En estos tiempos de mundial de fútbol y de temperaturas agobiantes, nos resguardamos en el coqueto Teatro de Bellas Artes para disfrutar de esta poderosa tragedia en la que conoceremos las aventuras de Jason, disfrutaremos con su lucha y nos emocionaremos con una historia que duele y sorprende. Esta producción de Teatro del Noctámbulo es una fantástica historia escrita por nuestro querido Nando López y dirigido por Antonio C. Guijosa, dos referentes que han creado un montaje apabullante.
Un año más, y ya van ocho, montajes del Festival de Teatro Clásico de Mérida aterrizan en Madrid, en los teatros del grupo Pentación, desde el 10 Junio al 12 de Julio. El ciclo comenzó en el Teatro La Latina con "Los hermanos", escrita y dirigida por Chiqui Carabante. La siguiente semana pudimos disfrutar del regreso de "Memorias de Adriano", tras el éxito cosechado al inicio de la temporada en el Teatro Marquina. La dramaturgia corre a cargo de Brenda Escobedo y la dirección es cosa de Beatriz Jaén. El reparto lo encabeza el gran Lluis Homar, al que secundan Álvar Nahuel, Cris Martínez, Xavi Casán, Carlos Piera y Mamadou Diallo. El tercer título de este mes de Junio fue "Las troyanas", dirigida por Carlota Ferrer y protagonizada por Isabel Ordaz. Para este mes de Julio, podremos ver "Gleopatra enamorada, el musical" (del 1 al 12) también en La Latina, "Alejandro y el eunuco persa" (del 8 al 12) en el Teatro Bellas Artes., donde se ha estrenado este pasado miércoles "Jasón y las furias" (del 1 al 5).
Esta coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatro del Noctámbulo("Jerusalem", "Tito Andrónico", "Edipo Rey", "Contra la democracia") se estrenó el pasado mes de Agosto, dentro de la 71ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, en la que clausuró el festival con una gran acogida de crítica y público. La obra es una visión moderna y crítica el mito clásico de Jasón y Medea (inspirada en el Medea de Eurípides, los Argonautas de Apolonio de Rodas y elementos de la mitología griega como la Teogonía de Hesíodo), plagada de una desgarradora emoción, con una puesta en escena apabullante y una visión contemporánea de algunos de los temas que trata la historia. Una dolorosa tragedia que pone el foco en la venganza, el poder, la magia y la lucha por la propia supervivencia.
El texto de Nando López ("La edad de la ira", "Barro", "Los amores diversos" o "Inventando a Lope" por nombrar algunas de las más exitosas) es desgarrador, violento, abrumador, despiadado, cruel, una tragedia con tintes épicos, plagado de emociones fuertes y grandes sobresaltos, en el que la trama transcurre a ritmo de los golpes que va recibiendo Jasón, mientras lucha contra su propio destino. Pero como ocurre en todos los textos de Nando, no faltan las veladas referencias a los problemas que azotan a nuestra sociedad. El término despectivo con el que usan la palabra extranjero, frases hablando de no dejar a las personas morir al cruzar el mar, la paternidad, el amor o los celos, son grandes temas que aborda el texto en mayor o menor medida, con una elegancia máxima, como siempre deja patente el autor en sus obras. Una desgarradora historia plagada de violencia, pero que nos deja momentos de gran belleza entrelazados con otros de angustioso dolor. Brillante.
Desde la dirección, Antonio C. Guijosa ha sabido captar toda la crudeza del texto para hacer un montaje descomunal, crudo y despiadado, en el que los personajes sufren y se enfrentan, luchan por conseguir sus metas y a la vez buscan hacer el mayor daño posible al resto. Un montaje abrumador, brutal, en el que cada escena nos pone el corazón en un puño, la acción transcurre sin bajar el ritmo, avasallando todo a su paso, con una tensión que ahoga y con una fuerza que nos deja KO en la mitad de las escenas. Una medida dirección con ciertas decisiones que hacen crecer el resultado final. La violencia, la crueldad de los personajes, el coro de las furias (impecables), el aprovechamiento del espacio escénico (con diferentes niveles) o el ritmo endiablado de la trama, decisiones todas ellas muy acertadas que aumentan la carga épica y trágica de la obra.
Pero vayamos a lo que nos encontramos en esta dura historia de lucha por la salvación. La historia tiene como protagonista casi absoluto la figura de Jasón. Tras haber alcanzado el vellocino de oro, algo que parecía su mayor hazaña, comienzan sus desgracias. Su idilio con Medea parecía un amor de ensueño. Él le jura amor eterno y ambos huyen en busca de un hogar. Pero al llegar a Corinto todo se tuerce. Jasón pide ayuda al rey Creonte, en busca de asilo. Pero lo que no esperaba Jasón era la condición que le impondría en rey para concederle el asilo: casarse con su hija Creúsa. Jasón, cansado de huir, de no encontrar un lugar en que construir su hogar, accede al matrimonio, rompiendo el juramento que tenía con Medea. La traición de Jasón desata la ira de Medea y la llegada de las Furias, enviadas de los dioses para someter a nuestro protagonista a una nueva prueba. Deberá descender a los infiernos para enfrentarse a su pasado y así salvarse del baño sangre al que está dispuesta a someterle Medea para aplacar su ira tras la traición. Un viaje a los infiernos en el que cualquier paso en falso puede ser su condena, la sed de venganza de Medea no tiene límites.
La obra es una descomunal lucha contra el destino, una batalla desigual entre un mortal y los dioses, que juegan con él a su antojo para hacerle sufrir según va superando las diferentes pruebas a las que le someten. La historia muestra la crueldad de una pareja rota (la de Jasón y Medea), con los reproches, la violencia (física y psicológica) y el dolor que ello conlleva. La traición y la venganza como las armas más poderosas, como la cerilla que enciende un bidón de gasolina. El montaje nos va mostrando escenas de la relación, para ir componiendo el puzle que les arrojó a tan despiadado final. Del amor a la maternidad, de la traición de Jasón a la furia desatada de Medea. Uno de los puntos fuertes del texto es la humanización que Nando López hace de los dos protagonistas. Mientras que Jasón es un padre vulnerable, lejos de su imagen de héroe invencible, un hombre que se deja llevar por la ambición y sufre por el sufrimiento de sus hijos. Por su parte, Medea es una mujer que pasa del todo a la nada, del poder a ser repudiada por ser extranjera. Una mujer herida que se rebela ante la injusticia de la traición que le deja sin sus hijos y desahuciada en un país ajeno.
El peso de la obra recae sobre los hombros de José Vicente Morión (que ya protagonizó "Tito Andrónico" de Teatro del Noctámbulo en el Festival de Mérida) dando vida a Jasón, el héroe humanizado que busca la salvación por todos los medios. El actor nos regala un personaje poliédrico, cambiante, que a veces sorprende con su violencia y otras se muestra vulnerable por el amor a sus hijos y a Creúsa. El personaje se muestra ambiguo, cambiante, con virtudes y defectos, mucho más vulnerable que un héroe al uso, algo que por otra parte se agradece. En el lado contrario tenemos a Carmen Mayordomo encarnando a Medea, la vengadora maga con soberana intensidad, una bomba de relojería cegada por la ira y las ganas de venganza por la traición de su amado. La actriz nos regala, como es habitual, una interpretación cargada de fuerza, de vitalidad, con esa dosis de maldad y despecho que le vienen tan bien al personaje. Pese a las maldades que hace, llegamos a entenderla por el dolor que sufre por haber sido abandonada por su amado en un país extranjero. El resto de intérpretes dan vida a diferentes personajes, intercambiándose los roles de furias. Todos ellos están a gran nivel y cumplen con gran eficacia su cambio de papel. Lucía Fuengallego (Creúsa), Gabriel Moreno (el rey), José F. Ramos (Orfeo), Alberto Lucero (Pólux) y Camila Almeda (Alcímede, la madre).
Uno de los puntos más interesantes de este montaje es la fabulosa escenografía creada por Mónica Teijeiro. Unos elementos que recrean desde el barco de Jasón a los diferentes escenarios por los que transcurre la historia. Un conjunto de elementos que se van ensamblando de manera muy inteligente para componer las diferentes escenas. Esto, que podría ser común en otros montajes, no es tan frecuente en las obras del Festival de Mérida, que priorizan el escenario del anfiteatro por encima de la escenografía necesaria para la obra. En este caso, Mónica consigue construir una serie de elementos que resultan atractivos visualmente y muy funcionales. Otro de los elementos determinantes de la obra es el diseño de iluminación de Carlos Cremades, que consigue dar ese tono dramático a cada escena. La elección de la luz, cuidada y meticulosa, nos regala algunos de los momentos más impactantes de la función. También hay que destacar el cuidado espacio sonoro diseñado por Antonio C. Guijosa y Manuel De Durán (que se encarga también de los audiovisuales) y el fantástico vestuario diseñado por Rafael Garrigós.
En definitiva, estamos ante uno de los grandes montajes de esta edición del Festival de Mérida en Madrid. Porque, como ya hemos dicho, esta obra aguanta el cambio de escenario sin perder un ápice de interés, y esto en muchas ocasiones no ocurre. Es una obra portentosa, con un texto desgarrador, que nos emociona y nos duele. Una vez más, Nando López vuelve a demostrar sus capacidades para desenvolverse en todas las temáticas y géneros, encumbrándose de nuevo como uno de nuestros grandes dramaturgos. Si a eso le sumamos la potente y enérgica dirección de Antonio C. Guijosa, el resultado no podía defraudar. Pocas veces vemos elementos más propios del cine (como la violencia, el sexo o el ritmo vertiginoso) encajar tan bien sobre las tablas. En esta obra, todo desborda energía, violencia, adrenalina, y todo encaja a la perfección. Un acierto absoluto de Teatro del Noctámbulo.
José Vicente Moirón Carmen Mayordomo Gabriel Moreno José F. Ramos Alberto Lucero Lucía Fuengallego Camila Almeda
Ficha artística
Autor: Nando López Dirección: Antonio C. Guijosa Ayte. de dirección: Manuel De Durán Diseño de escenografía: Mónica Teijeiro Diseño de iluminación: Carlos Cremades Diseño de vestuario: Rafael Garrigós Diseño de caracterización: Juan Gragera Diseño de espacio sonoro: Antonio C. Guijosa y Manuel De Durán Audiovisuales: Manuel De Durán Realización de escenografía: Carpintería El Molino Realización de vestuario: Isabel Trinidad Galán Realización de máscaras: Javier Herrera Realización de marionetas: Luisa Santos Técnico de iluminación: Jorge Rubio Técnico de sonido: Andrés Rodríguez Serrano / Rubén Hormigo Fotografía: Diego J. Casillas Distribución: MBdISTRIBUCIÓN Ayudantes de Producción: Lucía Rodrigues y Laura Solís Producción ejecutiva: Isabel Montesinos
Una producción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatro del Noctámbulo