica Asensio Jose – Marcial Álvarez Lino – José Luis Torrijo Santa – Fernando Cayo Reina / Fiscal / Administrativo – Fermi Herrero Rico / Abogado / Funcionario – Fernando Huesca Amador – César Sánchez Ana – Lidia Navarro Voz en off: Pepa Pedroche
Dirección: Javier Hernández-Simón Guion original: Fernando León de Aranoa e Ignacio del Moral Adaptación: Ignacio del Moral y Javier Hernández-Simón Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo (AAI) y Ion Aníbal (AAI) Diseño de escenografía: Ricardo S. Cuerda Diseño vestuario: Elda Noriega (AAPEE) Dirección musical, composición y espacio sonoro: Álvaro Renedo Cabeza Canción “Consejos del mar” original de: Daniel Saiz Ayudante de dirección: Jon Ander Ribote Ayudante de escenografía: Juanjo González Ingeniero de sonido: Carlo González Realización de escenografía: Mambo Decorados Diseño gráfico: Eva Ramón Vídeo y teaser: Chicken Assemble Producciones Fotografías cartel: Sergio Parra Fotografías función: MarcosGpunto Regidor: Kiko Ortega Técnico de maquinaria: Francisco Agudo Técnico de iluminación y sonido: Tomás Ezquerra Becaria producción: Alba Piorno Asesoría fiscal: Vázquez & Cidoncha Transporte escenografía: Taicher SL Comunicación y prensa: María Díaz Jefa de producción: Tanya Riesgo Dirección de producción: Carmen García y Graciela Huesca Producción ejecutiva y distribución: GG Producción Escénica
Una producción de: GG Producción Escénica y Teatro del Nómada
Con la participación de: AJ Claqué, Mardo, Saga Producciones, Juan Carlos Castro y María Díaz Comunicación
Con el apoyo de Ministerio de Cultura-INAEM, Comunidad de Madrid, Teatro Calderón de Valladolid, Centro Cultural Paco Rabal y Ayuntamiento de Madrid-Distrito Tetuán