Una temporada más el Festival de Almagro encabeza su programación con el estreno absoluto del nuevo montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Si la pasada temporada disfrutamos con "Fuenteovejuna" de Rakel Camacho, este año nos deleitamos con la versión de "El caballero de Olmedo" de la mano de Laila Ripoll (directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico), llevando a escena uno de nuestros textos canónicos del Siglo de Oro. Esta maravillosa producción, llena de pasión, humor y honor, hará las delicias de los amantes de la obra de Lope de Vega, pero también de aquellos que quieran ver una propuesta más actual, con una estética que bebe del siglo de Oro pero que lo envuelve de un halo misterioso muy particular. Para el que no la haya podido disfrutar estos días en Almagro, tendrá una nueva oportunidad en el comienzo de la temporada del Teatro de la Comedia.
Un año más, nos acercamos al Festival de Teatro Clásico de Almagro para disfrutar del ambiente que lo envuelve todo, que nos traslada a épocas pasadas, desde su preciosa Plaza Mayor a los espacios reformados para dar cabida a las representaciones del Festival, como es el ejemplo del AUREA, antigua universidad en la que hemos podido "La vengadora de las mujeres" uno de los grandes éxitos de la pasada temporada en el Teatro de la Comedia. Tras pasar un rato de lo más divertido con una obra impecable, damos un paseo por el centro para hacer tiempo, buscando de reojo una pantalla en la que poder saber como va el partido de la selección. Nuestro pasos se encaminan al fantástico Teatro Adolfo Marsillach (antiguo Hospital de San Juan de Dios), donde asistimos a una de las últimas representaciones de la nueva producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, de la mano de su directora Laila Ripoll, en el que ha sido su gran estreno con una gran acogida de crítica y público.
Esta nueva producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico es un prodigio, tanto estético como formal. Es extraño que hayan tenido que pasar más de tres décadas desde el último montaje de este clásico de Lope de Vega por parte de la Compañía. Fue en 1990, a cargo de Miguel Narros y protagonizada por Carmelo Gómez. Estos días se puede ver una imagen y parte del vestuario dentro de la exposición "Lope para todos" (del 3 de Julio al 13 de Septiembre, en el Espacio de Arte Contemporáneo de Almagro), en el que se pone en valor la relación de Lope de Vega y la CNTC en estos 40 años de sintonía. Esta nueva versión transmite una belleza formal apabullante, unas interpretaciones brillantes y una estética gótica, casi tenebrosa, que es uno de los mayores aciertos de todo el montaje. Esta tragedia hará parada en su tierra natal el Viernes 17 de Julio dentro de El Festival Olmedo Clásico, antes de su llegada en Septiembre al Teatro de la Comedia de Madrid (del 24 de Septiembre al 22 de Noviembre).
La creadora Laila Ripoll ha sido la encargada de esta nueva versión del clásico de Lope de Vega, así como de la dirección del montaje. La directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico es una experta en la obra de Lope. Ya con su compañía Micomicón realizó montajes como "Los melindres de Belisa", "El acero de Madrid", "La dama boba", "Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo", "La judía de Toledo" o "Mudarra", además de la obra "Basta que me escuchen las estrellas" sobre la vida del autor del Siglo de Oro. Esta relación suma un nuevo episodio con esta impecable versión, en la que todo encaja con una maestría que solo puede alcanzar quien conoce el material con el que trabaja como lo hace Laila con Lope. Ahora nos embarcamos en esta tragedia sobre el amor truncado entre Alonso e Inés, un desgarrador montaje que emociona y entretiene, que desgarra y divierte, que nos recuerda porque este texto es todo un emblema de nuestra literatura.
La directora considera que estamos ante uno de los textos más hermosamente poéticos de nuestro Siglo de Oro. En esta obra los espectadores asisten a una especie de crónica de una muerte anunciada en la que, desde el inicio, conocen más que los personajes mismos, por lo que esa suerte de fatalidad, de destino terrible e inexorable, genera una profunda inquietud. Lo que comienza siendo un cuento amable, una aparentemente previsible historia de amor, con sus lances, su criado gracioso, sus divertidos engaños y disfraces, poco a poco se va enturbiando hasta convertirse en un angustioso y siniestro cuento de miedo. Pero nosotros, el público, eso ya lo sabíamos. Laila explica que más de cuatrocientos años después los espectadores continuamos siendo cómplices, continuamos compartiendo un secreto en el que está encerrado el destino de los personajes ¿Cómo no volver a Olmedo con todo ese arsenal de conocimiento contemporáneo?.
Ripoll consigue en esta versión sacar toda la esencia de la obra, llevando la tragedia a un lugar que transita por momentos en la comedia romántica con tintes costumbristas, para viajar al espíritu romántico del XIX, con una propuesta más misteriosa y lúgubre que no invade todo en la segunda parte del montaje. La trama amorosa, que recorre el comienzo de la obra, lo impregna todo de luz y de ligereza, con la dosis de enredo necesaria en toda comedia romántica. Pero la genialidad de esta obra reside en el viraje repentino de la trama, en convertir una deliciosa historia de amor en una tragedia, que lo tiñe todo de dolor y pena, con el consiguiente cambio de tonalidad en toda la obra, desde el propio texto a las interpretaciones, pasando por la iluminación o la escenografía.
La obra transcurre de la mano de dos secundarios que llevan el peso de la narración (y también de las interpretaciones). Tanto Fabia (al alcahueta que une lazos entre los enamorados) como Tello (el escudero fiel de Alonso) son los encargados de engarzar las escenas, de darle sentido a la trama, de unir pasiones y transmitir desgracias. Ambos personajes sirven de hilo conductor de la historia, tanto por su peso dentro de la trama como por el vínculo que les une a los enamorados. Son los más empeñados en que la historia de amor cuaje, y los más quebrados cuando la tragedia inunda la historia. Son el fiel reflejo de como la historia transita de la comedia a la tragedia, del amor al horror, de lo festivo a lo terrorífico. Lo que comienza como una historia de amor se va torciendo hasta la mayor de las desgracias, y estos dos personajes lo viven al lado mismo de los protagonistas, quitándoles por momentos en foco de la acción. Con ánimo de acercarse hacia la gran alianza de los enamorados, la noche y las ansias de venganza empujan a los personajes ante un desenlace tan inesperado como cruel.
Toda la obra se sostiene en un fantástico elenco que funciona con excelsa precisión. Desde los jóvenes Elisabet Altube (en el papel de Inés), Víctor Sáinz (interpretando a Alonso) y Jorge Varandela (dando vida a Rodrigo), a las fantásticas interpretaciones de veteranos secundarios con grandes papeles, como Arantxa Aranguren (maravillosa Fabia) y David Lorente (descomunal en su papel de Tello). El reparto lo completan Clara Cabrera (interpretando a Leonor), Javier Díaz Gil (en el papel de Laín), Carlos Jiménez Alfaro (dando vida al Rey), Sandra Landín (en la piel de Ana), Teo Maiztegi (interpretando a Mendo), José Luis Martínez (como Condestable), Gerardo Quintana (en el papel de Don Pedro) y Mateo Rubistein (interpretando a Don Fernando). Este fabuloso elenco ha sido asesorado en verso por la gran Eva Rufo y entrenados en la lucha escénica por Kike Inchausti, trabajos excelsos ambos, que hace que el montaje crezca en complejidad y precisión.
Como ya hemos dicho antes, los personajes de Fabia y Tello llevan en muchos momentos el peso de la historia. Pero este protagonismo se debe por encima de todo a las interpretaciones maravillosas de Arantxa Aranguren ("Atlas de geografía humana", "Donde el bosque se espesa", "RIF (de piojos y gas mostaza)", "La viuda valenciana") y David Lorente ("El bar que se tragó a todos los españoles", "Los desiertos crecen de noche", "Los amigos de los dos", "American Buffalo") respectivamente. Arantxa interpreta a una Fabia cargada de matices, que navega entre dos aguas para intentar llevar a buen puerto el idilio entre Inés y Alonso. Una interpretación prodigiosa, en la que en cada escena da una clase magistral de interpretación, con infinidad de registros y muchos matices que va sumando a este complejo personaje. De pitonisa a alcahueta, de confesora a vidente, todo cabe en este personaje que Aranguren ha sabido dar forma de una manera deliciosa.
Algo similar ocurre con David Lorente y su impecable creación del personaje de Tello. Un entrañable personaje a modo de Sancho Panza, fiel escudero de Alonso. Tello está presente en cada momento crucial de la obra, robando en todo momento el foco de la escena, por la maestría con la que Lorente ha creado este personaje noble y fiel, entrañable y aguerrido, impetuoso y servicial. Su manera de recitar los versos de Lope encumbran a uno de los actores más en forma del panorama nacional, consiguiendo acaparar todo el foco de la escena en la mayoría de sus intervenciones. Una interpretación fabulosa.
Sin lugar a dudas, el engranaje técnico de la obra es uno de sus puntos fuertes. La escenografía diseñada por Arturo Martín Burgos es de una belleza maravillosa, con esas gasas a modo de decorado que impregnan todo de un misterio y una estética fantástica, en la que los personajes se deslizan con precisión, entrando y saliendo de los distintos pliegos como si transitaran entre lo real y lo onírico. Para crear este fantástico y ambiguo ambiente, es fundamental el cuidado y preciso diseño de iluminación de Luis Perdiguero (capaz de jugar de forma elegante con las penumbras para acentuar el misterio), y la videoescena de Álvaro Luna (que nos lleva de lo cotidiano o lo folclórico a la pesadilla de lo tenebroso). No podemos dejar de hablar de la composición musical de Mariano Marín, que transita de lo folclórico (las canciones han sido creadas por Raquel Molano) a lo misterioso, de lo real a lo fantástico, de la comedia a la tragedia. Fundamental para estos cambios el diseño de sonido de David Roldán. No podemos dejar de comentar la maravillosa creación de los vestuarios por parte de Almudena R. Huertas, belleza, folclore y originalidad, con un resultado impecable.
En definitiva, estamos seguros de que el nuevo estreno de la Compañía Nacional de Teatro Clásico dará mucho que hablar. Una versión majestuosa, con una puesta en escena brillante, que mezcla lo folclórico con lo tenebroso, dotando al montaje de una pátina gótica que le encaja a la perfección. Con un elenco muy bien confeccionado, destacan por encima del resto David Lorente y Arantxa Aranguren en dos papeles secundarios que le roban parte del protagonismo a los jóvenes Elisabet Altube, Víctor Saiz y Jorge Varandela. También hay que destacar la capacidad de Laila Ripoll para hacer de esta versión un gran ejercicio de creación escénica, para llevar este clásico a una visión más contemporánea y adaptarla a una estructura y estética muy actuales. Una bella y contundente propuesta que hará las delicias de quien la vaya a ver. Un gran acierto todo el montaje.