Noche buena en un piso del madrileño barrio de Carabanchel. Como ocurre en cada familia, los rituales navideños contrastan con las desavenencias que se intentar esconder bajo el mantel para pasar estas fechas de la mejor manera posible. Pero esta no es una familia normal, esta no es una nochebuena cualquiera, es el momento en el que se deben ajustar cuentas, en el que hay que poner las cartas sobre la mesa, cuando los fantasmas del pasado vuelven para saldar deudas pendientes.
Tras el éxito cosechado hace unos meses en la sala Chulona Mía de Usera, llega ahora a Nave 73 esta brillante versión castiza del clásico de Shakespeare, dentro de la XIV edición del Festival Experimental de Teatro Clásico, que un año más se celebra durante el mes de Julio en Nave 73, con la novedad en esta edición de la participación de Sala Tarambana y El Umbral de Primavera. ClasicOFF apuesta por nuevas formas de acercarse al repertorio clásico desde lenguajes contemporáneos. Teatro, performance, dramaturgias híbridas, investigación escénica y nuevas miradas dialogan con los grandes textos y personajes de nuestra tradición teatral. Un total de 9 espectáculos se han podido ver a lo largo de este mes, al que le queda la Actividad Expandida de "Érase una puta vez" (del 28 al 30) con el que se cerrará esta edición.
Esta obra de la Compañía Emyca es una fantástica propuesta llena de ingenio y tragedia, de emoción y dolor, de comedia e intriga. Esta original versión de Hamlet nos invita a mirar el clásico de Shakespeare desde una perspectiva completamente nueva e inquietante. Esta obra es una atrevida reinterpretación del texto original, llevada a los convulsos años 80 en el barrio de Carabanchel, abordando la esencia de la obra para acercarte desde otro lugar mucho más cercano. Desde una familia aparentemente normal, podremos comprobar como hay ciertos males que afectan por igual a la realeza y a la plebe, como son el amor, la venganza, el odio, la traición, la pasión, el dolor por la pérdida.
La brillante reinterpretación del texto por parte de Iván Melguizo Martín (autor del texto y director de la pieza) consigue trasladar el conflicto principal de la obra a una noche buena en un barrio obrero de Madrid, como es Carabanchel. Pero el autor va más allá, y nos muestra una radiografía de cualquier familia de nuestro tiempo, con tensiones en las fiestas navideñas, rencillas que se esconden bajo la servilleta y una aparente felicidad que se va tensando conforme avanza la noche y se acumulan las copas de vino. Una familia agrietada en sus cimientos, que esconde sus heridas (que aún supuran) para aparentar normalidad en esas fechas en las que todo debe ser felicidad y amor. Pero en esta fatídica noche, las heridas se abren y sale a relucir todo el odio, todas las cuentas pendientes, todos esos secretos que una vez se callaron y que hacen saltar todo por los aires.
El director traslada la historia a principios de los ochenta, esta época en la que todo estaba permitido en la recién estrenada democracia. Esos años de la movida que tanto se ensalzan, tuvieron su lado más doloroso en las drogas que arrastraron a una gran parte de esa generación. En ese contexto nos coloca Iván Melguizo Martín, a mitad de camino entre el esplendor y la alegría de la democracia y el oscurantismo de un régimen que había intentado un nuevo golpe de Estado apenas unos meses antes de las navidades en las que transcurre nuestra historia. Iván decide situar la historia en Carabanchel como ejemplo de barrio obrero, de familia humilde, de referente de tantas cosas en aquellos años. La trama se apoya en referencias televisivas y musicales de la época, así como en villancicos versionados para la ocasión (uno de los grandes aciertos de la dirección). El resultado es una función intensa, que juega con la Navidad y todos sus tópicos para contrarrestarla con la violencia que se sufre en la historia de la familia protagonista. Ingenioso contraste que funciona a la perfección y que permite que los golpes duelan menos y mientras el espíritu navideño lo sobrevuela todo.
La historia nos lleva a la noche buena del año 1981, dos meses después de que Miguelín haya perdido a su padre, muerte que aún no ha superado. En esta desesperación por su ausencia le llama por teléfono y justo en esta tan noche tan especial, el padre responde para confesarle un hecho que cambiará su vida para siempre. En esta aparición, su padre le revela que su muerte no fue como él pensaba, sino que fue asesinado y le pide que vengue su muerte. Lo más impactante para Miguelín es el nombre de la persona que le asesinó, fue su propio hermano, el tío del joven, que ahora se sienta a cenar en su casa en esta noche tan familiar. El joven tiene que matar a su tío para vengar la memoria de su padre. Esa misma noche descube que su tío y su madre mantienen una relación sentimental, al escucharles mantener relaciones al otro lado de la puerta, lo mismo que en la obra de Shakespeare, donde Claudio, hermano de Hamlet, mantiene una relación con Gertrudis, su viuda.
Tras esta bomba inicial, la historia sigue un camino libre, con respecto al Hamlet original, aunque las semejanzas se mantienen a lo largo de toda la obra. Miguelín no sabe distinguir entre lo real o lo soñado, mientras decide si debe hacer caso a las voces que ha escuchado y matar a su tío. Es el momento de decidir si es el hombre que su padre siempre le demandaba o sigue siendo el niño que vive bajo el cobijo de su madre. Entre toda esta montaña rusa de emociones y dudas se deslizan los villancicos que llenan la noche de buenas intenciones, mientras su cabeza está a punto de estallar. Solo su prima, la Ofelia de la obra, parece capaz de frenar su locura y evitar el fatal desenlace. Aunque ella también sea parte interesada en esta venganza, debe intentar apaciguar a su primo para que no llegue la sangre al río... Hasta el público tendrá la posibilidad de opinar en este juego cercano a la ruleta rusa.
Fantásticas interpretaciones de todo el elenco que forman Lorena Antequera, Ghali Boucetta, Miguel Illán y Cristina Izquierdo. Una familia que se quiere y se odia a partes iguales, que quieren evitar el conflicto con la misma fuerza que se encaminan hacia él. El joven Miguel Illán, en la piel de Miguelín, lleva el peso de la obra con una entereza increíble, sabiendo medir los tempos y las energías necesarias en cada momento. Fabuloso trabajo que va creciendo en intensidad conforme avanza la función. El punto de humor lo pone la maravillosa Lorena Antequera, en el papel de la madre. Fantástico contrapunto de Miguelín, intentando esconder a toda costa los duelos no cerrados, intentando hacer de la noche buena un día especial, dejando de lado el dolor que se corta en el ambiente. Su apoteósico final, brillante. En el otro lado de la balanza tenemos a Ghali Boucetta dando vida al tío que ocupa el lugar del padre muerto, y su hija Cristina Izquierdo, amante furtiva del protagonista. Dos personajes antagónicos, rudo y estirado él, dulce y cariñosa ella. Complementan a la perfección a los personajes de Miguelín y su madre.
Todo esto transcurre en un espacio escénico presidido por un pórtico (simbolizando el portal de Belén) que encuadra el salón de la casa donde transcurre esta fatídica noche buena. La escenografía diseñada por Anabel Martín y Luciano Municcio, nos sitúa en una casa de principios de los ochenta, con la tele con su antena que había que mover para sintonizarla, o el típico teléfono que había en todas las casas. El pórtico, algo endeble en su construcción, se desliza por el espacio escénico para trasladarnos a las diferentes localizaciones por las que se desarrolla la historia. Gran trabajo de iluminación de Francis Karkoszka para crear el ambiente de misterio necesario, intercalado con momentos más íntimos de penumbra e ingeniosos juegos de sombras con las cortinas de la casa. También muy importante para crear la atmósfera necesaria el diseño de sonido a cargo de Cristina Izquierdo, que mantiene la tensión de la trama en todo momento. Por último, acertado diseño de vestuario de Luciano Municcio, muy certero con cada uno de los personajes.
En definitiva, estamos ante una original versión del clásico de Shakespeare, actualizada y muy castiza, que nos acerca de otro modo a la trama y nos lleva a recovecos familiares muy cercanos a cualquiera de nosotros. Un año más, Nave 73 ha llenado el mes de Julio de interesantes adaptaciones de clásicos con su XIV edición del Festival Experimental de Teatro Clásico, el ClasicOff. En un mes complicado para el teatro (este año aún más, con el Mundial), consiguen llenar las funciones con una cuidada elección de títulos. En este caso, esta arriesgada propuesta atrapa de principio a fin, te agarra del cuello y no te deja respirar durante toda la función. Una potente historia con un reparto que sabe a lo que juega, que nos lleva a donde quieren en todo momento (ruptura de cuarta pared incluida) para crear una atmósfera angustiosa y violenta por momentos, pero que saben suavizar en el momento justo para no incomodar al público. Una brutal propuesta que esperemos tenga un largo recorrido.
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Teatro: Nave 73
Dirección: Calle Palos de la Frontera 5.
Fechas: Del 24 al 26 de Julio. Viernes, Sábado a las 20:00.
Duración: 70 minutos.
Entradas: Desde 16€ en Nave73.
ficha artística
DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN DE ESCENA
Iván Melguizo Martín
ELENCO
Lorena Antequera
Ghali Boucetta
Miguel Illán
Cristina Izquierdo
PRODUCCIÓN
Iván Melguizo Martín
ILUMINACIÓN
Francis Karkoszka
ESCENOGRAFÍA
Anabel Martín
Luciano Municcio
DISEÑO DE SONIDO
Cristina Izquierdo
VESTUARIO
Luciano Municcio
AYUDANTE DE DIRECCIÓN
Cristina Izquierdo
DISEÑO GRÁFICO
Iván Melguizo
Cristina Izquierdo
FOTOGRAFÍA
Miki Zenfilm
TÉCNICO
Alfonso Izquierdo
DISTRIBUCIÓN
Juan Antonio Ginerés (Emyca)
Una obra de la compañía Emyca.







