Quien sea llega tarde. Teatros del Canal

El mundo visto desde el prisma de Eusebio Calonge y bajo la dirección de Paco de La Zaranda siempre nos lleva a lugares lúgubres y oscuros, pero en los que la realidad se muestra en toda su crudeza, con una contundencia brutal y con un lenguaje poético inigualable. En esta ocasión llegan a la sala negra de los Teatros del Canal para hablarnos de la precariedad laboral, de la inseguridad de estos tiempos que vivimos, de la dificultad para vivir con cierta tranquilidad, con una incertidumbre que va minando el mundo y convirtiendo los lugares en tenebrosos espacios a los que nos agarramos para sobrevivir.



Este montaje se representa por primera vez en España dentro de la programación internacional del ciclo Canal Hispanidad de los Teatros del Canal, un espacio dedicado a estrechar los vínculos culturales entre España y los países iberoamericanos. El montaje, con toda la estética propia de los montajes de La Zaranda, nos propone una reflexión poética, crítica y profundamente humana sobre el agotamiento de una civilización que parece avanzar hacia su propio apagón, como metáfora del gran ocaso de Occidente. Desde el humor negro más mordaz, la obra incomoda y emociona a partes iguales.




Esta producción de Teatro Picadero de Buenos Aires está dirigida por Paco de La Zaranda y escrita por Eusebio Calonge, miembros de la emblemática compañía andaluza La ZarandaTeatro Picadero nos presenta esta desgarradora historia sobre este mundo inestable y grotesco en el que vivimos, en el que la precariedad y la inestabilidad se han colado en nuestras vidas para someternos aún más a las poderosas garras del capitalismo. Este emblemático teatro argentino, desde su reapertura en 2012 de la mano de Sebastián Blutrach, se convirtió en un referente de teatro de calidad, produciendo y ofreciendo algunas de las más prestigiosas obras de la cartelera porteñaEl Picadero ofrece cada noche una pequeña fiesta compartida. Un teatro que supo nacer en la resistencia, mantenerse con compromiso y crecer con amor por el arte.



El texto de Eusebio Calonge destila ese aroma tan particular que nos tiene acostumbrados al frente de su compañía. Una historia con toda la oscuridad que merece, con ese tránsito por el lado más duro de la vida, aquel en el que todo parece triste y melancólico. Pero solo Calonge puede contarlo con una ternura que nos conmueve, con un ingenio que nos hace reír más que llorar, destilando verdad en cada frase, pero disfrazada de algo onírico, como si de un gran acto poético se tratase. Dos personajes que habitan los márgenes de la sociedad, esa que se derrumba ante sus ojos, mientras permanecen ocultas en esta oficina que las tiene atrapadas. Un relato que entrelaza los sueños de cada una ellas con la realidad más dolorosa, que las coloca al borde del abismo.




Como es habitual, las obras dirigidas por Paco de La Zaranda, todo se baña de una dualidad que nos mantiene entre lo real y lo fantástico. En este universo tan particular, todo es posible, los objetos adquieren personalidad propia, todo es mutable y el juego escénico prevalece por encima de todo. Ante lo que aparentemente son unos sencillos elementos, se despliega toda la grandiosidad de la imaginación, ese mundo de las ideas en el que todo cabe, ese mundo inabarcable que es el de los sueños. En esta realidad paralela, en este mundo de sueños (o pesadillas), todo es posible, desde duchas y antenas que se convierten en poderosas armas, o cajones que son ataúdes. Solo podemos dejarnos llevar por el juego que nos propone Paco, disfrutar de ese universo particular, dejarse sorprender por la belleza de todo lo que propone, dentro de este sórdido mundo.



La obra se mueve en una realidad muy próxima a la actual, pero con tintes distópicos. Dos mujeres afrontan un apagón tecnológico, metáfora del gran ocaso de occidente. Así comienza la sinopsis del programa de mano, escrito por Calonge. Y desde ese lugar, en una delgada línea que separa lo real de lo inventado, las dos mujeres intentan sobrevivir en un mundo que se derrumba a su alrededor, en un hostil universo que las expulsa de la sociedad por no llegar a los límites exigidos por el capitalismo que ahoga a la clase trabajadora. Con la poética de Calonge, el relato navega entre la fábula y la tragedia, entre lo surrealista y el costumbrismo, entre lo real y lo onírico. Porque cualquier historia escrita por este genio nos lleva a lugares que solo él sabe crear, universos en que lo más sórdido adquiere una belleza demoledora, donde el horror y la desgracia transmiten ternura, donde la vida al borde del abismo se convierte en un lugar bello desde el que poder soñar.

El propio Calonge explica que "lo apocalíptico toma en cada tiempo sus propias formas, la falta de luz, una luz que irradie nuevas esperanzas, creo que es lo que mejor definiría a nuestra época. Un progresivo ir apagándose nuestros avances, un constante deterioro de nuestra propia humanidad. Este podría ser un argumento de esa distopía tan de moda si no fuese porque nuestras protagonistas se rebelan con las únicas armas que tienen, las de su imaginación. Una evasión que si no modifica sus penosas vidas sí que las hace llevaderas y hasta perdurables. Los sueños que siempre han sido esa piedra angular sobre la que se edificó nuestra cultura". La propia devastación de una sociedad moribunda, que se recrea en su propia agonía.



La obra nos muestra a estas dos mujeres al borde del abismo, en una realidad precaria que no quieren afrontar, elucubrando sobre una realidad paralela en la que todo está bien, sin querer enfrentarse en la crudeza de su situación. Dos mujeres huyendo de su propia realidad para situarse en un limbo en el que no pasa nada, donde se ha parado el tiempo, donde la caída al vacío se ha frenado. Continúan con sus rutinas de empleos desaparecidos (el uso de la máquina de escribir es fabuloso como símbolo de lo obsoletas que están), simulando que todo está controlado y que el mundo no se ha olvidado de ellas. Su existencia se basa en repetir día tras día todos los automatismos adquiridos durante años, sin cuestionar porque nada funciona, porque nadie llama, porque están solas en ese inhóspito lugar. Pero lejos de dejarse llevar por esa realidad apocalíptica, crean su propio universo como forma de resistencia. La pieza busca generar “destellos” de todo tipo que permitan seguir avanzando incluso en estos tiempos de incertidumbre, señala Calonge.




Uno no puede dejar de elogiar el maravilloso trabajo de las actrices Paula Ransenberg y Nayla Pose, dos intérpretes a las que no conocía y que me impresionaron por su versatilidad, su ingenio, por su verdad en todo lo que hacen en escena. Una pareja de personajes antagónicos, o no tanto, que se complementan a la perfección. Dos actrices en estado de gracia que nos emocionan, nos divierten, mientas las vemos avanzar en esa rueda son final en la que se han convertido sus vidas. Maravillosos cambios de roles dependiendo de la situación, con la solvencia de quien vive cada momento como propio. Dos interpretaciones cargadas de matices, de pinceladas maravillosas, haciendo en todo momento de lo sencillo lo prioritario para llegar a la esencia de lo que se quiere contar. Como es habitual en los montajes de La Zaranda, los personajes viven en el lado oscuro de la vida, en los límites de una sociedad que les ha empujado, que las ha abandonado en esa oficina que se ha convertido en cobijo y a la vez en cárcel. 




Como es habitual en todos los montajes del tándem que forman  Paco de La Zaranda y Eusebio Calonge, la escenografía se convierte en un personaje más de la obra, por el ingenio con el que se utilizan los pocos elementos que aparecen en escena. Apenas una docena de objetos, aparentemente los típicos de una oficina, que las actrices manipulan para transformarlos en todo tipo de elementos, a cual más ingenioso e inverosímil. El otro elemento fundamental para crear este particular contexto tenebroso y distópico es el uso de la iluminación, siempre tenue y precisa, siempre jugando con la penumbra más que con la iluminación habitual. Ese juego de luces y sombras coloca la historia en un lugar de pesimismo, de decadencia, en el que el relato transcurre con deliciosa precisión.



En definitiva, estamos ante un montaje precioso dentro de su crudeza, divertido dentro del dramatismo que viven sus protagonistas, delirante y surrealista, el universo de La Zaranda en estado puro. Una deliciosa historia de perdedoras, de seres al límite que intentan escapar de su propio destino. Dos actrices como Paula Ransenberg y Nayla Pose en estado de gracia, haciéndonos disfrutar de cada escena por la verdad que transmiten en cada gesto, en cada palabra, en cada mirada. Una obra que deja una poderosa y contundente crítica al mundo en el que vivimos, ese que está dejando a demasiada gente atrás con estos ritmos vertiginosos, trabajos precarios y precios desorbitados. Una delicia, como todas las creaciones de Eusebio Calonge y Paco de La Zaranda. Teatro en estado puro, con toda la crudeza y la belleza que siempre transmiten sus creaciones.
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Teatro: Teatros del Canal. Sala Negra
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1.
Fechas: Del 10 al 21 de Junio. De Martes a Sábado a las 18:30. Domingo a las 18:00.
Duración: 1 hora 10 minutos.
Encuentro con el público: Jueves 11.
Entradas: Desde 20€ en Teatros del Canal. PROGRAMA.


FICHA ARTÍSTICA

Texto: Eusebio Calonge
Dirección: Paco de La Zaranda
Actrices: Paula Ransenberg y Nayla Pose
Producción general: Sebastián Blutrach
Asistentes de dirección: Camilo Blutrach y Luna Pérez Lenning
Regidor: Camilo Blutrach
Operación de luces y adaptación del diseño de iluminación original: Peggy Bruzual
Distribución: PTC Teatrales Contemporáneas, SL


 
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