Paloma Calle que se calle. Teatro del Barrio.


Hay espectáculos que parten de una gran historia y otros que convierten la vida cotidiana en algo extraordinario. Paloma Calle que se calle pertenece a esta segunda categoría. La actriz, dramaturga y creadora madrileña sube al escenario para contar su propia historia, pero lo hace de una manera tan cercana y honesta que, antes de que el espectador sea consciente, ya está reconociéndose en muchas de las situaciones que se narran.



La propuesta, escrita, dirigida e interpretada por la propia Paloma Calle, llega al Teatro del Barrio como un ejercicio de teatro autobiográfico que mezcla humor, emoción y reflexión. Lejos de convertirse en una sucesión de anécdotas personales, la función utiliza la experiencia vital de su protagonista para abordar cuestiones universales como la identidad, la familia, la educación, el amor, la maternidad, la salud mental o la necesidad de romper con las etiquetas que otros nos imponen.

El espectáculo comienza con una pregunta implícita: ¿Cómo llegamos a convertirnos en las personas que somos? A partir de ahí, Paloma Calle va reconstruyendo distintos momentos de su vida. La infancia marcada por una educación religiosa, los primeros descubrimientos sobre su identidad, las relaciones familiares, el poliamor,  las decisiones que cambian el rumbo de una existencia o los momentos de mayor vulnerabilidad aparecen entrelazados en un relato que no sigue una línea cronológica estricta, sino el propio funcionamiento de la memoria.



Cada recuerdo da paso al siguiente con naturalidad. Hay momentos divertidos, otros incómodos y algunos especialmente emocionantes, pero todos comparten una misma sensación de verdad. La función no pretende idealizar el pasado ni ajustar cuentas con él. Más bien invita a observarlo con cierta distancia, aceptando que las contradicciones también forman parte de cualquier biografía.

Lo interesante es que, aunque todo nace de una experiencia profundamente personal, el montaje nunca se queda encerrado en ella. La historia de Paloma Calle termina dialogando con la memoria de quienes crecieron en una España que comenzaba a cambiar mientras seguían vigentes muchas ideas heredadas sobre la familia, la educación o la forma en que cada persona debía vivir su identidad. Sin necesidad de grandes discursos, la obra habla de una generación que aprendió a cuestionar muchas certezas con las que había crecido.

Uno de los mayores aciertos del espectáculo reside en su manejo del humor. Desde los primeros minutos las risas aparecen de manera constante, pero nunca como un simple recurso para entretener. La comicidad nace de la mirada que la propia autora proyecta sobre su pasado, una mirada capaz de encontrar ironía incluso en las situaciones más difíciles.



Esa capacidad para reírse de sí misma convierte el humor en una herramienta de enorme fuerza narrativa. Las carcajadas no restan importancia a lo que se cuenta; al contrario, permiten que el público se acerque a cuestiones delicadas sin sentirse expulsado por el drama. La función alterna momentos de auténtica comedia con otros mucho más íntimos, consiguiendo un equilibrio que mantiene la atención durante toda la representación.

Hay pasajes especialmente divertidos relacionados con la educación recibida o con determinadas convenciones sociales que, vistos desde la distancia, revelan hasta qué punto muchas normas aparentemente incuestionables escondían prejuicios profundamente arraigados. Ese contraste entre la risa y la reflexión constituye uno de los pilares del montaje. Una frase sobre la pluma de su madrina es maravilla.

La puesta en escena apuesta por la sencillez. Apenas unos pocos elementos escénicos y el apoyo puntual de los audiovisuales bastan para construir los diferentes espacios por los que transita el relato. Es una decisión acertada porque evita cualquier distracción y coloca toda la atención sobre la actriz y sobre la historia que está contando.

Paloma Calle sostiene sola el peso de la función durante setenta minutos con una naturalidad admirable. No interpreta un personaje ajeno; se interpreta a sí misma sin caer en el exhibicionismo ni en la autocomplacencia. Habla al público con cercanía, rompe la cuarta pared cuando lo considera necesario y genera desde el principio una sensación de complicidad que convierte la sala en un espacio casi confidencial.



Su interpretación destaca precisamente por esa ausencia de artificio. Los silencios, los cambios de ritmo y la manera en que pasa de la comicidad a la emoción están medidos con precisión, aunque todo parezca fluir con absoluta espontaneidad. Esa aparente facilidad es fruto de un trabajo dramatúrgico muy sólido, desarrollado junto a Gabriela Wiener y Silvia Nanclares, que consigue ordenar los recuerdos sin perder nunca la sensación de estar escuchando una conversación sincera.

Uno de los aspectos más interesantes de Paloma Calle que se calle es que nunca necesita levantar la voz para lanzar un mensaje. Salvo al finalizar la obra, harta ya de tantas perrerías. La reivindicación aparece integrada en el propio relato. La obra habla de feminismo, diversidad afectivo-sexual, maternidad, salud mental o libertad individual porque forman parte de la vida de quien está sobre el escenario, no porque responda a una voluntad de construir un discurso teórico.



Eso hace que la propuesta resulte especialmente cercana. El espectador no siente que alguien le esté explicando cómo debe pensar, sino que asiste al recorrido vital de una mujer que comparte sus dudas, sus errores, sus descubrimientos y sus conquistas con una honestidad poco frecuente. Es precisamente esa sinceridad la que convierte una experiencia individual en una reflexión colectiva.

La respuesta del público durante la representación confirma esa capacidad de conexión. Las risas son constantes, pero también los silencios atentos en los momentos de mayor intimidad. Al terminar la función queda la impresión de haber asistido a algo más que un monólogo autobiográfico.

No hacen falta grandes escenografías ni complejos mecanismos teatrales para construir un buen espectáculo. A veces basta una historia bien contada, una intérprete capaz de sostenerla con autenticidad y un público dispuesto a dejarse llevar. Eso es exactamente lo que propone Paloma Calle. Y funciona.



RESEÑA ESCRITA POR GEMA COLADO
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Teatro: Teatro del Barrio
Dirección: Calle Zurita 20.
Fechas: Viernes 26 de Junio a las 22:15 y Domingo 5 de Julio a las 20:30. 
Duración: 70 minutos
Entradas: Desde 17€ en TeatroDelBarrio.



Ficha artística

Autoría: Paloma Calle acompañada por Gabriela Wiener y Silvia Nanclares
Dirección e interpretación: Paloma Calle
Vestuario: Paloma Calle/Miss Comadres
Vídeo: Marta Blanco

Residencias de creación: Contra o Tempo (Portugal) e Instituto de la Tierra (España)



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